Una crítica al informe del Hill’s group sobre el pico del petróleo

“¿Por qué no lo llamas entropía? (…) Nadie sabe realmente lo que es la entropía, así que ante cualquier debate estarás siempre en una posición ventajosa”. John von Neumann

 

Este informe ha venido circulando por páginas web y blogs que se preocupan por el problema que llamamos “pico del petróleo”.

Para los que partimos de la base de que éste fenómeno es tan incontrovertible como el cambio climático, informes como éste hacen un flaco favor a los que trabajamos seriamente sobre estos asuntos y por ello debe ser denunciado con contundencia, en especial porque ha tenido una cierta propagación, seguramente confirmando la intuición de hace más de medio siglo de John von Neumann.

Las bases físicas, lógicas, tecnológicas y económicas son erróneas, así que no me entretendré demasiado y solo señalaré algunos fallos que considero flagrantes.

El informe trata de calcular la energía total invertida para dar petróleo a los consumidores, a esta energía la llama Etp. Su conclusión es que en un horizonte muy cercano el petróleo dejará de ser una fuente neta de energía (costará más energía llevarlo al consumidor que la que le va a proporcionar a este). Es decir, en otros términos , la TRE (Tasa de Retorno Energético) será menor que 1.

El método que emplean es a partir de un supuesto cálculo termodinámico basado en la variación de entropía y la exergía perdida en ese proceso. Aclaremos que la sociedad no consume petróleo directamente para producir energía, sino gasolinas, diésel etc. Así pues ese cálculo tendría que tener en cuenta la energía gastada desde la exploración de pozos, la extracción del petróleo, su transporte y refino y las infraestructuras de la industria del petróleo. Las fuentes energéticas para ese proceso obviamente no tienen por qué ser combustibles líquidos provenientes del petróleo. Si hablamos de energía neta o de TRE, entonces habría que tener en cuenta la energía contenida en el vector energético que realmente utilizamos (e.g. la gasolina). Esta TRE es la que hemos llamado TRE estándar (o más precisamente TRE en el punto de uso). Para el caso de la gasolina o diésel y a escala global anda por 5-10 (ver mis post sobre el tema). Sin embargo, para que llegue la gasolina al consumidor final, se requiere de un sistema industrial y minero que también consume energía: el gasto energético en las minas para extraer el hierro y en las acerías para convertirlo en el acero con el que se hacen las plataformas petrolíferas es un ejemplo de que la cadena es aún mayor. Esta TRE es más difícil de calcular, la llamaríamos TRE extendida y  para el mundo y el sistema energético en su conjunto la he estimado en 4-5.

Pues bien, el informe del Hill’s group, en realidad solo calcula (y mal además, véase un análisis detallado en el blog de Antonio Turiel) la pérdida térmica del petróleo mientras sale del pozo. Esta pérdida energética es debida a que el petróleo puede estar a 400ºC dentro del pozo y cuando lo sacamos del mismo se enfría a la temperatura ambiente de la superficie. Esta pérdida energética nada tiene que ver con el gasto energético que hacemos los humanos para extraer en la boca del pozo el petróleo. Fijémonos que el petróleo puede salir por sus propios medios una vez que hemos hecho la perforación o puede necesitar ayuda si tenemos que inyectar agua, por ejemplo. Ni el gasto energético en la perforación ni el agua inyectada en su caso son energías relacionadas con lo que “calcula” el Hill’s group.

Y aunque fuera así, del petróleo no nos interesa su energía térmica (no aprovechamos que puede estar a 400ºC y podría ser pues una fuente de calor), sino que nos interesa su energía química interna (aunque tras el refino normalmente lo quemamos para obtener calor).

Este error garrafal invalida todo el informe desde el primer párrafo técnico.

En todo caso, el Hill’s group sólo estaría teniendo en cuenta el gasto energético en la boca del pozo, no hay ningún cálculo asociado a toda la cadena que hemos descrito y que está implícita en su pretensión al definir como hacen el Etp. Por tanto, si hubieran calculado bien solo habrían calculado una parte –pequeña de hecho- de todo el gasto total. Es decir, que la realidad sería muchísimo peor que la que ellos están dibujando. Como sus conclusiones son dramáticas (costes a la industria de 200$ el barril en 2020, 500$/barril en 2030, en 2012 la Etp es la mitad de la energía que contiene el petróleo y en 2030 la Etp es igual a la que contiene el petróleo, es decir, TRE extendidas de 2 y 1 respectivamente), parecería que antes del 2012 la gasolina ya no llegaba con energía neta al consumidor y por tanto, hace años el sector transporte debería haber entrado en un rápido y severo colapso. Hoy no deberíamos estar moviendo nada con gasolina o diésel.

El informe no pasaría ningún filtro si no fuera porque escondido bajo la terminología termodinámica (entropía, exergía) y escondido bajo una cadena de supuestos no hechos explícitos, provoca que se requiera un cierto tiempo –del que solemos carecer todos- y comprensión del lenguaje matemático físico para desmontar sus páginas iniciales. Quizás por eso, aunque también comete fallos en cuestiones tecnológicas y económicas, las críticas hasta ahora han sido medianamente tímidas y ha pasado sin una revisión básica.

Sin embargo, dado que efectivamente la situación de la industria del petróleo y energética está en momentos “críticos” y dado que efectivamente tenemos toda esa retahíla de problemas que nos conducen al colapso, este tipo de “estudios” pueden ser dados la vuelta y convertirse en armas para los negacionistas –en este caso de la crisis energética-. Es por ello que se carga sobre nuestras espaldas un trabajo que quizás no nos esperábamos tan pronto en este tema: desmontar los argumentos falaces de aquellos que terminan concluyendo no muy diferentemente a nosotros.

En todo caso, el ejercicio además de necesario, puede tener su utilidad, porque si lo hacemos, nos dará mayor credibilidad (nuestro filtro funciona a pesar de que no es tan fácil que lo haga cuando lo que se nos presenta confirma nuestras ideas/expectativas).

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza

 

Anexo:  Señalo aleatoriamente aquí algunos errores/incoherencias:

1º From Graph 1 and eq 6 we could estimate η The report estimate and use 0,2 constant but for 2030 I obtain 0,14.

 

2º EROEI=2 in 2012, but following Sankeys from EIA (real numbers) will be around 4 -5 even considering energy infrastructures (extended EROEI).

 

3º Eq 7 show Etp in BTU/lb/Gb but Ep is in BTU/Gb Different dimensions?

 

4º Eq 7 gives 3th column of Chart 1 that is << that the 4th column being used. Eq 7 refers only (and partially) to the Etp just in the oil extraction process; no Etp is calculated for exploration, extraction infrastructure, oil transport, oil refinery etc. This is supposed to be = 4th column but it is supposed from hypothesis 1, with no empirical support.

 

5º Etp is simulated supposing that the only source is oil but it is not true in the real World (for instance the report say: “The Etp function generated cannot exceed Eg, crude’s specific exergy”. That’s not necessarily true if Etp comes from natural gas or coal (if coal EROEI>10, then could have sense if we need liquids).

 

6º “Etp must also be an increasing function”. This could apply for the extraction process but it is not for the Etp of a refinery.

 

7º graph 5 show $/barrel as function of cumulative production. They exclude 1980-1985 for geopolitical reasons, but the same reasons could apply for 1973, 2001, 2008 etc. The price of oil is not only determined by geophysical reasons in any year from 1939 to present. The report use nominal $ that if inflation happens at a constant rate, it is expected that price growth in an exponential like curve (for mathematical reasons, neither physical nor economic reasons) therefore, the exponential nature of prices is artefactual with no physical base. If you use constant $ instead of nominal $ you do not see the same exponential growth but an erratic price, geopolitical dependent. Therefore the report is useless to predict oil price.

 

8º The red line in graph 6 goes over 100% of %reservoir extracted as possible; gross mistake

 

9º Trend line in graph 7 has no good correlation

 

10º From column 3 to column 4 in Chart 1 it is not clear how to go.

 

11º In graph 8 they suppose an horizontal asymptotic line for the Etp at the end of exploitation, a cero at the beginning (year 0) (which it is not correct from the point of view of reality and physics) and suppose a more or less logistic function in between. This could happen for Etp if it is excluded refineries and other Etp inputs. The logistic function imply (for mathematical necessities) that  EROEI=2 will be near peak oil, this has no real grounds because thermodynamics it is only one of the factors of real EROEI.

 

12º Graph 13: there is no physical sense to adjust with a SIN function, in fact, if Ep is not logistic, η will be not constant as supposed in the report. How could you explain that, from 1980 to 1995, the Ep decrease? This will mean that η decrease? I have calculated some η from their results and I find some values far from 0,2 used. Also, it seems that η is the machinery efficiency as the report writes, but it is obvious that this quantity evolve during s.XX. At present time combustion motors have >20% efficiencies. Even more, electricity and other secondary sources for the oil industry are produced with >20% efficiencies.

 

13ª Graph 16: nominal $/barrel <15$ have no sense in economic terms. From >15$ it seems more a slow declining line for EROEI. From >50$ it seems that EROEI is constant.

 

14º Report confuse several EROEIs; from the report the EROEI(extended?) will be 2 for the 2012 year, but in graph 16 is 10 (EROEIstandard?). If EROEIextended will be 2, then coal and gas must be sustaining oil industry many years before 2012, if so, Etp from this sources are the important ones, therefore they invalidate the implicit hypothesis that Etp is from oil.

 

15º The report confuse oil –that is not a direct source of energy for a consumer- with oil products like gasoline, etc. The report does not use real energy sources that it is the only source of coherent EROEI, etc. estimations.

 


Publicación artículo científico sobre la disponibilidad de recursos energéticos fósiles y el cambio climático

Acceso al post original en BC3-News.

El equipo multidisciplinar ha publicado el siguiente artículo en el journal “Energy & Environmental Science” centrado en las implicaciones de la incertidumbre de disponibilidad de recursos fósiles sobre los escenarios climáticos futuros: :

Capellán-Pérez, Iñigo, Iñaki Arto, Josué M. Polanco-Martínez, Mikel González-Eguino, and Marc B. Neumann. “Likelihood of Climate Change Pathways under Uncertainty on Fossil Fuel Resource Availability”, Energy & Environmental Science 9, no. 8 (August 2, 2016): 2482–96. doi:10.1039/C6EE01008C. (open-access)
http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

La percepción de la abundancia de recursos energéticos fósiles (petróleo, gas y carbón) ha determinado tradicionalmente las políticas energéticas y climáticas en la mayoría de países del mundo. Así, las transiciones energéticas se suelen planificar (y modelar) como transiciones principalmente dirigidas por la demanda de recursos. Sin embargo, existe una creciente literatura científica que apunta a que esta hipótesis está sujeta a una gran incertidumbre y es, por lo tanto, discutible. El caso del petróleo es paradigmático: aunque desde finales de los 1990 existían trabajos publicados en relación al probable alcance del máximo global de producción de petróleo en la década de los 2000s (conocido popularmente como “peak oil”), apenas tuvieron repercusión en el ámbito académico ni en la agenda política. Sin embargo, según la Agencia Internacional de la Energía, el pico de producción de petróleo convencional se alcanzó a mediados de la década pasada. Hasta el momento las consecuencias no han sido tan dramáticas como se había pronosticado debido principalmente al surgimiento con un ímpetu inesperado de la tecnología de fracking en EE.UU. Sin embargo, la explotación de combustibles no convencionales también está sujeta también a una enorme incertidumbre debido a la novedad que supone su extracción a gran escala.

En este trabajo hemos tratado de analizar esta incertidumbre mediante la revisión de la literatura y la implementación de los recursos energéticos fósiles disporefnibles en un modelo de análisis integrado de cambio climático, en combinación con la incertidumbre en la sensibilidad climática de equilibrio. En este artículo nos hemos centrado en el análisis de escenarios de referencia, ie., escenarios que no consideran políticas climáticas adicionales.

Aunque encontramos que el agotamiento de los recursos reduciría las emisiones acumuladas a final de siglo respecto de los escenarios actuales (Fig. 1 panel A), es muy probable que el uso de los combustibles fósiles disponibles a lo largo del siglo provoque un cambio climático de dimensiones peligrosas (Fig. 1 panel C), i.e. 88% de superar un incremento de temperatura de 2º en el año 2100).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Encontramos que el conjunto de recursos fósiles estará probablemente en su fase de declive durante la segunda mitad del siglo XXI (y seguramente antes de esa fecha debido a la no consideración en el modelo aplicado de restricciones a las tasas de extracción). Así, la transición hacia las renovables tendría que producirse antes de lo usualmente considerado. No obstante, recordamos que se estaría lejos de solucionar así al problema del cambio climático y nuestros resultados refuerzan las razones que justifican la necesidad de una acción global y rápida.

Por lo tanto, es probable que se necesiten más inversiones que las habitualmente consideradas para transitar a un sistema basado en energías renovables (lo que permitiría que las políticas de mitigación fueran menos costosas). Así, entre las recomendaciones políticas el trabajo pone especial énfasis en la necesidad de incrementar la investigación y niveles de inversión para el desarrollo y expansión de las energías renovables y tecnologías asociadas (e.g. gestión de la intermitencia) a nivel global. Las estrategias de anticipación son claves desde un punto de vista de sistema energético y climático.

Para aquellos interesados en la metodología y más detalles del trabajo, el artículo original en inglés está disponible en acceso abierto en el siguiente enlace:

http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

Iñigo Capellán Pérez


Documental – “Fractura, la maldición de los recursos”

Difundimos el documental “FRACTURA: LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS” (30 min.), que aborda la problemática de la escasez de recursos energéticos en la actualidad y acerca al gran público el concepto del Fractura hidráulica (Fracking) y sus consecuencias medioambientales. Made in Euskadi, cuenta además con la participación de nuestra compañera Margarita Mediavilla.


Petropolis

La crisis energética está determinada por el declive de las energías fósiles convencionales “buenas” (baratas, fáciles de extraer, alta densidad y rentabilidad energética) y el proceso de sustitución por fósiles no convencionales “malas” (caras, difíciles de extraer, baja densidad y rentabilidad energética, además de enormes impactos ambientales).

O más visualmente, del paso de esto:

A esto:

Como se suele decir en estos casos, una imagen vale más que 1000 palabras (y muchos posts).

Iñigo Capellán Pérez


Emisiones UE para 2020: ¿objetivo cumplido?

Esta semana la Agencia Europea de Medio Ambiente publicaba el informe “Trends and projections in Europe 2013 – Tracking progress towards Europe’s climate and energy targets until 2020que se difundió en algunos medios de comunicación. 2020 representa uno de los hitos en la política climática europea, pues su estrategia climática proyecta que para ese año las emisiones se hayan reducido un 20% respecto de sus valores de 1990. Y con los datos de 2012 en la mano, nos encontramos actualmente ya en un 18% de reducción. Así expresado, parecería un gran éxito de la política climática europea, que es además la abanderada mundial de estos asuntos. Pero vamos a contextualizar estos números. En la gráfica 1 más abajo, se puede observar la evolución desde 1990 (índice 100) de las emisiones para la UE-15 (15 países miembros hasta 2004, curva roja) y la UE-28 (actuales 28 países miembros, curva azul). La diferencia entre ambas nos permite contabilizar la contribución de las exrepúblicas socialistas que colapsaron a principios de los 90 y que se han ido incorporando a la UE progresivamente desde el año 2004: Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

Figura 1 (Fuente: eurostat): Evolución de las emisiones en UE-15 y UE-28 de 1990 a 2011. Puesto que para el año 1990 se asigna el índice “100”, una reducción del 20% equivale a alcanzar el índice “80”.

El colapso de estas repúblicas significó una importante y brusca reducción de sus emisiones, que eran en gran parte generadas por una industria pesada caracterizada por bajas eficiencias energéticas. Así, la elección de la fecha de 1990 como punto de comparación para las reducciones no es trivial: a fecha de 2012, todos los países de la UE-28 que tienen valores de emisiones menores que la media europea excepto el Reino Unido son exrepúblicas socialistas (La Alemania reunificada podría ser la otra excepción, pero no la consideramos pues incluye asimismo las emisiones de la RDA). Aún así, fijándonos sólo en la UE-15, las emisiones en 2011 se redujeron casi un 15% respecto de 1990, y un fenomenal 11% sólo desde 2007.

¿Cómo se explica esta evolución?

En 2005 la UE puso en marcha su mercado de emisiones interno (EU ETS) con la finalidad de que fuese un potente instrumento de reducción de emisiones de efecto invernadero de forma eficiente y económica. La idea básica es que el mercado asigne un precio al carbono de forma que el sistema económico internalice el verdadero coste de su uso. A pesar de que existen evidencias de que este mercado ha contribuido a reducir las emisiones en la UE, la realidad es que la irrupción de la crisis al poco de implementarse ha dejado en suspense su potencial capacidad de transformación de la economía. La efectividad de este instrumento se basa en que el precio del carbono se comporte como una señal creíble y estable en el horizonte temporal de décadas (la política climática se diseña a muy largo plazo) con la finalidad de que se produzcan cambios estructurales en las inversiones de equipamiento así como de I+D.

Sin embargo, la crisis ha hecho que se derrumbe el precio del carbono a niveles irrisorios (exceso de permisos en el mercado de emisiones, ver abajo figura 2), de forma que se ha convertido prácticamente en una variable despreciable en comparación con otras (por ejemplo fluctuaciones en los precios de las materias primas energéticas).

Figura 2: Evolución del precio del carbono del mercado EU-ETS desde 2008 hasta principios de 2013. (Fuente: The Economist)

La reducción de las emisiones de efecto invernadero de casi 10 puntos desde 2007 para la UE-28 es un descenso colosal, y es en realidad el causante de que a día de hoy estemos tan cerca del objetivo de reducción del -20% para 2020.  Si representamos los mismos eventos y los mismos actores en una gráfica que muestre la evolución del consumo de energía primaria de 1990 al 2010 (el punto 2011 es una estimación nuestra), se entiende la causa principal del descenso brusco de las emisiones desde 2007 hasta el día de hoy: la crisis (figura 3).

Figura 3 (Fuente: eurostat): Evolución del consumo de energía primaria en UE-15 y UE-28 de 1990 a 2011.

Sin embargo, se podría argumentar que la UE podría haber logrado mutar, al menos parcialmente, su sistema puesto que con niveles de consumo de energía (figura 3) similares a los años 1995-2000 sus emisiones son sensiblemente menores (figura 1). Estas mutaciones incluirían, además de las mejoras de eficicia, el cambio en la estructura económica y es un tema complejo de analizar. Sin embargo, una explicación más plausible nos parece que los sectores más intensivos en energía son precisamente aquellos más “tocados” por la crisis, por ejemplo la construcción o la industria (especialmente la química) [Roca et al., 2013], lo que explicaría este comportamiento. Así, parece probable que si la actividad económica de antes de la crisis (y su consumo energético y material asociado) se reanudara las emisiones se situarían en valores próximos a la continuación de la tendencia de los datos de 2007. Por ejemplo, se admite que el “caso particular” de UK en cuanto a reducción de emisiones se debe en gran parte a la deslocalización de industrias intensivas en emisiones [1]; es decir que los patrones de producción y consumo se mantienen y sólo han cambiado los actores: contaminan “otros”.

Así pues, las cifras en este caso resultan ilusorias, la reducción de emisiones no se ha conseguido vía una mutación del metabolismo socioeconómico hacia sistemas bajos en carbono, sino que se ha alcanzado principalmente vía shock, una reducción drástica debido a la reducción de la actividad económica. Aunque las políticas de transición a una economía baja en carbono son imprescindibles, de hecho la crisis no ha hecho más que poner estas políticas europeas (y las medioambientales en general) en en segundo plano, supeditando todo a la vuelta a la senda del crecimiento. Veremos cómo evoluciona.

2 apuntes para finalizar este post:

  • Las proyecciones con modelos integrados paara el estudio del Cambio Climático indican que para alcanzar el objetivo de limitar el incremento de temperatura global a menos de 2 ºC, la acción debe de ser: internacional y simultánea (todos los países deben de participar a la vez),  e inmediata. La crisis nos está mostrando claramente una “política” factible y rápida de reducción de emisiones vía disminución de la actividad económica. ¿Seguiremos en nuestros trece (el célebre “el crecimiento no es negociable”) o tendremos el valor y la inteligencia social como para explorar otra vías?
  • El transporte es el único sector de la UE dónde las emisiones han continuado aumentando desde 1990 (más de un 20% como se aprecia en la figura 4). Además es el sector más frágil ante el fenómeno del peakoil, pues como ya hemos estudiado y comentado anteriormente, no parecen existir alternativas técnicas que puedan “llegar a tiempo” (por ejemplo los biofuels o el coche eléctrico) para su sustitución en un business-as-usual. Así pues, el sector transporte es un sector clave, tanto desde el punto de vista de seguridad energética como de cambio climático. Y cuando las soluciones técnicas no son suficientes, son necesarios cambios sociales, por ejemplo un urbanismo que favorezca el transporte a pie, bicicleta, público, en detrimento del coche privado, así como encontrar alternativas al transporte de mercancías por carretera. De nuevo en una reducción o ralentización de la actividad económica significativa podría estar la clave para afrontar la transición de este sector.

Figura 4 (Fuente: COM(2012) 626 final): Variación de las emisiones de GEI de la EU-27 por sectores y proporción de los distintos sectores en las emisiones totales de GEI.

Iñigo Capellán-Pérez

Referencias, notas y más información:

[1] “Oficialmente, las emisiones del Reino Unido han caído de 788 millones de toneladas en 1990 hasta 566 millones en 2009. No-oficialmente, otras 253 millones de toneladas deberían ser añadidas a nuestro saldo. Esta es la diferencia entre los gases de efecto invernadero emitidos para producir los bienes que exportamos y aquellos embebidos en los bienes que importamos. La razón por la que nuestras estadísticas parecen mejores que la de otras naciones es por la masiva deslocalización de nuestra industria. Así alcanza su objetivo el gobierno. Si aquello que compramos es fabricado en China, entonces China es la culpable”, Georges Monbiot, The Guardian, Monday 23 May 2011.

[Roca et al., 2013]La responsabilidad de la economía española en el calentamiento global“, Jordi Roca Jusmet (coord.), Vicent Alcántara, Iñaki Arto, Emilio Padilla y Mònica Serrano. FUHEM Ecosocial y La Catarata, 2013.


Dejemos de construir moais

Muchas civilizaciones colapsan. No es algo tan raro. ¿Estamos nosotros colapsando? Desde luego, estamos bajando. Todos los imperios en un momento dado se creen más fuertes y más inteligentes que todos sus antecesores. Todos construyen las torres más altas, las pirámides más grandes, los palacios más ostentosos. Todos llega un momento que sobreexplotan los recursos naturales que los sustentan y entran en profundas crisis.

Algunos no colapsan. Algunos se dan cuenta de que están deteriorando sus tierras y sus bosques y pasan por periodos de profundos cambios colectivos. Los japoneses del siglo XVII tuvieron grandes problemas de erosión debido a la tala de sus bosques. Supieron parar a tiempo, prohibir la corta de madera, no aumentar su población, mejorar su agricultura y llegar al siglo XIX como una nación cohesionada.

Otros colapsan. Los habitantes de la Isla de Pascua reaccionaron, pero justo en la dirección equivocada. Los bosques de palmas empezaron a escasear y las tierras a erosionarse, pero sus creencias los cegaban. Echaron la culpa al enfado de sus dioses y, en lugar de salvar los bosques, se dedicaron a talarlos para construir más estatuas de piedra, o moai,  más grandes todavía en los tiempos de crisis. Acabaron con los bosques, con las tierras, e incluso con la posibilidad de construir barcas de pesca y comer pescado. El último moai, varias veces mayor que el mayor de los realizados, no llegó a ponerse en pie, quedó en la cantera inacabado.

Castilla también colapsó. A todos nos han explicado la historia de aquella poderosa Mesta, a la que los reyes protegían mientras descuidaban la agricultura y la industria. Nosotros hicimos como los pascuenses: dejamos que las tierras se deteriorasen bajo el empuje de las ovejas, talamos los bosques para construir navíos de guerra y salvar el comercio de la lana con Flandes. En lugar de proteger a los campesinos, los arruinamos con impuestos y mantuvimos a hijosdalgos, nobles y curas. En nuestros pueblos se pueden ver los rastros de nuestros moais: enormes iglesias con retablos de oro.

¿Estamos al borde de otro colapso? Estamos cayendo, desde luego. Es hora de hacer lo que hicieron los japoneses: proteger lo más importante, lo más humilde, lo que nos da de comer y es la base de nuestra economía. ¿Estamos salvando lo importante o volvemos a proteger a la Mesta? ¿Por qué salvamos a bancos y empresas constructoras? ¿No deberíamos salvar las pymes, la agricultura y la empresa familiar primero? ¿Qué hicimos con el plan E, sino construir moais en tiempos de crisis, como los pascuenses?

Probablemente estamos al borde de un nuevo colapso, en España y en la economía global. Y no sé si sabremos reaccionar porque, como todos, nos creemos mucho más inteligentes que todas las culturas que han pisado el planeta; y, aunque nos llamamos civilización científica, seguimos regidos por creencias que nos impiden ver la realidad. Los economistas dicen que tenemos que crecer y consumir más, pero… ¿qué es “estimular el consumo” sino malgastar recursos que se están volviendo escasos? Son abrumadores los datos que avisan de que los recursos están empezando a escasear: las tierras están erosionándose, los combustibles fósiles están llegando a sus techos de producción, el avance tecnológico no es capaz de dar sustitutos válidos a las energías fósiles, las pesquerías están colapsando…

Es probable que nos enfrentemos, una vez más, al viejo problema del colapso de las sociedades complejas. Es posible que estemos al borde. Pero todavía no hemos colapsado. De nosotros depende tomar la opción de los japoneses, o de los pascuenses. ¿Qué podemos hacer? Parece claro que lo más importante es no dejarse cegar por creencias e intentar ver la realidad del momento. También es importante no malgastar recursos haciendo moais y tener control sobre las “mestas”, no dejando que los poderosos lleven la sociedad a la catástrofe.
Pero quizá lo más importante es despojarnos de ideas superfluas que adquirimos cuando vivimos épocas de esplendor. Es preciso ver que no son los palacios, catedrales, aeropuertos y AVEs los que nos dan de comer, sino los campesinos, las tierras, la empresa realmente productiva y los recursos naturales. Es preciso recuperar el valor de lo humilde, de lo sencillo, de todas esas cosas que realmente son imprescindibles porque nos alimentan; de todas esas cosas que, en épocas de esplendor, olvidamos.

Marga Mediavilla, publicado en El Mundo, edición Valladolid, 3 de noviembre 2011.