“Energía, desarrollo y transición hacia la sostenibilidad”

El modelo hegemónico de desarrollo requiere ingentes cantidades de consumo energético. La distribución desigual en el uso de la energía necesaria para satisfacer el consumo de un país acentúa las desigualdades. En el tránsito hacia la sostenibilidad es esencial concebir sistemas culturales alternativos que permitan la satisfacción de nuestras necesidades con menor consumo de recursos y energía.

Artículo completo publicado en el número 91 de la revista “El Ecologista” (Invierno 2016-2017) [pincha en la imagen para abrir el PDF]:

 

 


Nuevo artículo sobre las necesidades energéticas de los países industriales avanzados

Arto, I., Capellán-Pérez, I., Lago, R., Bueno, G., & Bermejo, R. (2016). The energy requirements of a developed world. Energy for Sustainable Development, 33, 1-13.

A lo largo de la historia se ha prestado una atención especial a la relación entre el uso de la energía y el nivel de desarrollo de una comunidad o país: desde la antropología (e.g. Ley de White) a trabajos basados en la comparación de estadísticas de distintos países. El interés de esta relación es incuestionable; no obstante, los indicadores usados habitualmente no capturan el hecho de que, en el contexto actual de la globalización, la energía usada por un país (i.e. la energía consumida dentro de sus fronteras) no se corresponde ya con la energía necesaria para sostener su nivel de desarrollo. Así, se hace necesario calcular la energía consumida en todo el mundo para producir los bienes y servicios demandados por cada país, es decir, su huella energética. Se trata de un concepto similar a la huella de carbono pero aplicado a la energía.

En este estudio hemos comparado el Índice de Desarrollo humano (IDH) de 40 países con ambos indicadores de consumo de energía para el periodo comprendido entre los años 1995-2008. Los resultados muestran que una parte significativa (y creciente) de la energía usada por los países del Sur está siendo empleada para sostener el bienestar de los países industriales avanzados (HDI > 0.8) a través del comercio internacional. Así, la huella energética de éstos últimos (UE, Norteamérica, Australia, Japón, Korea) es de media un +13% respecto de su uso de energía a nivel territorial, y lo contrario ocurre en economías emergentes como los BRIIC (Brasil, Rusia, India, Indonesia y China), dónde su huella energética es de media un 16% menor que el consumo de energía en cada país. Además, también se encuentra que, de los países analizados, la mínima huella energética (primaria) per cápita para alcanzar un HDI  > 0.8 es un 33% mayor que el uso de energía primaria per capita.

La siguiente figura (Fig. 2 del artículo) muestra la relación entre la huella energética (eje x, GJ/año per capita) y el HDI (eje y, variable adimensional de 0 a 1 siendo 1 el máximo nivel de desarrollo) para los 40 países en el periodo 1995-2008 (un punto por año y país).

Relación entre HDI y huella energética para 40 países (1995-2008). Abajo a la derecha se puede ver en detalle la trayectoria para diversos países. Fuente: artículo.

Se observa la relación creciente entre energía y HDI para bajos niveles de energía, seguido de una saturación a partir de un cierto nivel: más allá de entorno a 100 GJ/año per capita, incrementos en el consumo de energía no se traducen en incrementos significativos del HDI. Además, el coeficiente de determinación (R2) de esta relación es de 0.89, mejor que para la curva considerando uso de energía a nivel territorial (ver Fig. 1 del artículo).

Es interesante explorar la trayectoria de algunos países por separado (aquí se puede descargar la comparación para los 40 países por separado).

Por ejemplo, para España se puede observar que la huella energética ha ido incrementándose a lo largo del periodo estudiado, alcanzo un valor +34% mayor que la demanda energética en 2008. También se puede observar el efecto de la crisis, que se trasladó en una reducción de la huella energética en el año 2008, la única en el periodo estudiado:

España

Dinamarca, paradigma de la sostenibilidad y la eficiencia, es un otro caso muy interesante, alcanzando una espectacular diferencia de casi el 70% en el año 2008. En este caso, se aprecia además que el indicador uso de energía del país (curva roja) ha ido decreciendo a lo largo del periodo, mientras que en términos de huella energética ésta ha aumentado. Así, el análisis habitual, considerando sólo la curva roja, identifica esta evolución como una prueba de la desmaterialización absoluta de la economía (reducción del uso de recursos en relación al PIB), lo que es desmentido por estos resultados (conclusiones similares se obtienen para otros países como Alemania o Reino Unido):

Dinamarca

Éste desfase entre consumo del país y huella energética es compensado en otros lugares del planeta por países como China, en los que la situación es la inversa (huella energética es un 20% menor que el consumo de energía). Se aprecia una menor separación entre las curvas: debido a la gran población del país asiático, una menor diferencia per cápita se traslada en enormes cantidades de energía totales:

China. Curva azul: huella energética; curva roja: uso de energía del país.

Estos resultados tienen diversas implicaciones. En primer lugar, a pesar de que hay numerosos estudios que relacionan desarrollo y emisiones de efecto invernadero, la variable crítica es la energía, especialmente en escenarios de transición hacia fuentes limpias de carbono. El análisis mediante huella energética revela que los requerimientos de energía de los países del Sur para alcanzar el nivel de desarrollo de sus países modelo (nosotros), es sustancialmente mayor que lo indicado por la variable habitual de consumo de energía. A la vista de estos resultados, en un contexto de probable futuro agotamiento de recursos fósiles, políticas activas de cambio climático y con un potencial renovable no tan abundante como se suele asumir, el bienestar para toda la población del mundo parece dificilmente alcanzable en el actual paradigma socioeconómico. Por último, y relacionado con lo anterior, la relación PIB-energía es aún más fuerte en términos de huella energética:

Relación entre GDP y huella energética / demanda energética.

Para aquellos interesados en la metodología y más detalles, el artículo original en inglés está disponible en acceso abierto aquí.

Iñigo Capellán Pérez