Transición a energías renovables y requerimientos de tierras

Hace más de 2 años publicamos en este blog un post relacionado con este tema aplicado a las Comunidades Autónomas españolas. En aquel post presentamos unos resultados preliminares que nos llamaron la atención y nos motivaron a emprender un análisis más robusto con una metodología más refinada.

Recordemos que, mientras las energías fósiles representan depósitos concentrados de energía (“pozo” de petróleo o gas, “mina” de carbón, etc.), las energías renovables están dispersas por la biosfera (que además necesita estos flujos para su adecuado funcionamiento). Esto hace que los requerimientos de tierras para obtener la misma energía neta con energías renovables sean varios órdenes de magnitud mayor al de los pozos/minas, refinerías, centrales, etc. asociados a los combustibles fósiles. Por lo tanto, en buena lógica, la transición a las energías renovables (manteniendo los mismos niveles de consumo energético) tenderá a intensificar la competición por tierras, que ya es muy alta a nivel global y que se manifiesta en fenómenos como el acaparamiento de tierras, para satisfacer demandas de alimentación, madera, biocombustibles, etc.

Como hemos comentado en diversas ocasiones en este blog (por ejemplo aquí , aquí y aquí), existe una tendencia a subestimar las restricciones biofísicas a la expansión a gran escala de las energías renovables. Estas restricciones pueden venir por el potencial sostenible (que es menor que el económico quien a su vez es menor que el tecnológico), las necesidades de minerales escasos, las implicaciones para el sistema energético en su conjunto, etc. En el caso de las necesidades de tierras, el asunto se resuelve a menudo mostrando imágenes como la siguiente, que muestra la superfice necesaria en el Sáhara para cubrir el consumo mundial de electricidad actual:

Superficie teórica necesaria para satisfacer la demanda de electricidad del mundo (World), Unión Europea (EU-25) y Alemania (De). Fuente: http://www.dlr.de/tt/Portaldata/41/Resources/dokumente/institut/system/projects/Ecobalance_of_a_Solar_Electricity_Transmission.pdf

Una vez demostrado lo “pequeña” de esa superficie, la discusión se suele centrar en las dificultades técnicas, económicas y políticas para llevar a cabo la transición a fuentes renovables. Este enfoque es profundamente erróneo, pues ignora multitud de factores que invalidan la hipótesis de que la disponibilidad de tierras no pueda llegar a ser un problema significativo. En primer lugar, los cuadrados de la figura anterior suponen unos 40We/m2 de densidad que son en realidad un orden de magnitud mayores que la realidad que se está extrayendo. Tendría sentido si se construyera un panel fotovoltaico de esos tamaños, a todas luces ciencia ficción. Como comparación, la figura de abajo muestra visualmente los “cuadrados” necesarios tomando el dato real medio a nivel global (5 We/m2) para todo el consumo de energía final global:

Aún obviando que el área estimada en estos trabajos para satisfacer la demanda de energía con fuentes renovables sea mucho mayor que la reflejada, ¿cómo construir y mantener enormes superficies de infraestructuras en zonas inhóspitas y alejadas de los puntos de consumo?; ¿cómo  abordar el transporte de enormes cantidades de energía de un continente a otro?; ¿en qué lugar queda la soberanía energética?

Otros estudios que tratan de afinar algo más presentan estimaciones similares por grandes regiones del mundo (por ejemplo ésta). Sin embargo, cuestiones críticas como el hecho de que la mayor parte de las tierras actualmente ya tienen un uso (ya sea por actividades humanas – alimentación, productos forestales, ganadería, etc.- o sean necesarias para el propio funcionamiento de la biosfera) se ignoran sistemáticamente o no se tienen en cuenta de manera adecuada.

Con este panorama, nos propusimos estimar las necesidades de tierra para satisfacer toda la electricidad y energía final consumida hoy en día con energía producida a nivel nacional para 40 países (27 miembros de la Unión Europea (EU-27), y otros 13 países: Australia, Brasil, Canadá, China, India, Indonesia, Japón, Corea del Sur, México, Rusia, Turquía y EEUU). Decidimos centrarnos en la energía solar por simplicidad (para evitar la complejidad del modelado del mix eléctrico en este primer análisis) pero teniendo en cuenta que esta fuente de energía es la que tiene mayor potencial y mejor ratio producción energía/superficie ocupada. Consideramos la densidad de parques solares reales, el potencial en zonas urbanas, así como las implicaciones de la intermitencia en términos de almacenamiento y sobrecapacidad. Como argumentamos en el artículo, pensamos que esta primera aproximación se puede considerar como una hipótesis válida para capturar en orden de magnitud las necesidades de tierras de los sistemas energéticos 100% renovables.

Por simplicidad, en este post reportamos los resultados para 5 países que representan tipologías características identificadas entre todos los países analizados, y remitimos al lector a la versión original para los resultados de los 40 países analizados en el estudio.

Los resultados obtenidos muestran que para muchos países habitualmente denominados como “ricos/desarrollados”, las necesidades de tierra para cubrir su actual consumo energético exclusivamente con energía solar serían sustanciales. La figura siguiente muestras las necesidades “absolutas” de tierra para cubrir la electricidad (azul) y energía final total (naranja) para la selección de 5 países. Como era de esperar, los países localizados en latitudes altas (muy al norte en el hemisferio norte, por lo tanto con baja irradiancia solar – y mucha variación estacional en ésta), con alta densidad de población y gran consumo de electricidad per cápita como Reino Unido y Alemania salen especialmente mal parados. En particular, encontramos que el Reino Unido necesitaría aproximadamente el 25% de su territorio sólo para cubrir sus actual consumo eléctrico con solar, y más del 100% para cubrir su actual consumo de energía final. Para países como España o EEUU, con menor densidad de población, los ratios se mantendrían por debajo del 2% (electricidad) y 10% (energía final). Finalmente, en Australia esta ocupación requeriría una parte prácticamente despreciable frente a la superficie total del país.

Datos extraídos de las Figuras 5 y 6 del artículo original.

Así pues, noticias cómo “El Reino Unido instaló 37 veces más potencia fotovoltaica en 2017” (La Vanguardia, 23-4-2017) son aún más paradójicos puesto que esta fuente de energía será con seguridad marginal en el hipotético futuro mix renovable de este país.

Para tratar de contextualizar mejor las implicaciones de estas magnitudes intermedias (2%-10%-15%), estimamos la proporción de tierras necesarias para renovables en función de la superficie estimada como “no usada” para cada país. Es decir, tratamos de tener en cuenta los diferentes contextos nacionales en relación a la competición de tierras. Como se puede apreciar en la figura siguiente, según nuestros cálculos, el Reino Unido no dispondría de superficie disponible ni siquiera para cubrir su actual demanda de electricidad, mientras que Alemania no podría autoabastecerse energéticamente con renovables. España requeriría algo menos del 10% de la superficie disponible para cubrir su demanda actual de electricidad, y el 40% para satisfacer la energía final (números similares aunque algo mayores a los obtenidos para EEUU). Encontramos a Australia de nuevo en el extremo opuesto, con requerimientos respecto de la superficie disponible cercanos al 0%.

Datos extraídos de las Figuras 5 y 6 del artículo original.

Como es previsible, la réplica de la estimación de las necesidades de tierra para cubrir la energía final empeora la situación, teniendo en cuenta que la electricidad es una fracción (entorno a ¼ en la mayoría de países) del total consumido energético (ver Figura 6 en el artículo original). Otro factor que empeora la estimación para los llamados países “ricos/desarrollados” es tener en cuenta la huella energética.

Como cualquier estudio, este análisis tiene sus limitaciones y deficiencias, que esperamos afrontar en el futuro. Por ello los resultados deben de ser interpretados en términos de órden de magnitud. En todo caso, éstos indican que, dependiendo de las características de cada país (socioeconomía y potencial sostenible renovable), la disponibilidad de tierras puede ser un límite significativo en la transición a sistemas nacionales 100% renovables. Así, la transición a las energías renovables, que no olvidemos es obligatoria en las próximas décadas, en caso de querer mantener los actuales niveles de consumo podría provocar nuevas vulnerabilidades y/o reforzar las ya existentes en términos de seguridad energética y alimentaria, así como de conservación de la biodiversidad.

El artículo original (en inglés) se puede encontrar aquí , y aquí se puede descargar una versión sin copyright del mismo.

Iñigo Capellán-Pérez, Carlos de Castro e Iñaki Arto

Artículo original

Capellán-Pérez, Iñigo, Carlos de Castro, and Iñaki Arto. “Assessing Vulnerabilities and Limits in the Transition to Renewable Energies: Land Requirements under 100% Solar Energy Scenarios.” Renewable and Sustainable Energy Reviews 77 (September 2017): 760–82. doi:10.1016/j.rser.2017.03.137.

 


Publicación artículo científico sobre la disponibilidad de recursos energéticos fósiles y el cambio climático

Acceso al post original en BC3-News.

El equipo multidisciplinar ha publicado el siguiente artículo en el journal “Energy & Environmental Science” centrado en las implicaciones de la incertidumbre de disponibilidad de recursos fósiles sobre los escenarios climáticos futuros: :

Capellán-Pérez, Iñigo, Iñaki Arto, Josué M. Polanco-Martínez, Mikel González-Eguino, and Marc B. Neumann. “Likelihood of Climate Change Pathways under Uncertainty on Fossil Fuel Resource Availability”, Energy & Environmental Science 9, no. 8 (August 2, 2016): 2482–96. doi:10.1039/C6EE01008C. (open-access)
http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

La percepción de la abundancia de recursos energéticos fósiles (petróleo, gas y carbón) ha determinado tradicionalmente las políticas energéticas y climáticas en la mayoría de países del mundo. Así, las transiciones energéticas se suelen planificar (y modelar) como transiciones principalmente dirigidas por la demanda de recursos. Sin embargo, existe una creciente literatura científica que apunta a que esta hipótesis está sujeta a una gran incertidumbre y es, por lo tanto, discutible. El caso del petróleo es paradigmático: aunque desde finales de los 1990 existían trabajos publicados en relación al probable alcance del máximo global de producción de petróleo en la década de los 2000s (conocido popularmente como “peak oil”), apenas tuvieron repercusión en el ámbito académico ni en la agenda política. Sin embargo, según la Agencia Internacional de la Energía, el pico de producción de petróleo convencional se alcanzó a mediados de la década pasada. Hasta el momento las consecuencias no han sido tan dramáticas como se había pronosticado debido principalmente al surgimiento con un ímpetu inesperado de la tecnología de fracking en EE.UU. Sin embargo, la explotación de combustibles no convencionales también está sujeta también a una enorme incertidumbre debido a la novedad que supone su extracción a gran escala.

En este trabajo hemos tratado de analizar esta incertidumbre mediante la revisión de la literatura y la implementación de los recursos energéticos fósiles disporefnibles en un modelo de análisis integrado de cambio climático, en combinación con la incertidumbre en la sensibilidad climática de equilibrio. En este artículo nos hemos centrado en el análisis de escenarios de referencia, ie., escenarios que no consideran políticas climáticas adicionales.

Aunque encontramos que el agotamiento de los recursos reduciría las emisiones acumuladas a final de siglo respecto de los escenarios actuales (Fig. 1 panel A), es muy probable que el uso de los combustibles fósiles disponibles a lo largo del siglo provoque un cambio climático de dimensiones peligrosas (Fig. 1 panel C), i.e. 88% de superar un incremento de temperatura de 2º en el año 2100).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Encontramos que el conjunto de recursos fósiles estará probablemente en su fase de declive durante la segunda mitad del siglo XXI (y seguramente antes de esa fecha debido a la no consideración en el modelo aplicado de restricciones a las tasas de extracción). Así, la transición hacia las renovables tendría que producirse antes de lo usualmente considerado. No obstante, recordamos que se estaría lejos de solucionar así al problema del cambio climático y nuestros resultados refuerzan las razones que justifican la necesidad de una acción global y rápida.

Por lo tanto, es probable que se necesiten más inversiones que las habitualmente consideradas para transitar a un sistema basado en energías renovables (lo que permitiría que las políticas de mitigación fueran menos costosas). Así, entre las recomendaciones políticas el trabajo pone especial énfasis en la necesidad de incrementar la investigación y niveles de inversión para el desarrollo y expansión de las energías renovables y tecnologías asociadas (e.g. gestión de la intermitencia) a nivel global. Las estrategias de anticipación son claves desde un punto de vista de sistema energético y climático.

Para aquellos interesados en la metodología y más detalles del trabajo, el artículo original en inglés está disponible en acceso abierto en el siguiente enlace:

http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

Iñigo Capellán Pérez


Acuerdo de colaboración entre la Universidad de Valladolid y la cooperativa EnergÉtica

El pasado martes 24 de mayo tuvo lugar la firma del convenio de colaboración entre la Universidad de Valladolid y la cooperativa de energías renovables EnergÉtica impulsado por nuestro grupo de investigación. Este convenio recoge la colaboración entre ambas entidades en el ámbito de la investigación e innovación, de la formación y de la extensión universitaria en el sector de las energías renovables, facilitando el desarrollo de proyectos conjuntos que permitan sumar sinergias entre el ámbito académico y el de la economía social.

Noticia en TVCyL de la firma del convenio. Participan, de izquierda a derecha Rodrigo Ruiz como presidente de EnergÉtica, el rector de la UVa Daniel Miguel San José y Luis Javier Miguel González como coordinador de nuestro grupo de investigación (GEEDS).

Sabemos que el futuro será renovable, bien de forma planificada y como anticipación del cambio climático y del agotamiento de los recursos fósiles, o de forma desordenada. Así, proyectos como las cooperativas de productores y consumidores de energías renovables tienen el potencial de cumplir un papel fundamental para corresponsabilizar a los ciudadanos de los grandes retos de la transición energética que debemos realizar.

El objetivo es que este acuerdo sea una herramienta más para impulsar la incorporación de las energías renovables en nuestra Comunidad, a través tanto de la difusión como de la puesta en marcha de proyectos de investigación, desarrollo e innovación que permitan la transferencia de conocimiento que atesora la UVa en proyectos aplicados en los ámbitos de la generación, distribución o eficiencia energéticas todo ello bajo el paraguas de la economía social y el respeto por el medio ambiente.

Desde nuestro grupo consideramos una grata responsabilidad el representar a la Universidad en la Comisión de Seguimiento Bilateral, y haremos todo lo posible por explotar las sinergias y colaboración entre la Universidad, dónde hay muchos investigadores trabajando sobre sostenibilidad y a los que animamos a aprovechar este convenio al máximo, y la cooperativa EnergÉtica.

  • Descargar convenio aquí.

¿Qué son las cooperativas energéticas?

 

Repercusión en prensa


Implicaciones de la (baja) densidad energética solar eléctrica

Hoy traemos un pequeño ejemplo para ilustrar las implicaciones de la (mucho) menor densidad energética de las energías renovables eléctricas en comparación con las fósiles:

Figura 1: Densidad energética por fuente renovable. Fuente: (Smil 2008), (de Castro et al. 2011, 2013a, 2013b)

Como se aprecia en la figura, las renovables, debido a sus características, son capaces de dar entre 1 y 2 órdenes de magnitud menos de energía eléctrica por superficie. Es importante resaltar que estos números no son especulativos ni teóricos, sino que se trata del resultado de sencillos análisis que toman un parque eólico o una planta solar (fotovoltaica o de concentración) real, y calculan la densidad energética mediante los datos de generación (reales) y de ocupación de superficie (reales también). Como se ve, el rendimiento de los biofuels es desolador.

Dicho ésto, el ejercicio planteado es simple, y responde directamente a la pregunta:

¿Qué superficie sería necesaria para cubrir la demanda actual de energía eléctrica considerando que se cubriera sólo con energía solar por comunidad autónoma en España (asumiendo que cada territorio es autosuficiente)?

 En vez de tomar datos actuales de densidad energética, se toma el intervalo propuesto por (de Castro et al. 2013b) para la evolución probable de diferentes parámetros técnicos en el futuro. Aunque obviamente existe margen para la mejora tecnológica, existen los límites termodinámicos que son infranqueables y de los que la tecnología actual no anda tan lejos: por ejemplo, la Ley de Betz en la eólica (sólo puede convertirse menos del 59 % de la energía cinética en energía mecánica usando un aerogenerador), pero también el principio de conservación de la energía (es decir no se pueden poner los molinos muy cerca pues sino se quitarán el viento el uno al otro), o el llamado Límite de Shockley–Queisser en la tecnología fotovoltaica (para una unión única -la más habitual con diferencia-, el límite absoluto de conversión se encuentra por debajo del 34%).

Además, se ha tenido en cuenta la diferencia irradiancia solar que llega según la geografía, que como se ve varía entre 900 kWh/m2 en la costa cantábrica y 1500 kWh/m2 en el sur de la península:

Figura 2: Irradiancia solar en España. Fuente: http://re.jrc.ec.europa.eu/pvgis/

Simplificaciones:

(1) se asume que toda la potencia se instala sobre suelo. Aunque existe potencial en las áreas urbanas, lo cierto es que estudios detallados han concluído que, con el urbanismo y configuración actual de las ciudades, menos de un 5% de las superficies urbanas estarían disponibles para instalación de placas fotovoltaicas.

(2) No consideración de otras fuentes renovables (eólica, hidroeléctrica, etc.). Se trata de un objetivo teórico de ilustración de las características de la tecnología solar.

 

RESULTADOS:

1. En términos de superficie total

Figura 3

2. como % de la superficie de cada CCAA

Figura 4

Observemos los resultados: en primer lugar, en cuanto a superficie total ocupada, destacan Cataluña, Andalucía, Madrid y Valencia con entre 750 y 2500 km2 de ocupación por territorio. Obviamente, hay una correspondencia entre población y la superficie necesaria pues el consumo de electricidad es proporcional a la población. La figura 4, que relativiza las necesidades de tierra disponble respecto del total de cada CCAA, nos proporciona resultados más interesantes: no tanto por las CCAA en cabeza (se trata de territorios pequeños con mucha población), sino por la magnitud de la ocupación de terreno necesaria. Asi, destacan Madrid, con 10-14% del territorio y País Vasco 7,5-13%. Y a nivel estatal, encontramos entre un 1 y un 2,5% del territorio.

Y aquí viene la pregunta fundamental:

 ¿es ésto mucho, o poco?

Pues depende de lo tecnófilo que uno sea.

Un indicador que nos podría servir de comparación es la Huella Ecológica. En España, según este indicador, las necesidades para ser sostenibles con nuestro consumo actual energético, son casi del triple de la biocapacidad de nuestro territorio. Sólo las necesidades de energía requerirían casi el doble de territorio del que disponemos (principalmente necesidades de bosques para absorber las emisiones de CO2 asociadas al consumo de energía). Así que frente a este indicador, parece que los parques renovables ocuparían relativamente poco. Es verdad que si la energía fotovoltaica en España tiene una tasa de retorno energético (TRE) de menos de 2,5 (Prieto & Hall 2013), significaría que actualmente necesita de las energías fósiles, requiriendo por tanto indirectamente bosques para absorber sus emisiones (las del cemento de los pilares de los paneles, la de los camiones que transportan los materiales, etc.). Así pues, las necesidades de territorio medidas bajo este indicador de la Huella Ecológica, seguirían siendo muy altas, mucho más que ese 2% aproximado que requerirían las infraestructuras solares de forma directa (recordar que al contrario que la eólica, la solar no es tan fácilmente compatible con los dobles usos del terreno).

Por otro lado, las necesidades de energía de España son mucho mayores que las que proporciona la electricidad. Ese 2% aproximado de territorio sería para proveernos del consumo actual de electricidad que es una parte de la energía que necesitamos en España (el 23,4% de la energía final en 2013) y se supone que una parte del consumo eléctrico del futuro. Una electrificación del sector transporte o de otros usos hoy basados en petróleo y gas natural, significaría necesitar aún más territorio.

Un 2% no es tanto, si lo comparamos con las necesidades de territorio que cultivamos. Por ejemplo, nuestras viñas dedicadas al vino ocupan un porcentaje similar del territorio. Pero no son territorios comparables, una cosa es una infraestructura industrial y otra cosa “el campo”. La suma de toda nuestra superficie ya artificializada (carreteras, líneas de tren, industrias, ciudades, pueblos, etc.) ocupan aproximadamente un 4% del territorio español, el resto es “campo”. Así pues de lo que estamos hablando es de aproximadamente incrementar un 50% lo que ya tenemos hecho. Y obviamente seguirían siendo las “Castillas” y Extremadura, las que darían el territorio “productivo” a madrileños, vascos y catalanes, porque si es difícil destinar un 2% del territorio, cuando superamos el 10% hablaríamos de “plaga”, como los invernaderos de Almería.

Iñigo Capellán Pérez y Carlos de Castro Carranza

Referencias

  • (de Castro et al. 2011) De Castro, Carlos, Margarita Mediavilla, Luis Javier Miguel, and Fernando Frechoso. “Global Wind Power Potential: Physical and Technological Limits.” Energy Policy 39, no. 10 (October 2011): 6677–82. doi:10.1016/j.enpol.2011.06.027.
  • (de Castro et al. 2013a) De Castro, Carlos, Óscar Carpintero, Fernando Frechoso, Margarita Mediavilla, and Luis J. de Miguel. “A Top-down Approach to Assess Physical and Ecological Limits of Biofuels.” Energy 64 (Enero 2014): 506–12. doi:10.1016/j.energy.2013.10.049.
  • (de Castro et al. 2013b) De Castro, Carlos, Margarita Mediavilla, Luis Javier Miguel, and Fernando Frechoso. “Global Solar Electric Potential: A Review of Their Technical and Sustainable Limits.” Renewable and Sustainable Energy Reviews 28 (Diciembre 2013): 824–35. doi:10.1016/j.rser.2013.08.040.
  • (Prieto & Hall 2013) Prieto, Pedro A., and Charles A. S. Hall. Spain’s Photovoltaic Revolution: The Energy Return on Investment. 2013th ed. Springer, 2013.
  • (Smil 2008) Smil, Vaclav. Energy in Nature and Society: General Energetics of Complex Systems. MIT Press, 2008.

¿Soluciones tecnológicas? El caso de las renovables y la permacultura

La transición energética (uno de los problemas) requeriría un tiempo del que ya no disponemos; esto implica que la transición hacia energías renovables (inevitable por otra parte) no será suave ni en un modelo de simple cambio de modelo energético global.

Las renovables no pueden sustituir a las fósiles y mantener a la vez esta Civilización.

Las renovables son intrínsecamente intermitentes y requieren materiales que no son renovables (con sus correspondientes picos de uso), los trabajos de Ted Trainer, Pedro Prieto, Antonio Turiel y Antonio García-Olivares puestos en conjunto serían suficientes para desbancar cualquier argumento tecno-optimista.

La Historia nos dice que las transiciones energéticas se hicieron en épocas de bonanza energética: cuando inventamos la agricultura la energía utilizada de los animales domesticados estaba en ascenso, el carbón no sustituye a la leña, primero se alimenta de ella para montar la infraestructura que necesitó, el petróleo no sustituyó al carbón, se necesitó una primera Revolución Industrial basada en el carbón para que éste se convirtiera en la sangre que bombea nuestra actual civilización. Y la nuclear y el gas natural se han desarrollado durante el ascenso del consumo del petróleo. Por primera vez en la historia de la humanidad se quiere hacer una transición renovable partiendo de un descenso de las fuentes que alimentarían esa transición. Es de un tecno-optimismo que ignora la Historia; propio de quizás el mayor sesgo cognitivo y mito cultural que hoy nos coarta los verdaderos cambios a los que tenemos que adaptarnos.

Desde nuestro grupo hemos mostrado que por límites de materiales, suelos y tiempo no pueden dar ni la mitad del consumo que hoy nos dan las energías fósiles y nuclear. Hemos mostrado que es inevitable durante los próximos 20 años que el sector transporte (clave en nuestro mundo global) sea uno de los sectores que primero sufrirán cambios y descensos importantes (si no lo está haciendo desde 2008).

Y en situación de transición-colapso de las demás energías y de la propia civilización industrial los límites serán aún inferiores, muy inferiores:

En situación de decrecimiento económico: ¿dónde vamos a encontrar el capital para el mantenimiento de una red energética renovable?

En situación de decrecimiento del uso de minerales: ¿dónde vamos a encontrar los materiales?

En situación de decrecimiento energético: ¿dónde vamos a sacar las grandes máquinas que construyen y levantan con petróleo los molinos eólicos o los parques solares?

En situación de colapso: ¿Quién va a disponer de la compleja tecnología que requieren las habitaciones blancas para fabricar paneles fotovoltaicos, dónde se van a disponer los residuos que generen las palas de los molinos o las células fotovoltaicas, qué técnico reparará el inversor de alta potencia o el panel deteriorado? (La situación puede ser similar a la vivida decenas de veces en aquellos proyectos del Tercer Mundo en los que se instala un sistema fotovoltaico en tejados de poblaciones empobrecidas que a los 10 años ya no funcionan porque nadie puede repararlos y/o no se tiene el capital para hacerlo).

Y una observación que se suele obviar, las energías renovables son precisamente las que usa la biosfera (Gaia); sin un cambio de mitos, serán una competencia más con ella, no una colaboración (por ahora de hecho están contribuyendo a la crisis ecológica, y el caso paradigmático son los biocombustibles).

En un mundo que usará renovables a la vez que huye de las urbes y va colapsando, el peligro del deterioro de los ecosistemas (deforestación, desertización, sobre pesca, sobre caza, etc.) puede incluso aumentar, haciendo del colapso algo más largo y profundo.

La permacultura valdría para 500 o 1000 millones de habitantes humanos, no para 7000 y quizás ni siquiera para 3500 millones. Los burros y caballos que sustituirían a los tractores, la leña que sustituiría la calefacción de gas natural, etc. requerirán más biomasa, no menos, al menos durante esa transición-colapso. Demasiada biomasa pasa ya por manos humanas.

En el siglo XIX se alimentaba a menos de 2000 millones de personas, en el XXI, si no olvidamos, tendremos técnicas mejores (más conocimientos ecológicos), pero menos biodiversidad, más caos climático (las inercias de este por ejemplo harán que durante miles de años siga creciendo el nivel del mar aunque la humanidad vuelva a las cavernas mañana), menos bosques, menos tierras fértiles etc. de las que dispusimos hace 200 años. Pensar que seremos muchos más que en el siglo XIX es de un tecno-optimismo injustificado. Volveremos a ello por otra vía.

Carlos de Castro Carranza

 


Documental – “Fractura, la maldición de los recursos”

Difundimos el documental “FRACTURA: LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS” (30 min.), que aborda la problemática de la escasez de recursos energéticos en la actualidad y acerca al gran público el concepto del Fractura hidráulica (Fracking) y sus consecuencias medioambientales. Made in Euskadi, cuenta además con la participación de nuestra compañera Margarita Mediavilla.


Sueños tecnológicos contra la pared de la realidad: el caso de la energía solar eléctrica

Aquellos científicos que tenemos un alma radicularmente ecologista (todo científico que sepa algo de cambio climático, energía a escala global, biodiversidad, etc. es un ecologista de raíz o un inmoral) hemos defendido las energías renovables desde siempre. Había motivos eco-lógicos y politico-lógicos para ello.

Y durante décadas se han desarrollado al calor de sueños lícitos en un mundo real: los pequeños molinos que subían agua del pozo se convirtieron en gigantes de más de 100 metros y el pequeño panel fotovoltaico que alimentaba un ordenador eficiente se convirtió en hectáreas valladas con cientos de paneles dentro. Queríamos energías nuevas y verdes para transformar el mundo y fue al revés.

Y muchos no han despertado de ese sueño y no quieren hacerlo porque bastantes problemas políticos han tenido estas tecnologías precisamente por venir defendidas por anticapitalistas de corazón.

Así que nuestro papel como investigadores es un tanto difícil y paradójico. Sabemos que nuestras estimaciones sobre los límites realistas de las renovables pueden servir de argumento a los que las atacan para defender las fósiles o la nuclear, cuando desde aquí defendemos que la transición energética a las renovables es necesaria (por motivos ecológicos) e inevitable (por motivos geológicos). Pero a la vez sabemos que existen ya grupos de presión en el sector renovable con mentalidad BAU (es decir, hacer lo de siempre con las herramientas de siempre: capitalismo neoliberal, pero con biomasa, viento o fotones, da igual) y grupos ecologistas y científicos tecno-optimistas haciendo su presión también .

Esta es nuestra última estimación recientemente publicada (aquí un borrador en versión no de pago):

 

Global solar electric potential: A review of their technical and sustainable limits. Nuestro primer intento de publicarla fue en Energy Policy (donde publicamos los límites del viento) pero topamos con revisores pro-fotovoltaica duros de convencer y uno de ellos incluso hizo trampas, cegado por su sueño de un mundo 100% renovable ya para el 2030. Tres años después el caso es que hemos publicado el trabajo en una revista de mayor impacto y prestigio, sencillamente porque tuvimos más suerte con los revisores.

Por supuesto que quien se lea el artículo podrá discrepar de nuestras estimaciones para el futuro, pero lo que es más importante es la misma conclusión que sacamos para la energía eólica: se exagera su potencial, el tecno-optimismo nos ciega. Nos tiende a cegar porque en la naturaleza humana, dicen los psicólogos, tendemos a ser optimistas a la hora de pensar en soluciones a nuestros problemas (y aquí sabemos que la energía es un problema de los gordos), y nos ciega porque se pierde la objetividad fácilmente cuando se lleva investigando, algunos décadas, en el desarrollo de una tecnología. Son estas personas las que suelen publicar sobre el potencial de esas tecnologías.

Para el caso del viento tuvo mucho delito: más de dos décadas publicando potenciales eólicos basándose en una metodología que terminaba violando el primer principio de la termodinámica y el principio de conservación de la cantidad de movimiento (si Boltzmann y Newton levantaran la cabeza…). Hoy siguen apareciendo artículos que siguen exagerando su potencial, pero entre líneas el experto se dará cuenta de que ya reconocen que la metodología antigua estaba mal empleada.

Para el caso de la fotovoltaica y la concentración solar el delito quizás no es tan grave: simplemente no se les ha ocurrido a la mayoría confrontar lo que dicen sus papeles y sus cuentas con la simple realidad en una cuestión clave para estas tecnologías: la densidad energética, la energía eléctrica neta que viertes a la red por metro cuadrado de ocupación real de las infraestructuras necesarias. Nuestros resultados son contundentes: la densidad energética real es entre 4 y 7 veces menor que la publicada en revistas científicas en las que luego se basan informes como el de Greenpeace 100% renovables.

Y la cosa no acaba aquí, casi nadie tiene en cuenta que las energías renovables, como siempre dice nuestro amigo Pedro Prieto, son energías que se renuevan captadas con sistemas materiales que no se renuevan. Y nos topamos con límites parecidos a los que tienen las energías fósiles y nucleares: la escasez en un mundo finito con una economía soñando con el crecimiento perpetuo.

Con las tecnologías actuales que estamos aplicando difícilmente hay plata, germanio y otros minerales para producir más de 30Exa-Julios al año (1TWe), cuando consumimos ya en forma eléctrica unas tres veces esa cantidad. Podemos solventarlo empleando menos plata y el abundante silicio en configuraciones que no requieran materiales escasos, sí, así podemos incluso multiplicar por varias veces ese límite, pero curiosamente, a costa de decrecer la densidad de energía (paneles menos eficientes) y por tanto haciendo quizás más cara la energía y sobre todo, requiriendo más espacio en un mundo que cada vez requiere más para otros usos humanos… Así pues, lo haremos mal: usando minerales escasos (como la mayoría de los “thin-film”) con límites a escala global irrisorios de unos 0,1TWe y a la vez usando mucho espacio en competencia no con las dunas del desierto (difíciles de parar por cierto en un mundo además que amplía los desiertos) sino con campos de cultivo o bosques.

Nuestra estimación en todo caso puede no ser muy pesimista en un mundo en transición decrecentista en una economía parecida a la de guerra: un límite para este siglo de 2-4TWe para la solar eléctrica (con macroestructuras para el almacenamiento de una parte de esa energía).

Además, Charles Hall y Pedro Prieto han publicado recientemente la TRE (tasa de retorno energético) de la fotovoltaica y su resultado es muy pobre (menos de 3) en un sistema que vierte en red la electricidad producida sin necesidad de almacenarla, con lo que los desarrollos tecnológicos del futuro a duras penas mejorarán una TRE si se pierde una buena parte en el almacenamiento (almacenar siempre cuesta energía: un tercio para el bombeo hidráulico, más de la mitad para el hidrógeno) y en las infraestructuras necesarias para ese almacenamiento. Puede que no dé de sí sin el apoyo de la energía fósil.

Con lo que personalmente yo me quedaría más con 2 que con 4 TWe.

En todo caso, para un mundo BAU verde es un jarro de agua fría que nos señala que la transición BAU por verde que se quiera hacer es un sueño, una entelequia, una utopía imposible (no deseable además si el BAU verde no se hace además humanamente equitativo, lo que tampoco sería BAU por cierto).

Carlos de Castro Carranza

 


Garoña a vueltas

Hace unos meses publicaba en este blog una entrada sobre el culebrón de Garoña, reflejando el hecho de que esta central había anunciado  su “enésima amenaza de cierre”, aunque razonando y creyendo que esta vez sería la definitiva. Lamentablemente, las cosas han cambiado. El modo (como dice El País tan elegantemente: “La petición se ha hecho fuera de tiempo y forma”) y las prisas nos indican que no ha sido una decisión técnica, sino política, aunque la haya tomado el Consejo de Seguridad Nuclear. Ente que en teoría es independiente. ¿Entonces por qué aparecen consejeros nombrados por partidos políticos?  Simplemente, otro órgano más cooptado por la política en este país…

Sin embargo el fondo del post que publicábamos en diciembre sigue siendo válido. La energía nuclear es cara, muy cara, pero es rentable a las empresas cuando papá Estado se encarga de los gastos gordos. Algo así como un hijo que trabaje 5 horas a la semana y se pueda pagar las copas del sábado, pero ¿quién le viste, le aloja y le da de comer? En este contexto puede que hasta el chico ahorre dinero y pueda alardear de ello.

Lo que ha cambiado es que el Gobierno está estudiando modificar la ley para ofrecer ventajas a las operadoras nucleares. O sea, en vez de internalizar costes, externalizarlos. La ecuación es sencilla; y en estas condiciones, ¡sí es rentable operar!

Incluso no parece descabellado pensar que en estos meses la industria nuclear haya chantajeado al Gobierno con el rehén Garoña con el fin de obtener estas ventajas anunciadas. ¿Quizá chantaje no sea la palabra cuando ambas partes aspiran a lo mismo? El tiempo dirá. Y mientras, poniendo palos al desarrollo de las renovables…

Iñigo Capellán Pérez

 


Carta abierta al presidente del gobierno: la energía es el problema

Desde hace unos años los científicos que investigamos en recursos energéticos y las personas relacionadas de una u otra manera con la sostenibilidad estamos realmente preocupados. Numerosos geólogos llevan décadas prediciendo que el petróleo va a empezar a entrar en una etapa de paulatino agotamiento, es lo que se conoce como pico o cénit, fenómeno ampliamente reconocido en las publicaciones científicas especializadas.  Desde hace  seis años  los datos  de las agencias internacionales corroboran que este declive está ya sucediendo, mientras vemos cómo el precio del crudo aumenta año a año y se explotan recursos cada vez más remotos y contaminantes. El declive del petróleo no es un hecho aislado, ya que se estima que el resto de los combustibles de origen fósil y nuclear seguirá patrones similares  en las próximas décadas.

Una noticia de esta envergadura debería estar en las primeras páginas de los diarios desde hace seis años, pero no lo está. El petróleo es un recurso clave, que configura todo nuestro actual modo de vida y tiene, además, muy difícil sustitución, por ello su declive no puede dejar de tener gravísimas consecuencias sociales y económicas. Es por ello que un grupo de profesores, científicos, economistas y profesionales relacionados de un modo u otro con la energía hemos querido advertir a la sociedad española firmando esta declaración dirigida al gobierno  y también a toda la sociedad.

Confiamos en vuestra colaboración para la difusión de este hecho, ya que tenemos el firme convencimiento de que si la sociedad es capaz de tomar conciencia  seremos capaces de encontrar a tiempo soluciones  a la crisis energética, pero si seguimos ocultando el problema, cuando queramos reaccionar tendremos muy pocas posibilidades de éxito.

Los firmantes de esta declaración somos profesionales relacionados de un modo u otro con la energía: profesores de universidad, ingenieros, científicos, economistas, etc. El objetivo de la misma es llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre la crisis energética que estamos viviendo, la cual, en medio de la vorágine actual, está siendo olvidada. Lo hacemos porque tenemos el firme convencimiento de que el energético es un aspecto clave de la actual crisis que vive nuestro país.

Por el desarrollo de nuestra actividad profesional sabemos bien que la energía es la base de la tecnología y es, en definitiva, el motor de toda la economía, y vemos que cada vez hay más consenso científico acerca de las previsiones de un importante descenso de la disponibilidad mundial de energía, en primer lugar de la más versátil y usada, el petróleo, a partir de esta misma década. En los datos históricos de estos últimos años se puede observar un sospechoso estancamiento en la producción de petróleo mundial, mientras su precio aumenta. Ello corrobora las predicciones de numerosos expertos que hablan del declive de todo tipo de petróleos en esta década. Es también reconocido por la propia Agencia Internacional de la Energía que el crudo barato y de fácil extracción empezó a disminuir hace seis años. Una disminución similar se espera para el resto de los combustibles: gas natural, carbón y uranio que, con gran probabilidad, habrán entrado en declive antes de 2040.

A pesar de la importancia de estos datos, las noticias sobre la crisis energética, no están en los debates parlamentarios, ni en los programas políticos, y, dada la relevancia que ello tiene para todos los ciudadanos, consideramos que este silencio es una grave falta de responsabilidad política.

Sería ingenuo esperar que este declive y encarecimiento de recursos tan vitales no tuviera importantes consecuencias sobre la economía, especialmente la de aquellos países que, como el nuestro, se han acostumbrado a un alto consumo pero apenas poseen recursos energéticos no renovables. Ya se está haciendo evidente que tenemos muchas dificultades para pagar nuestra factura energética que, sólo para el petróleo, equivale al 4% de nuestro PIB, y más aún en el actual contexto de crisis económica y endeudamiento. Es más, muchos también pensamos que esta escasez energética está en la base de la inestabilidad económica mundial y creemos que no es posible solucionar la crisis económica sin solucionar primero la energética.

Cabe la posibilidad de que, ante el agotamiento de los combustibles fósiles, caigamos en la tentación de explotar recursos cada vez más inaccesibles como el gas o petróleo de esquisto por métodos de fractura hidráulica (como ya estamos viendo en nuestro país). Este tipo de extracciones no dejan de ser sino parches que no resuelven los problemas a medio plazo y ofrecen frecuentemente un remedio peor que la enfermedad, pues tienen nefastas consecuencias sobre recursos como tierras fértiles, bosques y acuíferos, que no sólo son vitales para el medio ambiente y la salud de las personas, sino también el capital que sostiene numerosas actividades económicas.

Ante este agotamiento de los combustibles fósiles sólo cabe una paulatina sustitución por energías renovables, pero conviene no engañarse con utopías tecnológicas, la transición no va a ser sencilla en absoluto. Los datos muestran que el declive del petróleo no va a poder ser compensado, al menos en los tiempos previstos y en los volúmenes que esta sociedad mundial está exigiendo en la actualidad. Los sustitutos tecnológicos que tenemos en estos momentos a nuestra disposición son todos ellos son muy inferiores en prestaciones y llegan demasiado tarde. En estos momentos creemos que la única forma de hacer frente de forma eficaz al pico del petróleo es mediante la adopción de audaces medidas de ahorro.

Por otra parte, es necesario continuar con el desarrollo de las energías renovables para frenar, en la medida de lo posible, el cambio climático y prepararse ante el previsible encarecimiento y declive del carbón, el gas natural y el uranio en las próximas décadas. Para ello es preciso apoyar la investigación en tecnologías de generación, acumulación y eficiencia energética y no frenar la implantación de energías renovables. Todo ello debe hacerse con importantes medidas de regulación desde las administraciones públicas ya que, como estamos viendo, las fuerzas del mercado son muy insuficientes para ello, y en muchos casos sus intereses apuntan en dirección contraria al interés general de la sociedad. Es preciso que se lleve a cabo, además, una importante campaña de concienciación sobre este problema, ya que la ciudadanía no percibe su importancia, como consecuencia de la discreción con que aparece en los medios de comunicación y en las agendas políticas.

Si no somos capaces de afrontar la crisis energética, lo que podemos fácilmente prever es el agravamiento de nuestro endeudamiento, la continuación de la crisis económica, el empobrecimiento de toda la sociedad, la obsolescencia de nuestras infraestructuras, el encarecimiento de la producción de alimentos y otros bienes de consumo, etc. todo ello agravado por las consecuencias derivadas del cambio climático.

El gobierno español debe abrir los ojos ante esta enorme realidad y darse cuenta de que urge cambiar rápida y decididamente hacia otros patrones de consumo y producción de energía. En sus manos está concienciar y movilizar masivamente a la población española o seguir silenciando problemas tan graves como los aquí expuestos.

En Valladolid a 20 de septiembre de 2012.


  • Fernando Frechoso Escudero, director de la Cátedra de Energías Renovables de la Universidad de Valladolid
  • Carlos de Castro Carranza, profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Valladolid
  • Luis Javier Miguel González, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid
  • Margarita Mediavilla Pascual, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid
  • Óscar Carpintero, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid
  • César Chamorro Camazón, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid
  • Eloy Velasco Gómez, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid
  • Francisco Castrejón, Director de la Unidad de Teoría de Fusión del CIEMAT
  • Pedro Prieto Pérez, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO
  • Ignacio Cruz Cruz, director del Departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)
  • Gorka Bueno Mendieta, profesor del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del País Vasco
  • Gustavo Duch Guillot, ex director de Veterinarios sin Fronteras y escritor
  • Xoán Doldán García, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela
  • Francisco Álvarez Molina, Ex presidente de la Bolsa de París y presidente de “ETICA Family Office”
  • Jordi Pigem, Filósofo de la ciencia y escritor
  • Juan Martínez Magaña,  profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC
  • Antonio García-Olivares, Científico Titular Instituto de Ciencias del Mar CSIC, Barcelona
  • Rosa Lago Aurrekoetxea, profesora en el departamento de Tecnología Electrónica de la UPV/EHU y miembro de Ekopol.
  • Joan Martinez Alier, investigador, ICTA, Universidad Autñonoma de Barcelona. jma
  • Florent Marcellesi, Coordinador de EcoPolítica
  • Jorge Riechmann, profesor titular de Filosofía Moral de la UAM  y ex-director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.

 

más adhesiones y comentarios

Estudios sobre la transición energética  y la sustitución del petróleo

Más publicaciones sobre el futuro de la energía aquí y también aquí


El Dragón de Mutriku

Desde hace más de un año ruge a la entrada de la pequeña bahía de Motrico en Guipúzcoa, para asombro de visitantes y locales, lo que éstos últimos han bautizado como el “Dragón de Mutriku”. Podéis escucharlo rugir en el siguiente vídeo:

Existen diversas tecnologías para aprovechar la energía del oceáno: centrales mareomotrices, aquellas que aprovechan la energía térmica oceánica, turbinas maremotrices, unidades de tipo “flotador”, etc.

Este atronador dique es la primera central undimotriz (es decir, que aprovecha la energía de las olas para generar electricidad) que opera de forma comercial en el mundo. Comenzó a funcionar en 2011 y el verano pasado cumplió su primer año. Las expectativas puestas en esta fuente de energía (no nueva, puesto que los molinos de mareas han estado funcionando desde hace siglos en las costas atlánticas europeas, incluidas las cantábricas) son muy grandes, como se puso de manifiesto por la pompa de la inauguración de la central por el propio lehendakari y el interés de la prensa. Incluso la “imprescindible” Agencia Internacional de la Energía se ha interesado por ella en su breve tiempo de funcionamiento.

En principio parece una interesante propuesta estratégica de los gobiernos vascos a través del Ente Vasco de la Energía (EVE) de múltiples objetivos provechosos -volveremos sobre este asunto más adelante-: generar un sector de investigación y productivo en el área de la energía marina -renovable- con la colaboración entre universidad y empresa, así como reducir su dependencia de combustibles fósiles y exterior.

La ola llena la cámara, de forma que el empuje del aire "atrapado" en ésta, a través de la turbina genera electricidad.

El titular de la noticia que enlazábamos más arriba nos puede orientar sobre el potencial y nivel de madurez en investigación y desarrollo de este tipo de energías: “La planta de olas de Mutriku genera en un año la luz que consumen 200 personas”. Está previsto que cuando alcance su funcionamiento óptimo triple la producción, por lo que en términos energéticos se cubrirían las necesidades de unas 600 personas (600 MWh anuales). Para ver de otra forma el orden de magnitud, comparamos con la producción de 1 aerogenerador de 2 MW (los que se instalan habitualmente), a un 23% de factor de carga (media en España en 2011): 460 MWh anuales. Si comparáramos con los aerogeneradores de mayor potencia que ya se están empezando a instalar de 3 MW, la energía producida por un único molino de estas características superaría la generación anual de la central -aún experimental, no olvidemos- de Mutriku.

Los números del párrafo anterior ilustran la inmadurez de esta tecnología; se estima que antes de una década no será generalizable comercialmente [EVE2012]. Sin embargo, debemos también llamar la atención de que estos bajos números se deben a que el potencial para el aprovechamiento de esta energía es relativamente pequeño, comparado con los “más abundantes” recursos renovables eólico y solar -aunque con límites más cercanos de lo que se tiende a creer (por ejemplo, ver en el apartado de “Publicaciones Académicas” los drafts “Global Solar Limit” y “Global Wind Limit“).

El propio EVE proyecta para 2020 una mínima participación de la energía de las olas (que incluye no solo las centrales undimotrices sino otras tecnologías) en el mix eléctrico vasco.

Contextualización en el panorama económico y energético

Por lo tanto, aunque la apuesta estratégica tiene las -a priori grandes- ventajas arriba enunciadas, es necesario contextualizarla en el paradigma energético y económico actual. Todos somos conscientes de que nos encontramos en una crisis económica profunda, que es a su vez agravada (si es que no está  estrechamente relacionada) por una no menos profunda crisis energética, ambas aderezadas por el agravamiento del medio ambiente en general, que ya nos está empezando a pasar factura, y cuyo ejemplo más claro es el del -ya inevitable– Cambio Climático. En 1992 la comunidad científica advertía que si no se actuaba urgentemente introduciendo cambios fundamentales en el sistema socioeconómico no sería posible evitar la colisión de la humanidad con la Biosfera en una o pocas décadas próximas. Hoy, este año, tan sólo dos décadas después, un equipo multidisciplinar de 22 científicos de renombre internacional ha hecho balance y han confirmado las previsiones estimando que prácticamente existe la certeza de que este cambio “abrupto e irreversible” en la Tierra se producirá en algún momento del siglo XXI.

Que la época del petróleo barato se ha acabado no lo duda ya prácticamente nadie (aquí tenéis otro link, aunque basta asomarse a cualquier gasolinera para comprobarlo), ni muchos países productores (que van reconociendo el pico a medida que lo sobrepasan), ni la UE, ni la Agencia Internacional de la Energía. Las posiciones “oficialistas” han mudado súbitamente de un negacionismo inmutable a admitir el hecho casi de forma natural. El conocido como “peakoil convencional”, momento en el que se alcanzó el máximo de extracción de petróleo convencional y que la IEA fechó en 2006, podría ser el primero de una serie de sucesivos picos en el resto de los recursos fósiles: gas, uranio y más lejano, el carbón. (Por no mencionar otros recursos de creciente escasez como el agua o determinados materiales).

Una prueba indirecta pero inequívoca de la escasez de recursos energéticos fósiles a la que nos encaminamos es el interés por nuevas tecnologías que tratan de aprovechar bolsas “residuales” de energía mediante procesos de mucha menor rentabilidad económica, energética y con consecuencias devastadoras para el medio ambiente como el fracking, [Bermejo2012] y que recientemente ha movilizado intensamente a las poblaciones de los territorios afectados en España, principalmente en el rectángulo Cantabria-Palencia-Burgos-Euskadi. Resulta llamativo que tras décadas de extracción de recursos principalmente en el Sur -que podría ser calificado de expolio en numerosos casos-, estas actividades especialmente contaminantes y degradadoras del territorio se estén intentando implementar actualmente también en el Norte.

De nuevo comparando órdenes de magnitud en Euskadi, y dando como válidas “sólo” las reservas de gas declaradas en el yacimiento de Gran Enara en Álava (184.500 millones de metros cúbicos o 184,5 bcm), suponiendo que se extrajera hasta la última “gota” y se empleara para generar electricidad al 50% de eficiencia, se obtendrían unos 1000 TWh, es decir cubriría entorno a 60 veces la demanda en Euskadi del año 2010.

 Por lo tanto, parece ahora más clara la verdadera estrategia principal del Gobierno Vasco (y en general de los sistemas de poder occidentales): la continuación de un modelo basado en el consumo de energías fósiles, con ciertos tintes verdes por razones compartidas de marketing (opinión pública) y de intento de diversificación energética. Y es que, estratégicamente, al menos hasta ahora, las renovables han sido consideradas más como un “complemento” de las energías fósiles convencionales que como sus sustitutas, cerrando la puerta a la transición energética (esperamos ahondar en el futuro sobre esta idea).

  Concluyendo

Nuestro sistema económico es intrínsecamente dependiente de la disponibilidad de flujos crecientes de energía de alta densidad barata: desde la agricultura hasta el transporte (que sustenta a la globalización), pasando por todo el sector industrial y de servicios; energía que hasta ahora provenía de los combustibles fósiles. Pero el fin de este periodo se acerca, nuestra crisis energética la tenemos ahora, por lo que potenciales “parches” que podrían cubrir una porción limitada del mix no antes de una década, podrían aparecer como una “distracción” del problema principal: en economía los tiempos importan.

Con estas palabras no se quiere ni mucho menos despreciar el -auténtico- interés y potencial de la energía marina, que podría ser ciertamente muy interesante en el futuro, pero con estrategias distintas a las promovidas actualmente. Podemos generalizar estas conclusiones para toda tecnología que suponga una inversión significativa -¿distracción?- en tiempo, dinero y “esperanzas para la sociedad” para potenciales relativamente modestos (podríamos pensar también por ejemplo en el coche eléctrico o los biocombustibles).

Por supuesto, si como parece en el futuro próximo viviremos importantes restricciones energéticas, nos tendremos que adaptar a ellas, de forma suave o más abruptamente. Esta transición dependerá de los ritmos de agotamiento y de nuestra capacidad de adaptación, que incluye la innovación tecnológica pero también la social: y para ésta última no existen inversiones multimillonarias que puedan realizarse de un año para otro. Y es en este área dónde más déficit tenemos: nos falta un verdadero debate en el que se forme y participe la ciudadanía. La imposición de la fe en la mejora tecnológica mediante estas “soluciones innovadoras” constituyen además un peligroso espejismo mediante el cual la sociedad, por ignorante, no es consciente de la gravedad del problema.

Porque existe la posibilidad de que esta transición no se realice suavemente, resulta primordial involucrarse y evitar así posibles futuros “Auschwitz” [Amery2002] (si es que consideramos que no se están produciendo ya en algunos países del Sur) o “Soylent Greens“. ¿Por qué no apuntar a soluciones más realistas y sencillas (al menos en términos físicos) como podrían ser políticas que se orientaran a la reducción -absoluta- de las demandas energéticas? Que nuestro sistema económico sea capaz de desmaterializarse sin dejar de crecer está todavía por demostrar, siendo muchos además los que argumentan que un cambio tan radical implicaría necesariamente un cambio de sistema en sí mismo (lo que por otra parte no sería mayor problema, siempre que fuera un cambio “a mejor”). ¿Por qué no tender a decrecer nuestro sistema hasta adaptarlo a la biocapacidad de los ecosistemas manteniendo la prosperidad de las personas? es un campo que ya se había explorado en los 70 y que vuelve con fuerza en los últimos años; esperemos que podamos explorarlos también desde este blog.

Mientras tanto, el Dragón seguirá rugiendo al mar en la bahía de Motrico los próximos años, ¿no nos estará intentando advertir de algo?

 Iñigo Capellán Pérez

Más información:

1- Obra de ingeniería de la Central de Mutriku: http://www.caminospaisvasco.com/Profesion/Obras/central-oleaje-mutriku/central-oleaje

2- “Fracking, una apuesta peligrosa”. Fracking Ez Araba. <http://frackingezaraba.org/2012/09/presentacion-del-monografico-fracking-una-apuesta-peligrosa/>

Bibliografía:

[Amery2002] Carl Amery: “Auschwitz, ¿Comienza el siglo XXI?: Hitler como precursor”.

[Bermejo2012] Roberto Bermejo: “Análisis del gas no convencional: reservas y rentabilidad”, Fracking, una apuesta peligrosa. Fracking Ez Araba. <http://frackingezaraba.org/2012/09/presentacion-del-monografico-fracking-una-apuesta-peligrosa/>

[EVE2012] “Estrategia Energética Euskadi 2020”, Ente Vasco de la Energía. <http://www.eve.es/Planificacion-energetica-e-infraestructuras/Estrategia-E2020.aspx>