Publicación del artículo “¿Más crecimiento? Una solución inviable para superar la crisis energética y climática”

Hace unos días se publicó nuestro último artículo en la revista Sustainability Science, que es de hecho una continuación del trabajo publicado en diciembre en el que se presentaba el modelo WoLiM y su aplicación al set de escenarios habituales en la proyección de escenarios futuros. En este trabajo y según las hipótesis consideradas, todos los escenarios explorados resultaban ser, a la postre, no factibles:

Los resultados muestran que una transición energética dirigida por la demanda y el mercado, como las realizadas en el pasado, no parece posible: si las tendencias de demanda continúan se prevé una fuerte escasez antes de 2020, especialmente para el sector del transporte, mientras que la generación de electricidad es incapaz de cubrir la demanda a partir de 2025-2050. Para poder encontrar escenarios que sean compatibles con las restricciones derivadas de los picos de los combustibles fósiles es preciso aplicar hipótesis que raramente son contempladas por las instituciones internacionales o los estudios de GEA como crecimientos económicos cero o negativos.

Por lo tanto, si estos escenarios eran no factibles, era obligado investigar qué escenarios podrían ser entonces factibles, y cuáles serían sus características principales. Así, hemos encontrado que existen elementos para esbozar 3 situaciones alternativas:

  • Escenario B: Un escenario en el que, frente a los declives del petróleo y gas, se estimula intensamente la extracción de carbón como sustituto principal. Los diferentes bloques económicos tienden a reducir sus intercambios comerciales con una competencia directa (que podría ser también violenta) por el acceso a los recursos en el resto del mundo. En términos macroeconómicos, el crecimiento a nivel global agregado aún podría aumentar a un ritmo de +1% al año hasta 2050, lo que en términos del actual sistema económico, sería insuficiente para generar altos niveles de bienestar. Así, en términos de democracia, bienestar o equidad, en este escenario saldríamos bastante mal parados, con un contexto idóneo para el surgimiento de dictaduras y tecnocracias. Sin embargo este escenario sería sólo válido a corto y medio plazo puesto que las enormes tasas de emisiones de efecto invernadero nos llevarían a una situación de caos climático.
  • Escenario C: En este escenario la adaptación a los límites energéticos se realiza por la vía “dolorosa”, esto es, no se pone en marcha ningún proceso para el cambio de modelo socioeconómico y entonces se produce una recesión generalizada en un contexto de regionalización. Se podrían en marcha dinámicas similares a las del escenario C pero en un contexto económico aún más degradado.
  • Escenario D: Se trata del contrapunto positivo. Así, asumiéndose que se produce un cambio de modelo planificado y consciente hacia un sistema no dependiente del crecimiento, una rápida y decidida transición hacia sistemas renovables y un reparto del consumo de energía a nivel mundial (o sea produciéndose un decrecimiento en el consumo de los países industrializados para que los países del Sur puedan alcanzar niveles de más altos), se esboza un escenario que permite entrever que un futuro más amable es posible con voluntad política y social.
  • (Existen otros 2 escenarios, BAU y A que resultan ser totalmente inviables)

Figura 1: Resultados para el escenario D en términos de consumo de energía primaria (izda) y eléctrica (dcha) por fuentes.

El artículo discute en detalle las implicaciones de la convergencia en consumo energético del escenario D en orden de magnitud: así, aquellas personas que vivimos en países industrializados deberíamos reducir nuestro consumo energético a un ritmo del 3% anual (-70% entre el año 2010 y 2050). Esto permitiría a aquellas personas que viven en el Sur (es decir el 70-75% de la población global), incrementar su consumo per cápita en +30% desde los niveles actuales. El nivel de convergencia (50-60 GJ per capita) se encuentra por debajo del umbral para alcanzar un alto nivel de desarrollo en el actual paradigm socioeconómico (Arto y otros 2015), pero se encuentra por encima del umbral para cubrir las necesidades básicas para una vida digna.

¿Cómo repercutirían en el GDP de los diferentes países estas sendas de consumo energético? Encontramos que, aproximadamente, el nivel de convergencia global se encontraría entorno a 12.000 US$, es decir en un nivel ligeramente superior a la media mundial actual. Algunos países que se encuentran actualmente en estos valores son Brasil, Costa Rica, Montenegro o Tailandia. Esto se traduciría en que los habitantes de los países industrializados deberíamos reducir nuestra renta entorno a 4 veces hasta 2050, lo que permitiría a los habitantes del Sur aumentar la suya unas 3 veces en ese mismo tiempo. Aquí es importante resaltar que existe una abundancia de datos abrumadora que indica que, a partir de un determinado umbral de GDP, los incrementos de éste no se traducen en mejoras de bienestar.

De hecho, si buscamos algunos de estos países que cumplen el doble objetivo de situarse en los niveles de convergencia encontrados de consumo de energía y renta, encontramos países con altos niveles de Índice de Desarrollo Humano (IDH) como Montenegro (IDH=0.791), Uruguay (0.789) o Costa Rica (0.77).

Figura 2: Consumo total de energía primaria (izqda) y PIB per capita (dcha) del mundo dividido en 2 grandes bloques (industrializados, azul y Sur, rojo). Hasta 2010 datos históricos, a partir de ese año y hasta 2050 se proyectan los escenarios de convergencia.

Por supuesto, hay muchos matices que no pueden ser resumidos en esta breve entrada, por ello, aquellos interesados tenéis disponible una copia del texto aquí (de momento en inglés).

 

Figura 3: Emisiones de CO2 por escenario. En esta figura se puede apreciar cómo aquellos escenarios dónde se limita el crecimiento presentan un gran potencial de reducción de emisiones de efecto invernadero, estrategia que ya ha sido propuesta por algunos climatólogos eminentes como Kevin Anderson o Alice Bows-Larkin.

 Iñigo Capellán Pérez


¿Lograremos evitar el colapso ecológico-social?

La respuesta simple y directa a la pregunta es No.

Y una razón es porque todo sistema que crece exponencialmente se enfrenta antes o después con algún tipo de límite natural (sea una reacción nuclear en cadena, el crecimiento de población bacteriana en una placa petri o el uso de energía, producción industrial, uso de agua o población humana).

 

Si se sobrepasan los límites temporalmente, es inevitable el colapso (línea roja) o la oscilación (línea amarilla), en general además se deteriora el límite y este disminuye al aproximarnos al límite y sobrepasarlo (oscilación decreciente).

 

  • Así hemos sobrepasado el límite de concentración de CO2 en la atmósfera y hoy estamos en las 400ppm.

 

  • Hemos sobrepasado el límite del indicador (conservador por lo demás) de la Huella Ecológica que es inferior a 1 pues no podemos usar toda la Tierra en beneficio exclusivo humano, necesitamos una biosfera “natural”, y además, como estamos degradando los ecosistemas, este límite va disminuyendo (menos bosques o suelos productivos, más desertización, etc.), hoy nuestra Huella Ecológica supera el 1,5 (necesitaríamos 1,5 planetas Tierra para estar por debajo del límite y cálculos propios menos conservadores y optimistas que los que utiliza este indicador nos situarían en la necesidad de 3-10 planetas como el nuestro).

 

  • Hemos aumentado la tasa de extinción de especies entre 100 y 1000 veces (tasa que se está acelerando con el caos climático) a niveles que superan las extinciones masivas del pasado.

 

  • Tenemos una desigualdad entre humanos enorme, y recientes modelos sitúan este hecho como un problema que lleva a hacer casi inevitable el colapso .

Y hay más que veremos en otros posts.

Y si cada grupo de expertos ve gravísimos problemas en su ámbito, el problema mayor es que estos sobrepasamientos se realimentan positivamente unos a otros. Haciendo ya inevitable un descenso rápido de las variables en juego (energía, producción industrial, productos de la fotosíntesis, agua, suelos y, finalmente, población).

 

Carlos de Castro Carranza


Debates sobre decrecimiento: por favor, toquemos tierra (contestación a Vicenç Navarro)

 

El profesor Navarro ha escrito en varias ocasiones desde su blog en Público en contra de la teoría del decrecimiento y en ocasiones ha citado a Floren Marcellesi, quien también ha respondido desde esas páginas. Últimamente este debate da la impresión de haber quedado bloqueado en una oposición frontal  y  no está dando lugar al constructivo flujo de ideas que sería deseable[1]. Es una lástima, ya que  este diálogo entre la “izquierda clásica” (con su objetivo de justicia social) y el “decrecimiento” (con su preocupación por los límites del planeta) es, sin duda, uno de los retos intelectuales más necesarios en este principio de siglo.

 

Tengo la impresión de que en los sucesivos artículos, Navarro y Marcellesi debaten acerca de términos como el decrecimiento, la producción o las energías renovables, pero sin  dar ejemplos y, probablemente, perdiéndose en discusiones semánticas. Si hablasen de cosas más concretas sería más fácil dialogar. Por ejemplo, cuando Navarro argumenta: “El decrecimiento no es un concepto que pueda definirse sin conocer qué es lo que está creciendo o decreciendo. No es lo mismo, por ejemplo, crecer a base del consumo de energía no renovable, que crecer a base del consumo de energía renovable. Y no es lo mismo crecer produciendo armas que crecer produciendo los fármacos que curan el cáncer.” es difícil no estar de acuerdo con él. Es evidente que existen actividades económicas con menor consumo de energía. También es muy cierto que, como apunta Navarro, no debemos olvidar la variable política ni las relaciones de poder:” El hecho de que haya una u otra forma de crecimiento es una variable política, es decir, depende de las relaciones de poder existentes en un país y de qué clases y grupos sociales controlan la producción y distribución de, por ejemplo, la energía”.

 

 

Sin embargo, esto que es obvio como generalidad, se vuelve una cuestión mucho más relativa cuando bajamos a los casos concretos y, sobre todo, cuando usamos una visión un poco más sistémica y lo ponemos en relación con otros aspectos de la realidad también muy obvios. Tomemos, por ejemplo, el caso del sector del automóvil. Actualmente el 4,5% del PIB español se está destinando a pagar las importaciones de crudo. Para evitar esta sangría (que  no tiene visos de mejorar debido al fenómeno del pico del petróleo) podemos pensar en cambiar hacia actividades  que usen menos energía o utilicen energías renovables. Podríamos pensar en  varias opciones. Podemos, por ejemplo, no hacer nada y seguir con el mismo modelo de movilidad. Esto nos  llevaría a que los ciudadanos destinasen cada vez un porcentaje mayor de su sueldo a comprar gasolinas con lo cual el consumo de otros bienes se detraería. Se venderían menos vehículos y es probable que disminuyeran los puestos de trabajo en la industria del automóvil. Muchas personas se verían marginadas al no poder permitirse tener un coche y no tener otras alternativas.

 

Podemos, también, intentar la sustitución tecnológica, apostando, por ejemplo, por el vehículo eléctrico. Esto tendría la ventaja de beneficiar a la industria del automóvil  y aumentar la demanda de energía eléctrica que podría ser renovable. Desgraciadamente los datos nos están diciendo que la alternativa del coche eléctrico es muy débil desde el punto de vista técnico. Los vehículos que se pueden poner en el mercado en esta década tienen prestaciones muy inferiores (15 veces menos acumulación de energía que el vehículo equivalente de gasolina,  lo que se traduce en mucha menor autonomía  y mala relación prestaciones/precio). Quizá dentro de unas décadas se descubra algo que haga que los vehículos eléctricos o de hidrógeno sean mucho más eficaces, pero, de momento, no tenemos esa opción y es inútil engañarse con fantasías. ¿Qué hacemos? ¿Subvencionamos los vehículos eléctricos  a base de recortar en otras partidas como el transporte público? ¿Hacemos que los trabajadores empobrecidos paguen impuestos  para los coches eléctricos de los pudientes? Actualmente ya estamos subvencionando cada vehículo eléctrico con 5.500 euros y siguen sin venderse masivamente. Esta opción  puede parecer muy atractiva desde el punto de vista económico, pero los datos tecnológicos, sencillamente, nos muestran que es una vía muerta.

 

Tenemos otra opción, y es la que defendería el movimiento por el decrecimiento. Podemos cambiar el modelo de movilidad  penalizando la compra de vehículos y fomentando el uso de la bicicleta. Esto permitiría que los ciudadanos tuvieran una forma de moverse barata y eficaz, que sería especialmente atractiva para los menos pudientes. Se perderían puestos de trabajo en el sector del automóvil (más que en la primera opción), pero el dinero que las familias no destinarían a gasolina se podría emplear en otros consumos que generarían otro tipo de puestos de trabajo.

 

 

¿Qué solución es mejor? Probablemente ninguna de ellas es buena y solamente podemos escoger la menos mala. Para ello tenemos que echar mano de los datos que nos permitan saber bien dónde están los límites tecnológicos y cuántos empleos se pierden en cada caso, y después debatir acerca de nuestras prioridades éticas.

 

 

En estos momentos no es suficiente con hablar de generalidades como  “cambiar la forma y tipo de producción”, es evidente que tenemos que cambiar, el problema es cómo queremos y podemos hacerlo: qué modelo de producción industrial y agraria proponemos, cómo organizamos nuestras ciudades,  qué tipo de banca y de comercio preferimos, etc. Y, sobre todo, sería deseable que  propongamos opciones que sean acordes con la realidad tecnológica, porque no sólo los ecologistas radicales y los seguidores de Paul Ehrlich hablamos de que los recursos naturales y la energía son finitos, Sr. Navarro. Eso es algo que afirman prácticamente todos los ingenieros y físicos del mundo, porque esa aseveración es uno de los contenidos básicos de los primeros cursos de cualquier carrera técnica. Es cierto que la energía renovable (cuyo flujo es limitado pero constante) se puede aprovechar más con el desarrollo de tecnologías renovables, pero el que podamos usar mejores o peores tecnologías dependerá de lo que lo que hayamos podido desarrollar. Las tecnologías necesitan tiempo y a veces tienen éxito, pero también a veces fracasan.

 

 

No podemos engañarnos e intentar ignorar las conclusiones que algunos científicos como Antonio Turiel, Mariano Marzo, Gorka Bueno o nuestro  propio grupo de la Universidad de Valladolid, están poniendo de manifiesto: la crisis energética es ya evidente, es muy grave y no va a poder ser resuelta con una mera sustitución tecnológica. En ese sentido, cuando el Sr. Navarro habla de lo que él llama “ecologistas radicales” y dice que “un número considerable de ellos muestra una sensibilidad maltusiana, que asume que los recursos naturales, como por ejemplo, los recursos energéticos, son fijos, constantes y limitados” no sé si es consciente de que probablemente él entiende por “recursos energéticos” cosas que no son exactamente lo mismo que esa energía física que nosotros medimos y estamos diciendo que tienen problemas. Por eso es tan importante que bajemos a los casos concretos, porque es ahí donde se ve con claridad si va a ser esa energía física la que va a hacer que los consumidores dejen de comprar coches, viviendas o clases de inglés (o no).

 

 

Y si hablamos de energía física es deseable que cuantifiquemos. No basta con decir que Barry Commoner  afirma que la energía renovable puede crecer  ¿Cuánto puede crecer? ¿Los 0,06TW que actualmente se extraen de eólica, los 2TW que mi compañero Carlos de Castro pone como límites a la expansión de esta tecnología, los 17TW de energía primaria  que ahora mismo está consumiendo la humanidad o los 25TW que necesitaríamos si nuestros consumo sigue creciendo como hasta ahora otros 14 años?

 

 

Cada vez estoy más convencida de que los economistas ecológicos tienen mucha razón cuando argumentan que tenemos que empezar a cuantificar la economía en términos de variables reales como la energía, los puestos de trabajo, los kilos de minerales o los servicios prestados. Medir las cosas en unidades monetarias nos distrae y nos puede llevar a engaños. Ahora mismo, por ejemplo, el consumo de petróleo en España es un 23% menor que en 2007 y, sin embargo, el PIB español apenas ha caído. Estamos generando el mismo PIB con menos energía ¿se debe eso a que somos más eficaces tecnológicamente? ¿Se debe a que tenemos una sociedad más capaz de generar actividad económica, empleo y bienestar con menos energía? No, en absoluto. Lo que estamos haciendo es cultivar la desigualdad: algunos siguen aumentando sus beneficios monetarios, pero muchos ciudadanos dejan de consumir porque no tienen ni siquiera lo necesario para calentar su casa. No es esa, desde luego, la eficiencia energética que queremos, ni es ese el decrecimiento que defienden personas como Marcellesi.

 

Los defensores de la dinámica de sistemas argumentan que los seres humanos tenemos tendencia a ver los problemas fijándonos únicamente en una causa, y eso nos proporciona una visión extremadamente miope,  porque los problemas tienen múltiples causas y múltiples efectos que, además, interaccionan unos con otros y se realimentan. Este debate en torno al decrecimiento da la impresión de estar pecando de ese error. Es estéril intentar discutir si es la energía la causa de todo o si lo es la injusta distribución del poder. Ambas causas están ahí,  ambas agudizan el problema y las dos son importantes. Y además, a la hora de proponer alternativas, debemos solucionar ambas a la vez.

 

Es una lástima que ecologistas y socialistas no estemos convergiendo en un discurso único y mucho más detallado sobre las soluciones económicas que proponemos.  Porque, si bien es interesante  proponer  experiencias colectivas que permiten vivir mejor con menos como las que desarrollan los partidarios del decrecimiento, no es menos cierto que también hay que cambiar las relaciones de poder para que estos experimentos puedan convertirse en alternativas a gran escala. Ni el socialismo puede ignorar los serios estudios físicos, ingenieriles y geológicos que se presentan desde los círculos ecologistas, ni los ecologistas podemos avanzar sin un discurso político elaborado, como el que posee el socialismo. Socialismo y ecologismo deberían ser las dos patas con las que caminemos para conseguir una sociedad justa y además acorde con los límites del planeta. Cualquier alternativa que sólo contemple una de las visiones y uno de los objetivos a costa del otro es ingenua e indeseable.

Marga Mediavilla

 

 


[1] http://blogs.publico.es/dominiopublico/9039/los-errores-de-las-tesis-del-decrecimiento-economico/


Una crónica de las jornadas del III Encuentro de Decrecimiento en Bilbao 2013 (I)

Este fin de semana tuve la suerte de asistir al “III Encuentro de Decrecimiento y Buen Vivir” en Bilbao organizado por 9 colectivos sociales (podéis descargar el programa aquí). Ya la diversidad de éstos es indicativo de la transversalidad de la propuesta decrecentista: organizaciones ecologistas, de cooperación y educación Norte-Sur, de economía alternativa y solidaria, un sindicato. Mi intención aquí es apuntar de forma un tanto informal las ideas, reflexiones y proyectos que desde mi prisma personal me parecieron más interesantes, así como entremezclar las mías propias. La densidad de proyectos presentados se condensó mediante mesas redondas seguidas de rondas de preguntas: en este primer post me centraré en el primer día, en que una moderadora perteneciente al colectivo Desazkundea entrevistó a Florent Marcellesi, Lorena Cabnal y Matxalen Legarreta entorno al concepto del TRABAJO y el Decrecimiento.

No me entretendré aquí en explicar la propuesta decrecentista. Para gente con prisa o que quiera refrescarse la memoria recomendamos la entrevista a Carlos Taibo realizada por Attac:

Carlos Taibo expone las ideas básicas del Decrecimiento.

(Otras fuentes: por ejemplo la web de referencia en castellano, o la visión de Gustavo Duch; aunque también está siendo duramente criticado desde otras perspectivas)

Como decíamos, este primer día se dedicó a desmenuzar y echar luz sobre los significados del concepto TRABAJO. Como ocurre con numerosas acepciones, con el paso del tiempo y la acción de diferentes influencias, los conceptos evolucionan cambiando de significado. Así, Florent Marcellesi recordaba que la palabra TRABAJO proviene del latín tripalium, que era un yugo dónde se azotaba a los esclavos en la época del Imperio Romano. Para aquellos que no lo sepan, en la Antigua Grecia y Roma, el trabajo era considerado indigno de los hombres libres, y éste era realizado por esclavos (interesante reflexión para una sociedad que se reclama heredera de éstas, y me pregunto ¿qué opinarían los antiguos de la Renta Básica de las Iguales?). Sobre las palabras y su significado, Lorena Cabnal nos contaba que en las lenguas de los pueblos originarios no existe una palabra que signifique “propiedad privada” (lógicamente pues no existía ese concepto), en unas comunidades basadas en la reciprocidad y las relaciones interpersonales. Lo que por cierto ayuda a entender el choque frontal de estas culturas con el sistema occidental cuando éste trata de implantarse en torno suyo: por ejemplo con los proyectos de expropiación de su territorio para proyectos hidraúlicos, cultivos de biofuels o mecanismos como los REDD.

Volviendo al concepto TRABAJO, los ponentes “europeos” (Florent y Matxalen) coincidieron en subrayar que este concepto como se entiende habitualmente en nuestra sociedad es un concepto extremadamente reduccionista, que sólo incluye aquella actividad remunerada y realizada fuera del hogar. Así, quedarían fuera todo el trabajo de cuidados y realizado en el interior de los hogares, realizado principalmente por mujeres, como denuncia desde hace décadas el movimiento feminista. TRABAJO encubierto, por cierto, sobre el que se apoya todo el sistema capitalista. Esta falta de valoración es tanto monetaria (trabajo “gratis”) como de no reconocimiento y estima. Tanto Matxalen como Florent aportaron datos reales que demuestran que de media, las mujeres trabajan entre 1 y 2 horas más que los hombres cada día.

Para entender el entronque del TRABAJO con la propuesta decrecentista es condición necesaria conocer cómo entiende esta propuesta el proceso del sistema económico: como un círculo vicioso en el que el sistema siempre tiende a más de todo (impulsado por el motor del interés – lógica que las monedas sociales con oxidación tratan de compensar), lo que redunda en crecientes impactos sociales y medioambientales:

Círculo del crecimiento, impulsado por la deuda y su devolución sujeta a interés.

A pesar de que algunas teorías económicas no admiten esta relación en el largo plazo (por ejemplo la Curva de Kuznets Medioambiental, CKM), el movimiento decrecentista y ecologista en general estima que los impactos son evidentes y son ya muy dañinos (más del 60% de los ecosistemas mundiales están en serio declive según la ONU [MEA 2005]): amén de otras limitaciones, la KZM estima que los daños medioambientales son reversibles, sino totalmente, sí en gran medida. Como ya vimos, esto no es cierto en todos los casos; y si no siempre se puede preguntar al Dodo… Sobre la importancia de la biodiversidad, que tiende a ser un concepto algo “abstracto” para nosotros homo urbanus, es interesante recordar aquel proyecto impulsado desde 1958 por Mao (en el marco de lo que se llamó, irónicamente el “Gran Salto Adelante”) en el que la población de gorriones de China fue prácticamente exterminada con el pretexto de que diezmaban las cosechas. Resultado: en los siguientes años aprendieron que los gorriones también actuan como controladores de plaga. ¿Cómo? Sufriendo la mayor hambruna de su historia con cifras que rondan los 40 millones de muertos, ¡hasta se vieron obligados a importar gorriones de la URSS! bendita solidaridad internacional. Este es un ejemplo interesante en el que la desaparición de una sola especie trastoca todo el ecosistema con repercusiones dramáticas también para la población humana. Y los estudios científicos indican que estamos en camino de la Sexta extinción (la tasa de extinción ya es superior a 4 de las 5 grandes extinciones que se han producido a lo largo de la historia, como se puede ver en el gráfico más abajo). ¿Seremos capaces de detener esta sangría según prevee la ECK?

En el eje horizontal se expresa la extinción absoluta, el número total de especies extinctas. En el eje vertical, se expresa la tasa de estinciones. Como se puede ver, actualmente la tasa es superior a todas las extinciones masivas excepto la del Cretácico. Fuente, [Barnovsky et. al 2011].

Así pues, un proyecto decrecentista en esencia tendría que ser capaz de romper este círculo vicioso. Desde el punto de vista del trabajo, esta propuesta se concreta retomando una vieja demanda sindical (¿recordáis por qué se celebra el 1 de mayo?) pero que ha quedado olvidada en algún desván polvoriento: alcanzar la justicia social mediante el reparto del trabajo y la reducción de la jornada laboral.

Matxalen realizó una reflexión en torno al modo de valorización del TRABAJO frente a la monetarización y expuso las ventajas de basarse en políticas del tiempo para valorar todos los tipos de trabajos y el tiempo en todas sus dimensiones, defendiendo los Bancos de Tiempo como herramientas con muchas posibilidades.

Y por último y rompiendo con el paradigma occidental, Lorena explicó cómo el concepto TRABAJO no tiene cabida en la cosmogonía indígena: así, en lugar de “ir a trabajar a la huerta” ellos dirían “estoy con la azada en la huerta”, enfatizando la parte relacional y de compañía mediante la preposición “con”. Admite que obviamente el paradigma occidental de trabajo les ha alcanzado mediante el sistema capitalista. Sin embargo, recuerda que ya antes de que llegara el capitalismo occidental ya existía lo que el feminismo comunitario identifica con el “patricarcado ancestral originario”.

Seguiremos informando.

Iñigo Capellán Pérez

Referencias

[Millennium Assessment Report, 2005]  < http://www.unep.org/maweb/en/index.aspx >

[Barnovsky et. al 2011] Barnosky, A.D., Matzke, N., Tomiya, S., Wogan, G.O.U., Swartz, B., Quental, T.B., Marshall, C., McGuire, J.L., Lindsey, E.L., Maguire, K.C., Mersey, B., Ferrer, E.A., 2011. Has the Earth/’s sixth mass extinction already arrived? Nature 471, 51–57.


Charla sobre decrecimiento

Este año el decrecimiento es el tema estrella. Ya van … cinco charlas: en el curso sobre los límites del crecimiento, en la asociación de vecinos de San Juan, en Fuente Dorada el 15O, en el  Barrio Belén y este miércoles en Santander, para profesores de instituto. ¡Esto pasa por investigar un tema interesante!  :)

La verdad es que está gustando mucho esta charla sobre crecimiento, decrecimiento y por qué no dejamos de crecer. Yo creo que hay muchas cosas que se están ocultando y que la gente tiene que saber, y hay aspectos de la energía y la tecnología y de la relación de la energía con el crecimiento que muy pocas veces son contados y son vitales para entender qué está pasando hoy en el mundo.

Esta vez he hecho un esfuerzo y he juntado lo mejor de las últimas charlas y  comentado largamente las diapositivas. Yo creo que se puede leer como un documento y enterarse más o menos de todo, os lo podéis descargar aquí.

Espero que os guste.

Marga Mediavilla