ORIGEN DE LA CARRERA DE

 

 

 

LA CARRERA DE

INGENIERO INDUSTRIAL

Por Isidro Zatarain de Dios

 

I – ANTECEDENTES

Buscando antecedentes históricos a nuestra profesión, podemos considerar que la conciencia de formar técnicos españoles en la propia España en vez de importarlos se la debemos a la llegada al trono de los Borbones, que traen consigo el espíritu de la Ilustración y muy especialmente al renovador Rey Carlos III, que crea las Sociedades Económicas de Amigos del País, con el fin de proteger la Industria en general y las Ciencias y las Artes en su aplicación a la industria y la agricultura, en particular. La primera de estas Sociedades, creada en 1765, fue la Sociedad Vascongada de Amigos del País, que mas tarde, en 1774 crea a su vez el Seminario Patriótico de Vergara, que bajo tan oscuro nombre, esconde una institución docente donde se imparten conocimientos de Física, Química, Metalurgia, Mineralogía y Artes del laboreo, por lo que de alguna forma podemos considerarlo como un antecedente de las carreras de Ingenieros Industriales y de Minas.

Siguiendo el ejemplo vasco, se funda en Madrid, en 1775, la Sociedad Económica Matritense como órgano consultivo del Gobierno, y con el claro propósito de impulsar en España las enseñanzas adecuadas a las necesidades industriales que tanto se hacían sentir en nuestro país. Al afrancesamiento tan denostado por tantos patriotas antieuropeístas debemos la creación, en 1809, en el breve reinado de José Bonaparte, del Conservatorio de Artes, a imagen y semejanza del homónimo existente en París. Desgraciadamente tuvo tan poca vida como el reinado del Bonaparte, pero se restituyó de nuevo, y con el mismo nombre en 1824. En sus fines se mezclaban, sin mucho sentido, la promoción del progreso industrial y la enseñanza para desarrollar las aplicaciones fabriles, con el depósito de objetos artísticos en desuso (por ejemplo máquinas de hilar y cardar) que hoy llamaríamos arqueología industrial.

En 1829, consciente el Gobierno de la incapacidad de formar en España profesionales industriales por falta de formadores capacitados, creó una especie de becas Erasmus (dotadas con 12.000 reales) para formarlos en el extranjero (Francia, Inglaterra y Bélgica) operación que tuvo éxito y abrió el camino para crear en España los primeros centros que ya pueden considerarse específicamente dedicados a la enseñanza de los procesos industriales en sus distintos niveles profesionales.

 

II - CREACIÓN

El 4 de Septiembre de 1850, un Real Decreto, firmado por la Reina Isabel II a propuesta del Ministro de Comercio Seijas Lozano, crea el Real Instituto Industrial, en cuya Escuela Central de Madrid se cursarán las enseñanzas que ya podemos considerar de Ingeniero Industrial, si bien se escalonan en distintas Especialidades y Niveles como vamos a ver a continuación.

En cuanto a especialidades, se distinguen las de Mecánica y Química, y en cuanto a niveles, se diferencian los de Elemental, Ampliación y Superior.

  • Los de Elemental se pueden cursar no solo en el Real Instituto de Madrid, sino también en los Institutos de Primera Clase.
  • Los de Ampliación (3 cursos) se imparten en las Escuelas Industriales de Barcelona, Sevilla y Vergara, recibiendo los alumnos aptos el título de Profesores Industriales.
  • Con dos cursos más (o sea carrera de 5 años) se accede al título de Ingeniero Mecánico o Químico (según el caso) de Segunda Clase.
  • Obteniendo los dos, la titulación será de Ingeniero Industrial de Segunda Clase.
  • La Enseñanza de grado Superior estaba reservada exclusivamente al Real Instituto de Madrid y a ella accedían los de Segunda Clase. Comprendía otros dos nuevos cursos y los alumnos capacitados serían Ingenieros Mecánicos o Químicos de Primera Clase, que pudieran equipararse a un Doctorado. Finalmente, si obtienen las dos titulaciones de Mecánica y Química, su título será de Ingeniero Industrial.

En cuanto al Profesorado del Real Instituto, se consiguió una muy digna calidad, integrando a los procedentes del Conservatorio de Artes y a los titulados en las Escuelas extranjeras como consecuencia de la operación Erasmus. Entre estos, y haciendo honor a nuestros primeros colegas profesores de esta carrera, podemos citar a D. Cipriano Montesino y Espartero, Duque de la Victoria, Presidente de la Real Academia de Ciencias y Director de los FFCC. MZA y a D. Eduardo Rodríguez, también Académico, que en 1857, enseñó la novísima disciplina de Aplicaciones de la Electricidad.

Esta fecha de 1850 es la que tradicionalmente se ha considerado como fundacional de nuestra carrera y justifica los actos conmemorativos que recientemente, a lo largo del curso 2000-2001, han organizado todas las Escuelas y Colegios de Ingenieros Industriales con el escogido apelativo de Sesquicentenario de la Carrera de Ingeniero Industrial.

 

III – MODIFICACIONES

Reales decretos de 20 y 27 de Mayo de 1855.

No pasaron mas de cinco años sin que llegara la primera modificación a la estructura de la carrera, con la justificación de la experiencia adquirida en este breve tiempo. Afecta a la Escuela Central de Industria de Madrid, integrada junto con otros establecimientos en el Real Instituto, y única autorizada para extender los títulos de grado superior.

  • Se aprueba para esta Escuela Central, una enseñanza completa de 5 años, con su Plan de Estudios que especifica las materias a enseñar.
  • Se conservan las especialidades de Mecánica y Química.
  • Se simplifican las titulaciones anteriores reduciéndolas a la de Ingeniero Industrial, sin mención de especialidad ni categoría.
  • Se considera a los Ingenieros Industriales como un Cuerpo facultativo y consultivo del Gobierno.
  • Al mismo tiempo se les dan atribuciones profesionales en numerosas materias, como líneas telegráficas, estaciones, máquinas y aparatos de los Caminos de Hierro, depósitos y distribución de gas, salubridad en los establecimientos, casas de moneda, aduanas, operaciones periciales, etc.
  • Se faculta a los profesores para acceder a Cátedras de Ciencias Exactas y Naturales en las Universidades.

10 de Septiembre de 1857 (Ley Moyano)

Dos años después de los Decretos reguladores anteriores, esta Ley

  • Eleva a categoría de Enseñanza Superior los estudios de Ingeniería Industrial, Minas, Caminos, Montes y Agrónomos.
  • Concede la colación del Título de Ingeniero Industrial a las Escuelas Profesionales de Barcelona, Gijón, Sevilla, Valencia y Vergara, si bien, excepto la de Barcelona, el resto dejan pronto de funcionar por falta de medios.
  • Se cambia el nombre de Escuelas Superiores por el de Especiales.

1867 y 1901

La primera de estas fechas marca el inicio de un periodo negro en la Ingeniería Industrial, pues, por falta de recursos, se clausura el Real Instituto y su Escuela Central, a pesar de su impecable funcionamiento y los buenos resultados obtenidos, formando 163 técnicos en un decenio. De un plumazo, el Ministerio de Fomento suprimió el presupuesto correspondiente, y de nada sirvieron las autorizadas voces que se levantaron en contra de esta medida, que nos retrotraía a la dependencia exterior de épocas anteriores.

Tuvieron que pasar 34 años hasta que el entonces Ministro de Instrucción Pública, Conde de Romanones, restableciera de nuevo, por decreto de 17 de Agosto, la finiquitada Escuela Central de Madrid, que renació con gran acogida (364 aspirantes a ingreso en la primera convocatoria) si bien con escasos medios materiales.

En 1907, y como fruto de la evolución de la técnica, se añade a las anteriores, la especialidad eléctrica, y se eleva a seis el número de cursos. Las necesidades materiales y de profesorado son mayores, y al fin consigue instalarse de forma mas holgada en su ubicación actual, al final del Paseo de la Castellana, en los Altos del Hipódromo.

A mediados del Siglo XX la situación no ha cambiado sustancialmente, tres Escuelas de Ingenieros Industriales - Madrid, Barcelona y Bilbao – no cubren las necesidades de la cada día más pujante industria nacional. Los ingresos son muy restringidos, y se rigen por métodos poco ortodoxos, basados en la superación de dos grupos independientes de asignaturas básicas, con miles de aspirantes, que llevan a la simplificación de los exámenes, reducidos a pruebas prácticas – todavía no se habían utilizado los tests – lo que hace decir al insigne profesor Puig Adam en el prólogo de uno de sus magníficos textos, criticando el sistema, que seleccionando soluciones, se creyó solucionar la selección.

Ley de 20 de Julio de 1957, de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas.

Esta controvertida Ley ordena la enseñanza de forma no muy distinta a la situación actual, como vemos por sus puntos fundamentales:

  • Se integran todas las Escuelas en las Universidades.
  • Se cambia el nombre de Escuelas Especiales por el de Escuelas Técnicas Superiores.
  • Suprime la tradicional prueba de Ingreso en todas las ingenierías y se sustituye por un curso de estudios selectivos, común con otras carreras universitarias, y uno propio de iniciación, seguido de 5 cursos de carrera y un Proyecto de Fin de Carrera, con cuya superación se alcanza el título de Ingeniero Industrial, que faculta para el ejercicio profesional.
  • Se crea un grado superior, de Doctor Ingeniero, máxima titulación académica, que en equiparación con las carreras universitarias, es necesario para optar a las Cátedras de Escuelas Técnicas Superiores y Facultades Universitarias.

Ley de 24 de Abril de 1964, de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas.

  • Se suprime el curso de Iniciación, pudiéndose matricular los alumnos con las mismas condiciones que en cualquier otra Facultad.
  • Se suprimen las Escuelas y titulaciones de Peritos Industriales (y otras especialidades) y se sustituyen por las de Ingenieros Técnicos Industriales.

Ley Orgánica de 25 de Agosto de 1983, de Reforma Universitaria.

Esta Ley reordena todos los estudios universitarios y obliga a la aprobación de nuevos Planes de Estudios, condicionados por números máximos y mínimos de créditos, pero al mismo tiempo flexibiliza los contenidos, permitiendo a cada Universidad una diversidad, restringida solamente por las asignaturas troncales.