“Cambio climático, modelos e IPCC”

“Un análisis de la metodología del IPCC revela luces pero también sombras. Mientras que el diagnóstico del problema resulta notable, las soluciones planteadas para reducir esas emisiones adolecen de importantes sesgos, y están muy condicionadas por el paradigma científico, tecnológico y social imperante. Pero también se ignoran diferentes dinámicas, interacciones y realimentaciones de los sistemas que pueden ser muy relevantes a la hora de agravar el ya dramático problema del cambio climático.”

Artículo completo publicado en el número 84 de la revista El Ecologista (Marzo 2015):

 


Manifiesto Última Llamada

Este lunes se ha presentado a la prensa un manifiesto (en cuya redacción hemos colaborado) y ha conseguido la adhesión de más de 200 personas relevantes de la vida académica, social y política  como Alberto Garzón, Pablo Iglesias Turrión, Ada Colau, Juantxo López de Urralde, Marina Albiol, Cayo Lara, Alicia Puleo, Jorge Riechmann, Arcadi Oliveres, Enric Duran, Teresa Forcades, Xose Manuel Beiras,  Belén Gopegui, Esther Vivas, Joan Martínez Alier, José Manuel Naredo, María Eugenia Rodríguez Palop, Yayo Herrero, etc.

El manifiesto tiene por nombre Última Llamada. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización y su texto íntegro lo reproducimos más bajo (también se ha creado una red donde se recoge y donde se admiten adhesiones de ciudadanos particulares, se puede consultar aquí).

En el mismo se hace una llamada a mirar mucho más allá de las causas inmediatas de la crisis económica y tomar conciencia de que estamos ante un auténtico cambio de civilización porque la actual sociedad de consumo no es sostenible, y lo que llamamos crisis es en gran medida un síntoma del choque de nuestra sociedad contra los límites del Planeta.

Esperemos que esta llamada de atención sea escuchada y los sectores sociales que buscan alternativas al liberalismo actual no se conformen con las soluciones del siglo pasado sino que busquen alternativas adecuadas para este siglo que, de seguro, va a estar marcado por el enorme reto ambiental.

Marga Mediavilla

 

 

Última llamada»

Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización

Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

— En diversos lugares de la Península Ibérica, Baleares y Canarias, y en el verano de 2014.


Cuando decimos que es la Última Llamada es porque esto se acaba, ya hemos empezado la cuesta abajo y la tecnología no nos va a salvar

En estos días un grupo de científicos, ecologistas y activistas sociales hemos redactado un manifiesto  para llamar la atención sobre un tema que está ausente de la mayor parte de los debates políticos y cuya importancia, creemos, es enorme.

Cuando uno quiere llamar la atención lanza frases de urgencia, y, por ello, el manifiesto se titula “Última llamada. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización”. Desgraciadamente esta sociedad está demasiado acostumbrada a la urgencia y, quienes no conocen los datos básicos,  nos pueden tachar de alarmistas y contestar con el típico mantra que se suele aplicar a estos casos: “ya  muchos antes han profetizado  el fin del mundo  y eso nunca ha sucedido”.

Por ello me gustaría pedir a las lectoras y lectores que nos den, simplemente, un momento para explicarnos. Antes de acusarnos de fustigar las conciencias con “sermones sobre el Apocalipsis”, por favor, escuchen por qué decimos que, ahora especialmente, estamos viviendo una  última llamada.

En estos primeros años del siglo XXI la humanidad está viviendo un momento especialmente crítico porque nos enfrentamos al deterioro de todos los recursos naturales sobre los que descansa nuestra civilización. Muchas personas son conscientes del problema que suponen la contaminación o el cambio climático, pero estos no son los únicos problemas globales que tenemos. Mucho menos conocidos, pero mucho más obvios, son los problemas relacionados con la escasez de recursos naturales (deterioro de acuíferos, tierras fértiles, pesquerías) y, además  un problema especialmente importante para la tecnología: el agotamiento de los combustibles fósiles de los que depende el 80% de nuestra energía.

De todos estos límites naturales quizá el energético sea el más decisivo y, probablemente, también el más desconocido. Es decisivo porque toda la tecnología descansa sobre el uso de energía y porque  gran parte de las soluciones a problemas como el agotamiento de las tierras fértiles, los acuíferos o el cambio climático, también requieren de energía para poder ser contrarrestados.

Los combustibles fósiles están empezando a dar señales de agotamiento, especialmente el más versátil y utilizado: el petróleo. En las revistas científicas (ver figura 1) ya hace tiempo que se habla ampliamente de un fenómeno conocido como cenit o pico del petróleo (“peak oil”) que nos dice que, cuando los pozos empiezan a mostrar signos de agotamiento, la extracción se hace forzosamente más lenta. Este fenómeno se está observando ya: la producción de petróleo crudo está cayendo desde el año 2006. Los sustitutos a este petróleo barato y fácil de extraer (como los extraídos mediante fractura hidráulica, de peor calidad y mucho más contaminantes) apenas están consiguiendo aumentar la producción y los expertos coinciden en que antes de 2020 veremos una disminución neta de la producción de petróleo mundial (más detalles).

Si el declive del petróleo se está observando en esta década, el del gas natural se prevé antes de 2035 y el cenit del carbón y el uranio, aunque pueden demorarse un poco más, tendrá probablemente lugar alrededor de 2050 (dependiendo de hasta qué punto su explotación aumente para compensar el declive del gas y el petróleo).

Ante este hecho, una se pregunta si la tecnología va a ser capaz de proporcionarnos alternativas en forma de energías renovables, fusión o tecnologías del hidrógeno. Esta pregunta es la que nuestro grupo de investigación ha intentando responder con un  estudio que hemos llevado a cabo en los últimos siete años. Para ello hemos realizado un análisis detallado de los recursos energéticos mundiales y las tecnologías alternativas con ayuda de simulaciones matemáticas por ordenador. Ello nos ofrece una perspectiva muy amplia de lo que probablemente va a ser el futuro energético del siglo XXI (trabajos anteriores sobre aspectos parciales  se pueden ver aquí, y aquí ).

Los resultados se pueden resumir en las gráficas de la figura 2. En ellas comparamos la demanda de energía mundial que tendría lugar si continuamos con las tendencias actuales de crecimiento económico y mejora de la eficiencia, con la producción máxima de energía de todo tipo que vamos a poder poner en marcha.

Las conclusiones del estudio son claras: no tenemos tiempo. Deberíamos haber empezado el cambio tecnológico unas décadas antes. En estos momentos las energías alternativas no pueden compensar el declive, especialmente por la falta de sustitutos a los combustibles líquidos, muy dependientes del petróleo. Si hubiera tecnologías  mejores por descubrir, no van a llegar a tiempo, porque la tecnología necesita décadas para su desarrollo y el declive empieza ya. Esto quiere decir que vamos a vivir un descenso global de la energía, que va  a ser especialmente importante en esta misma década para el sector del transporte.

Estamos empezando la cuesta abajo. Hemos vivido siglos de constante aumento del consumo apoyándonos sobre la energía abundante de los combustibles fósiles y ahora esa energía empieza a disminuir. Empujados por la dinámica demencial de una sociedad basada en el crecimiento, hemos dormido durante décadas cerrando los ojos a lo obvio: los combustibles fósiles no pueden durar siempre.

El pico del petróleo y  el cambio climático  nos dicen claramente una cosa: ya hemos perdido el avión. El avión de un futuro de consumo creciente impulsado por un fabuloso desarrollo tecnológico se ha marchado ya. Es inútil quedarnos en el aeropuerto esperando a ver si viene otro. En estos momentos lo que tenemos que hacer es ir corriendo a la estación a ver si todavía podemos coger el tren. El tren de un modelo de desarrollo basado en energías renovables y  compatible con el Planeta está en el andén, pero tampoco espera  y los altavoces de la estación están dando el aviso de salida.

Podemos oír las llamadas de urgencia como la que pretende ser nuestro manifiesto, asustarnos un poco y correr al andén… pero también podemos descalificar a los “agoreros”, quedarnos sentados esperando que nos salve la tecnología y perder el tren. Eso no sería el fin del mundo. Si perdemos el tren de una sociedad industrial sostenible, la vida en el Planeta probablemente continuará y no será el fin de la raza humana. Lo que pasa es que solo nos quedará la opción de realizar el viaje en bicicleta. Nos veremos, probablemente, embarcarnos en un turbulento siglo de guerras por los recursos, estados de caos social, destrucción y declive tecnológico hasta que las sociedades humanas se acomoden a civilizaciones sostenibles con niveles de vida mucho más modestos que los actuales y en un mundo de recursos escasos.

No es cuestión de que cunda el pánico pero sí tenemos que darnos prisa. Una civilización basada en energías renovables, que no sobrexplote los ecosistemas y que mantenga un nivel de vida aceptable para toda la población humana todavía es posible, pero sería una sociedad muy diferente a la que conocemos. Tenemos que realizar un cambio de una magnitud enorme, y eso no se puede hacer en dos días. La transición es posible, pero tenemos que abrir los ojos y hacer caso a los avisos. El tren no espera.

Marga Mediavilla

 

Figura 1. El pico del petróleo es un tema ampliamente debatido en las publicaciones científicas especializadas en política energética. En las figuras se puede ver el resultado de introducir el término “peak oil” en el buscador de dos de las revistas más relevantes en este tema Energy Policy (con 214 resultados) y Energy (61).

 

Figura 2: Resultados del modelo WoLiM (World Limits Model) para la energía para el sector transporte (arriba) y para la energía total (energía primaria, abajo). Las estimaciones de energía de diferentes fuentes son comparadas con la demanda prevista según las tendencias de crecimiento económico e intensidad energética actuales. Las tecnologías alternativas se han estimado en estos resultados según las tendencias actuales de desarrollo. En el estudio completo (todavía en proceso de revisión) se han desarrollado también escenarios con mayores desarrollos tecnológicos obteniéndose resultados que arrojan conclusiones muy similares, especialmente en lo referente al sector transporte.

 

 


Visiones del cielo y del infierno de la crisis (energética)

Fue en el año 2007 cuando escribí estos textos. Todavía estábamos en plena burbuja inmobiliaria y el paisaje de nuestras ciudades estaba lleno de grúas y edificios en construcción. Algunos habíamos oído hablar del pico del petróleo y de la enorme burbuja financiera que se estaba preparando y pensábamos que el pinchazo iba a ser mucho mayor de lo que se esperaba. Entonces me dio por escribir estas dos visiones de futuro desde el punto de vista de la crisis energética: una positiva que llamé “el cielo” y otra negativa, “el infierno”. Han pasado apenas seis años y, de momento, se puede constatar que estamos yendo hacia “el infierno” con bastante fidelidad, aunque también es cierto que está surgiendo un deseo de cambiar hacia muchas de las cosas que se describen en “el cielo”.

Esperemos que rememorar estos textos pueda servir para que encontremos una salida a esta crisis, que probablemente está mucho más causada por la energía de lo que se suele pensar y cuya solución probablemente pasa por virar a este “cielo”. Un cielo muy diferente del modelo consumista actual y que puede parecer austero, pero es una utopía atractiva en muchos aspectos y, sobre todo, coherente con el futuro de baja energía que – cada vez se ve más claramente- nos va a tocar vivir.

El infierno de la crisis energética

Parece mentira que los anuncios de la tele sigan repitiendo ese espejismo manido de antes de la crisis energética. Seguimos viendo anuncios de complacientes y aletargados muchachos en eterna y fácil juventud que incitan a consumir compulsivamente. Y digo yo que a quien irán destinados los anuncios, si la gente que conozco no tiene con qué consumir. Aunque consumidores para esos anuncios de la abundancia habrá, ya lo creo. En las urbanizaciones de la periferia se sigue manteniendo el estilo de vida de antes. Urbanizaciones cercadas con grandes muros y vigiladas por toda una corte de seguratas. Los miembros de estas elites se siguen desplazando en automóvil, hacen ostentación porque se lo pueden permitir, aunque se les vaya en ello el salario… Bueno, el salario no, la renta, porque este país se ha convertido en una aristocracia. Los dueños de las grandes empresas y los banqueros, se han convertido en terratenientes y propietarios de los pisos y viven de las rentas.

Los demás seguimos atados al transporte público, escaso y abarrotado, pero siempre “deficitario” lo que hace que el Ayuntamiento siga sin invertir en ello y tengamos que aguantar colas, esperas interminables y largas jornadas laborales que se incrementan con el tiempo del transporte. El caso es que siguen existiendo miles de viviendas vacías en el centro de las ciudades, pero pertenecen a las elites que no quieren vender a los precios actuales, esperan a encontrar una buena coyuntura o a que las viviendas se derrumben. Los demás, ni vivimos en el campo, lo cual tiene la ventaja de poder cultivar algunas verduras, ni vivimos en el centro de la ciudad, lo cual tiene la ventaja de no depender del transporte. Tampoco podemos marcharnos al campo, porque todas las ganancias del boom inmobiliario se vertieron hacia la agricultura y la tierra se ha concentrado en agrobusiness enormes. Estamos volviendo a lo que antes llamábamos aristocracia latifundista. Ante todo esto, los ocupas proliferan, tanto en el campo como en la ciudad, pero la represión es feroz.

Muchos se han lanzado a la bicicleta, pero las noticias de ciclistas muertos son el pan nuestro de cada día. Las ciudades son, si cabe, más agresivas que antes. Hay menos coches, pero siguen siendo muchos y, ante la falta de alternativas, los que tienen la suerte de tener un salario, destinan gran parte de su sueldo al automóvil. Se consume biodiesel aún sabiendo que se está deforestando el planeta con ello. No hay carriles bici ni respeto a los ciclistas. Los miembros de las elites hacen gala de sus 4×4 y se burlan de los ciclistas, porque ciclista es sinónimo de pobre.

La electricidad más o menos tiene un suministro estable, porque es de origen nuclear, pero los precios son astronómicos, el uranio escasea. Dicen que van a tener que cerrar centrales dentro de poco por falta de uranio y no sé qué tendremos que hacer para calentar mínimamente las casas. Lo que no tenemos son combustibles, ni vehículos eléctricos, ni trenes, ni tranvías, seguimos con los coches de gasolina de hace 15 años. Los únicos trenes que circulan bien son los pocos AVE que se construyeron entonces, pero lo hacen a 60 km/h para ahorrar energía, pero, como por ser AVE son muy eficientes, todavía se mantienen como uno de los pocos servicios públicos.

El combustible escasea muchísimo, pero la gente, cuando consigue unos litros, sólo lo quiere para darse un paseo en su coche. No se dan cuenta de que deberíamos racionar el combustible para que tengan gasóleo los tractores. Como los agricultores no tienen gasóleo y sus ingresos están por los suelos, se está volviendo a la yunta de bueyes. Incluso se cosecha con cosechadoras manuales, tiradas por inmigrantes. De todas formas los salarios son tan bajos, las condiciones laborales tan desreguladas, y hay tanto trabajo negro, que llegaremos a segar con hoces.

Los alimentos están por las nubes. Hay mucha malnutrición infantil, aunque la gente no lo quiera ver. Muchos niños no comen más que pan y patatas, pero se oculta, estas cosas no salen en las noticias. A pesar de todo, vas al supermercado, y todos los alimentos están envueltos en plásticos y cartones de colores, como antes. Por dentro no saben a nada, yo creo que no comemos más que plástico. Las grandes cadenas distribuidoras copan toda la distribución, las pequeñas tiendas terminaron de hundirse con la crisis.

El espejismo se sigue manteniendo en los medios de comunicación, que sólo exaltan lo bien que marcha la economía, el crecimiento económico que hay y cómo hemos salido de la crisis. Sin embargo la gente trabaja cada vez más y en peores condiciones, la seguridad social, las pensiones y los salarios se deterioran. Los inmigrantes siguen viniendo a pesar de que aquí no hay trabajo, en África la situación es todavía más dantesca. Aquí se enfrentan a los grupos nazis, que proliferan como las setas, ante la pasividad general. Los obreros tienen que culpar a alguien de sus problemas y no se atreven a meterse con los de arriba. Todos los medios de protesta han sido suprimidos: el miedo al terrorismo anarquista e islámico ha callado la boca a cualquier disidencia. Los anarquistas han tomado la senda violenta y eso ha sido la cuartada perfecta: cualquier crítica al capitalismo termina en la cárcel.

Nuestra red de la patata sigue trabajando en la clandestinidad. Cogemos el coche eléctrico que construyo Javier y nos turnamos para ir por las noches a la huerta, a la lechería de Megeces y a Cabezón a por alubias y trigo. Eso nos ayuda bastante, son alimentos de buena calidad, de agricultores ecológicos de toda la vida que todavía aguantan. Nos las arreglamos para pagar a base de servicios y de jornales en el campo cuando no aceptan el dinero devaluado. Pero todo ello expuestos a las inspecciones de sanidad, porque la venta directa está prohibida y además nos vigilan como grupo anarquista.

El cielo de la crisis energética

Desde que, en el 2006, el precio del petróleo empezó a subir y comenzó la crisis energética, las bicicletas se han adueñado de las ciudades. Cuando la industria del automóvil entró en decadencia y se cerraron las fábricas, la gente declaró la guerra al automóvil. No se podía permitir que el coche consumiera el combustible que se necesitaba para producir alimentos. Las protestas ciudadanas consiguieron normas que obligan a pintar un carril verde para bicis en todas las calles de dos o más carriles. Lo bueno es que el aire está más limpio y, aunque no hay dinero para invertir en obra pública ni en jardines, las ciudades son más amables, silenciosas, amplias y limpias ahora que no hay tanto coche.

El combustible está muy racionado y se dedica a la agricultura, la industria y el transporte más necesario. Resulta difícil comprar gasolina para las vacaciones, pero para usos privados está disponible la electricidad: trenes, motocicleta y pequeños coches eléctricos. Aprovechamos para cargar la batería cuando hay exceso de viento, entonces los precios de la electricidad están tirados. Se ha puesto de moda el turismo en bicicleta, y la verdad es que es bonito. Benidorm y otros grandes centros turísticos de sol y playa todavía siguen siendo populares, el acceso mediante ferrocarril y bus los hace bastante asequibles, aunque ahora ya no hay casi extranjeros, el avión se ha convertido en un lujo.

Los apagones son frecuentes en invierno en los días que no hay sol ni viento. Pero lo que se ha hecho bien es lo de las calefacciones. Prácticamente no quedan viviendas sin sistemas de ahorro energético y paneles solares, y se nota que en invierno, aunque no haga el calor de antes, no se pasa frío en las casas. Cada pueblo tiene su molino y cada casa su panel, y aunque antes nos parecían antiestéticos, ahora no se queja nadie.

Gracias al estricto uso del combustible los precios de los alimentos han dejado de subir. Además se han dedicado ingentes esfuerzos en aplicar y desarrollar tecnologías de agricultura orgánica. Las asociaciones de recuperación de razas autóctonas y técnicas tradicionales hicieron un papel muy importante durante los últimos años del siglo XX, gracias a ello se ha avanzado mucho. Casi un tercio del presupuesto en I+D va a parar a ese capítulo, otro tercio o más va destinado a investigación energética, es lo más importante.

El campo sigue necesitando trabajadores y, aunque parecía imposible, los pueblos de Castilla se están volviendo a llenar de niños. En cierta forma, Castilla y León se ha convertido en la avanzadilla progre de España, llena de comunas autosuficientes que han vuelto a la tierra.

Además se ha legislado para potenciar las fincas y los pequeños propietarios, ya que la agricultura biológica necesita de un laboreo más cuidadoso y en pequeñas explotaciones. Las producciones biológicas, aunque son algo menores, son ricas en vitaminas y minerales y las campañas para concienciar a la población sobre la necesidad de consumir menos carne y tener una buena alimentación vegetariana están surtiendo efecto.

Los mercados tradicionales han vuelto a florecer. Los centros comerciales están demasiado lejos para la bici y las grandes empresas distribuidoras han quebrado casi todas. A los campesinos les resulta rentable venir a la ciudad a vender directamente, y eso se nota en la calidad de los productos. La normativa sanitaria, que en ocasiones era tan absurda, se ha relajado para permitir vender sin tanto envase.

Eso sí, el chocolate y el café se han convertido en las angulas del siglo XXI. Apenas se producen, a pesar de que se venden a precio de oro. Después del gran crash bursátil los países pobres decidieron dejar de pagar la deuda externa: si nadie podía pagar las deudas ellos menos. A partir de entonces se volcaron en la producción de alimentos para su mercado interno y muchos países cortaron sus relaciones comerciales internacionales y salieron de la OMC. Sin deuda externa y con un comercio internacional muy reducido no había razón para seguir cultivando cacao, café o azúcar de caña para biodiesel. Lo curioso es que, pese a la crisis mundial, ha disminuido espectacularmente el hambre en el mundo y han mejorado la alfabetización y la asistencia sanitaria. Cosas de la deuda.

Según los indicadores de PIB todavía seguimos en recesión, pero la gente vive mejor que hace unos años, y eso se nota en la cesta de la compra y en la calidad de vida, aunque la Bolsa no se recupere. Se han seguido políticas de vivienda eficaces y es sencillo encontrar vivienda en alquiler a precios muy asequible. El boom inmobiliario del 2006 dejó las ciudades españolas llenas de viviendas vacías, que ahora han permitido bajar los precios y dar alquileres sociales. Por otra parte los niños y los jóvenes están mejor atendidos, y gran parte de los problemas sociales han disminuido. El fomento de la jornada reducida ha hecho que el poco trabajo existente se reparta mejor. Los salarios son bajos, pero por lo menos no hay desempleo. Además el empleo a tiempo parcial ha hecho que las familiar recuperen su tiempo. Hay más gente en asociaciones y en la calle. Muchos amos y amas de casa están aprendiendo en programas de autosuficiencia a vivir mejor con menos dinero: huertos domésticos, talleres de costura y bricolaje, microempresas…

Pero lo que más me gusta a mi últimamente es la televisión. El abotargamiento consumista ha dado paso a una época de gran creatividad. La música, el teatro, el cine, la literatura… Todos ellos han florecido y se han convertido en maravillosos instrumentos de creatividad cultural.

Se ha terminado aquella presión obsesiva por el consumo que abotargaba todos nuestros sentidos. La calle ha vuelto a ser el lugar para pasear, para jugar, para hacer música y hablar, no sólo un gran centro comercial lleno de coches. Parece que se están empezando a encontrar energías renovables más rentables. Dicen que en diez años ya no necesitaremos combustibles fósiles y conseguiremos aumentar la eficiencia energética de nuestra sociedad un 20%. Dicen que todavía tenemos que reducir nuestra huella ecológica un 30% para llegar al equilibrio económico-ecológico y que ese es el principal objetivo de la política del gobierno, pero se está trabajando mucho en eficiencia y es posible que lleguemos en menos de diez años.

Además a mí nunca me gustó ir a los centros comerciales y ya entonces iba de vacaciones en bicicleta. A pesar de lo que dicen, la vida consumista de antes no era tan buena, estábamos todos neuróticos corriendo de un lado para otro. Hemos perdido cosas, algunas muy buenas, como los viajes en avión y la posibilidad de conocer otros países fácilmente, pero también hemos ganado lo más importante: el tiempo para disfrutar de la vida.

Marga Mediavilla

También publicado en Último Cero


Petropolis

La crisis energética está determinada por el declive de las energías fósiles convencionales “buenas” (baratas, fáciles de extraer, alta densidad y rentabilidad energética) y el proceso de sustitución por fósiles no convencionales “malas” (caras, difíciles de extraer, baja densidad y rentabilidad energética, además de enormes impactos ambientales).

O más visualmente, del paso de esto:

A esto:

Como se suele decir en estos casos, una imagen vale más que 1000 palabras (y muchos posts).

Iñigo Capellán Pérez


¿Renacimiento nuclear o Garoña?

Garoña ha anunciado este viernes 14 pasado su enésima “amenaza” de cierre, aunque parece que esta vez va más en serio que las demás y dan definitivamente por perdido el pulso con el Gobierno. Para la industria nuclear acaba de nacer el “mártir Garoña” y tratarán sin duda de sacarle el máximo partido. Sin embargo más adelante en el post veremos que económicamente es un disparate continuar para Garoña con las nuevas condiciones establecidas por el Gobierno.** Y para la comarca no debería de tratarse de ninguna tragedia si se aprovecha la oportunidad para una transición inteligente de futuro. Conviene desdramatizar la situación: en España por cada GWh generado la eólica generaba antes de la crisis casi 5 veces más de empleo (el doble actualmente) en proporción que Garoña, lo que con 5 millones de parados es una muy buena noticia:

(Referencias: [Balances 2010], aquí y aquí)

Pero vayamos por partes.

Desde el final de la década de los años 2000 se ha producido un cambio de discurso en la política de diversos gobiernos, más favorable a la energía nuclear y la industria se apresuró a acuñar el término de “renacimiento nuclear”. Esta postura constituyó un cambio frente al enfriamiento que produjo el bombazo de 1986 de Chernóbil. Así, el “renacimiento nuclear” se extendió entorno nuestro y las bondades de la reacción controlada en cadena parecían compensar sus inconvenientes (al fin y al cabo, ¡todas las fuentes de energía las tienen! También las renovables…). Por supuesto, una sociedad que idolatra la tecnología, y por tanto las soluciones tecnológicas constituye un caldo de cultivo proclive a este razonamiento (y algún lector se preguntará, ¿pero en vez de solucionar no será que crean problemas?).

En España, la energía nuclear viene cubriendo entorno al 20 % de la generación eléctrica. Como desde hace casi 20 años no se construye una central, esta proporción se ha ido reduciendo a medida que aumentaba la demanda. Respecto de la energía consumida útil en el país, la energía nuclear constituye apenas el 4,5 % (pensad que del total energético consumido útil, sólo un 21 % de la energía es eléctrica). Del resto, casi la mayoría (más del 70%) son productos derivados del petróleo y del gas. Por lo que convendría en el debate sobre energía nuclear en primer lugar separar churras de merinas, y entender que el pico del petróleo es un problema cuantitativa y cualitativamente diferente (se puede producir energía eléctrica de muchas formas; pero no se pueden sustituir así como así la excelente calidad energética de las energías fósiles).

Hemos dado las cifras en energía útil. Es ciertamente interesante que las estadísticas oficiales facilitadas por el Ministerio [Balances 2010] omitan a la energía nuclear de las tablas de energía final pero sí la desglosen cuando se representa la energía primaria. Y cuando se sabe que el ratio de energía primaria es el triple que de útil (o sea que se desperdician 2/3 sistemáticamente de la energía nuclear obtenida en el reactor), que a pesar de que el uranio proviene de países como Rusia, Australia, Niger, Kazajistán, Canadá, etc. se considera la nuclear como energía autóctona, y sabiendo que el mercado energético nacional es un juego de Oligopoly, las cosas parecen cuadrar más.

 A nivel mundial los datos son similares: en 20 años su participación en la generación eléctrica mundial ha caído hasta el 14% en 2011. En cuanto a energía final útil, su parte de la tarta es casi marginal: menos del 2,5%. Por lo tanto el debate energético “urgente” en estos momentos no pasa por la energía nuclear. ¿Por qué entonces es este debate tan preponderante? Una posibilidad es que la generación nuclear sea tan aberrante que genere un rechazo proporcional. O bien también se puede tratar de una maniobra habilidosa para ocultar los verdaderos problemas (como los Dragones pueden eclipsar gas de esquistos). Sin duda alguna el rechazo está relacionado con el desacuerdo con las armas atómicas. Muy probablemente el Oligopoly también tenga que ver: si hay enormes centrales, habrá pocas centrales, si hay pocas centrales habrá pues pocas compañías operando. Para muestra un botón: la Central de Ascó produce ella sola entorno al 6 % de la energía eléctrica anual en España, y Endesa es su única propietaria. En realidad sólo 2 empresas: Iberdrola y Endesa (y mínimamente Gas Natural) son propietarias de todo el parque nuclear español.

(*Para un análisis del ciclo completo del uranio recomiendo leer el post de Antonio Turiel: “Los verdaderos riesgos de la energía nuclear”.)

 Volviendo al tema del “renacimiento nuclear”, de hecho esta expresión constituye más una especie de estado de ánimo o voluntad que de expresión de la realidad. Como prueba el siguiente gráfico, en el que se muestra el histórico de número de reactores enchufados (en verde) y desenchufados de red (en naranja) a nivel mundial:

[Schneider 2012]

Se han identificado varias causas claras de este declive a nivel mundial ([Schneider 2009 y 2012] para más información):

1- La “no-abundancia” de los recursos minerales de uranio,

2- Dramática escasez de personal cualificado

3- Mercados liberalizados; recordemos que mientras las empresas se quedan con el beneficio de la explotación, tanto el desmontaje como la gestión ad infinitum de los residuos nucleares es tradicionalmente responsabilidad del Estado. Además, en caso de accidente grave, se puede imaginar el lector quién paga la factura (aparte de las consecuencias directas en la población que se pudieran producir). Una versión más del muy conocido “privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas”.

Así, tras la “toma de experiencia por parte de los gobiernos” de los verdaderos costes de la energía nuclear y la (semi)liberalización de los mercados eléctricos, no parece que abunden inversores ni empresas dispuestas a involucrarse en proyectos que requieren inversiones tan elevadas, con tanto coste, y cuyos beneficios no están tan claros cuando no se externalizan los inconvenientes (o cuando no se asegura que durante las varias décadas de operación éstos no vayan a ser internalizados).

4- La energía nuclear es la único cuyos costes aumentan en el tiempo (principalmente para asegurar niveles de seguridad).

De nuevo tomamos como ejemplo la central de Santa María de Garoña. Se le pide un impuesto para “contribuir” al coste de la gestión de los residuos de más de 150 millones de euros anuales, y unas mejoras de seguridad post-Fukushima (ambas centrales son tecnológicamente hermanas) de más de 120 millones de euros. Teniendo en cuenta que los beneficios anuales son de “sólo” (!) 250 millones y estaba previsto su cierre en julio, las cuentas están claras. Esto es lo que ocurre cuando se internalizan (una parte de) los costes de la tecnología nuclear: ¡que sencillamente ya no es rentable!

En palabras de [Schneider 2009]:

“La situación en la segunda década del siglo 21 será radicalmente diferente de la década de 1980. En los primeros días de la la industria nuclear se sabía menos sobre los desafíos financieros y técnicos de la cadena del combustible nuclear, y este vacío proporcionó a la industria un margen sustancial. Las instalaciones nucleares se beneficiaron de la capacidad de pasar gran parte del riesgo de la inversión a los contribuyentes, aplazar las preocupaciones sobre residuos nucleares y desmantelamiento de las plantas, y no hacer frente a la competencia de los diferentes generadores y de los mercados competitivos de electricidad. Teniendo en cuenta la pérdida de cientos de miles de millones de dólares de capital en las anteriores oleadas de construcciones nucleares, y obviando los problemas existentes en gestión de residuos, proliferación, y financiación, el desafío a los grandes planes nucleares es inevitable.”

“Simplemente, las ratios de inversión y construcción de la década de los 80 no se pueden repetir treinta años más tarde. La industria nuclear y las empresas enfrentan desafíos en un ambiente industrial que ha cambiado radicalmente. Hoy el sector, público o privado, tiene que afrontar gastos de gestión de residuos y desmantelamiento que superan con creces las estimaciones del pasado, incluso si la parte del león del coste es, a menudo, asumida por fondos públicos. También tiene que competir con un sector del gas y del carbón en gran parte modernizado, y con nuevos y potentes competidores en el nuevo sector de las energías renovables.

El accidente de Fukushima viene a dar la puntilla a la ilusión del “renacimiento nuclear”; Japón, Alemania, Italia, etc. son demasiados renuncios significativos. A corto y medio plazo la industria sólo puede aspirar a mantener lo que hay, y probablemente aparecer en los mercados emergentes (China, India, etc.) empleando como eficaz argumento la mitología de la tecnología de occidente y el complejo de imitación que éstos poseen.

Garoña no lo han cerrado los ecologistas (¡ya les gustaría tener tanta influencia!), ni un órdago de las eléctricas, ni una obsesión por el Gobierno del PP por incumplir todas sus promesas electorales; sino simple y llanamente las tendencias mundiales del sector: todo el mundo ha oido hablar de Garoña, pero ¿quién ha oído hablar de algún nuevo proyecto en España (y prácticamente en Europa) de central nuclear en los últimos 20 años?

Por último, romper una lanza por la Wikipedia, que es capaz de producir artículos tan buenos y sopesados como el de la “Energía nuclear en España”.

Iñigo Capellán Pérez

Addendum 19-12-2012

** Según Francisco Castejón, portavoz para temas nucleares de Ecologistas en Acción: “El impuesto sobre el combustible gastado que se debatirá mañana en el Congreso supondría una carga mucho menor para Garoña de lo que se ha declarado oficialmente. Frente a los 150 millones de euros de los que hablaron los propietarios de la central nuclear, los cálculos realizados por Ecologistas en Acción apuntan a sólo 24 millones anuales”. Ver noticia completa aquí.

Referencias

[Balances 2010] Estadísticas y Balances energéticos”. Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Consultado el 10-4-2011. <http://www.minetur.gob.es/energia/balances/Balances/Paginas/Balances.aspx>

[Schneider 2009] Mycle Schneider, Steve Thomas, Anthony Froggatt, Doug Koplow (2009): “The World Nuclear Industry Status Report 2009″. <http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20110208101410152>

[Schneider 2012] By Mycle Schneider , Antony Froggatt , Julie Hazemann (2012): “The World Nuclear Industry Status Report 2012″. <http://www.worldnuclearreport.org/>


Más reacciones a la carta abierta

A pesar de que los primeros días nuestra Declaración no tuvo prácticamente repercusión en los medios, a raíz de una entrevista realizada por Europa Press a Carlos de Castro,  se ha difundido mucho más  y hoy hay varios diarios que dan la noticia, aquí están los links de algunos:

 

 

 

 


Respuestas a la carta al presidente

Presidencia del Gobierno ha contestado a nuestra carta abierta, aquí tenéis la respuesta. Un poco más abajo está también nuestra contestación. También se envió a todos los grupos parlamentarios del congreso y   podéis ver  lo que nos han contestado.

 

Respuesta de Presidencia del Gobierno

Madrid 21 de noviembre de 2012

Estimados Señores:

El presidente del gobierno les agradece la confianza que han depositado en él al trasladarle sus sugerencias e inquietudes relativas al modelo energético.

En primer lugar, es mi deseo informarles de que el Ejecutivo ha aprobado el Proyecto de Ley de medidas fiscales para la sostenibilidad energética. Este texto armoniza el sistema fiscal español con una utilización más eficiente de los recursos energéticos, respetando el medio ambiente y logrando la sostenibilidad del sistema eléctrico.

Así, la nueva norma incorpora nuevos tributos y los ingresos obtenidos se destinarán a cubrir costes del sistema eléctrico. En este sentido, se incluye un impuesto uniforme a los ingresos por generación eléctrica, impuestos nucleares y un canon a la producción hidroeléctrica. Además, se aplicará el llamado “céntimo verde” al gas natural para su consumo y para generación de energía eléctrica.

El Proyecto de Ley servirá de estímulo para mejorar los niveles de eficiencia energética, asegurando una mejor gestión de los recursos naturales. Por lo tanto, el nuevo modelo representa una apuesta clara por la sostenibilidad energética y económico-financiera del sistema eléctrico español.

Por otra parte, como saben, en los últimos años algunas tecnologías incluidas en el régimen especial han superado con creces los objetivos de potencia instalada previstos, como es el caso de la energía eólica y las tecnologías solar termoeléctrica y solar fotovoltaica.

Pueden estar seguros de que estamos trabajando sin descanso y con ambición para lograr un futuro mejor para todos.

Reciban un cordial saludo.

 Jorge Moragas, Director de Gabinete de la Presidencia del Gobierno

 

Nuestra respuesta a Presidencia

Valladolid, a 28 de noviembre de 2012

Estimados Presidente del Gobierno y Director de Gabinete de la Presidencia del Gobierno:

En primer lugar quiero agradecer su respuesta, cuyo texto adjunto, en nombre de los firmantes de la declaración y  del mio propio.

Quienes hasta ahora hemos leído su respuesta a nuestra carta sobre el futuro de energía no podemos dejar de tener la impresión de que el mensaje de la misma no ha sido comprendido. A la luz de los datos que están ofreciendo los científicos y agencias internacionales sobre el agotamiento del petróleo, las medidas que el Ejecutivo está tomando, aunque ustedes las califiquen de “ambiciosas”, las compañeras y compañeros que trabajamos en este ámbito científico y con quienes hemos tenido ocasión de compartir su respuesta, las consideramos pequeños parches inapropiados para la gravedad del problema.

Por otra parte, nuestra declaración intentaba alertar de que el principal problema energético en estos momentos se refiere a la escasez de gasolinas y gasóleos debida a la disminución de la producción de petróleo (que ya se está observando) mientras su respuesta se refiere fundamentalmente a la energía eléctrica. Les rogamos que reconsideren una revisión atenta de los documentos surgidos del curso

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?page_id=578

o bien muchos otros trabajos científicos que apuntan en la misma dirección, entre los que se encuentran algunos de nuestro grupo de investigación que explican claramente la diferencia entre los ritmos de agotamiento del petróleo y la energía eléctrica, como este:

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/wp-content/uploads/2012/07/Energia-vision-global.pdf

Así mismo queremos informarles de que enviaremos su respuesta a todos los investigadores y expertos firmantes de la primera declaración para que conozcan su respuesta, y salvo que nos indiquen expresamente lo contrario, publicaremos su respuesta en nuestra página web, donde figura la declaración:

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/

Atentamente,

Luis Javier Miguel

 

Contestaciones a la carta por parte de parlamentarios:

(por orden de contestación)

  • Pedro María Azpiazu Uriarte parlamentario del Partido Nacionalista Vasco. Actual Diputado por Vizcaya.

muchas gracias

  • Alberto Garzón (IU),  Portavoz del grupo Izquierda Plural del Congreso

Te agradezco enormemente que me hayas hecho llegar tanto la declaración como el blog del curso. Es un material muy interesante y que ayuda a centrar muchos de los debates actuales.

  • José Segura Clavell, Portavoz en política energética del grupo parlamentario socialista en el Congreso de los Diputados

Hace ya un par de días he recibido su atento escrito en el que me comunica al igual que a todos los miembros de la Comisión de Industria, Energía y Turismo del Congreso de los Diputados, que recientemente ha tenido lugar un curso en la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad de Valladolid alrededor del sugerente tema de “el futuro de la energía” a la vez que me adjunta una declaración conjunta suscrita por los profesores asistentes al mismo sobre el sugestivo tema de la energía y la sostenibilidad.

Como primera medida quiero hacerle llegar mi agradecimiento por la deferencia que significa que un grupo de expertos e intelectuales motivados por el referido tema que les ha concitado, haya tenido la consideración de conectar con los Diputados que en diferente grado de intensidad analizamos las normas remitidas por el Gobierno y a los que nos corresponde la obligación de profundizar y desde esta institución esencialmente legislativa, coadyuvar al crecimiento de nuestro país.

Como bien sabe, en los últimos días hemos estado dictaminando el proyecto de ley remitido por el Gobierno sobre ?medidas fiscales para la sostenibilidad energética? ante la que los diferentes grupos parlamentarios nos hemos posicionado de diferentes maneras. Por ello es por lo que en otro correo, me ha parecido oportuno hacerle llegar la enmienda a la totalidad que hemos presentado desde el grupo parlamentario socialista así como las enmiendas parciales que hemos presentado al articulado.

 

 

 


Carta abierta al presidente del gobierno: la energía es el problema

Desde hace unos años los científicos que investigamos en recursos energéticos y las personas relacionadas de una u otra manera con la sostenibilidad estamos realmente preocupados. Numerosos geólogos llevan décadas prediciendo que el petróleo va a empezar a entrar en una etapa de paulatino agotamiento, es lo que se conoce como pico o cénit, fenómeno ampliamente reconocido en las publicaciones científicas especializadas.  Desde hace  seis años  los datos  de las agencias internacionales corroboran que este declive está ya sucediendo, mientras vemos cómo el precio del crudo aumenta año a año y se explotan recursos cada vez más remotos y contaminantes. El declive del petróleo no es un hecho aislado, ya que se estima que el resto de los combustibles de origen fósil y nuclear seguirá patrones similares  en las próximas décadas.

Una noticia de esta envergadura debería estar en las primeras páginas de los diarios desde hace seis años, pero no lo está. El petróleo es un recurso clave, que configura todo nuestro actual modo de vida y tiene, además, muy difícil sustitución, por ello su declive no puede dejar de tener gravísimas consecuencias sociales y económicas. Es por ello que un grupo de profesores, científicos, economistas y profesionales relacionados de un modo u otro con la energía hemos querido advertir a la sociedad española firmando esta declaración dirigida al gobierno  y también a toda la sociedad.

Confiamos en vuestra colaboración para la difusión de este hecho, ya que tenemos el firme convencimiento de que si la sociedad es capaz de tomar conciencia  seremos capaces de encontrar a tiempo soluciones  a la crisis energética, pero si seguimos ocultando el problema, cuando queramos reaccionar tendremos muy pocas posibilidades de éxito.

Los firmantes de esta declaración somos profesionales relacionados de un modo u otro con la energía: profesores de universidad, ingenieros, científicos, economistas, etc. El objetivo de la misma es llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre la crisis energética que estamos viviendo, la cual, en medio de la vorágine actual, está siendo olvidada. Lo hacemos porque tenemos el firme convencimiento de que el energético es un aspecto clave de la actual crisis que vive nuestro país.

Por el desarrollo de nuestra actividad profesional sabemos bien que la energía es la base de la tecnología y es, en definitiva, el motor de toda la economía, y vemos que cada vez hay más consenso científico acerca de las previsiones de un importante descenso de la disponibilidad mundial de energía, en primer lugar de la más versátil y usada, el petróleo, a partir de esta misma década. En los datos históricos de estos últimos años se puede observar un sospechoso estancamiento en la producción de petróleo mundial, mientras su precio aumenta. Ello corrobora las predicciones de numerosos expertos que hablan del declive de todo tipo de petróleos en esta década. Es también reconocido por la propia Agencia Internacional de la Energía que el crudo barato y de fácil extracción empezó a disminuir hace seis años. Una disminución similar se espera para el resto de los combustibles: gas natural, carbón y uranio que, con gran probabilidad, habrán entrado en declive antes de 2040.

A pesar de la importancia de estos datos, las noticias sobre la crisis energética, no están en los debates parlamentarios, ni en los programas políticos, y, dada la relevancia que ello tiene para todos los ciudadanos, consideramos que este silencio es una grave falta de responsabilidad política.

Sería ingenuo esperar que este declive y encarecimiento de recursos tan vitales no tuviera importantes consecuencias sobre la economía, especialmente la de aquellos países que, como el nuestro, se han acostumbrado a un alto consumo pero apenas poseen recursos energéticos no renovables. Ya se está haciendo evidente que tenemos muchas dificultades para pagar nuestra factura energética que, sólo para el petróleo, equivale al 4% de nuestro PIB, y más aún en el actual contexto de crisis económica y endeudamiento. Es más, muchos también pensamos que esta escasez energética está en la base de la inestabilidad económica mundial y creemos que no es posible solucionar la crisis económica sin solucionar primero la energética.

Cabe la posibilidad de que, ante el agotamiento de los combustibles fósiles, caigamos en la tentación de explotar recursos cada vez más inaccesibles como el gas o petróleo de esquisto por métodos de fractura hidráulica (como ya estamos viendo en nuestro país). Este tipo de extracciones no dejan de ser sino parches que no resuelven los problemas a medio plazo y ofrecen frecuentemente un remedio peor que la enfermedad, pues tienen nefastas consecuencias sobre recursos como tierras fértiles, bosques y acuíferos, que no sólo son vitales para el medio ambiente y la salud de las personas, sino también el capital que sostiene numerosas actividades económicas.

Ante este agotamiento de los combustibles fósiles sólo cabe una paulatina sustitución por energías renovables, pero conviene no engañarse con utopías tecnológicas, la transición no va a ser sencilla en absoluto. Los datos muestran que el declive del petróleo no va a poder ser compensado, al menos en los tiempos previstos y en los volúmenes que esta sociedad mundial está exigiendo en la actualidad. Los sustitutos tecnológicos que tenemos en estos momentos a nuestra disposición son todos ellos son muy inferiores en prestaciones y llegan demasiado tarde. En estos momentos creemos que la única forma de hacer frente de forma eficaz al pico del petróleo es mediante la adopción de audaces medidas de ahorro.

Por otra parte, es necesario continuar con el desarrollo de las energías renovables para frenar, en la medida de lo posible, el cambio climático y prepararse ante el previsible encarecimiento y declive del carbón, el gas natural y el uranio en las próximas décadas. Para ello es preciso apoyar la investigación en tecnologías de generación, acumulación y eficiencia energética y no frenar la implantación de energías renovables. Todo ello debe hacerse con importantes medidas de regulación desde las administraciones públicas ya que, como estamos viendo, las fuerzas del mercado son muy insuficientes para ello, y en muchos casos sus intereses apuntan en dirección contraria al interés general de la sociedad. Es preciso que se lleve a cabo, además, una importante campaña de concienciación sobre este problema, ya que la ciudadanía no percibe su importancia, como consecuencia de la discreción con que aparece en los medios de comunicación y en las agendas políticas.

Si no somos capaces de afrontar la crisis energética, lo que podemos fácilmente prever es el agravamiento de nuestro endeudamiento, la continuación de la crisis económica, el empobrecimiento de toda la sociedad, la obsolescencia de nuestras infraestructuras, el encarecimiento de la producción de alimentos y otros bienes de consumo, etc. todo ello agravado por las consecuencias derivadas del cambio climático.

El gobierno español debe abrir los ojos ante esta enorme realidad y darse cuenta de que urge cambiar rápida y decididamente hacia otros patrones de consumo y producción de energía. En sus manos está concienciar y movilizar masivamente a la población española o seguir silenciando problemas tan graves como los aquí expuestos.

En Valladolid a 20 de septiembre de 2012.


  • Fernando Frechoso Escudero, director de la Cátedra de Energías Renovables de la Universidad de Valladolid
  • Carlos de Castro Carranza, profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Valladolid
  • Luis Javier Miguel González, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid
  • Margarita Mediavilla Pascual, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid
  • Óscar Carpintero, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid
  • César Chamorro Camazón, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid
  • Eloy Velasco Gómez, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid
  • Francisco Castrejón, Director de la Unidad de Teoría de Fusión del CIEMAT
  • Pedro Prieto Pérez, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO
  • Ignacio Cruz Cruz, director del Departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)
  • Gorka Bueno Mendieta, profesor del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del País Vasco
  • Gustavo Duch Guillot, ex director de Veterinarios sin Fronteras y escritor
  • Xoán Doldán García, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela
  • Francisco Álvarez Molina, Ex presidente de la Bolsa de París y presidente de “ETICA Family Office”
  • Jordi Pigem, Filósofo de la ciencia y escritor
  • Juan Martínez Magaña,  profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC
  • Antonio García-Olivares, Científico Titular Instituto de Ciencias del Mar CSIC, Barcelona
  • Rosa Lago Aurrekoetxea, profesora en el departamento de Tecnología Electrónica de la UPV/EHU y miembro de Ekopol.
  • Joan Martinez Alier, investigador, ICTA, Universidad Autñonoma de Barcelona. jma
  • Florent Marcellesi, Coordinador de EcoPolítica
  • Jorge Riechmann, profesor titular de Filosofía Moral de la UAM  y ex-director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.

 

más adhesiones y comentarios

Estudios sobre la transición energética  y la sustitución del petróleo

Más publicaciones sobre el futuro de la energía aquí y también aquí


El Dragón de Mutriku

Desde hace más de un año ruge a la entrada de la pequeña bahía de Motrico en Guipúzcoa, para asombro de visitantes y locales, lo que éstos últimos han bautizado como el “Dragón de Mutriku”. Podéis escucharlo rugir en el siguiente vídeo:

Existen diversas tecnologías para aprovechar la energía del oceáno: centrales mareomotrices, aquellas que aprovechan la energía térmica oceánica, turbinas maremotrices, unidades de tipo “flotador”, etc.

Este atronador dique es la primera central undimotriz (es decir, que aprovecha la energía de las olas para generar electricidad) que opera de forma comercial en el mundo. Comenzó a funcionar en 2011 y el verano pasado cumplió su primer año. Las expectativas puestas en esta fuente de energía (no nueva, puesto que los molinos de mareas han estado funcionando desde hace siglos en las costas atlánticas europeas, incluidas las cantábricas) son muy grandes, como se puso de manifiesto por la pompa de la inauguración de la central por el propio lehendakari y el interés de la prensa. Incluso la “imprescindible” Agencia Internacional de la Energía se ha interesado por ella en su breve tiempo de funcionamiento.

En principio parece una interesante propuesta estratégica de los gobiernos vascos a través del Ente Vasco de la Energía (EVE) de múltiples objetivos provechosos -volveremos sobre este asunto más adelante-: generar un sector de investigación y productivo en el área de la energía marina -renovable- con la colaboración entre universidad y empresa, así como reducir su dependencia de combustibles fósiles y exterior.

La ola llena la cámara, de forma que el empuje del aire "atrapado" en ésta, a través de la turbina genera electricidad.

El titular de la noticia que enlazábamos más arriba nos puede orientar sobre el potencial y nivel de madurez en investigación y desarrollo de este tipo de energías: “La planta de olas de Mutriku genera en un año la luz que consumen 200 personas”. Está previsto que cuando alcance su funcionamiento óptimo triple la producción, por lo que en términos energéticos se cubrirían las necesidades de unas 600 personas (600 MWh anuales). Para ver de otra forma el orden de magnitud, comparamos con la producción de 1 aerogenerador de 2 MW (los que se instalan habitualmente), a un 23% de factor de carga (media en España en 2011): 460 MWh anuales. Si comparáramos con los aerogeneradores de mayor potencia que ya se están empezando a instalar de 3 MW, la energía producida por un único molino de estas características superaría la generación anual de la central -aún experimental, no olvidemos- de Mutriku.

Los números del párrafo anterior ilustran la inmadurez de esta tecnología; se estima que antes de una década no será generalizable comercialmente [EVE2012]. Sin embargo, debemos también llamar la atención de que estos bajos números se deben a que el potencial para el aprovechamiento de esta energía es relativamente pequeño, comparado con los “más abundantes” recursos renovables eólico y solar -aunque con límites más cercanos de lo que se tiende a creer (por ejemplo, ver en el apartado de “Publicaciones Académicas” los drafts “Global Solar Limit” y “Global Wind Limit“).

El propio EVE proyecta para 2020 una mínima participación de la energía de las olas (que incluye no solo las centrales undimotrices sino otras tecnologías) en el mix eléctrico vasco.

Contextualización en el panorama económico y energético

Por lo tanto, aunque la apuesta estratégica tiene las -a priori grandes- ventajas arriba enunciadas, es necesario contextualizarla en el paradigma energético y económico actual. Todos somos conscientes de que nos encontramos en una crisis económica profunda, que es a su vez agravada (si es que no está  estrechamente relacionada) por una no menos profunda crisis energética, ambas aderezadas por el agravamiento del medio ambiente en general, que ya nos está empezando a pasar factura, y cuyo ejemplo más claro es el del -ya inevitable– Cambio Climático. En 1992 la comunidad científica advertía que si no se actuaba urgentemente introduciendo cambios fundamentales en el sistema socioeconómico no sería posible evitar la colisión de la humanidad con la Biosfera en una o pocas décadas próximas. Hoy, este año, tan sólo dos décadas después, un equipo multidisciplinar de 22 científicos de renombre internacional ha hecho balance y han confirmado las previsiones estimando que prácticamente existe la certeza de que este cambio “abrupto e irreversible” en la Tierra se producirá en algún momento del siglo XXI.

Que la época del petróleo barato se ha acabado no lo duda ya prácticamente nadie (aquí tenéis otro link, aunque basta asomarse a cualquier gasolinera para comprobarlo), ni muchos países productores (que van reconociendo el pico a medida que lo sobrepasan), ni la UE, ni la Agencia Internacional de la Energía. Las posiciones “oficialistas” han mudado súbitamente de un negacionismo inmutable a admitir el hecho casi de forma natural. El conocido como “peakoil convencional”, momento en el que se alcanzó el máximo de extracción de petróleo convencional y que la IEA fechó en 2006, podría ser el primero de una serie de sucesivos picos en el resto de los recursos fósiles: gas, uranio y más lejano, el carbón. (Por no mencionar otros recursos de creciente escasez como el agua o determinados materiales).

Una prueba indirecta pero inequívoca de la escasez de recursos energéticos fósiles a la que nos encaminamos es el interés por nuevas tecnologías que tratan de aprovechar bolsas “residuales” de energía mediante procesos de mucha menor rentabilidad económica, energética y con consecuencias devastadoras para el medio ambiente como el fracking, [Bermejo2012] y que recientemente ha movilizado intensamente a las poblaciones de los territorios afectados en España, principalmente en el rectángulo Cantabria-Palencia-Burgos-Euskadi. Resulta llamativo que tras décadas de extracción de recursos principalmente en el Sur -que podría ser calificado de expolio en numerosos casos-, estas actividades especialmente contaminantes y degradadoras del territorio se estén intentando implementar actualmente también en el Norte.

De nuevo comparando órdenes de magnitud en Euskadi, y dando como válidas “sólo” las reservas de gas declaradas en el yacimiento de Gran Enara en Álava (184.500 millones de metros cúbicos o 184,5 bcm), suponiendo que se extrajera hasta la última “gota” y se empleara para generar electricidad al 50% de eficiencia, se obtendrían unos 1000 TWh, es decir cubriría entorno a 60 veces la demanda en Euskadi del año 2010.

 Por lo tanto, parece ahora más clara la verdadera estrategia principal del Gobierno Vasco (y en general de los sistemas de poder occidentales): la continuación de un modelo basado en el consumo de energías fósiles, con ciertos tintes verdes por razones compartidas de marketing (opinión pública) y de intento de diversificación energética. Y es que, estratégicamente, al menos hasta ahora, las renovables han sido consideradas más como un “complemento” de las energías fósiles convencionales que como sus sustitutas, cerrando la puerta a la transición energética (esperamos ahondar en el futuro sobre esta idea).

  Concluyendo

Nuestro sistema económico es intrínsecamente dependiente de la disponibilidad de flujos crecientes de energía de alta densidad barata: desde la agricultura hasta el transporte (que sustenta a la globalización), pasando por todo el sector industrial y de servicios; energía que hasta ahora provenía de los combustibles fósiles. Pero el fin de este periodo se acerca, nuestra crisis energética la tenemos ahora, por lo que potenciales “parches” que podrían cubrir una porción limitada del mix no antes de una década, podrían aparecer como una “distracción” del problema principal: en economía los tiempos importan.

Con estas palabras no se quiere ni mucho menos despreciar el -auténtico- interés y potencial de la energía marina, que podría ser ciertamente muy interesante en el futuro, pero con estrategias distintas a las promovidas actualmente. Podemos generalizar estas conclusiones para toda tecnología que suponga una inversión significativa -¿distracción?- en tiempo, dinero y “esperanzas para la sociedad” para potenciales relativamente modestos (podríamos pensar también por ejemplo en el coche eléctrico o los biocombustibles).

Por supuesto, si como parece en el futuro próximo viviremos importantes restricciones energéticas, nos tendremos que adaptar a ellas, de forma suave o más abruptamente. Esta transición dependerá de los ritmos de agotamiento y de nuestra capacidad de adaptación, que incluye la innovación tecnológica pero también la social: y para ésta última no existen inversiones multimillonarias que puedan realizarse de un año para otro. Y es en este área dónde más déficit tenemos: nos falta un verdadero debate en el que se forme y participe la ciudadanía. La imposición de la fe en la mejora tecnológica mediante estas “soluciones innovadoras” constituyen además un peligroso espejismo mediante el cual la sociedad, por ignorante, no es consciente de la gravedad del problema.

Porque existe la posibilidad de que esta transición no se realice suavemente, resulta primordial involucrarse y evitar así posibles futuros “Auschwitz” [Amery2002] (si es que consideramos que no se están produciendo ya en algunos países del Sur) o “Soylent Greens“. ¿Por qué no apuntar a soluciones más realistas y sencillas (al menos en términos físicos) como podrían ser políticas que se orientaran a la reducción -absoluta- de las demandas energéticas? Que nuestro sistema económico sea capaz de desmaterializarse sin dejar de crecer está todavía por demostrar, siendo muchos además los que argumentan que un cambio tan radical implicaría necesariamente un cambio de sistema en sí mismo (lo que por otra parte no sería mayor problema, siempre que fuera un cambio “a mejor”). ¿Por qué no tender a decrecer nuestro sistema hasta adaptarlo a la biocapacidad de los ecosistemas manteniendo la prosperidad de las personas? es un campo que ya se había explorado en los 70 y que vuelve con fuerza en los últimos años; esperemos que podamos explorarlos también desde este blog.

Mientras tanto, el Dragón seguirá rugiendo al mar en la bahía de Motrico los próximos años, ¿no nos estará intentando advertir de algo?

 Iñigo Capellán Pérez

Más información:

1- Obra de ingeniería de la Central de Mutriku: http://www.caminospaisvasco.com/Profesion/Obras/central-oleaje-mutriku/central-oleaje

2- “Fracking, una apuesta peligrosa”. Fracking Ez Araba. <http://frackingezaraba.org/2012/09/presentacion-del-monografico-fracking-una-apuesta-peligrosa/>

Bibliografía:

[Amery2002] Carl Amery: “Auschwitz, ¿Comienza el siglo XXI?: Hitler como precursor”.

[Bermejo2012] Roberto Bermejo: “Análisis del gas no convencional: reservas y rentabilidad”, Fracking, una apuesta peligrosa. Fracking Ez Araba. <http://frackingezaraba.org/2012/09/presentacion-del-monografico-fracking-una-apuesta-peligrosa/>

[EVE2012] “Estrategia Energética Euskadi 2020”, Ente Vasco de la Energía. <http://www.eve.es/Planificacion-energetica-e-infraestructuras/Estrategia-E2020.aspx>