Carta abierta al presidente del gobierno.

Investigadores en energía y sostenibilidad advierten al gobierno y a la sociedad española sobre el pico del petróleo

 

La crisis económica que estamos viviendo hace que algunas cuestiones de gran importancia queden marginadas en los medios de comunicación. Esto está sucediendo con la crisis energética, un problema vital para toda la humanidad especialmente preocupante para un  país como el nuestro, que apenas posee recursos energéticos no renovables. Con esta carta queremos llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre ello, ya que creemos que no va a ser posible superar la crisis económica si no nos damos cuenta del papel que la energía tiene en nuestra sociedad y no reaccionamos adecuadamente a la crisis energética.

Entre el  17 y el 20 de septiembre tuvo lugar un curso sobre el futuro de la energía en la Escuela de Ingenierías Industriales de Valladolid. Los participantes hemos redactado la siguiente declaración, que  está siendo firmada por expertos en diferentes aspectos de la energía. Si no eres experto en el tema pero quieres adherirte puedes dejarnos tus comentarios.


 

Los firmantes de esta declaración somos profesionales relacionados de un modo u otro con la energía: profesores de universidad, ingenieros, científicos, economistas, etc. El objetivo de la misma es llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre la crisis energética que estamos viviendo, la cual, en medio de la vorágine actual, está siendo olvidada. Lo hacemos porque tenemos el firme convencimiento de que el energético es un aspecto clave de la actual crisis que vive nuestro país.

Por el desarrollo de nuestra actividad profesional sabemos bien que la energía es la base de la tecnología y es, en definitiva, el motor de toda la economía, y vemos que cada vez hay más consenso científico acerca de las previsiones de un importante descenso de la disponibilidad mundial de energía, en primer lugar de la más versátil y usada, el petróleo, a partir de esta misma década.En los datos históricos de estos últimos años se puede observar un sospechoso estancamiento en la producción de petróleo mundial, mientras su precio aumenta. Ello corrobora las predicciones de numerosos expertos que hablan del declive de todo tipo de petróleos en esta década. Es también reconocido por la propia Agencia Internacional de la Energía que el crudo barato y de fácil extracción empezó a disminuir hace seis años. Una disminución similar se espera para el resto de los combustibles: gas natural, carbón y uranio que, con gran probabilidad, habrán entrado en declive antes de 2040.

A pesar de la importancia de estos datos, las noticias sobre la crisis energética, no están en los debates parlamentarios, ni en los programas políticos*, y dada la relevancia que ello tiene para todos los ciudadanos, consideramos que este silencio es una grave falta de responsabilidad política. Sería ingenuo esperar que este declive y encarecimiento de recursos tan vitales no tuviera importantes consecuencias sobre la economía, especialmente la de aquellos países que, como el nuestro, se han acostumbrado a un alto consumo pero apenas poseen recursos energéticos no renovables. Ya se está haciendo evidente que tenemos muchas dificultades para pagar nuestra factura energética que, sólo para el petróleo, equivale al 4% de nuestro PIB, y más aún en el actual contexto de crisis económica y endeudamiento. Es más, muchos también pensamos que esta escasez energética está en la base de la inestabilidad económica mundial y creemos que no es posible solucionar la crisis económica sin solucionar primero la energética.

 

Cabe la posibilidad de que, ante el agotamiento de los combustibles fósiles, caigamos en la tentación de explotar recursos cada vez más inaccesibles como el gas o petróleo de esquisto por métodos de fractura hidráulica (como ya estamos viendo en nuestro país). Este tipo de extracciones no dejan de ser sino parches que no resuelven los problemas a medio plazo y ofrecen frecuentemente un remedio peor que la enfermedad, pues tienen nefastas consecuencias sobre recursos como tierras fértiles, bosques y acuíferos, que no sólo son vitales para el medio ambiente y la salud de las personas, sino también el capital que sostiene numerosas actividades económicas.

 

Ante este agotamiento de los combustibles fósiles sólo cabe una paulatina sustitución por energías renovables, pero conviene ´no engañarse con utopías tecnológicas, la transición no va a ser sencilla en absoluto. Los datos muestran que el declive del petróleo no va a poder ser compensado, al menos en los tiempos previstos y en los volúmenes que esta sociedad mundial está exigiendo en la actualidad. Los sustitutos tecnológicos que tenemos en estos momentos a nuestra disposición son todos ellos son muy inferiores en prestaciones y llegan demasiado tarde. En estos momentos creemos que la única forma de hacer frente de forma eficaz al pico del petróleo es mediante la adopción de audaces medidas de ahorro.

 

Por otra parte, es necesario continuar con el desarrollo de las energías renovables para frenar, en la medida de lo posible, el cambio climático y prepararse ante el previsible encarecimiento y declive del carbón, el gas natural y el uranio en las próximas décadas. Para ello es preciso apoyar la investigación en tecnologías de generación, acumulación y eficiencia energética y no frenar la implantación de energías renovables. Todo ello debe hacerse con importantes medidas de regulación desde las administraciones públicas ya que, como estamos viendo, las fuerzas del mercado son muy insuficientes para ello, y en muchos casos sus intereses apuntan en dirección contraria al interés general de la sociedad.

  Es preciso que se lleve a cabo, además, una importante campaña de concienciación sobre este problema, ya que la ciudadanía no percibe su importancia, como consecuencia de la discreción con que aparece en los medios de comunicación y en las agendas políticas.Si no somos capaces de afrontar la crisis energética, lo que podemos fácilmente prever es el agravamiento de nuestro endeudamiento, la continuación de la crisis económica, el empobrecimiento de toda la sociedad, la obsolescencia de nuestras infraestructuras, el encarecimiento de la producción de alimentos y otros bienes de consumo, etc. todo ello agravado por las consecuencias derivadas del cambio climático.

El gobierno español debe abrir los ojos ante esta enorme realidad y darse cuenta de que urge cambiar rápida y decididamente hacia otros patrones de consumo y producción de energía. En sus manos está concienciar y movilizar masivamente a la población española o seguir silenciando problemas tan graves como los aquí expuestos.

 

En Valladolid a 20 de septiembre de 2012.

Respuestas y repercusión mediática de la Carta y más

              • Fernando Frechoso Escudero, director de la Cátedra de Energías Renovables de la Universidad de Valladolid

 

 

            • Carlos de Castro Carranza, profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Valladolid

 

            • Luis Javier Miguel González, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid

 

            • Margarita Mediavilla Pascual, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid

 

            • Óscar Carpintero, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid

 

            • César Chamorro Camazón, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid

 

            • Eloy Velasco Gómez, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid

 

            • Francisco Castrejón, Director de la Unidad de Teoría de Fusión del CIEMAT

 

            • Pedro Prieto Pérez, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO

 

            • Ignacio Cruz Cruz, director del Departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

 

            • Gorka Bueno Mendieta, profesor del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del País Vasco

 

            • Gustavo Duch Guillot, ex director de Veterinarios sin Fronteras y escritor

 

            • Xoán Doldán García, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela

 

            • Francisco Álvarez Molina, Ex presidente de la Bolsa de París y presidente de “ETICA Family Office”

 

            • Daniel Gómez Cañete, Presidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO

 

            • Jordi Pigem, Filósofo de la ciencia y escritor

 

            • Juan Martínez Magaña,  profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC

 

            • Antonio García-Olivares, Científico Titular Instituto de Ciencias del Mar CSIC, Barcelona

 

            • Rosa Lago Aurrekoetxea, profesora en el departamento de Tecnología Electrónica de la UPV/EHU y miembro de Ekopol.

 

            • Joan Martinez Alier, investigador, ICTA, Universidad Autñonoma de Barcelona. jma

 

            • Florent Marcellesi, Coordinador de EcoPolítica

 

            • Jorge Riechmann, profesor titular de Filosofía Moral de la UAM  y ex-director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.

 

            • Ladislao Martínez López.- Vicepresidente de ATTAC-Madrid

 

            • Antonio María Turiel Martínez, Científico Titular del CSIC

 

            • Julio Herrera Revuelta, Profesor Titular de Fundamentos del Análisis Económico. Universidad de Valladolid

 

            • Emilio García Ladona, Investigador del Dept de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y miembro del Oil Crash Observatory

 

            • Marcos Portabella Arnus, Científico del Instituto de Ciencias del Mar, CSIC, Barcelona

 

            • Eduardo Aguilera Fernández, doctorando en Laboratorio de historia de los agroecosistemas, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla

 

            • Antonio Ruiz de Elvira, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares

 

            • Francesc Sardà Amills, Professor d’Investigació, Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC)

 

            • Roberto Bermejo, Catedrático y Profesor de Economía Sostenible de la Universidad del País Vasco (jubilado).

 

            • Ernest García, Profesor de Sociología y Antropología Social de la Universidad de Valencia.

 

            • Alejandro Nadal, Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México.

 

            • Gregorio López Sanz. Profesor de Política Económica. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete.

 

            • Fernando Moreno Bernal, Economista y Jefe de Servicio Diputación Provincial de Cádiz.

 

            • Ignacio Álvarez Peralta, Profesor de Economía Aplicada, Universidad de Valladolid.

 

            • Teresa Pérez del Río, Catedrática de Derecho del Trabajo de la UCA.

 

            • Amando García, Catedrático de Física Aplicada (jubilado), Universidad de Valencia.

 

            • David Escudero Mancebo, Profesor del Departamento de Informática de la Universidad de Valladolid.

 

            • Rosario Sierra de Grado, Profesora del Departamento de Producción Vegetal y Recursos Forestales, Universidad de Valladolid.

 

            • Jesús María Zamarreño, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática, Universidad de Valladolid

 

            • Santiago Movilla Blanco, Doctorando en Dinámica de Sistemas, Universidad de Bergen, Noruega

 

            • Manuel Calvo Salazar, Socioecólogo y consultor en temas de Sostenibilidad y  profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide

 

            • Fernando Valdepeñas Isidro, Coordinador del Centro de Sostenibilidad de Aranjuez (CSA)

 

            • Ángel Ballesteros, Catedrático del Departamento de Física Aplicada, Universidad de Burgos

 

            •  Iñaki Bárcena Hinojal,   Profesor Pleno (Catedrático en régimen Laboral) del  Departamento de Ciencia Política y de la Adminsitración dela Universidad del País Vasco-EHU

 

            •  Daniel López Marijuán,  geólogo y responsable del área de residuos y contaminación de Ecologistas en Acción.

 

            • Francisco Ramos Muñiz, Ingeniero Técnico Industrial, miembro del Área de Energía de Ecologistas en Acción

 

            • Antonio Clemente, miembro del Área de Energía de Ecologistas en Acción

 

            • Rafael Jiménez Castañeda, Coordinador del Laboratorio de Energía Solar. Escuela Superior de Ingeniería de Cádiz. España

 

            • Antonio Pérez Serrano, Profesor CAEU de Química Orgánica en la Universidad de Burgos

 

            • Carlos Taibo Arias, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

            • Manuel Garí Ramos, director de la Cátedra Universidad Empresa Sindicatos de la UPM

 

            • Daniel Albarracín, Economista y Sociólogo

 

 

    • Emilio Menéndez Pérez, colaborador en el Departamento de Ecología de la UAM

 

    • Carmen Duce, Ingeniera Industrial y Técnica en Cooperación al Desarrollo

 

 (*) Hasta la fecha los únicos partidos políticos que hablan del
pico del petróleo en su programa electoral de los que tenemos noticia
 son Equo y la coalición Alternativa Galega de Esquerda.

¿Y si la crisis fuera el petróleo?

Es, probablemente, demasiado simplista achacar toda la crisis económica al precio del petróleo y no se puede negar que, en estos momentos, los problemas financieros son los  más inmediatos. Sin embargo, no deberíamos olvidar que, desde el año 2004 hasta ahora, el precio del petróleo se ha multiplicado por cuatro, y es evidente que esto afecta a todos los sectores de la economía: hunde a las compañías aéreas, inhibe el comercio internacional, encarece el turismo, hace menos atractiva la compra de coches, hunde a agricultores y ganaderos por el precio de los insumos…  en definitiva, hace mucho más difícil el crecimiento de todos los sectores que dependen de él, sobre todo en los países que no lo producen.

La verdad es que, con todas las consecuencias que tiene, lo difícil es no caer en la tentación de atribuirle al alto precio del petróleo la responsabilidad de la crisis global. Además, es posible que sus consecuencias  vayan mucho más allá del aumento de  costes y quizá tengan razón los que argumentan que las relaciones entre la energía y la economía son muy estrechas y el petróleo está incluso en la base de la crisis financiera actual.

A principio de los años 70 un geólogo norteamericano llamado Hubbert se preguntaba qué sucedería con la economía mundial si el consumo de energía  empezara a declinar. Esto le preocupaba especialmente porque él había observado que los yacimientos de petróleo siguen una curva de extracción en  forma de campana, de forma que, cuando se ha explotado aproximadamente la mitad, la extracción se hace forzosamente más lenta. Hubbert estimaba que en torno a 2005 se alcanzaría el máximo de extracción de petróleo de todos los pozos, tanto descubiertos como  por descubrir, y ese momento  marcaría el techo de toda la energía mundial. Su teoría se había visto confirmada en EEUU, que en 1970 había empezado a disminuir su producción,  como él había previsto 20 años antes.

Hubbert   observaba que hay dos construcciones humanas en constante crecimiento: la de la riqueza  real de los bienes materiales y la del dinero. También observaba que el dinero tiende a crecer en virtud del sistema bancario basado en el préstamo con interés, ya que el interés provoca un constante crecimiento de la masa monetaria. Hubbert  pensaba que este crecimiento monetario debía estar respaldado por un crecimiento paralelo de la riqueza física: si el dinero crece y no lo hace la riqueza física, el aumento del dinero se convierte en puramente especulativo, es sólo inflación. Además, la riqueza física  está alimentada con energía en todos sus aspectos;  la energía es, por definición, la capacidad de  realizar todo tipo de trabajos.

El consumo de energía y el volumen monetario  han crecido de forma paralela durante décadas  ¿Qué pasará el día que la energía no pueda crecer al mismo ritmo que el dinero porque se alcanza el pico  del petróleo?  Hubbert hablaba de se produciría una  “inestabilidad  financiera a gran escala”  hasta que se implantase un sistema monetario basado en interés cero y esto permitiera una economía no basada en el crecimiento y la estabilidad entre el mundo físico y el mundo del dinero.

Es hora de ver si las intuiciones de Hubbert  eran correctas, ya que  cada vez es más evidente que estamos viviendo el pico de la producción de petróleo mundial tal y como Hubbert predijo. La propia Agencia Internacional dela Energíaha reconocido oficialmente que el petróleo convencional (es decir, lo que Hubbert consideraba petróleo) alcanzó su máximo de extracción en 2006 y, aunque  ahora estamos intentando  cubrir la demanda con  petróleos de muy baja calidad y biocombustibles,  se observa que la producción total de todo tipo de líquidos se ha estancado  mientras su precio sube sin parar.  Viendo el estancamiento del petróleo y los problemas económicos mundiales actuales, es difícil no preguntarse si la crisis económica no es, simplemente,  esas “inestabilidades financieras a gran escala”  de las que Hubbert hablaba hace 40 años.

¿Y si realmente no tuviéramos una crisis financiera  sino algo mucho más profundo y complejo? ¿Y si estuviéramos viendo que los recursos naturales y la energía, que han sido poco relevantes durante décadas, se vuelven los actores más importantes de la economía? ¿Y si viéramos cómo crecen los países ricos en recursos naturales  y decrecemos los países europeos con fuerte demanda pero muy pocos recursos?   ¿Y si estuviéramos viendo que la globalización se cae porque se ha basado en un comercio internacional que requiere mucho petróleo? ¿Y si la actual crisis fuera completamente diferente a las anteriores porque estaríamos  viviendo un enorme cambio histórico marcado por el colapso del sistema bancario basado en  la deuda y el crecimiento?

Margarita Mediavilla Pascual, abril 2012. Publicado en El Norte de Castilla, 12 mayo de 1012


Richard Heingberg, tan sencillo y tan importante

Me gustaría compartir un video de Richard Heinberg, profesor norteamericano y uno de los primeros divilgadores del pico del petróleo. A Richard tuve el placer de conocerle personalmente hace unos pocos años cuando vino a Valladolid invitado por la Cátedra de Energías Renovables. Me sorprendió que fuera una persona tan sencilla, que hablase poco y, sobre todo, que escuchase mucho más de lo que hablaba. Sencillo, claro, sensato, pocas personas dicen cosas tan importantes en tan poco tiempo. Me pregunto por qué nuestros políticos no nos hablan así y por qué no nos hablan de estos temas, que, en mayor o menor medida, casi todos “nos lo olemos”.

Marga Mediavilla




Esta no es sólo una crisis económica

En el Curso sobre los límites del crecimiento celebrado en la Universidad de Valladoli en el pasado mes de septiembre de 2011, después de escuchar a intelectuales como Carlos Taibo, Jorge Riechmann, Antonio Valero, Ernest García, Oscar Carpintero o Roberto Bermejo; la sensación que flotaba en el ambiente se resumía en dos palabras preocupación y urgencia.

Aunque, como decía Carlos Taibo, los medios de “incomunicación” silencian estos  temas y sus mensajes se resumen en frases como: “no es tan dramático” o “la tecnología inventará algo” y aunque, debido a ello, el conocimiento que el ciudadano tiene es escasísimo; la problemática que se trató en el curso es extremadamente importante para tod@s. No quedan prácticamente dudas de que nos vamos a encontrar, en esta mitad del siglo XXI, con el choque traumático de nuestra civilización contra los límites del planeta. Hemos colmatado ya los sumideros de contaminación y estamos agotando las fuentes de recursos que nos alimentan, y esto va a tener ya importantes  repercusiones económicas.

Tendemos a pensar en el medio ambiente como una especie de jardin que debemos cuidar por una cuestión ética, pero lo consideramos poco importante comparado con los temas “realmente serios”, como la economía y la industria. Este curso ha dejado bien claro que esta idea es falsa: el medio ambiente es nuestra huerta, nuestra mina y nuestra fábrica; es decir, la fuente de todas nuestras riquezas. Explotar los recursos de la forma que lo estamos haciendo es suicida, porque está poniendo en peligro el mantenimiento de eso que llamamos economía, tecnología y civilización en un plazo mucho más cercano de lo que creemos.

 El cambio climático es uno de los límites más conocidos, pero la otra cara de la moneda, el desconocido pico del petróleo, es todavía más apremiante. Roberto Bermejo nos hablaba de que la extracción mundial de petróleo se ha estancado desde 2006 y no es posible aumentarla aunque suba el precio o mejore la tecnología. La geología de los pozos maduros impide que se extraiga a más velocidad y, en esta misma década, la extracción, no sólo no va a cubrir la creciente sed de petróleo, sino que va a disminuir año a año. La propia Unión Europea, en un reciente informe sobre el futuro del transporte, habla de que en 2050 deberemos prescindir del 90% del petróleo que consumimos porque no lo habrá en el mercado. El resto de los recursos energético: gas natural, carbón y uranio, sufrirán el mismo estancamiento unos años más tarde, de forma que nos enfrentamos al pico de toda la energía global en esta década.

El petróleo y los recursos energéticos no son los únicos límites que están llamando a la puerta. Antonio y Alicia Valero nos hablaban de que hemos construido una electrónica cada vez más sofisticada a base de minerales extremadamente raros que ya están mostrando signos de agotamiento. Utilizar estos minerales de la forma actual, es decir: mezclándolos de forma que el reciclado se hace imposible, renovando los aparatos cada pocos meses y desechándolos en vertederos, es demencial. Es prácticamente imposible recuperar esos minerales desechados y son elementos con unas propiedades únicas que hacen posible, no sólo la moderna tecnología de móviles, consolas e iPods, sino cosas que el el futuro nos pueden resultar esenciales, como elementos para fabricar paneles fotovoltaicos y aerogeneradores. La actual abundancia de recursos es engañosa porque se ha basado en explotar minerales de concentración mucho más baja que los extraídos en siglos pasados, y esto sólo ha sido posible gracias a la utilización de mucha más energía. El pico de la energía hará mucho más costoso extraer todo tipo de minerales, y ya habremos perdido la oportunidad de reciclarlos, estarán en los basureros y muchos serán irrecuperables.

Las renovables son el futuro, porque no hay energías milagrosas e, incluso si alguna tecnología novedosa (como la fusión) llegara algún día a ser rentable, ya no va a llegar a tiempo para sustituir el declive de las fósiles. Debemos avanzar hacia un futuro de energías renovables, a pesar de que en muchas ocasiones sean obstaculizadas por lobbies cercanos al poder, como nos recordaba Ladislao Martinez; pero no podemos olvidar que ellas también tienen límites, como dejaban claro Carlos de Castro y Antonio García Olivares. Carlos explicaba que la energía renovable es la que utilizan los ecosistemas para todos sus procesos vitales. Interceptarla a gran escala tiene efectos sobre unos ecosistemas ya muy alterados; y no debemos olvidar que son esos ecosistemas (que menospreciamos y destruimos tan facilmente) de los que depende toda nuestra alimentacion y la estabilidad del planeta. Antonio nos hablaba de que algunas tecnologías renovables podrian servirnos para conseguir volúmenes de energía importantes, pero eso requeriría inversiones económicas muy exigentes que se asemejarian, durante 40 años, a una “economía de guerra”.

 Jorge Riechmann nos decía que no es el ser humano el cáncer de la biosfera, sino el capitalismo; y sobre todo el capitalismo financiarizado que hemos vivido estas décadas y que ha perdido todos sus mecanismos reguladores. Los estados han dejado de ser un contrapeso al poder del capital, al dejar de financiarse con impuestos para hacerlo con deuda y quedar a merced de los mercados de capital. Pero el capitalismo se basa en el crecimiento, como recordaba Margarita Mediavilla, porque la base del sistema bancario capitalista es el préstamo con interés, que fuerza al crecimiento económico y material. Si no somos capaces de cambiar la raíz del crecimiento, todos los intentos de encontrar una sociedad sostenible son vanos, como se ha demostrado estos casi 40 años desde que se hicieran los informes del Club de Roma.

Oscar Carpintero nos recordaba que la crisis económica ya existía antes de 2008 para millones de seres humanos excluidos, lo que ahora la hace diferente es que ha llegado incluso a las 1000 grandes empresas multinacionales que controlan la economía de planeta. Y tampoco debemos olvidar que los límites del crecimiento suponen un reto  para la clase obrera, que ha confiado en muchas ocasiones en el crecimiento para mejorar su situación.

Después de tres días de mensajes tan duros, la sensación de pesimismo que flotaba entre los asistentes al curso era difícil de contrarrestar, por suerte el cuarto día se lanzaron mensajes provocadores que invitaban a la acción. Carlos de Castro recordaba que esta civilización consumista y que choca violentamente contra la naturaleza no tiene futuro: es el momento de ir pensando en la próxima civilización, en sus valores, en su tecnología, en su política, en su agricultura y en su economía. Al fin y al cabo, como decía Jordi Pigem ¿merece la pena realmente esta sociedad que, a pesar de este inmenso derroche material, es capaz de dejar que todavía mueran de hambre seres humanos y ni siquiera consigue auténtico bienestar en las sociedades más opulentas?

Esta crisis nos debe servir para rediseñar todas nuestras actividades, desde nuestra  profesión a nuestra vida personal. Aunque la tarea parezca imposible, no queda duda que vamos a hacerlo, mejor o peor, porque el problema ha llegado ya. Contamos con una cualidad para ello, porque, como decía Ernest García, el ser humano, a pesar de no ser especialmente virtuoso, si una cosa ha demostrado, es ser una especie con una enorme capacidad de adaptación.

 Los colapsos no son sencillos, llevan aparejados grandes dosis de dolor, confusión, y turbulencias. Jorge Riechmann hablaba de la igualdad, la cooperación y el cuidado, como las tres virtudes que nos pueden ayudar a aminorar las consecuencias negativas de esta época. Yo añadiría cuatro más: democracia, empatia, creatividad y noviolencia, virtudes que el movimiento 15M está sacando a la calle.

Cada vez es más patente que no sólo nos enfrentamos a una crisis económica española o europea, sino a una crisis global y sistémica. Es preciso expandir la conciencia del enorme reto que tenemos delante, y es preciso hacerlo urgentemente. No podemos esperar a que los gobiernos den el primer paso, debemos empezar desde abajo. Es necesario, también, hacerlo utilizando la no violencia por bandera, puesto que la tarea fundamental no consiste hacer caer un sistema, que, de todas formas se cae él solo al chocar contra el planeta, sino en imaginar e ir haciendo realidad ese otro mundo posible. Posible, y sobre todo, ya ha quedado bien claro, inevitable.

 Margarita Mediavilla Pascual, noviembre 2011.

El mundo en nuestras manos