La cuestión de las reservas de petróleo

Al hilo del intenso debate que está habiendo a raíz del Manifiesto Última Llamada, que nuestro grupo ha suscrito, se ha publicado un comentario en el blog que cuestiona la veracidad de los datos sobre la extracción de petróleo publicados en mi post. El comentario dice que las reservas de petróleo han aumentado en los últimos años de forma muy destacada y cita unos datos  que, aparentemente, no concuerdan con el declive que damos en las figuras.

Algunas de las respuestas que se han dado en el foro hablan de que, lo importante, no son tanto las reservas como los ritmos de extracción (de hecho, esta es la base de las teorías del pico del petróleo). Aunque existan todavía reservas en el subsuelo, a medida que los pozos se van vaciando, la extracción es más complicada y llega un momento en que no puede seguir la demanda creciente.

Pero ese no es el único argumento que defiende la veracidad de nuestros resultados.  Hay que tener en cuenta que  los datos sobre las reservas de petróleo que posee cada país están sujetos a mucha especulación y, si uno los estudia cuidadosamente, ve  cosas que no cuadran.

Es relativamente sencillo encontrar datos oficiales sobre el consumo de petróleo. BP, por ejemplo, ofrece estadísticas públicas en su web. No es tan sencillo encontrar datos sobre los descubrimientos de petróleo, pero se pueden encontrar datos históricos fiables (ASPO, por ejemplo, los ofrece). Con estos dos datos podríamos estimar cuáles son las reservas conocidas de petróleo en el mundo, ya que las reservas conocidas deben ser el resultado de ir sumando año a año los descubrimientos y restando la extracción.

Si uno hace eso con los  descubrimientos (de ASPO) desde 1930 hasta 2008 y el consumo (según BP) obtiene las gráficas de las Figuras 1 y 2. En la Figura 1 se puede ver que los descubrimientos (en verde) se realizan en años concretos (oscila mucho la gráfica) y se van haciendo más pequeños a partir de 1965, mientras la extracción sigue una curva creciente, impulsada por una demanda también creciente. El resultado de sumar descubrimientos y restar extracción es la curva verde de la Figura 2, en la que se puede ver que, a partir de los años 90, las reservas empiezan a disminuir. Este comportamiento parece bastante lógico, dado la forma de  las gráficas anteriores.

 Sin embargo, los datos de reservas que BP ofrece desde 1980 son completamente diferentes. En la Figura 2 se pueden ver estos datos de reservas “oficiales” en la curva roja. Llama la atención que el parecido entre las dos curvas es nulo. Las reservas ofrecidas por BP aumentan constantemente año a año a pesar de que desde 1980 las curvas de extracción y descubrimientos nos dicen que hay más extracción que descubrimientos. ¿Quién está mintiendo?

 

Figura 1

Figura 2

Si uno echa un vistazo a las gráficas de un país en concreto, por ejemplo Arabia Saudí, también la disparidad es enorme. En la Figura 3 se puede ver el resultado de hacer el mismo ejercicio de antes: comparar las reservas que ofrece BP con el resultado de sumar descubrimientos y restar extracción.

Figura 3

Las reservas que hemos calculado muestran el perfil de la línea verde, con un suave descenso, pero las reservas según BP son completamente diferentes (línea roja). De 1980 a 1987 las reservas de Arabia, según BP, se mantienen prácticamente constantes y desde 1990 hasta 2012 también. Pero durante todos esos años Arabia Saudí ha estado extrayendo más de 3Gbarriles al año.  Además entre 1987 y 1990 las reservas pegan un enorme salto, aunque en esos años no se registró ningún nuevo descubrimiento en ese país.

¿Por qué tienen un perfil tan raro la curva de reservas de BP? Podríamos decir que, simplemente, se debe a la mejora tecnológica. Podríamos pensar Arabia ha  revaluado  sus reservas en función de las nuevas técnicas de extracción ya que  cada vez la tecnología es mejor en los pozos donde antes se pensaba que había x barriles extraibles, ahora hay más. Pero, la verdad, es que resulta muy, muy raro que precisamente cada año el avance tecnológico sea exactamente igual a la extracción de ese año (sería más lógico que los descubrimientos científicos ocurrieran en años puntuales) y resulta más razonable pensar que, simplemente, Arabia Saudí está dando siempre el mismo dato de reservas  sin preocuparse de descontar lo que extrae. Esto cuadra con el hecho de que las reservas de petróleo son un activo muy importante a la hora de  demostrar la solvencia de un gobierno o una empresa.  Y algunos han mostrado que el abrupto aumento de las reservas de petróleo de Arabia Saudí y otros países del Golfo Pérsico en torno a 1987 se debe a las tensiones políticas en el seno de la OPEP y es, básicamente, una burbuja.

Los datos en los que nos hemos basado a la hora de  dar los resultados del post publicado el 7 de julio se basan en los estudios de diferentes autores, que se resumen en la Figura 4. Algunos de ellos, como los de ASPO, se basan en datos propios; otros, como los de la Universidad de Uppsala (Aleklett), toman los datos oficiales  y simplemente hacen los cálculos para eliminar el maquillaje que frecuentemente tienen los datos oficiales.

 

Marga Mediavilla

Figura 4: Estimations of oil extraction by different authors. There is a lack of standardization in the literature. For each study, “oil” refers to only crude oil (including NGLs) (Maggio and Cacciola, 2012); crude and unconventional (ASPO, 2009; EWG, 2013, 2008); crude, unconventional and refinery gains (Aleklett et al., 2010; Skrebowski, 2010; WEO, 2012); crude oil, unconventional, refinery gains and biofuels (Laherrère, 2006); finally (BP, 2013) historical data include crude oil,  shale oil, oil sands. (Aleklett et al., 2010) adjust the total volume to the energy content since 1 barrel of NGL contains in reality 70% of the energy of an oil barrel.

 

 


Manifiesto Última Llamada

Este lunes se ha presentado a la prensa un manifiesto (en cuya redacción hemos colaborado) y ha conseguido la adhesión de más de 200 personas relevantes de la vida académica, social y política  como Alberto Garzón, Pablo Iglesias Turrión, Ada Colau, Juantxo López de Urralde, Marina Albiol, Cayo Lara, Alicia Puleo, Jorge Riechmann, Arcadi Oliveres, Enric Duran, Teresa Forcades, Xose Manuel Beiras,  Belén Gopegui, Esther Vivas, Joan Martínez Alier, José Manuel Naredo, María Eugenia Rodríguez Palop, Yayo Herrero, etc.

El manifiesto tiene por nombre Última Llamada. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización y su texto íntegro lo reproducimos más bajo (también se ha creado una red donde se recoge y donde se admiten adhesiones de ciudadanos particulares, se puede consultar aquí).

En el mismo se hace una llamada a mirar mucho más allá de las causas inmediatas de la crisis económica y tomar conciencia de que estamos ante un auténtico cambio de civilización porque la actual sociedad de consumo no es sostenible, y lo que llamamos crisis es en gran medida un síntoma del choque de nuestra sociedad contra los límites del Planeta.

Esperemos que esta llamada de atención sea escuchada y los sectores sociales que buscan alternativas al liberalismo actual no se conformen con las soluciones del siglo pasado sino que busquen alternativas adecuadas para este siglo que, de seguro, va a estar marcado por el enorme reto ambiental.

Marga Mediavilla

 

 

Última llamada»

Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización

Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

— En diversos lugares de la Península Ibérica, Baleares y Canarias, y en el verano de 2014.


’2052′: integrando límites en un “mundo lleno” (2)

Como comentábamos en el post anterior ’2052′: integrando límites en un “mundo lleno”, la ciencia económica convencional ha ignorado durante los siglos XIX y XX el tema de los límites. Más exactamente, no los ha ignorado sino que ha asumido que estos límites no eran significativos, y de existir, podían ser superados por otros factores, típicamente la tecnología. Esta hipótesis, progresivamente asumida hace unos 150-200 años, y entonces justificable y por tanto correcta (la hipótesis del “mundo vacío”), ha dejado sin embargo de ser válida en nuestros días.

Y es que en cualquier ciencia aparecen problemas cuando se deja de contrastar una hipótesis y se asume como principio. La hipótesis se convierte entonces en parte estructural (= incuestionable) del paradigma.

Tras la ola de investigación en torno a la sostenibilidad de los años 70, nos encontramos actualmente ante un nuevo impulso. Mientras hace 4 décadas esta ola se debió más a un esfuerzo de anticipación y planificación, la actual, mayor en magnitud y extensión, parece deberse simplemente a la fuerza que tienen los hechos al revelarse. Es interesante comprobar como aunque se advierten avances en el terreno académico, en el político la impresión es más bien la de retroceso respecto de la Cumbre de Estocolmo (1972) o de Río (1992).

En este contexto, el informe 2052 de J. Randers retoma el tema de la sostenibilidad sistémica (recursos, desigualdad, contaminación, etc.) y por lo tanto incluye el tema de la finitud de los recursos energéticos no renovables. Éstos son integrados en un modelo mundial de forma similar (aunque también con diferencias significativas) al modelo WORLD3 del informe de los “Límites del Crecimiento” – en el que Randers también participó.

Es muy interesante ver cómo, 40 años, después, los modelos siguen apuntando a resultados similares a los obtenidos por el WORLD3 de los años 70. Aunque más interesante aún quizá es constatar cómo éste modelo, opuestamente a la “creencia popular en la academia” ha reproducido muy bien la evolución de los últimos 40 años:

(Turner 2008; 2012). Figura tomada de Scientific American: http://www.scientificamerican.com/article/apocalypse-soon-has-civilization-passed-the-environmental-point-of-no-return/

El informe 2052 prevé que será la variable climática la variable crítica en las próximas décadas, es decir que una colapso sistémico sería causado por una interrelación de variables entre las cuales la primera en superar valores críticos sería la climática. Sin embargo, llama la atención cómo, en el contexto BAU que asume Randers, no considera el alcance de un pico en el GDP mundial como una variable crítica:

 

(Randers 2052)

Simplemente comenta que “la economía mundial en 2050 será mucho menor que lo que la mayoría de la gente cree” (aunque es posible que en el libro le extensión dedicada a este tema sea mayor). Las principales razones de esa saturación en el nivel de actividad económica mundial son consecuencia del efecto combinado del (1) declive de la productividad (como se viene observando en las últimas décadas), y (2) de la integración de la ley de rendimientos decrecientes en el sector energético (vía incremento de la proporción de la inversión sobre el GDP, o lo que es lo mismo, de la reducción del EROEI, como se puede ver en la figura anterior). Es muy significativo que la mayoría de modelos (y especialmente aquellos que son políticamente relevantes como el WEM de la Agencia Internacional de la Energía o aquellos que participan en el proceso del IPCC) obvian aspectos como el EROEI, y al hacerlo sus modelos son incapaces de representar estos procesos.

Otro ejemplo de modelo que integra la limitación de recursos y el EROEI es el GEMBA de M. Dale (Dale 2012). De nuevo, se obtienen techos de producción no-renovable poco antes de 2050 así como una saturación en la actividad económica asociada. Esto también coincide con el BAU del informe “Límites del Crecimiento” desde 1972. Grosso modo, parece que los modelos se ponen de acuerdo.

(Dale 2012). IZQ: Proyección de potencia energética por fuentes de energía; DCHA: Nivel de capital industrial total (EJ) representado en función del capital del sector energético (EJ).

Sin embargo, estos 3 modelos no están preparados para representar los problemas a corto y medio plazo de la energía. Es decir, su modelado asume directamente que éstos no van a existir. En las propias palabras de Randers: “Por lo tanto, no preveo un shock petrolero, ni tampoco ninguna otra crisis relacionada con los recursos en el horizonte. Tan sólo veo una transición de materiales baratos a sustitutos más caros, y con suerte, que la transición se realice a un ritmo suficiente para evitar el tipo de choques que pudieran hacer descarrilar el sistema. Pero, de nuevo, esta previsión optimista es una consecuencia de la ralentización del crecimiento económico que confío que se produzca en los próximos 40 años”.

Es decir, estos modelos nos están hablando de máximos teóricos (inalcanzables por lo tanto), no de fechas más probables. Mucha literatura ha explorado las implicaciones económicas del peakoil. En particular, Gail Tverberg escribió un post en respuesta al informe de “2052” con el franco título: “Por qué no me creo la predicción para 2052 de Randers”, en el que criticaba diversos aspectos del modelado del sector energético, su insuficiente desagregación regional (que obvia particularidades locales que podrían tener implicaciones globales) o la omisión de los precios de la energía.

Pero no debemos olvidar que el modelo perfecto a corto, y largo plazo que incluya “todo” no existe ni existirá nunca por nuestra ignorancia intrínseca y las incertidumbres asociadas, y éstos se deben de usar más bien como “herramientas de orientación” en procesos político-sociales. Algo así como rudimentarios (e imprecisos) aparatos de navegación (brújula, astrolabios) en una nave: la tripulación también debe de valorar los riesgos y participar en el diseño de la ruta más segura.

Iñigo Capellán Pérez

Referencias

(Dale 2012) Dale, M., S. Krumdieck, and P. Bodger. “Global Energy Modelling — A Biophysical Approach (GEMBA) Part 2: Methodology.” Ecological Economics 73 (Enero 2012): 158–67. doi:10.1016/j.ecolecon.2011.10.028.

(Turner 2008) Turner, Graham M. “A Comparison of The Limits to Growth with 30 Years of Reality.” Global Environmental Change 18, no. 3 (Agosto 2008): 397–411. doi:10.1016/j.gloenvcha.2008.05.001.

(Turner 2012) Turner, Graham M. “On the Cusp of Global Collapse? Updated Comparison of The Limits to Growth with Historical Data.” GAIA  – Ecological Perspectives for Science and Society 21, no. 2 (2012): 116–24.


Pide a Jordi Évole que el pico del petróleo llegue a Salvados

Esta vez me gustaría pedir que todos los que seguís este blog nos ayudéis a pegar un salto importante en la divulgación del problema del pico del petróleo. Una persona ha lanzado una campaña en change.org para pedir al programa Salvados que elaboren un especial sobre este tema.

A ver si hay suerte y sucede algo parecido a lo que ha sucedido con  la energía eléctrica. Durante años el mercado de la energía en España fue denunciado en círculos ecologistas y en charlas minoritarias, pero solo cuando salió en televisión, precisamente en este programa,  empezó a ser conocido mayoritariamente.

Ayudadnos a difundir esta petición (también en Menéame). Merece la pena.

 

Marga Mediavilla

 

https://www.change.org/es/peticiones/jord%C3%AD-evole-y-el-equipo-de-salvados-un-programa-especial-sobre-el-oil-crash


Biofuels y UE: entre la realpolitik y la “irrealpolitik”

Hace apenas 15 días la UE volvió a incrementar el límite máximo de la proporción que los biofuels producidos a partir de cultivos alimenticios podrán cubrir respecto del total de energía para transporte en la UE, pasando de un 6 a un 7% (ya lo había hecho anteriormente del 5 al 6%).

Cuando se creó hace 10 años la política de promoción de biofuels de la UE (RED), se fijó el objetivo de que prácticamente el 10% de la energía total para transporte en 2020 fuera cubierta por éstos. La principal ventaja de los biofuels es que permitiría la sustitución del petróleo por otro combustible sin la necesidad de transformar la industria automovilística ni la actual infraestructura de suministro (comparar con la complejidad de la implementación a gran escala del coche eléctrico o de hidrógeno).  Los objetivos declarados entonces por la UE fueron principalmente 3:

  • reducción de las emisiones de efecto invernadero,
  • reducción de la dependencia energética (la UE importó en 2010 el 85% del petróleo),
  • la creación de riqueza y trabajo en las áreas rurales.

Con el andar de los años, las investigación de los llamados “cambios indirectos en el uso de la tierra” (ILUC):

 

ha provocado que, en realidad, las emisiones totales de efecto invernadero de la mayoría de los biofuels producidos en Europa (biodiésel) sean del mismo orden de magnitud (incluso mayores) que las procedentes de los combustibles fósiles:

(van Renssen, 2011) Histograma que muestra las emisiones de efecto invernadero procedentes de cambios directos e indirectos en el uso de la tierra para diferentes agrocombustibles. Las líneas punteadas naranja y gris representan los umbrales de ahorro de emisiones del 50% y 35%, respectivamente, respecto de los combustibles fósiles. Inicialmente los biofuels tenían que proporcionar un ahorro de al menos el 35%; a partir del 2017 este umbral se ha incrementando hasta el 50% a partir de 2017.

Otro síntoma más, pues, de la colisión entre el paradigma del “mundo vacío” vs. el “mundo lleno”. Pues este “mínimo” incremento de producción de combustibles líquidos ha supuesto la extensión de millones de hectáreas adicionales (36 en 2008 según [UNEP2009] -serán más hoy-) debido a su bajísima densidad energética, agravando las presiones sobre la tierra agraria disponible a nivel mundial. Mientras tanto, la producción de petróleo convencional sigue estancada (curva roja, gráfica de la izquierda) y el consumo de combustibles líquidos sigue cayendo en Europa (curva amarilla, gráfica de la derecha)…

Fuente: EIA.

e incluso las proyecciones del nuevo WEO2013 no son nada halagüeñas.

Así, pese a las evidencias científicas de que la actual política europea de biofuels no constituye una herramienta eficaz en la lucha contra el cambio climático, la UE aparca una vez más lo ambiental en pos de buscar mejorar su dependencia energética (decisión apuntalada por la presión del lobby de los biocombustibles que simplemente busca proteger sus inversiones).

Este ejercicio de realpolitik frente a la crisis económica/energética es combinado con otro simultáneo de “irrealpolitik”: el mantenimiento del objetivo del 10% para 2020, cuando los llamados biofuels avanzados son un conjunto de tecnologías aún en fase temprana de investigación y desarrollo que serán incapaces de realizar ninguna aportación significativa al mix antes de esa fecha [Janda 2012]. Además, para completar la diferencia entre el 10% y el 5-6-7%, introducen conceptos tan insólitos como la doble contabilidad de los biofuels avanzados (¿?). En el fondo se trata de artificios para mantener el objetivo inicial, produciéndose una peligrosa divergencia entre los objetivos políticos declarados por la UE y los realizables (e incluso los deseables, como hemos visto en el caso de las emisiones). Si una rectificación parece más acertada, más transparente y sencillamente más simple, ¿qué lo impide, pues?

Iñigo Capellán-Pérez

Referencias

“Are biofuels worse than fossil fuels?”, The Guardian, 29 noviembre 2013. <http://www.theguardian.com/environment/2013/nov/29/biofuels-worse-fossil-fuels-food-crops-greenhouse-gases>

[Janda 2012] Janda, K., L. Kristoufek, and D. Zilberman. “Biofuels: Policies and Impacts. A Review.” Agricultural Economics – UZEI v. 58(8) p. 372–386 (August 2012). <http://agris.fao.org/agris-search/search/display.do?f=2012/CZ/CZ1204.xml;CZ2012000677>.

[UNEP2009] UNEP. “Towards Sustainable Production and Use of Resources: Assessing Biofuels.” United Nations Environment Programme, 2009.

[van Renssen 2011] Van Renssen, Sonja. “A Biofuel Conundrum.” Nature Climate Change 1, no. 8 (November 2011): 389–390. doi:10.1038/nclimate1265. <http://www.nature.com/nclimate/journal/v1/n8/full/nclimate1265.html>

 


Emisiones UE para 2020: ¿objetivo cumplido?

Esta semana la Agencia Europea de Medio Ambiente publicaba el informe “Trends and projections in Europe 2013 – Tracking progress towards Europe’s climate and energy targets until 2020que se difundió en algunos medios de comunicación. 2020 representa uno de los hitos en la política climática europea, pues su estrategia climática proyecta que para ese año las emisiones se hayan reducido un 20% respecto de sus valores de 1990. Y con los datos de 2012 en la mano, nos encontramos actualmente ya en un 18% de reducción. Así expresado, parecería un gran éxito de la política climática europea, que es además la abanderada mundial de estos asuntos. Pero vamos a contextualizar estos números. En la gráfica 1 más abajo, se puede observar la evolución desde 1990 (índice 100) de las emisiones para la UE-15 (15 países miembros hasta 2004, curva roja) y la UE-28 (actuales 28 países miembros, curva azul). La diferencia entre ambas nos permite contabilizar la contribución de las exrepúblicas socialistas que colapsaron a principios de los 90 y que se han ido incorporando a la UE progresivamente desde el año 2004: Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

Figura 1 (Fuente: eurostat): Evolución de las emisiones en UE-15 y UE-28 de 1990 a 2011. Puesto que para el año 1990 se asigna el índice “100”, una reducción del 20% equivale a alcanzar el índice “80”.

El colapso de estas repúblicas significó una importante y brusca reducción de sus emisiones, que eran en gran parte generadas por una industria pesada caracterizada por bajas eficiencias energéticas. Así, la elección de la fecha de 1990 como punto de comparación para las reducciones no es trivial: a fecha de 2012, todos los países de la UE-28 que tienen valores de emisiones menores que la media europea excepto el Reino Unido son exrepúblicas socialistas (La Alemania reunificada podría ser la otra excepción, pero no la consideramos pues incluye asimismo las emisiones de la RDA). Aún así, fijándonos sólo en la UE-15, las emisiones en 2011 se redujeron casi un 15% respecto de 1990, y un fenomenal 11% sólo desde 2007.

¿Cómo se explica esta evolución?

En 2005 la UE puso en marcha su mercado de emisiones interno (EU ETS) con la finalidad de que fuese un potente instrumento de reducción de emisiones de efecto invernadero de forma eficiente y económica. La idea básica es que el mercado asigne un precio al carbono de forma que el sistema económico internalice el verdadero coste de su uso. A pesar de que existen evidencias de que este mercado ha contribuido a reducir las emisiones en la UE, la realidad es que la irrupción de la crisis al poco de implementarse ha dejado en suspense su potencial capacidad de transformación de la economía. La efectividad de este instrumento se basa en que el precio del carbono se comporte como una señal creíble y estable en el horizonte temporal de décadas (la política climática se diseña a muy largo plazo) con la finalidad de que se produzcan cambios estructurales en las inversiones de equipamiento así como de I+D.

Sin embargo, la crisis ha hecho que se derrumbe el precio del carbono a niveles irrisorios (exceso de permisos en el mercado de emisiones, ver abajo figura 2), de forma que se ha convertido prácticamente en una variable despreciable en comparación con otras (por ejemplo fluctuaciones en los precios de las materias primas energéticas).

Figura 2: Evolución del precio del carbono del mercado EU-ETS desde 2008 hasta principios de 2013. (Fuente: The Economist)

La reducción de las emisiones de efecto invernadero de casi 10 puntos desde 2007 para la UE-28 es un descenso colosal, y es en realidad el causante de que a día de hoy estemos tan cerca del objetivo de reducción del -20% para 2020.  Si representamos los mismos eventos y los mismos actores en una gráfica que muestre la evolución del consumo de energía primaria de 1990 al 2010 (el punto 2011 es una estimación nuestra), se entiende la causa principal del descenso brusco de las emisiones desde 2007 hasta el día de hoy: la crisis (figura 3).

Figura 3 (Fuente: eurostat): Evolución del consumo de energía primaria en UE-15 y UE-28 de 1990 a 2011.

Sin embargo, se podría argumentar que la UE podría haber logrado mutar, al menos parcialmente, su sistema puesto que con niveles de consumo de energía (figura 3) similares a los años 1995-2000 sus emisiones son sensiblemente menores (figura 1). Estas mutaciones incluirían, además de las mejoras de eficicia, el cambio en la estructura económica y es un tema complejo de analizar. Sin embargo, una explicación más plausible nos parece que los sectores más intensivos en energía son precisamente aquellos más “tocados” por la crisis, por ejemplo la construcción o la industria (especialmente la química) [Roca et al., 2013], lo que explicaría este comportamiento. Así, parece probable que si la actividad económica de antes de la crisis (y su consumo energético y material asociado) se reanudara las emisiones se situarían en valores próximos a la continuación de la tendencia de los datos de 2007. Por ejemplo, se admite que el “caso particular” de UK en cuanto a reducción de emisiones se debe en gran parte a la deslocalización de industrias intensivas en emisiones [1]; es decir que los patrones de producción y consumo se mantienen y sólo han cambiado los actores: contaminan “otros”.

Así pues, las cifras en este caso resultan ilusorias, la reducción de emisiones no se ha conseguido vía una mutación del metabolismo socioeconómico hacia sistemas bajos en carbono, sino que se ha alcanzado principalmente vía shock, una reducción drástica debido a la reducción de la actividad económica. Aunque las políticas de transición a una economía baja en carbono son imprescindibles, de hecho la crisis no ha hecho más que poner estas políticas europeas (y las medioambientales en general) en en segundo plano, supeditando todo a la vuelta a la senda del crecimiento. Veremos cómo evoluciona.

2 apuntes para finalizar este post:

  • Las proyecciones con modelos integrados paara el estudio del Cambio Climático indican que para alcanzar el objetivo de limitar el incremento de temperatura global a menos de 2 ºC, la acción debe de ser: internacional y simultánea (todos los países deben de participar a la vez),  e inmediata. La crisis nos está mostrando claramente una “política” factible y rápida de reducción de emisiones vía disminución de la actividad económica. ¿Seguiremos en nuestros trece (el célebre “el crecimiento no es negociable”) o tendremos el valor y la inteligencia social como para explorar otra vías?
  • El transporte es el único sector de la UE dónde las emisiones han continuado aumentando desde 1990 (más de un 20% como se aprecia en la figura 4). Además es el sector más frágil ante el fenómeno del peakoil, pues como ya hemos estudiado y comentado anteriormente, no parecen existir alternativas técnicas que puedan “llegar a tiempo” (por ejemplo los biofuels o el coche eléctrico) para su sustitución en un business-as-usual. Así pues, el sector transporte es un sector clave, tanto desde el punto de vista de seguridad energética como de cambio climático. Y cuando las soluciones técnicas no son suficientes, son necesarios cambios sociales, por ejemplo un urbanismo que favorezca el transporte a pie, bicicleta, público, en detrimento del coche privado, así como encontrar alternativas al transporte de mercancías por carretera. De nuevo en una reducción o ralentización de la actividad económica significativa podría estar la clave para afrontar la transición de este sector.

Figura 4 (Fuente: COM(2012) 626 final): Variación de las emisiones de GEI de la EU-27 por sectores y proporción de los distintos sectores en las emisiones totales de GEI.

Iñigo Capellán-Pérez

Referencias, notas y más información:

[1] “Oficialmente, las emisiones del Reino Unido han caído de 788 millones de toneladas en 1990 hasta 566 millones en 2009. No-oficialmente, otras 253 millones de toneladas deberían ser añadidas a nuestro saldo. Esta es la diferencia entre los gases de efecto invernadero emitidos para producir los bienes que exportamos y aquellos embebidos en los bienes que importamos. La razón por la que nuestras estadísticas parecen mejores que la de otras naciones es por la masiva deslocalización de nuestra industria. Así alcanza su objetivo el gobierno. Si aquello que compramos es fabricado en China, entonces China es la culpable”, Georges Monbiot, The Guardian, Monday 23 May 2011.

[Roca et al., 2013]La responsabilidad de la economía española en el calentamiento global“, Jordi Roca Jusmet (coord.), Vicent Alcántara, Iñaki Arto, Emilio Padilla y Mònica Serrano. FUHEM Ecosocial y La Catarata, 2013.