Garoña a vueltas

Hace unos meses publicaba en este blog una entrada sobre el culebrón de Garoña, reflejando el hecho de que esta central había anunciado  su “enésima amenaza de cierre”, aunque razonando y creyendo que esta vez sería la definitiva. Lamentablemente, las cosas han cambiado. El modo (como dice El País tan elegantemente: “La petición se ha hecho fuera de tiempo y forma”) y las prisas nos indican que no ha sido una decisión técnica, sino política, aunque la haya tomado el Consejo de Seguridad Nuclear. Ente que en teoría es independiente. ¿Entonces por qué aparecen consejeros nombrados por partidos políticos?  Simplemente, otro órgano más cooptado por la política en este país…

Sin embargo el fondo del post que publicábamos en diciembre sigue siendo válido. La energía nuclear es cara, muy cara, pero es rentable a las empresas cuando papá Estado se encarga de los gastos gordos. Algo así como un hijo que trabaje 5 horas a la semana y se pueda pagar las copas del sábado, pero ¿quién le viste, le aloja y le da de comer? En este contexto puede que hasta el chico ahorre dinero y pueda alardear de ello.

Lo que ha cambiado es que el Gobierno está estudiando modificar la ley para ofrecer ventajas a las operadoras nucleares. O sea, en vez de internalizar costes, externalizarlos. La ecuación es sencilla; y en estas condiciones, ¡sí es rentable operar!

Incluso no parece descabellado pensar que en estos meses la industria nuclear haya chantajeado al Gobierno con el rehén Garoña con el fin de obtener estas ventajas anunciadas. ¿Quizá chantaje no sea la palabra cuando ambas partes aspiran a lo mismo? El tiempo dirá. Y mientras, poniendo palos al desarrollo de las renovables…

Iñigo Capellán Pérez

 


¿Renacimiento nuclear o Garoña?

Garoña ha anunciado este viernes 14 pasado su enésima “amenaza” de cierre, aunque parece que esta vez va más en serio que las demás y dan definitivamente por perdido el pulso con el Gobierno. Para la industria nuclear acaba de nacer el “mártir Garoña” y tratarán sin duda de sacarle el máximo partido. Sin embargo más adelante en el post veremos que económicamente es un disparate continuar para Garoña con las nuevas condiciones establecidas por el Gobierno.** Y para la comarca no debería de tratarse de ninguna tragedia si se aprovecha la oportunidad para una transición inteligente de futuro. Conviene desdramatizar la situación: en España por cada GWh generado la eólica generaba antes de la crisis casi 5 veces más de empleo (el doble actualmente) en proporción que Garoña, lo que con 5 millones de parados es una muy buena noticia:

(Referencias: [Balances 2010], aquí y aquí)

Pero vayamos por partes.

Desde el final de la década de los años 2000 se ha producido un cambio de discurso en la política de diversos gobiernos, más favorable a la energía nuclear y la industria se apresuró a acuñar el término de “renacimiento nuclear”. Esta postura constituyó un cambio frente al enfriamiento que produjo el bombazo de 1986 de Chernóbil. Así, el “renacimiento nuclear” se extendió entorno nuestro y las bondades de la reacción controlada en cadena parecían compensar sus inconvenientes (al fin y al cabo, ¡todas las fuentes de energía las tienen! También las renovables…). Por supuesto, una sociedad que idolatra la tecnología, y por tanto las soluciones tecnológicas constituye un caldo de cultivo proclive a este razonamiento (y algún lector se preguntará, ¿pero en vez de solucionar no será que crean problemas?).

En España, la energía nuclear viene cubriendo entorno al 20 % de la generación eléctrica. Como desde hace casi 20 años no se construye una central, esta proporción se ha ido reduciendo a medida que aumentaba la demanda. Respecto de la energía consumida útil en el país, la energía nuclear constituye apenas el 4,5 % (pensad que del total energético consumido útil, sólo un 21 % de la energía es eléctrica). Del resto, casi la mayoría (más del 70%) son productos derivados del petróleo y del gas. Por lo que convendría en el debate sobre energía nuclear en primer lugar separar churras de merinas, y entender que el pico del petróleo es un problema cuantitativa y cualitativamente diferente (se puede producir energía eléctrica de muchas formas; pero no se pueden sustituir así como así la excelente calidad energética de las energías fósiles).

Hemos dado las cifras en energía útil. Es ciertamente interesante que las estadísticas oficiales facilitadas por el Ministerio [Balances 2010] omitan a la energía nuclear de las tablas de energía final pero sí la desglosen cuando se representa la energía primaria. Y cuando se sabe que el ratio de energía primaria es el triple que de útil (o sea que se desperdician 2/3 sistemáticamente de la energía nuclear obtenida en el reactor), que a pesar de que el uranio proviene de países como Rusia, Australia, Niger, Kazajistán, Canadá, etc. se considera la nuclear como energía autóctona, y sabiendo que el mercado energético nacional es un juego de Oligopoly, las cosas parecen cuadrar más.

 A nivel mundial los datos son similares: en 20 años su participación en la generación eléctrica mundial ha caído hasta el 14% en 2011. En cuanto a energía final útil, su parte de la tarta es casi marginal: menos del 2,5%. Por lo tanto el debate energético “urgente” en estos momentos no pasa por la energía nuclear. ¿Por qué entonces es este debate tan preponderante? Una posibilidad es que la generación nuclear sea tan aberrante que genere un rechazo proporcional. O bien también se puede tratar de una maniobra habilidosa para ocultar los verdaderos problemas (como los Dragones pueden eclipsar gas de esquistos). Sin duda alguna el rechazo está relacionado con el desacuerdo con las armas atómicas. Muy probablemente el Oligopoly también tenga que ver: si hay enormes centrales, habrá pocas centrales, si hay pocas centrales habrá pues pocas compañías operando. Para muestra un botón: la Central de Ascó produce ella sola entorno al 6 % de la energía eléctrica anual en España, y Endesa es su única propietaria. En realidad sólo 2 empresas: Iberdrola y Endesa (y mínimamente Gas Natural) son propietarias de todo el parque nuclear español.

(*Para un análisis del ciclo completo del uranio recomiendo leer el post de Antonio Turiel: “Los verdaderos riesgos de la energía nuclear”.)

 Volviendo al tema del “renacimiento nuclear”, de hecho esta expresión constituye más una especie de estado de ánimo o voluntad que de expresión de la realidad. Como prueba el siguiente gráfico, en el que se muestra el histórico de número de reactores enchufados (en verde) y desenchufados de red (en naranja) a nivel mundial:

[Schneider 2012]

Se han identificado varias causas claras de este declive a nivel mundial ([Schneider 2009 y 2012] para más información):

1- La “no-abundancia” de los recursos minerales de uranio,

2- Dramática escasez de personal cualificado

3- Mercados liberalizados; recordemos que mientras las empresas se quedan con el beneficio de la explotación, tanto el desmontaje como la gestión ad infinitum de los residuos nucleares es tradicionalmente responsabilidad del Estado. Además, en caso de accidente grave, se puede imaginar el lector quién paga la factura (aparte de las consecuencias directas en la población que se pudieran producir). Una versión más del muy conocido “privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas”.

Así, tras la “toma de experiencia por parte de los gobiernos” de los verdaderos costes de la energía nuclear y la (semi)liberalización de los mercados eléctricos, no parece que abunden inversores ni empresas dispuestas a involucrarse en proyectos que requieren inversiones tan elevadas, con tanto coste, y cuyos beneficios no están tan claros cuando no se externalizan los inconvenientes (o cuando no se asegura que durante las varias décadas de operación éstos no vayan a ser internalizados).

4- La energía nuclear es la único cuyos costes aumentan en el tiempo (principalmente para asegurar niveles de seguridad).

De nuevo tomamos como ejemplo la central de Santa María de Garoña. Se le pide un impuesto para “contribuir” al coste de la gestión de los residuos de más de 150 millones de euros anuales, y unas mejoras de seguridad post-Fukushima (ambas centrales son tecnológicamente hermanas) de más de 120 millones de euros. Teniendo en cuenta que los beneficios anuales son de “sólo” (!) 250 millones y estaba previsto su cierre en julio, las cuentas están claras. Esto es lo que ocurre cuando se internalizan (una parte de) los costes de la tecnología nuclear: ¡que sencillamente ya no es rentable!

En palabras de [Schneider 2009]:

“La situación en la segunda década del siglo 21 será radicalmente diferente de la década de 1980. En los primeros días de la la industria nuclear se sabía menos sobre los desafíos financieros y técnicos de la cadena del combustible nuclear, y este vacío proporcionó a la industria un margen sustancial. Las instalaciones nucleares se beneficiaron de la capacidad de pasar gran parte del riesgo de la inversión a los contribuyentes, aplazar las preocupaciones sobre residuos nucleares y desmantelamiento de las plantas, y no hacer frente a la competencia de los diferentes generadores y de los mercados competitivos de electricidad. Teniendo en cuenta la pérdida de cientos de miles de millones de dólares de capital en las anteriores oleadas de construcciones nucleares, y obviando los problemas existentes en gestión de residuos, proliferación, y financiación, el desafío a los grandes planes nucleares es inevitable.”

“Simplemente, las ratios de inversión y construcción de la década de los 80 no se pueden repetir treinta años más tarde. La industria nuclear y las empresas enfrentan desafíos en un ambiente industrial que ha cambiado radicalmente. Hoy el sector, público o privado, tiene que afrontar gastos de gestión de residuos y desmantelamiento que superan con creces las estimaciones del pasado, incluso si la parte del león del coste es, a menudo, asumida por fondos públicos. También tiene que competir con un sector del gas y del carbón en gran parte modernizado, y con nuevos y potentes competidores en el nuevo sector de las energías renovables.

El accidente de Fukushima viene a dar la puntilla a la ilusión del “renacimiento nuclear”; Japón, Alemania, Italia, etc. son demasiados renuncios significativos. A corto y medio plazo la industria sólo puede aspirar a mantener lo que hay, y probablemente aparecer en los mercados emergentes (China, India, etc.) empleando como eficaz argumento la mitología de la tecnología de occidente y el complejo de imitación que éstos poseen.

Garoña no lo han cerrado los ecologistas (¡ya les gustaría tener tanta influencia!), ni un órdago de las eléctricas, ni una obsesión por el Gobierno del PP por incumplir todas sus promesas electorales; sino simple y llanamente las tendencias mundiales del sector: todo el mundo ha oido hablar de Garoña, pero ¿quién ha oído hablar de algún nuevo proyecto en España (y prácticamente en Europa) de central nuclear en los últimos 20 años?

Por último, romper una lanza por la Wikipedia, que es capaz de producir artículos tan buenos y sopesados como el de la “Energía nuclear en España”.

Iñigo Capellán Pérez

Addendum 19-12-2012

** Según Francisco Castejón, portavoz para temas nucleares de Ecologistas en Acción: “El impuesto sobre el combustible gastado que se debatirá mañana en el Congreso supondría una carga mucho menor para Garoña de lo que se ha declarado oficialmente. Frente a los 150 millones de euros de los que hablaron los propietarios de la central nuclear, los cálculos realizados por Ecologistas en Acción apuntan a sólo 24 millones anuales”. Ver noticia completa aquí.

Referencias

[Balances 2010] Estadísticas y Balances energéticos”. Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Consultado el 10-4-2011. <http://www.minetur.gob.es/energia/balances/Balances/Paginas/Balances.aspx>

[Schneider 2009] Mycle Schneider, Steve Thomas, Anthony Froggatt, Doug Koplow (2009): “The World Nuclear Industry Status Report 2009″. <http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20110208101410152>

[Schneider 2012] By Mycle Schneider , Antony Froggatt , Julie Hazemann (2012): “The World Nuclear Industry Status Report 2012″. <http://www.worldnuclearreport.org/>


Nuestro futuro energético

No tenemos una bola de cristal para ver nuestro  futuro energético, pero  hemos recopilado datos muy diversos y los hemos juntado en un modelo matemático simulado por ordenador. Un modelo de ordenador no es un oráculo, pero ese “recopilar datos diversos y ponerlos juntos” es un ejercicio muy potente porque permite mirar la realidad como desde una avioneta, desde arriba, con una perspectiva global; algo poco habitual en esta sociedad actual, tan compleja y tan especializada.

Hemos usado este modelo matemático para estudiar dos cosas vitales en nuestra sociedad: la energía y la economía. Juntamos los datos del crecimiento económico y la demanda de energía con los estudios de los geólogos acerca de las reservas de petróleo, gas natural, carbón, uranio y energías renovables.

El panorama que se ve desde arriba nos lanza un mensaje muy claro: esto no puede seguir como hasta ahora. No es el mensaje de siempre, no sólo decimos que esto no “debe” seguir porque es perjudicial para el planeta. No. Decimos, simplemente, que nuestros datos muestran que no vamos a continuar por este camino, no es posible. No tenemos petróleo para continuar con el crecimiento económico y los patrones de consumo de las últimas décadas. Algo va a cambiar en nuestra sociedad en esta misma década y de forma muy sustancial.

Según las estimaciones de la mayor parte de los geólogos y según los datos que estamos observando estos últimos años, estamos viviendo el estancamiento y declive de la extracción de petróleo, y no vamos a poder sustituirlo con otras tecnologías. Aunque nadie sabe dónde puede llegar la ciencia en el futuro, sí sabemos que las tecnologías necesitan años e incluso décadas de desarrollo y ya no tenemos tiempo. Los biocombustibles o los vehículos eléctricos, que podrían sustituir ahora mismo al petróleo, son tecnologías muy limitadas, poco más que parches. Parches, además, con efectos secundarios indeseables, especialmente los biocombustibles, que compiten de forma muy preocupante con la alimentación humana.

Ni las energías renovables ni la nuclear van a servir tampoco para superar el declive del petróleo por una razón evidente: estas tecnologías nos proporcionan electricidad, mientras el petróleo es un combustible líquido, muy versátil y ligero, imprescindible para el transporte y la agricultura actuales.

Si el declive del petróleo se espera para esta década, el resto de los recursos energéticos no van a durar mucho más. El gas natural, el carbón y el uranio probablemente encuentren sus declives antes de la primera mitad del siglo. Esto nos dejará sin los combustibles que generan la mayor parte de la electricidad, aunque, en el caso de la energía eléctrica, la sustitución es un poco más sencilla porque el declive del carbón, gas y uranio no es tan inminente y las energías renovables están más desarrolladas.

Aunque el mensaje dominante en los medios de comunicación y en los discursos políticos huye de estos temas y nos invita a pensar que vivimos en un mundo de recursos naturales y energía prácticamente ilimitada, cada vez son más los estudios científicos que exponen conclusiones similares a las nuestras. Dice mucho de la clase de políticos y medios de comunicación que tenemos el que una noticia de esta envergadura se encuentre en las publicaciones científicas, en informes europeos y en notas marginales de los periódicos, pero esté ausente de las primeras planas y los debates electorales.

En las próximas décadas vamos a experimentar el declive de la mayor parte de los recursos energéticos a los que estamos acostumbrados y la sustitución no siempre va a ser posible. Lo más probable es que tengamos que conformarnos con consumir significativamente menos energía de la que usamos ahora. Si bien es cierto que existen formas de satisfacer las necesidades de los habitantes del planeta consumiendo bastante menos, no es menos cierto que llevamos siglos incrementando nuestro consumo y tenemos una enorme inercia que nos empuja en dirección completamente opuesta al ahorro.

Asumir el reto de la crisis energética supone enfrentarse a un gran cambio global, un cambio en la industria, la agricultura, el transporte, el urbanismo y la vivienda, pero, sobre todo, un gran cambio de mentalidad colectiva que necesitará del  abandono del consumismo y el crecimiento como pilares de la sociedad. Es preciso que todos vayamos tomando consciencia del problema cuanto antes y asumamos la necesidad del cambio, ya que el declive de los recursos no es una opción. Si nuestras sociedades no son capaces de aplicar medidas de ahorro, la disminución de recursos se hará de igual manera y serán la pobreza, la desigualdad y la recesión económica quienes, probablemente, se encarguen de disminuir el consumo energético.

Margarita Mediavilla Pascual, marzo 2012.

  • Un borrador del artículo que describe el modelo y  los resultados de forma detallada en castellano se puede descargar aquí.
  • La referencia del artículo publicado en Energy Policy es:

The Transition toward renewable energies: physical limits and temporal conditions, Margarita Mediavilla, Carlos de Castro, Iñigo Capellán, Luis Javier Miguel, Iñaki Arto, Fernando Frechoso. Energy Policy, vol 52, enero 2013, páginas 297-311. (Accepted Author Manuscript available for download here).