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Introducción
Estadísticas proporcionadas por la Organización Mundial de la
Salud (OMS) nos revelan que cada 4 segundos muere una persona de cáncer,
cada 11 segundos una de SIDA y cada 86 segundos una de Alzheimer.
En la última década, se ha observado un crecimiento exponencial
tanto en el desarrollo como en la aprobación por autoridades reguladoras
de nanosistemas terapéuticos híbridos y de transporte de fármacos con
aplicación en clínica. La mayoría son terapias anticancerígenas, en ellos
se encuentran por ejemplo: liposomas, anticuerpos monoclonales e
inmunoconjugados , nanoparticulas o polímeros terapéuticos como fármacos
poliméricos o conjugados polímero-proteína.
Estas nanoconstrucciones a menudo multicomponentes pueden ser
definidas como las primeras nanomedicinas con demostrado beneficio
clínico. En realidad este concepto no es completemente nuevo, los
inmunoconjugados, liposomas, nanopartículas o los conjugados poliméricos
ya se conocían en los años 70. Sin embargo, estaban considerados como
tecnologías individuales y competitivas.

Figura 1. Representación de los tipos de Nanomedicinas desarrollados,
entre ellas los
polímeros terapéuticos.
Polímeros terapéuticos como terapia anticancerígena
Aunque el papel de los polímeros como biomateriales (excipientes
en formulaciones farmacéuticas, prótesis, lentes de contacto, etc.) está
muy bien establecido, hemos tenido que esperar hasta esta última década
para conseguir la aceptación clínica de terapias poliméricas de
administración parenteral. Desde un punto de vista industrial, los
polímeros terapéuticos son considerados como nuevas entidades químicas y
no como simples sistemas convencionales de transporte de fármacos.
Los sistemas de transporte tradicionales simplemente atrapan,
solubilizan o liberan de forma controlada el agente bioactivo sin utilizar
una conjugación química.
El término polímeros terapéuticos engloba cinco grupos de
nanoconstrucciones híbridas que utilizan polímeros hidrosolubles, tanto de
forma bioactiva como formando parte funcional inerte de un complejo
multicomponente, en este caso se une de forma covalente un agente
terapéutico al polímero. Estas nanoconstrucciones incluyen: fármacos
poliméricos con actividad inherente, micelas poliméricas, poliplejos con
aplicación como vectores no virales en transporte génico, conjugados
polímero-fármaco y conjugados polímero-proteína. Al ser todos ellos
macromoléculas, deben ser administrados a pacientes de forma parenteral
(subcutánea (s.c.), intramuscular (i.m.) o intravenosa (i.v.) de ahí su
óptima aplicación en tumores metastáticos.
Hasta la fecha, únicamente polímeros lineales, tanto naturales
(ácido poliglutámico (PGA) o polisacáridos (como el dextrano) como
sintéticos (principalmente poli(etilenglicol) (PEG) y N-(2-hidroxipropilmetacrilamida)
(HPMA)), han logrado llegar a fase clínica , sin embargo los grandes
avances experimentados y la versatilidad ofrecida por la química de
polímeros están permitiendo el desarrollo de estructuras poliméricas con
arquitecturas biomiméticas mucho más controladas, incluyendo entre éstas
los dendrímeros y polímeros dendronizados.
Muchos son los estudios que se están realizando en la
actualidad, en la que utilizan polímeros como uno de los componentes de
sus fármacos. En la mayor parte de estos los polímeros se están usando
como medio para que el principio activo actúe en el lugar adecuado donde
se encuentran las células cancerosas.
Así se están desarrollando:
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polímeros unidos a proteínas: llamados conjugados polímeros
realizados a base de PGE (polietilenglicol) fundamentalmente
-
polímeros unidos a fármacos: se suelen usar los polímetros HPMA (copolímero)
y PGA (polímetro biodegradable) y en menor proporción PGE
-
los PHB :que pueden atravesar fácilmente membranas celulares
Un
estudio bastante curioso
Uno de los
estudios más curiosos es el que ha realizado un
equipo de investigadores de la Universidad de Tokyo. Estos ha creado una
nanoestructura autoensamblable que se dirige a células humanas
cancerígenas y emite moléculas de medicamentos en respuesta al cambio en
pH característico de muchos tipos de cáncer.
El equipo
de investigadores, dirigido por el científico Kazunori Kataoka, ha logrado
desarrollar mecelas a base de polímeros que se autoensamblan en
nanopartículas pH sensibles. Cada cadena de dicho polímero contiene ácido
fólico en una punta, seguido por bloques alternantes de un polímero
hidrofóbico y otro polímero hidrofílico. El medicamento anticancerígeno,
adriamicina, se adhiere a los segmentos hidrofóbicos mediante un adherente
sensible al ácido.
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Pinchar en la
imagen, para ver el polímero desarrollado a base de PEG |
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Pinchar en la
imagen para ver la síntesis del polímero |
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Pinchar en la
imagen para ver su espectro de 1H-RMN |
En el
agua, las cadenas de polímeros se juntan, o se auto ensamblan para formar
un eje hidrofóbico que contiene adriamicina y una superficie hidrofílica
adornada con el agente apuntador, ácido fólico. Una vez que las partículas
son recogidas por las células cancerígenas, gracias a la interacción entre
las moléculas de ácido fólico sobre la superficie de la nanopartícula y un
receptor de folato sobre la superficie de las células cancerígenas, el pH
acídico dentro de la célula hace que las partículas sueltan su carga de
medicamento.
Estudios
realizados con células cancerígenas cultivadas demostraron que las
nanopartículas eran capaces de lograr niveles de medicación intracelular
más altos que cuando se administraba adriamicina libre a estas células.
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