Manifiesto Última Llamada

Este lunes se ha presentado a la prensa un manifiesto (en cuya redacción hemos colaborado) y ha conseguido la adhesión de más de 200 personas relevantes de la vida académica, social y política  como Alberto Garzón, Pablo Iglesias Turrión, Ada Colau, Juantxo López de Urralde, Marina Albiol, Cayo Lara, Alicia Puleo, Jorge Riechmann, Arcadi Oliveres, Enric Duran, Teresa Forcades, Xose Manuel Beiras,  Belén Gopegui, Esther Vivas, Joan Martínez Alier, José Manuel Naredo, María Eugenia Rodríguez Palop, Yayo Herrero, etc.

El manifiesto tiene por nombre Última Llamada. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización y su texto íntegro lo reproducimos más bajo (también se ha creado una red donde se recoge y donde se admiten adhesiones de ciudadanos particulares, se puede consultar aquí).

En el mismo se hace una llamada a mirar mucho más allá de las causas inmediatas de la crisis económica y tomar conciencia de que estamos ante un auténtico cambio de civilización porque la actual sociedad de consumo no es sostenible, y lo que llamamos crisis es en gran medida un síntoma del choque de nuestra sociedad contra los límites del Planeta.

Esperemos que esta llamada de atención sea escuchada y los sectores sociales que buscan alternativas al liberalismo actual no se conformen con las soluciones del siglo pasado sino que busquen alternativas adecuadas para este siglo que, de seguro, va a estar marcado por el enorme reto ambiental.

Marga Mediavilla

 

 

Última llamada»

Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización

Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

— En diversos lugares de la Península Ibérica, Baleares y Canarias, y en el verano de 2014.


Visiones del cielo y del infierno de la crisis (energética)

Fue en el año 2007 cuando escribí estos textos. Todavía estábamos en plena burbuja inmobiliaria y el paisaje de nuestras ciudades estaba lleno de grúas y edificios en construcción. Algunos habíamos oído hablar del pico del petróleo y de la enorme burbuja financiera que se estaba preparando y pensábamos que el pinchazo iba a ser mucho mayor de lo que se esperaba. Entonces me dio por escribir estas dos visiones de futuro desde el punto de vista de la crisis energética: una positiva que llamé “el cielo” y otra negativa, “el infierno”. Han pasado apenas seis años y, de momento, se puede constatar que estamos yendo hacia “el infierno” con bastante fidelidad, aunque también es cierto que está surgiendo un deseo de cambiar hacia muchas de las cosas que se describen en “el cielo”.

Esperemos que rememorar estos textos pueda servir para que encontremos una salida a esta crisis, que probablemente está mucho más causada por la energía de lo que se suele pensar y cuya solución probablemente pasa por virar a este “cielo”. Un cielo muy diferente del modelo consumista actual y que puede parecer austero, pero es una utopía atractiva en muchos aspectos y, sobre todo, coherente con el futuro de baja energía que – cada vez se ve más claramente- nos va a tocar vivir.

El infierno de la crisis energética

Parece mentira que los anuncios de la tele sigan repitiendo ese espejismo manido de antes de la crisis energética. Seguimos viendo anuncios de complacientes y aletargados muchachos en eterna y fácil juventud que incitan a consumir compulsivamente. Y digo yo que a quien irán destinados los anuncios, si la gente que conozco no tiene con qué consumir. Aunque consumidores para esos anuncios de la abundancia habrá, ya lo creo. En las urbanizaciones de la periferia se sigue manteniendo el estilo de vida de antes. Urbanizaciones cercadas con grandes muros y vigiladas por toda una corte de seguratas. Los miembros de estas elites se siguen desplazando en automóvil, hacen ostentación porque se lo pueden permitir, aunque se les vaya en ello el salario… Bueno, el salario no, la renta, porque este país se ha convertido en una aristocracia. Los dueños de las grandes empresas y los banqueros, se han convertido en terratenientes y propietarios de los pisos y viven de las rentas.

Los demás seguimos atados al transporte público, escaso y abarrotado, pero siempre “deficitario” lo que hace que el Ayuntamiento siga sin invertir en ello y tengamos que aguantar colas, esperas interminables y largas jornadas laborales que se incrementan con el tiempo del transporte. El caso es que siguen existiendo miles de viviendas vacías en el centro de las ciudades, pero pertenecen a las elites que no quieren vender a los precios actuales, esperan a encontrar una buena coyuntura o a que las viviendas se derrumben. Los demás, ni vivimos en el campo, lo cual tiene la ventaja de poder cultivar algunas verduras, ni vivimos en el centro de la ciudad, lo cual tiene la ventaja de no depender del transporte. Tampoco podemos marcharnos al campo, porque todas las ganancias del boom inmobiliario se vertieron hacia la agricultura y la tierra se ha concentrado en agrobusiness enormes. Estamos volviendo a lo que antes llamábamos aristocracia latifundista. Ante todo esto, los ocupas proliferan, tanto en el campo como en la ciudad, pero la represión es feroz.

Muchos se han lanzado a la bicicleta, pero las noticias de ciclistas muertos son el pan nuestro de cada día. Las ciudades son, si cabe, más agresivas que antes. Hay menos coches, pero siguen siendo muchos y, ante la falta de alternativas, los que tienen la suerte de tener un salario, destinan gran parte de su sueldo al automóvil. Se consume biodiesel aún sabiendo que se está deforestando el planeta con ello. No hay carriles bici ni respeto a los ciclistas. Los miembros de las elites hacen gala de sus 4×4 y se burlan de los ciclistas, porque ciclista es sinónimo de pobre.

La electricidad más o menos tiene un suministro estable, porque es de origen nuclear, pero los precios son astronómicos, el uranio escasea. Dicen que van a tener que cerrar centrales dentro de poco por falta de uranio y no sé qué tendremos que hacer para calentar mínimamente las casas. Lo que no tenemos son combustibles, ni vehículos eléctricos, ni trenes, ni tranvías, seguimos con los coches de gasolina de hace 15 años. Los únicos trenes que circulan bien son los pocos AVE que se construyeron entonces, pero lo hacen a 60 km/h para ahorrar energía, pero, como por ser AVE son muy eficientes, todavía se mantienen como uno de los pocos servicios públicos.

El combustible escasea muchísimo, pero la gente, cuando consigue unos litros, sólo lo quiere para darse un paseo en su coche. No se dan cuenta de que deberíamos racionar el combustible para que tengan gasóleo los tractores. Como los agricultores no tienen gasóleo y sus ingresos están por los suelos, se está volviendo a la yunta de bueyes. Incluso se cosecha con cosechadoras manuales, tiradas por inmigrantes. De todas formas los salarios son tan bajos, las condiciones laborales tan desreguladas, y hay tanto trabajo negro, que llegaremos a segar con hoces.

Los alimentos están por las nubes. Hay mucha malnutrición infantil, aunque la gente no lo quiera ver. Muchos niños no comen más que pan y patatas, pero se oculta, estas cosas no salen en las noticias. A pesar de todo, vas al supermercado, y todos los alimentos están envueltos en plásticos y cartones de colores, como antes. Por dentro no saben a nada, yo creo que no comemos más que plástico. Las grandes cadenas distribuidoras copan toda la distribución, las pequeñas tiendas terminaron de hundirse con la crisis.

El espejismo se sigue manteniendo en los medios de comunicación, que sólo exaltan lo bien que marcha la economía, el crecimiento económico que hay y cómo hemos salido de la crisis. Sin embargo la gente trabaja cada vez más y en peores condiciones, la seguridad social, las pensiones y los salarios se deterioran. Los inmigrantes siguen viniendo a pesar de que aquí no hay trabajo, en África la situación es todavía más dantesca. Aquí se enfrentan a los grupos nazis, que proliferan como las setas, ante la pasividad general. Los obreros tienen que culpar a alguien de sus problemas y no se atreven a meterse con los de arriba. Todos los medios de protesta han sido suprimidos: el miedo al terrorismo anarquista e islámico ha callado la boca a cualquier disidencia. Los anarquistas han tomado la senda violenta y eso ha sido la cuartada perfecta: cualquier crítica al capitalismo termina en la cárcel.

Nuestra red de la patata sigue trabajando en la clandestinidad. Cogemos el coche eléctrico que construyo Javier y nos turnamos para ir por las noches a la huerta, a la lechería de Megeces y a Cabezón a por alubias y trigo. Eso nos ayuda bastante, son alimentos de buena calidad, de agricultores ecológicos de toda la vida que todavía aguantan. Nos las arreglamos para pagar a base de servicios y de jornales en el campo cuando no aceptan el dinero devaluado. Pero todo ello expuestos a las inspecciones de sanidad, porque la venta directa está prohibida y además nos vigilan como grupo anarquista.

El cielo de la crisis energética

Desde que, en el 2006, el precio del petróleo empezó a subir y comenzó la crisis energética, las bicicletas se han adueñado de las ciudades. Cuando la industria del automóvil entró en decadencia y se cerraron las fábricas, la gente declaró la guerra al automóvil. No se podía permitir que el coche consumiera el combustible que se necesitaba para producir alimentos. Las protestas ciudadanas consiguieron normas que obligan a pintar un carril verde para bicis en todas las calles de dos o más carriles. Lo bueno es que el aire está más limpio y, aunque no hay dinero para invertir en obra pública ni en jardines, las ciudades son más amables, silenciosas, amplias y limpias ahora que no hay tanto coche.

El combustible está muy racionado y se dedica a la agricultura, la industria y el transporte más necesario. Resulta difícil comprar gasolina para las vacaciones, pero para usos privados está disponible la electricidad: trenes, motocicleta y pequeños coches eléctricos. Aprovechamos para cargar la batería cuando hay exceso de viento, entonces los precios de la electricidad están tirados. Se ha puesto de moda el turismo en bicicleta, y la verdad es que es bonito. Benidorm y otros grandes centros turísticos de sol y playa todavía siguen siendo populares, el acceso mediante ferrocarril y bus los hace bastante asequibles, aunque ahora ya no hay casi extranjeros, el avión se ha convertido en un lujo.

Los apagones son frecuentes en invierno en los días que no hay sol ni viento. Pero lo que se ha hecho bien es lo de las calefacciones. Prácticamente no quedan viviendas sin sistemas de ahorro energético y paneles solares, y se nota que en invierno, aunque no haga el calor de antes, no se pasa frío en las casas. Cada pueblo tiene su molino y cada casa su panel, y aunque antes nos parecían antiestéticos, ahora no se queja nadie.

Gracias al estricto uso del combustible los precios de los alimentos han dejado de subir. Además se han dedicado ingentes esfuerzos en aplicar y desarrollar tecnologías de agricultura orgánica. Las asociaciones de recuperación de razas autóctonas y técnicas tradicionales hicieron un papel muy importante durante los últimos años del siglo XX, gracias a ello se ha avanzado mucho. Casi un tercio del presupuesto en I+D va a parar a ese capítulo, otro tercio o más va destinado a investigación energética, es lo más importante.

El campo sigue necesitando trabajadores y, aunque parecía imposible, los pueblos de Castilla se están volviendo a llenar de niños. En cierta forma, Castilla y León se ha convertido en la avanzadilla progre de España, llena de comunas autosuficientes que han vuelto a la tierra.

Además se ha legislado para potenciar las fincas y los pequeños propietarios, ya que la agricultura biológica necesita de un laboreo más cuidadoso y en pequeñas explotaciones. Las producciones biológicas, aunque son algo menores, son ricas en vitaminas y minerales y las campañas para concienciar a la población sobre la necesidad de consumir menos carne y tener una buena alimentación vegetariana están surtiendo efecto.

Los mercados tradicionales han vuelto a florecer. Los centros comerciales están demasiado lejos para la bici y las grandes empresas distribuidoras han quebrado casi todas. A los campesinos les resulta rentable venir a la ciudad a vender directamente, y eso se nota en la calidad de los productos. La normativa sanitaria, que en ocasiones era tan absurda, se ha relajado para permitir vender sin tanto envase.

Eso sí, el chocolate y el café se han convertido en las angulas del siglo XXI. Apenas se producen, a pesar de que se venden a precio de oro. Después del gran crash bursátil los países pobres decidieron dejar de pagar la deuda externa: si nadie podía pagar las deudas ellos menos. A partir de entonces se volcaron en la producción de alimentos para su mercado interno y muchos países cortaron sus relaciones comerciales internacionales y salieron de la OMC. Sin deuda externa y con un comercio internacional muy reducido no había razón para seguir cultivando cacao, café o azúcar de caña para biodiesel. Lo curioso es que, pese a la crisis mundial, ha disminuido espectacularmente el hambre en el mundo y han mejorado la alfabetización y la asistencia sanitaria. Cosas de la deuda.

Según los indicadores de PIB todavía seguimos en recesión, pero la gente vive mejor que hace unos años, y eso se nota en la cesta de la compra y en la calidad de vida, aunque la Bolsa no se recupere. Se han seguido políticas de vivienda eficaces y es sencillo encontrar vivienda en alquiler a precios muy asequible. El boom inmobiliario del 2006 dejó las ciudades españolas llenas de viviendas vacías, que ahora han permitido bajar los precios y dar alquileres sociales. Por otra parte los niños y los jóvenes están mejor atendidos, y gran parte de los problemas sociales han disminuido. El fomento de la jornada reducida ha hecho que el poco trabajo existente se reparta mejor. Los salarios son bajos, pero por lo menos no hay desempleo. Además el empleo a tiempo parcial ha hecho que las familiar recuperen su tiempo. Hay más gente en asociaciones y en la calle. Muchos amos y amas de casa están aprendiendo en programas de autosuficiencia a vivir mejor con menos dinero: huertos domésticos, talleres de costura y bricolaje, microempresas…

Pero lo que más me gusta a mi últimamente es la televisión. El abotargamiento consumista ha dado paso a una época de gran creatividad. La música, el teatro, el cine, la literatura… Todos ellos han florecido y se han convertido en maravillosos instrumentos de creatividad cultural.

Se ha terminado aquella presión obsesiva por el consumo que abotargaba todos nuestros sentidos. La calle ha vuelto a ser el lugar para pasear, para jugar, para hacer música y hablar, no sólo un gran centro comercial lleno de coches. Parece que se están empezando a encontrar energías renovables más rentables. Dicen que en diez años ya no necesitaremos combustibles fósiles y conseguiremos aumentar la eficiencia energética de nuestra sociedad un 20%. Dicen que todavía tenemos que reducir nuestra huella ecológica un 30% para llegar al equilibrio económico-ecológico y que ese es el principal objetivo de la política del gobierno, pero se está trabajando mucho en eficiencia y es posible que lleguemos en menos de diez años.

Además a mí nunca me gustó ir a los centros comerciales y ya entonces iba de vacaciones en bicicleta. A pesar de lo que dicen, la vida consumista de antes no era tan buena, estábamos todos neuróticos corriendo de un lado para otro. Hemos perdido cosas, algunas muy buenas, como los viajes en avión y la posibilidad de conocer otros países fácilmente, pero también hemos ganado lo más importante: el tiempo para disfrutar de la vida.

Marga Mediavilla

También publicado en Último Cero


Más reacciones a la carta abierta

A pesar de que los primeros días nuestra Declaración no tuvo prácticamente repercusión en los medios, a raíz de una entrevista realizada por Europa Press a Carlos de Castro,  se ha difundido mucho más  y hoy hay varios diarios que dan la noticia, aquí están los links de algunos:

 

 

 

 


Respuestas a la carta al presidente

Presidencia del Gobierno ha contestado a nuestra carta abierta, aquí tenéis la respuesta. Un poco más abajo está también nuestra contestación. También se envió a todos los grupos parlamentarios del congreso y   podéis ver  lo que nos han contestado.

 

Respuesta de Presidencia del Gobierno

Madrid 21 de noviembre de 2012

Estimados Señores:

El presidente del gobierno les agradece la confianza que han depositado en él al trasladarle sus sugerencias e inquietudes relativas al modelo energético.

En primer lugar, es mi deseo informarles de que el Ejecutivo ha aprobado el Proyecto de Ley de medidas fiscales para la sostenibilidad energética. Este texto armoniza el sistema fiscal español con una utilización más eficiente de los recursos energéticos, respetando el medio ambiente y logrando la sostenibilidad del sistema eléctrico.

Así, la nueva norma incorpora nuevos tributos y los ingresos obtenidos se destinarán a cubrir costes del sistema eléctrico. En este sentido, se incluye un impuesto uniforme a los ingresos por generación eléctrica, impuestos nucleares y un canon a la producción hidroeléctrica. Además, se aplicará el llamado “céntimo verde” al gas natural para su consumo y para generación de energía eléctrica.

El Proyecto de Ley servirá de estímulo para mejorar los niveles de eficiencia energética, asegurando una mejor gestión de los recursos naturales. Por lo tanto, el nuevo modelo representa una apuesta clara por la sostenibilidad energética y económico-financiera del sistema eléctrico español.

Por otra parte, como saben, en los últimos años algunas tecnologías incluidas en el régimen especial han superado con creces los objetivos de potencia instalada previstos, como es el caso de la energía eólica y las tecnologías solar termoeléctrica y solar fotovoltaica.

Pueden estar seguros de que estamos trabajando sin descanso y con ambición para lograr un futuro mejor para todos.

Reciban un cordial saludo.

 Jorge Moragas, Director de Gabinete de la Presidencia del Gobierno

 

Nuestra respuesta a Presidencia

Valladolid, a 28 de noviembre de 2012

Estimados Presidente del Gobierno y Director de Gabinete de la Presidencia del Gobierno:

En primer lugar quiero agradecer su respuesta, cuyo texto adjunto, en nombre de los firmantes de la declaración y  del mio propio.

Quienes hasta ahora hemos leído su respuesta a nuestra carta sobre el futuro de energía no podemos dejar de tener la impresión de que el mensaje de la misma no ha sido comprendido. A la luz de los datos que están ofreciendo los científicos y agencias internacionales sobre el agotamiento del petróleo, las medidas que el Ejecutivo está tomando, aunque ustedes las califiquen de “ambiciosas”, las compañeras y compañeros que trabajamos en este ámbito científico y con quienes hemos tenido ocasión de compartir su respuesta, las consideramos pequeños parches inapropiados para la gravedad del problema.

Por otra parte, nuestra declaración intentaba alertar de que el principal problema energético en estos momentos se refiere a la escasez de gasolinas y gasóleos debida a la disminución de la producción de petróleo (que ya se está observando) mientras su respuesta se refiere fundamentalmente a la energía eléctrica. Les rogamos que reconsideren una revisión atenta de los documentos surgidos del curso

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?page_id=578

o bien muchos otros trabajos científicos que apuntan en la misma dirección, entre los que se encuentran algunos de nuestro grupo de investigación que explican claramente la diferencia entre los ritmos de agotamiento del petróleo y la energía eléctrica, como este:

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/wp-content/uploads/2012/07/Energia-vision-global.pdf

Así mismo queremos informarles de que enviaremos su respuesta a todos los investigadores y expertos firmantes de la primera declaración para que conozcan su respuesta, y salvo que nos indiquen expresamente lo contrario, publicaremos su respuesta en nuestra página web, donde figura la declaración:

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/

Atentamente,

Luis Javier Miguel

 

Contestaciones a la carta por parte de parlamentarios:

(por orden de contestación)

  • Pedro María Azpiazu Uriarte parlamentario del Partido Nacionalista Vasco. Actual Diputado por Vizcaya.

muchas gracias

  • Alberto Garzón (IU),  Portavoz del grupo Izquierda Plural del Congreso

Te agradezco enormemente que me hayas hecho llegar tanto la declaración como el blog del curso. Es un material muy interesante y que ayuda a centrar muchos de los debates actuales.

  • José Segura Clavell, Portavoz en política energética del grupo parlamentario socialista en el Congreso de los Diputados

Hace ya un par de días he recibido su atento escrito en el que me comunica al igual que a todos los miembros de la Comisión de Industria, Energía y Turismo del Congreso de los Diputados, que recientemente ha tenido lugar un curso en la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad de Valladolid alrededor del sugerente tema de “el futuro de la energía” a la vez que me adjunta una declaración conjunta suscrita por los profesores asistentes al mismo sobre el sugestivo tema de la energía y la sostenibilidad.

Como primera medida quiero hacerle llegar mi agradecimiento por la deferencia que significa que un grupo de expertos e intelectuales motivados por el referido tema que les ha concitado, haya tenido la consideración de conectar con los Diputados que en diferente grado de intensidad analizamos las normas remitidas por el Gobierno y a los que nos corresponde la obligación de profundizar y desde esta institución esencialmente legislativa, coadyuvar al crecimiento de nuestro país.

Como bien sabe, en los últimos días hemos estado dictaminando el proyecto de ley remitido por el Gobierno sobre ?medidas fiscales para la sostenibilidad energética? ante la que los diferentes grupos parlamentarios nos hemos posicionado de diferentes maneras. Por ello es por lo que en otro correo, me ha parecido oportuno hacerle llegar la enmienda a la totalidad que hemos presentado desde el grupo parlamentario socialista así como las enmiendas parciales que hemos presentado al articulado.

 

 

 


Gobernantes con cataratas y casas okupadas

Hace unos años, cuando pensábamos que la burbuja del ladrillo iba a estallar, el petróleo iba a seguir subiendo y la crisis económica era inevitable, reflexionábamos acerca de cómo podríamos adaptarnos para que el golpe fuera lo menos doloroso posible.

Pensábamos que para ello había que proteger lo más importante: el empleo, los servicios sociales, la vivienda, la sanidad, la cultura… Además creíamos que había que aprender a vivir de otra forma, usando menos recursos naturales pero consiguiendo más satisfacciones humanas. El camino no podía ser otro que el “menos es más”: necesitar menos para vivir mejor. Teníamos que aprender a movernos, divertirnos, curarnos y alimentarnos de otra manera, cambiando el consumismo derrochador por la solidaridad y el contacto entre las personas.

Pero el futuro se ha hecho presente y casi nadie estaba preparado para ello.

Y han llegado algunos jóvenes intentando sobrevivir en ese futuro que ya es presente buscando centros sociales autogestionados donde cubrir sus necesidades básicas de contacto personal, ocio creativo, cultura y vivienda con poco dinero y mucha ilusión; aprovechando las cosas y las casas que no se usan para compartirlas y reutilizarlas y reciclarlas.

Pero nuestros gobernantes siguen guiándonos hacia el futuro, el mismo futuro al que nos guiaban en el siglo pasado, sin pararse a observar los colores del siglo nuevo, porque sus ojos están llenos de cataratas y no los ven. Y esos gobernantes del pasado nos siguen guiando hacia un mundo lleno de grandes centros comerciales, grandes empresas transnacionales, grandes bancos y grandes burbujas especulativas. Y cogen a los jóvenes y les rompen sus reciclados y reutilizados sueños de futuro humano y solidario y los tiran a la basura. Son sueños inservibles, dicen con la arrogancia que les caracteriza, cosas del pasado contrarias al progreso.

Y esos gobernantes se piensan que nos llevan al futuro. Y lo peor es que muchos de nuestros vecinos les votan y también se piensan que vamos al futuro. Pero no se dan cuenta de que ese futuro es el futuro del siglo pasado y además vamos guiados por gobernantes con los ojos blancos de cataratas.

Marga Mediavilla

 

 


Carta abierta al presidente del gobierno: la energía es el problema

Desde hace unos años los científicos que investigamos en recursos energéticos y las personas relacionadas de una u otra manera con la sostenibilidad estamos realmente preocupados. Numerosos geólogos llevan décadas prediciendo que el petróleo va a empezar a entrar en una etapa de paulatino agotamiento, es lo que se conoce como pico o cénit, fenómeno ampliamente reconocido en las publicaciones científicas especializadas.  Desde hace  seis años  los datos  de las agencias internacionales corroboran que este declive está ya sucediendo, mientras vemos cómo el precio del crudo aumenta año a año y se explotan recursos cada vez más remotos y contaminantes. El declive del petróleo no es un hecho aislado, ya que se estima que el resto de los combustibles de origen fósil y nuclear seguirá patrones similares  en las próximas décadas.

Una noticia de esta envergadura debería estar en las primeras páginas de los diarios desde hace seis años, pero no lo está. El petróleo es un recurso clave, que configura todo nuestro actual modo de vida y tiene, además, muy difícil sustitución, por ello su declive no puede dejar de tener gravísimas consecuencias sociales y económicas. Es por ello que un grupo de profesores, científicos, economistas y profesionales relacionados de un modo u otro con la energía hemos querido advertir a la sociedad española firmando esta declaración dirigida al gobierno  y también a toda la sociedad.

Confiamos en vuestra colaboración para la difusión de este hecho, ya que tenemos el firme convencimiento de que si la sociedad es capaz de tomar conciencia  seremos capaces de encontrar a tiempo soluciones  a la crisis energética, pero si seguimos ocultando el problema, cuando queramos reaccionar tendremos muy pocas posibilidades de éxito.

Los firmantes de esta declaración somos profesionales relacionados de un modo u otro con la energía: profesores de universidad, ingenieros, científicos, economistas, etc. El objetivo de la misma es llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre la crisis energética que estamos viviendo, la cual, en medio de la vorágine actual, está siendo olvidada. Lo hacemos porque tenemos el firme convencimiento de que el energético es un aspecto clave de la actual crisis que vive nuestro país.

Por el desarrollo de nuestra actividad profesional sabemos bien que la energía es la base de la tecnología y es, en definitiva, el motor de toda la economía, y vemos que cada vez hay más consenso científico acerca de las previsiones de un importante descenso de la disponibilidad mundial de energía, en primer lugar de la más versátil y usada, el petróleo, a partir de esta misma década. En los datos históricos de estos últimos años se puede observar un sospechoso estancamiento en la producción de petróleo mundial, mientras su precio aumenta. Ello corrobora las predicciones de numerosos expertos que hablan del declive de todo tipo de petróleos en esta década. Es también reconocido por la propia Agencia Internacional de la Energía que el crudo barato y de fácil extracción empezó a disminuir hace seis años. Una disminución similar se espera para el resto de los combustibles: gas natural, carbón y uranio que, con gran probabilidad, habrán entrado en declive antes de 2040.

A pesar de la importancia de estos datos, las noticias sobre la crisis energética, no están en los debates parlamentarios, ni en los programas políticos, y, dada la relevancia que ello tiene para todos los ciudadanos, consideramos que este silencio es una grave falta de responsabilidad política.

Sería ingenuo esperar que este declive y encarecimiento de recursos tan vitales no tuviera importantes consecuencias sobre la economía, especialmente la de aquellos países que, como el nuestro, se han acostumbrado a un alto consumo pero apenas poseen recursos energéticos no renovables. Ya se está haciendo evidente que tenemos muchas dificultades para pagar nuestra factura energética que, sólo para el petróleo, equivale al 4% de nuestro PIB, y más aún en el actual contexto de crisis económica y endeudamiento. Es más, muchos también pensamos que esta escasez energética está en la base de la inestabilidad económica mundial y creemos que no es posible solucionar la crisis económica sin solucionar primero la energética.

Cabe la posibilidad de que, ante el agotamiento de los combustibles fósiles, caigamos en la tentación de explotar recursos cada vez más inaccesibles como el gas o petróleo de esquisto por métodos de fractura hidráulica (como ya estamos viendo en nuestro país). Este tipo de extracciones no dejan de ser sino parches que no resuelven los problemas a medio plazo y ofrecen frecuentemente un remedio peor que la enfermedad, pues tienen nefastas consecuencias sobre recursos como tierras fértiles, bosques y acuíferos, que no sólo son vitales para el medio ambiente y la salud de las personas, sino también el capital que sostiene numerosas actividades económicas.

Ante este agotamiento de los combustibles fósiles sólo cabe una paulatina sustitución por energías renovables, pero conviene no engañarse con utopías tecnológicas, la transición no va a ser sencilla en absoluto. Los datos muestran que el declive del petróleo no va a poder ser compensado, al menos en los tiempos previstos y en los volúmenes que esta sociedad mundial está exigiendo en la actualidad. Los sustitutos tecnológicos que tenemos en estos momentos a nuestra disposición son todos ellos son muy inferiores en prestaciones y llegan demasiado tarde. En estos momentos creemos que la única forma de hacer frente de forma eficaz al pico del petróleo es mediante la adopción de audaces medidas de ahorro.

Por otra parte, es necesario continuar con el desarrollo de las energías renovables para frenar, en la medida de lo posible, el cambio climático y prepararse ante el previsible encarecimiento y declive del carbón, el gas natural y el uranio en las próximas décadas. Para ello es preciso apoyar la investigación en tecnologías de generación, acumulación y eficiencia energética y no frenar la implantación de energías renovables. Todo ello debe hacerse con importantes medidas de regulación desde las administraciones públicas ya que, como estamos viendo, las fuerzas del mercado son muy insuficientes para ello, y en muchos casos sus intereses apuntan en dirección contraria al interés general de la sociedad. Es preciso que se lleve a cabo, además, una importante campaña de concienciación sobre este problema, ya que la ciudadanía no percibe su importancia, como consecuencia de la discreción con que aparece en los medios de comunicación y en las agendas políticas.

Si no somos capaces de afrontar la crisis energética, lo que podemos fácilmente prever es el agravamiento de nuestro endeudamiento, la continuación de la crisis económica, el empobrecimiento de toda la sociedad, la obsolescencia de nuestras infraestructuras, el encarecimiento de la producción de alimentos y otros bienes de consumo, etc. todo ello agravado por las consecuencias derivadas del cambio climático.

El gobierno español debe abrir los ojos ante esta enorme realidad y darse cuenta de que urge cambiar rápida y decididamente hacia otros patrones de consumo y producción de energía. En sus manos está concienciar y movilizar masivamente a la población española o seguir silenciando problemas tan graves como los aquí expuestos.

En Valladolid a 20 de septiembre de 2012.


  • Fernando Frechoso Escudero, director de la Cátedra de Energías Renovables de la Universidad de Valladolid
  • Carlos de Castro Carranza, profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Valladolid
  • Luis Javier Miguel González, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid
  • Margarita Mediavilla Pascual, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid
  • Óscar Carpintero, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid
  • César Chamorro Camazón, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid
  • Eloy Velasco Gómez, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid
  • Francisco Castrejón, Director de la Unidad de Teoría de Fusión del CIEMAT
  • Pedro Prieto Pérez, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO
  • Ignacio Cruz Cruz, director del Departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)
  • Gorka Bueno Mendieta, profesor del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del País Vasco
  • Gustavo Duch Guillot, ex director de Veterinarios sin Fronteras y escritor
  • Xoán Doldán García, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela
  • Francisco Álvarez Molina, Ex presidente de la Bolsa de París y presidente de “ETICA Family Office”
  • Jordi Pigem, Filósofo de la ciencia y escritor
  • Juan Martínez Magaña,  profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC
  • Antonio García-Olivares, Científico Titular Instituto de Ciencias del Mar CSIC, Barcelona
  • Rosa Lago Aurrekoetxea, profesora en el departamento de Tecnología Electrónica de la UPV/EHU y miembro de Ekopol.
  • Joan Martinez Alier, investigador, ICTA, Universidad Autñonoma de Barcelona. jma
  • Florent Marcellesi, Coordinador de EcoPolítica
  • Jorge Riechmann, profesor titular de Filosofía Moral de la UAM  y ex-director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.

 

más adhesiones y comentarios

Estudios sobre la transición energética  y la sustitución del petróleo

Más publicaciones sobre el futuro de la energía aquí y también aquí


Carta abierta al presidente del gobierno.

Investigadores en energía y sostenibilidad advierten al gobierno y a la sociedad española sobre el pico del petróleo

 

La crisis económica que estamos viviendo hace que algunas cuestiones de gran importancia queden marginadas en los medios de comunicación. Esto está sucediendo con la crisis energética, un problema vital para toda la humanidad especialmente preocupante para un  país como el nuestro, que apenas posee recursos energéticos no renovables. Con esta carta queremos llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre ello, ya que creemos que no va a ser posible superar la crisis económica si no nos damos cuenta del papel que la energía tiene en nuestra sociedad y no reaccionamos adecuadamente a la crisis energética.

Entre el  17 y el 20 de septiembre tuvo lugar un curso sobre el futuro de la energía en la Escuela de Ingenierías Industriales de Valladolid. Los participantes hemos redactado la siguiente declaración, que  está siendo firmada por expertos en diferentes aspectos de la energía. Si no eres experto en el tema pero quieres adherirte puedes dejarnos tus comentarios.


 

Los firmantes de esta declaración somos profesionales relacionados de un modo u otro con la energía: profesores de universidad, ingenieros, científicos, economistas, etc. El objetivo de la misma es llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre la crisis energética que estamos viviendo, la cual, en medio de la vorágine actual, está siendo olvidada. Lo hacemos porque tenemos el firme convencimiento de que el energético es un aspecto clave de la actual crisis que vive nuestro país.

Por el desarrollo de nuestra actividad profesional sabemos bien que la energía es la base de la tecnología y es, en definitiva, el motor de toda la economía, y vemos que cada vez hay más consenso científico acerca de las previsiones de un importante descenso de la disponibilidad mundial de energía, en primer lugar de la más versátil y usada, el petróleo, a partir de esta misma década.En los datos históricos de estos últimos años se puede observar un sospechoso estancamiento en la producción de petróleo mundial, mientras su precio aumenta. Ello corrobora las predicciones de numerosos expertos que hablan del declive de todo tipo de petróleos en esta década. Es también reconocido por la propia Agencia Internacional de la Energía que el crudo barato y de fácil extracción empezó a disminuir hace seis años. Una disminución similar se espera para el resto de los combustibles: gas natural, carbón y uranio que, con gran probabilidad, habrán entrado en declive antes de 2040.

A pesar de la importancia de estos datos, las noticias sobre la crisis energética, no están en los debates parlamentarios, ni en los programas políticos*, y dada la relevancia que ello tiene para todos los ciudadanos, consideramos que este silencio es una grave falta de responsabilidad política. Sería ingenuo esperar que este declive y encarecimiento de recursos tan vitales no tuviera importantes consecuencias sobre la economía, especialmente la de aquellos países que, como el nuestro, se han acostumbrado a un alto consumo pero apenas poseen recursos energéticos no renovables. Ya se está haciendo evidente que tenemos muchas dificultades para pagar nuestra factura energética que, sólo para el petróleo, equivale al 4% de nuestro PIB, y más aún en el actual contexto de crisis económica y endeudamiento. Es más, muchos también pensamos que esta escasez energética está en la base de la inestabilidad económica mundial y creemos que no es posible solucionar la crisis económica sin solucionar primero la energética.

 

Cabe la posibilidad de que, ante el agotamiento de los combustibles fósiles, caigamos en la tentación de explotar recursos cada vez más inaccesibles como el gas o petróleo de esquisto por métodos de fractura hidráulica (como ya estamos viendo en nuestro país). Este tipo de extracciones no dejan de ser sino parches que no resuelven los problemas a medio plazo y ofrecen frecuentemente un remedio peor que la enfermedad, pues tienen nefastas consecuencias sobre recursos como tierras fértiles, bosques y acuíferos, que no sólo son vitales para el medio ambiente y la salud de las personas, sino también el capital que sostiene numerosas actividades económicas.

 

Ante este agotamiento de los combustibles fósiles sólo cabe una paulatina sustitución por energías renovables, pero conviene ´no engañarse con utopías tecnológicas, la transición no va a ser sencilla en absoluto. Los datos muestran que el declive del petróleo no va a poder ser compensado, al menos en los tiempos previstos y en los volúmenes que esta sociedad mundial está exigiendo en la actualidad. Los sustitutos tecnológicos que tenemos en estos momentos a nuestra disposición son todos ellos son muy inferiores en prestaciones y llegan demasiado tarde. En estos momentos creemos que la única forma de hacer frente de forma eficaz al pico del petróleo es mediante la adopción de audaces medidas de ahorro.

 

Por otra parte, es necesario continuar con el desarrollo de las energías renovables para frenar, en la medida de lo posible, el cambio climático y prepararse ante el previsible encarecimiento y declive del carbón, el gas natural y el uranio en las próximas décadas. Para ello es preciso apoyar la investigación en tecnologías de generación, acumulación y eficiencia energética y no frenar la implantación de energías renovables. Todo ello debe hacerse con importantes medidas de regulación desde las administraciones públicas ya que, como estamos viendo, las fuerzas del mercado son muy insuficientes para ello, y en muchos casos sus intereses apuntan en dirección contraria al interés general de la sociedad.

  Es preciso que se lleve a cabo, además, una importante campaña de concienciación sobre este problema, ya que la ciudadanía no percibe su importancia, como consecuencia de la discreción con que aparece en los medios de comunicación y en las agendas políticas.Si no somos capaces de afrontar la crisis energética, lo que podemos fácilmente prever es el agravamiento de nuestro endeudamiento, la continuación de la crisis económica, el empobrecimiento de toda la sociedad, la obsolescencia de nuestras infraestructuras, el encarecimiento de la producción de alimentos y otros bienes de consumo, etc. todo ello agravado por las consecuencias derivadas del cambio climático.

El gobierno español debe abrir los ojos ante esta enorme realidad y darse cuenta de que urge cambiar rápida y decididamente hacia otros patrones de consumo y producción de energía. En sus manos está concienciar y movilizar masivamente a la población española o seguir silenciando problemas tan graves como los aquí expuestos.

 

En Valladolid a 20 de septiembre de 2012.

Respuestas y repercusión mediática de la Carta y más

              • Fernando Frechoso Escudero, director de la Cátedra de Energías Renovables de la Universidad de Valladolid

 

 

            • Carlos de Castro Carranza, profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Valladolid

 

            • Luis Javier Miguel González, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid

 

            • Margarita Mediavilla Pascual, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid

 

            • Óscar Carpintero, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid

 

            • César Chamorro Camazón, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid

 

            • Eloy Velasco Gómez, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid

 

            • Francisco Castrejón, Director de la Unidad de Teoría de Fusión del CIEMAT

 

            • Pedro Prieto Pérez, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO

 

            • Ignacio Cruz Cruz, director del Departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

 

            • Gorka Bueno Mendieta, profesor del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del País Vasco

 

            • Gustavo Duch Guillot, ex director de Veterinarios sin Fronteras y escritor

 

            • Xoán Doldán García, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela

 

            • Francisco Álvarez Molina, Ex presidente de la Bolsa de París y presidente de “ETICA Family Office”

 

            • Daniel Gómez Cañete, Presidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO

 

            • Jordi Pigem, Filósofo de la ciencia y escritor

 

            • Juan Martínez Magaña,  profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC

 

            • Antonio García-Olivares, Científico Titular Instituto de Ciencias del Mar CSIC, Barcelona

 

            • Rosa Lago Aurrekoetxea, profesora en el departamento de Tecnología Electrónica de la UPV/EHU y miembro de Ekopol.

 

            • Joan Martinez Alier, investigador, ICTA, Universidad Autñonoma de Barcelona. jma

 

            • Florent Marcellesi, Coordinador de EcoPolítica

 

            • Jorge Riechmann, profesor titular de Filosofía Moral de la UAM  y ex-director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.

 

            • Ladislao Martínez López.- Vicepresidente de ATTAC-Madrid

 

            • Antonio María Turiel Martínez, Científico Titular del CSIC

 

            • Julio Herrera Revuelta, Profesor Titular de Fundamentos del Análisis Económico. Universidad de Valladolid

 

            • Emilio García Ladona, Investigador del Dept de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y miembro del Oil Crash Observatory

 

            • Marcos Portabella Arnus, Científico del Instituto de Ciencias del Mar, CSIC, Barcelona

 

            • Eduardo Aguilera Fernández, doctorando en Laboratorio de historia de los agroecosistemas, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla

 

            • Antonio Ruiz de Elvira, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares

 

            • Francesc Sardà Amills, Professor d’Investigació, Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC)

 

            • Roberto Bermejo, Catedrático y Profesor de Economía Sostenible de la Universidad del País Vasco (jubilado).

 

            • Ernest García, Profesor de Sociología y Antropología Social de la Universidad de Valencia.

 

            • Alejandro Nadal, Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México.

 

            • Gregorio López Sanz. Profesor de Política Económica. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete.

 

            • Fernando Moreno Bernal, Economista y Jefe de Servicio Diputación Provincial de Cádiz.

 

            • Ignacio Álvarez Peralta, Profesor de Economía Aplicada, Universidad de Valladolid.

 

            • Teresa Pérez del Río, Catedrática de Derecho del Trabajo de la UCA.

 

            • Amando García, Catedrático de Física Aplicada (jubilado), Universidad de Valencia.

 

            • David Escudero Mancebo, Profesor del Departamento de Informática de la Universidad de Valladolid.

 

            • Rosario Sierra de Grado, Profesora del Departamento de Producción Vegetal y Recursos Forestales, Universidad de Valladolid.

 

            • Jesús María Zamarreño, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática, Universidad de Valladolid

 

            • Santiago Movilla Blanco, Doctorando en Dinámica de Sistemas, Universidad de Bergen, Noruega

 

            • Manuel Calvo Salazar, Socioecólogo y consultor en temas de Sostenibilidad y  profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide

 

            • Fernando Valdepeñas Isidro, Coordinador del Centro de Sostenibilidad de Aranjuez (CSA)

 

            • Ángel Ballesteros, Catedrático del Departamento de Física Aplicada, Universidad de Burgos

 

            •  Iñaki Bárcena Hinojal,   Profesor Pleno (Catedrático en régimen Laboral) del  Departamento de Ciencia Política y de la Adminsitración dela Universidad del País Vasco-EHU

 

            •  Daniel López Marijuán,  geólogo y responsable del área de residuos y contaminación de Ecologistas en Acción.

 

            • Francisco Ramos Muñiz, Ingeniero Técnico Industrial, miembro del Área de Energía de Ecologistas en Acción

 

            • Antonio Clemente, miembro del Área de Energía de Ecologistas en Acción

 

            • Rafael Jiménez Castañeda, Coordinador del Laboratorio de Energía Solar. Escuela Superior de Ingeniería de Cádiz. España

 

            • Antonio Pérez Serrano, Profesor CAEU de Química Orgánica en la Universidad de Burgos

 

            • Carlos Taibo Arias, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

            • Manuel Garí Ramos, director de la Cátedra Universidad Empresa Sindicatos de la UPM

 

            • Daniel Albarracín, Economista y Sociólogo

 

 

    • Emilio Menéndez Pérez, colaborador en el Departamento de Ecología de la UAM

 

    • Carmen Duce, Ingeniera Industrial y Técnica en Cooperación al Desarrollo

 

 (*) Hasta la fecha los únicos partidos políticos que hablan del
pico del petróleo en su programa electoral de los que tenemos noticia
 son Equo y la coalición Alternativa Galega de Esquerda.

Esta no es sólo una crisis económica

En el Curso sobre los límites del crecimiento celebrado en la Universidad de Valladoli en el pasado mes de septiembre de 2011, después de escuchar a intelectuales como Carlos Taibo, Jorge Riechmann, Antonio Valero, Ernest García, Oscar Carpintero o Roberto Bermejo; la sensación que flotaba en el ambiente se resumía en dos palabras preocupación y urgencia.

Aunque, como decía Carlos Taibo, los medios de “incomunicación” silencian estos  temas y sus mensajes se resumen en frases como: “no es tan dramático” o “la tecnología inventará algo” y aunque, debido a ello, el conocimiento que el ciudadano tiene es escasísimo; la problemática que se trató en el curso es extremadamente importante para tod@s. No quedan prácticamente dudas de que nos vamos a encontrar, en esta mitad del siglo XXI, con el choque traumático de nuestra civilización contra los límites del planeta. Hemos colmatado ya los sumideros de contaminación y estamos agotando las fuentes de recursos que nos alimentan, y esto va a tener ya importantes  repercusiones económicas.

Tendemos a pensar en el medio ambiente como una especie de jardin que debemos cuidar por una cuestión ética, pero lo consideramos poco importante comparado con los temas “realmente serios”, como la economía y la industria. Este curso ha dejado bien claro que esta idea es falsa: el medio ambiente es nuestra huerta, nuestra mina y nuestra fábrica; es decir, la fuente de todas nuestras riquezas. Explotar los recursos de la forma que lo estamos haciendo es suicida, porque está poniendo en peligro el mantenimiento de eso que llamamos economía, tecnología y civilización en un plazo mucho más cercano de lo que creemos.

 El cambio climático es uno de los límites más conocidos, pero la otra cara de la moneda, el desconocido pico del petróleo, es todavía más apremiante. Roberto Bermejo nos hablaba de que la extracción mundial de petróleo se ha estancado desde 2006 y no es posible aumentarla aunque suba el precio o mejore la tecnología. La geología de los pozos maduros impide que se extraiga a más velocidad y, en esta misma década, la extracción, no sólo no va a cubrir la creciente sed de petróleo, sino que va a disminuir año a año. La propia Unión Europea, en un reciente informe sobre el futuro del transporte, habla de que en 2050 deberemos prescindir del 90% del petróleo que consumimos porque no lo habrá en el mercado. El resto de los recursos energético: gas natural, carbón y uranio, sufrirán el mismo estancamiento unos años más tarde, de forma que nos enfrentamos al pico de toda la energía global en esta década.

El petróleo y los recursos energéticos no son los únicos límites que están llamando a la puerta. Antonio y Alicia Valero nos hablaban de que hemos construido una electrónica cada vez más sofisticada a base de minerales extremadamente raros que ya están mostrando signos de agotamiento. Utilizar estos minerales de la forma actual, es decir: mezclándolos de forma que el reciclado se hace imposible, renovando los aparatos cada pocos meses y desechándolos en vertederos, es demencial. Es prácticamente imposible recuperar esos minerales desechados y son elementos con unas propiedades únicas que hacen posible, no sólo la moderna tecnología de móviles, consolas e iPods, sino cosas que el el futuro nos pueden resultar esenciales, como elementos para fabricar paneles fotovoltaicos y aerogeneradores. La actual abundancia de recursos es engañosa porque se ha basado en explotar minerales de concentración mucho más baja que los extraídos en siglos pasados, y esto sólo ha sido posible gracias a la utilización de mucha más energía. El pico de la energía hará mucho más costoso extraer todo tipo de minerales, y ya habremos perdido la oportunidad de reciclarlos, estarán en los basureros y muchos serán irrecuperables.

Las renovables son el futuro, porque no hay energías milagrosas e, incluso si alguna tecnología novedosa (como la fusión) llegara algún día a ser rentable, ya no va a llegar a tiempo para sustituir el declive de las fósiles. Debemos avanzar hacia un futuro de energías renovables, a pesar de que en muchas ocasiones sean obstaculizadas por lobbies cercanos al poder, como nos recordaba Ladislao Martinez; pero no podemos olvidar que ellas también tienen límites, como dejaban claro Carlos de Castro y Antonio García Olivares. Carlos explicaba que la energía renovable es la que utilizan los ecosistemas para todos sus procesos vitales. Interceptarla a gran escala tiene efectos sobre unos ecosistemas ya muy alterados; y no debemos olvidar que son esos ecosistemas (que menospreciamos y destruimos tan facilmente) de los que depende toda nuestra alimentacion y la estabilidad del planeta. Antonio nos hablaba de que algunas tecnologías renovables podrian servirnos para conseguir volúmenes de energía importantes, pero eso requeriría inversiones económicas muy exigentes que se asemejarian, durante 40 años, a una “economía de guerra”.

 Jorge Riechmann nos decía que no es el ser humano el cáncer de la biosfera, sino el capitalismo; y sobre todo el capitalismo financiarizado que hemos vivido estas décadas y que ha perdido todos sus mecanismos reguladores. Los estados han dejado de ser un contrapeso al poder del capital, al dejar de financiarse con impuestos para hacerlo con deuda y quedar a merced de los mercados de capital. Pero el capitalismo se basa en el crecimiento, como recordaba Margarita Mediavilla, porque la base del sistema bancario capitalista es el préstamo con interés, que fuerza al crecimiento económico y material. Si no somos capaces de cambiar la raíz del crecimiento, todos los intentos de encontrar una sociedad sostenible son vanos, como se ha demostrado estos casi 40 años desde que se hicieran los informes del Club de Roma.

Oscar Carpintero nos recordaba que la crisis económica ya existía antes de 2008 para millones de seres humanos excluidos, lo que ahora la hace diferente es que ha llegado incluso a las 1000 grandes empresas multinacionales que controlan la economía de planeta. Y tampoco debemos olvidar que los límites del crecimiento suponen un reto  para la clase obrera, que ha confiado en muchas ocasiones en el crecimiento para mejorar su situación.

Después de tres días de mensajes tan duros, la sensación de pesimismo que flotaba entre los asistentes al curso era difícil de contrarrestar, por suerte el cuarto día se lanzaron mensajes provocadores que invitaban a la acción. Carlos de Castro recordaba que esta civilización consumista y que choca violentamente contra la naturaleza no tiene futuro: es el momento de ir pensando en la próxima civilización, en sus valores, en su tecnología, en su política, en su agricultura y en su economía. Al fin y al cabo, como decía Jordi Pigem ¿merece la pena realmente esta sociedad que, a pesar de este inmenso derroche material, es capaz de dejar que todavía mueran de hambre seres humanos y ni siquiera consigue auténtico bienestar en las sociedades más opulentas?

Esta crisis nos debe servir para rediseñar todas nuestras actividades, desde nuestra  profesión a nuestra vida personal. Aunque la tarea parezca imposible, no queda duda que vamos a hacerlo, mejor o peor, porque el problema ha llegado ya. Contamos con una cualidad para ello, porque, como decía Ernest García, el ser humano, a pesar de no ser especialmente virtuoso, si una cosa ha demostrado, es ser una especie con una enorme capacidad de adaptación.

 Los colapsos no son sencillos, llevan aparejados grandes dosis de dolor, confusión, y turbulencias. Jorge Riechmann hablaba de la igualdad, la cooperación y el cuidado, como las tres virtudes que nos pueden ayudar a aminorar las consecuencias negativas de esta época. Yo añadiría cuatro más: democracia, empatia, creatividad y noviolencia, virtudes que el movimiento 15M está sacando a la calle.

Cada vez es más patente que no sólo nos enfrentamos a una crisis económica española o europea, sino a una crisis global y sistémica. Es preciso expandir la conciencia del enorme reto que tenemos delante, y es preciso hacerlo urgentemente. No podemos esperar a que los gobiernos den el primer paso, debemos empezar desde abajo. Es necesario, también, hacerlo utilizando la no violencia por bandera, puesto que la tarea fundamental no consiste hacer caer un sistema, que, de todas formas se cae él solo al chocar contra el planeta, sino en imaginar e ir haciendo realidad ese otro mundo posible. Posible, y sobre todo, ya ha quedado bien claro, inevitable.

 Margarita Mediavilla Pascual, noviembre 2011.

El mundo en nuestras manos