Cooperativas energéticas. Ampliando las fronteras

Siguiendo la interpretación del filósofo y escritor Jordi Pigem, que propone interpretar la crisis como oportunidad:

y sin infravalorar los efectos perniciosos de ésta, es interesante explorar las iniciativas que surgen en este caldo de cultivo para transformar el modelo en que vivimos. Especialmente, llaman la atención los procesos ciudadanos que tratan de empoderar a la gente en una nueva reedición de “la unión hace la fuerza” (de ahí la irrupción de cooperativas y plataformas). Esta toma de conciencia y voluntad colectiva de retomar las riendas de los aspectos básicos de nuestras vidas, se da en todos los ámbitos: la banca con la banca ética cooperativa (p.ej. FIARE), la soberanía alimentaria (con el espectacular incremento en los últimos años del número de huertos urbanos en España, [1] y de grupos de consumo), medios de comunicación (p. ej. La Marea) o las cooperativas energéticas (p. ej. Som Energia a nivel estatal).

Un ejemplo paradigmático de un sector fuertemente oligopólico en nuestro país es el sector eléctrico, hecho que se viene verificando claramente en los últimos años (ver por ejemplo los claros y concisos informes del Observatorio Crítico de la Energía) y recordado recientmente por la apertura de un expediente de competencia a una de las 5 empresas miembros de UNESA (que constituyen el 80% de la producción y más del 90% de la comercialización) por supuesta manipulación de precios. Aunque este funcionamiento había permanecido enmascarado, la crisis, que ha traído la pobreza energética pero también grandes dosis de indignación, ha cristalizado en la difusión masiva de estas circunstancias (por ejemplo mediante programas como el “Oligopoly” de Salvados o su secuela).

Las cooperativas energéticas que están surgiendo son cooperativas sin ánimo de lucro que producen y comercializan electricidad de origen renovable. Entre sus objetivos principales figura generar el 100% de la demanda de los socios, participando así activamente en la transformación del modelo energético actual. Además, tratan de ser económicamente independientes financiando sus proyectos de generación mediante la aportación de los propios socios. El ejemplo pionero y paradigmático en España es SomEnergia, nacida en 2010 en Girona (aunque existen otras cooperativas con un enfoque más local, como por ejemplo Goiener en el País Vasco, Nosa Enerxía en Galicia o EnerPlus en Cantabria; ver la lista actualizada en la web mecambio.net). La historia de la creación de SomEnergia ilustra la situación en la que nos encontramos en nuestro país. Al parecer, cuando Gijsbert Huijink, un profesor de origen holandés, llegó a la Universidad de Girona preguntó a sus compañeros por alguna cooperativa local de generación eléctrica para asociarse. Los compañeros no pudieron responderle: aún no existía ninguna cooperativa de este tipo en Cataluña, ni en España. Sin embargo, un estudio reciente para Alemania, ha estimado el número de cooperativas energéticas en el país en casi 1000, de las cuales un 20% estaban constituidas por más de 200 socios y más de 2 millones de euros en capital. El estudio concluye, significativamente, que este tipo de cooperativas suponen un modelo organizativo robusto para difundir las energías renovables a nivel local y descentralizado [2]. (Qué pena que se miente tanto a Alemania para unas cosas y para otras se ignore).

SomEnergia se encuentra en un auténtico proceso de expansión superando ya los 15.000 contratos a un ritmo de más de 150 nuevos socios por semana (+225% de crecimiento al año) como se puede apreciar en la siguiente gráfica:

(Fuente: http://plataforma.somenergia.coop)

Por comunidades autónomas, el número de socios era el siguiente (mayo 2014):

(Fuente: http://plataforma.somenergia.coop)

La tendencia de la  difusión geográfica de la cooperativa se aprecia perfectamente en el siguiente mapa, con las comunidades con más socios per capita siendo las más próximas a Cataluña.

(Fuente: http://plataforma.somenergia.coop)

En este contexto, podría surgir el debate sobre la eficiencia económica de un sistema distribuido frente a uno centralizado. Además, puesto que el actual sistema (por ejemplo las redes de distribución) está diseñado para éste último, la transición a uno distribuido incurriría en costes adicionales. Sin embargo y sin entrar en este debate, bastaría recordar que siendo la energía un bien básico, el criterio para su gestión no debería ser exclusivamente económico. Por otro lado, la generación concentrada lleva implicítia una concentración también del poder y una tendencia natural al oligopolio, frente a la generación distribuida que tiende así a “dispersar el poder” y democratizar su uso.

Siguientes pasos: ampliando las fronteras

Como se ha visto en los mapas anteriores, existe en realidad un potencial de crecimiento mucho mayor si en los diferentes territorios a nivel local se forma una constelación de grupos activos que promuevan la filosofía de las cooperativas energéticas. En este contexto surge, inevitablemente, la disyuntiva entre la creación de una cooperativa nueva, o bien la asociación con una cooperativa ya existente y asentada como pueda ser SomEnergia. Debido a que las barreras de entrada en el mercado eléctrico son muy grandes (pudiendo ser insuperables para grupos que inician su camino des una posición más frágil), las ventajas de unirse son diversas y significativas:

- evitar los altos costes de aprendizaje y de creación de una estructura operativa,

- compartir los elevados costes de operación en el mercado eléctrico (e.g. subastas del pool a través de agentes especializados),

- la financiación de proyectos de centrales renovables se logra más fácilmente con una base social amplia (más gente puede contribuir aportando menores cantidades),

- permite empezar a funcionar sobre una estructura ya creada y comenzar a trabajar activamente en la difusión y búsqueda de proyectos viables.

Así, Som Energia se encuentra actualmente en un proceso de aprendizaje para la gestión del funcionamiento descentralizado. Un ejemplo fue la última asamblea general que se realizó simultáneamente en 15 sedes vía internet. Así, los grupos locales se están multiplicando por toda la geografía del país:

Estas desventajas, sin embargo, no deberían ser interpretadas cómo un obstáculo infranqueable por grupos que se sientan fuertes y con ganas de lanzar un proyecto ambicioso a largo plazo. Valladolid no es una excepción y las primeras reuniones para impulsar el modelo de cooperativa energética en la provincia ya han empezado (ver noticia en el Norte y reportaje en ÚltimoCero). Aunque el grupo promotor gestiona en paralelo el grupo de SomEnergia en Valladolid, está actualmente en un proceso abierto para decidir su propia ruta. Para todos aquellos interesados en embarcarse en este proyecto, podéis escribir a: coopelectricava@gmail.com.

¡Mucha suerte!

Iñigo Capellán Pérez

Referencias

[1] Gregorio Ballesteros: Iniciativas de Agricultura Urbana y Periurbana Ecológica en España. II Congreso Estatal de Agricultura Urbana y Periurbana “Huertos Urbanos, autoconsumo y participación social”. Utrera (Sevilla) 2014. Un artículo sobre el tema ha aparecido en la revista El Ecologista nº 81.

[2] Sarah Debor (April 2014): “The Socio-Economic Power of Renewable Energy Production Cooperatives in Germany”, Wupperthal papers. <http://epub.wupperinst.org/files/5364/WP187.pdf>


Visiones del cielo y del infierno de la crisis (energética)

Fue en el año 2007 cuando escribí estos textos. Todavía estábamos en plena burbuja inmobiliaria y el paisaje de nuestras ciudades estaba lleno de grúas y edificios en construcción. Algunos habíamos oído hablar del pico del petróleo y de la enorme burbuja financiera que se estaba preparando y pensábamos que el pinchazo iba a ser mucho mayor de lo que se esperaba. Entonces me dio por escribir estas dos visiones de futuro desde el punto de vista de la crisis energética: una positiva que llamé “el cielo” y otra negativa, “el infierno”. Han pasado apenas seis años y, de momento, se puede constatar que estamos yendo hacia “el infierno” con bastante fidelidad, aunque también es cierto que está surgiendo un deseo de cambiar hacia muchas de las cosas que se describen en “el cielo”.

Esperemos que rememorar estos textos pueda servir para que encontremos una salida a esta crisis, que probablemente está mucho más causada por la energía de lo que se suele pensar y cuya solución probablemente pasa por virar a este “cielo”. Un cielo muy diferente del modelo consumista actual y que puede parecer austero, pero es una utopía atractiva en muchos aspectos y, sobre todo, coherente con el futuro de baja energía que – cada vez se ve más claramente- nos va a tocar vivir.

El infierno de la crisis energética

Parece mentira que los anuncios de la tele sigan repitiendo ese espejismo manido de antes de la crisis energética. Seguimos viendo anuncios de complacientes y aletargados muchachos en eterna y fácil juventud que incitan a consumir compulsivamente. Y digo yo que a quien irán destinados los anuncios, si la gente que conozco no tiene con qué consumir. Aunque consumidores para esos anuncios de la abundancia habrá, ya lo creo. En las urbanizaciones de la periferia se sigue manteniendo el estilo de vida de antes. Urbanizaciones cercadas con grandes muros y vigiladas por toda una corte de seguratas. Los miembros de estas elites se siguen desplazando en automóvil, hacen ostentación porque se lo pueden permitir, aunque se les vaya en ello el salario… Bueno, el salario no, la renta, porque este país se ha convertido en una aristocracia. Los dueños de las grandes empresas y los banqueros, se han convertido en terratenientes y propietarios de los pisos y viven de las rentas.

Los demás seguimos atados al transporte público, escaso y abarrotado, pero siempre “deficitario” lo que hace que el Ayuntamiento siga sin invertir en ello y tengamos que aguantar colas, esperas interminables y largas jornadas laborales que se incrementan con el tiempo del transporte. El caso es que siguen existiendo miles de viviendas vacías en el centro de las ciudades, pero pertenecen a las elites que no quieren vender a los precios actuales, esperan a encontrar una buena coyuntura o a que las viviendas se derrumben. Los demás, ni vivimos en el campo, lo cual tiene la ventaja de poder cultivar algunas verduras, ni vivimos en el centro de la ciudad, lo cual tiene la ventaja de no depender del transporte. Tampoco podemos marcharnos al campo, porque todas las ganancias del boom inmobiliario se vertieron hacia la agricultura y la tierra se ha concentrado en agrobusiness enormes. Estamos volviendo a lo que antes llamábamos aristocracia latifundista. Ante todo esto, los ocupas proliferan, tanto en el campo como en la ciudad, pero la represión es feroz.

Muchos se han lanzado a la bicicleta, pero las noticias de ciclistas muertos son el pan nuestro de cada día. Las ciudades son, si cabe, más agresivas que antes. Hay menos coches, pero siguen siendo muchos y, ante la falta de alternativas, los que tienen la suerte de tener un salario, destinan gran parte de su sueldo al automóvil. Se consume biodiesel aún sabiendo que se está deforestando el planeta con ello. No hay carriles bici ni respeto a los ciclistas. Los miembros de las elites hacen gala de sus 4×4 y se burlan de los ciclistas, porque ciclista es sinónimo de pobre.

La electricidad más o menos tiene un suministro estable, porque es de origen nuclear, pero los precios son astronómicos, el uranio escasea. Dicen que van a tener que cerrar centrales dentro de poco por falta de uranio y no sé qué tendremos que hacer para calentar mínimamente las casas. Lo que no tenemos son combustibles, ni vehículos eléctricos, ni trenes, ni tranvías, seguimos con los coches de gasolina de hace 15 años. Los únicos trenes que circulan bien son los pocos AVE que se construyeron entonces, pero lo hacen a 60 km/h para ahorrar energía, pero, como por ser AVE son muy eficientes, todavía se mantienen como uno de los pocos servicios públicos.

El combustible escasea muchísimo, pero la gente, cuando consigue unos litros, sólo lo quiere para darse un paseo en su coche. No se dan cuenta de que deberíamos racionar el combustible para que tengan gasóleo los tractores. Como los agricultores no tienen gasóleo y sus ingresos están por los suelos, se está volviendo a la yunta de bueyes. Incluso se cosecha con cosechadoras manuales, tiradas por inmigrantes. De todas formas los salarios son tan bajos, las condiciones laborales tan desreguladas, y hay tanto trabajo negro, que llegaremos a segar con hoces.

Los alimentos están por las nubes. Hay mucha malnutrición infantil, aunque la gente no lo quiera ver. Muchos niños no comen más que pan y patatas, pero se oculta, estas cosas no salen en las noticias. A pesar de todo, vas al supermercado, y todos los alimentos están envueltos en plásticos y cartones de colores, como antes. Por dentro no saben a nada, yo creo que no comemos más que plástico. Las grandes cadenas distribuidoras copan toda la distribución, las pequeñas tiendas terminaron de hundirse con la crisis.

El espejismo se sigue manteniendo en los medios de comunicación, que sólo exaltan lo bien que marcha la economía, el crecimiento económico que hay y cómo hemos salido de la crisis. Sin embargo la gente trabaja cada vez más y en peores condiciones, la seguridad social, las pensiones y los salarios se deterioran. Los inmigrantes siguen viniendo a pesar de que aquí no hay trabajo, en África la situación es todavía más dantesca. Aquí se enfrentan a los grupos nazis, que proliferan como las setas, ante la pasividad general. Los obreros tienen que culpar a alguien de sus problemas y no se atreven a meterse con los de arriba. Todos los medios de protesta han sido suprimidos: el miedo al terrorismo anarquista e islámico ha callado la boca a cualquier disidencia. Los anarquistas han tomado la senda violenta y eso ha sido la cuartada perfecta: cualquier crítica al capitalismo termina en la cárcel.

Nuestra red de la patata sigue trabajando en la clandestinidad. Cogemos el coche eléctrico que construyo Javier y nos turnamos para ir por las noches a la huerta, a la lechería de Megeces y a Cabezón a por alubias y trigo. Eso nos ayuda bastante, son alimentos de buena calidad, de agricultores ecológicos de toda la vida que todavía aguantan. Nos las arreglamos para pagar a base de servicios y de jornales en el campo cuando no aceptan el dinero devaluado. Pero todo ello expuestos a las inspecciones de sanidad, porque la venta directa está prohibida y además nos vigilan como grupo anarquista.

El cielo de la crisis energética

Desde que, en el 2006, el precio del petróleo empezó a subir y comenzó la crisis energética, las bicicletas se han adueñado de las ciudades. Cuando la industria del automóvil entró en decadencia y se cerraron las fábricas, la gente declaró la guerra al automóvil. No se podía permitir que el coche consumiera el combustible que se necesitaba para producir alimentos. Las protestas ciudadanas consiguieron normas que obligan a pintar un carril verde para bicis en todas las calles de dos o más carriles. Lo bueno es que el aire está más limpio y, aunque no hay dinero para invertir en obra pública ni en jardines, las ciudades son más amables, silenciosas, amplias y limpias ahora que no hay tanto coche.

El combustible está muy racionado y se dedica a la agricultura, la industria y el transporte más necesario. Resulta difícil comprar gasolina para las vacaciones, pero para usos privados está disponible la electricidad: trenes, motocicleta y pequeños coches eléctricos. Aprovechamos para cargar la batería cuando hay exceso de viento, entonces los precios de la electricidad están tirados. Se ha puesto de moda el turismo en bicicleta, y la verdad es que es bonito. Benidorm y otros grandes centros turísticos de sol y playa todavía siguen siendo populares, el acceso mediante ferrocarril y bus los hace bastante asequibles, aunque ahora ya no hay casi extranjeros, el avión se ha convertido en un lujo.

Los apagones son frecuentes en invierno en los días que no hay sol ni viento. Pero lo que se ha hecho bien es lo de las calefacciones. Prácticamente no quedan viviendas sin sistemas de ahorro energético y paneles solares, y se nota que en invierno, aunque no haga el calor de antes, no se pasa frío en las casas. Cada pueblo tiene su molino y cada casa su panel, y aunque antes nos parecían antiestéticos, ahora no se queja nadie.

Gracias al estricto uso del combustible los precios de los alimentos han dejado de subir. Además se han dedicado ingentes esfuerzos en aplicar y desarrollar tecnologías de agricultura orgánica. Las asociaciones de recuperación de razas autóctonas y técnicas tradicionales hicieron un papel muy importante durante los últimos años del siglo XX, gracias a ello se ha avanzado mucho. Casi un tercio del presupuesto en I+D va a parar a ese capítulo, otro tercio o más va destinado a investigación energética, es lo más importante.

El campo sigue necesitando trabajadores y, aunque parecía imposible, los pueblos de Castilla se están volviendo a llenar de niños. En cierta forma, Castilla y León se ha convertido en la avanzadilla progre de España, llena de comunas autosuficientes que han vuelto a la tierra.

Además se ha legislado para potenciar las fincas y los pequeños propietarios, ya que la agricultura biológica necesita de un laboreo más cuidadoso y en pequeñas explotaciones. Las producciones biológicas, aunque son algo menores, son ricas en vitaminas y minerales y las campañas para concienciar a la población sobre la necesidad de consumir menos carne y tener una buena alimentación vegetariana están surtiendo efecto.

Los mercados tradicionales han vuelto a florecer. Los centros comerciales están demasiado lejos para la bici y las grandes empresas distribuidoras han quebrado casi todas. A los campesinos les resulta rentable venir a la ciudad a vender directamente, y eso se nota en la calidad de los productos. La normativa sanitaria, que en ocasiones era tan absurda, se ha relajado para permitir vender sin tanto envase.

Eso sí, el chocolate y el café se han convertido en las angulas del siglo XXI. Apenas se producen, a pesar de que se venden a precio de oro. Después del gran crash bursátil los países pobres decidieron dejar de pagar la deuda externa: si nadie podía pagar las deudas ellos menos. A partir de entonces se volcaron en la producción de alimentos para su mercado interno y muchos países cortaron sus relaciones comerciales internacionales y salieron de la OMC. Sin deuda externa y con un comercio internacional muy reducido no había razón para seguir cultivando cacao, café o azúcar de caña para biodiesel. Lo curioso es que, pese a la crisis mundial, ha disminuido espectacularmente el hambre en el mundo y han mejorado la alfabetización y la asistencia sanitaria. Cosas de la deuda.

Según los indicadores de PIB todavía seguimos en recesión, pero la gente vive mejor que hace unos años, y eso se nota en la cesta de la compra y en la calidad de vida, aunque la Bolsa no se recupere. Se han seguido políticas de vivienda eficaces y es sencillo encontrar vivienda en alquiler a precios muy asequible. El boom inmobiliario del 2006 dejó las ciudades españolas llenas de viviendas vacías, que ahora han permitido bajar los precios y dar alquileres sociales. Por otra parte los niños y los jóvenes están mejor atendidos, y gran parte de los problemas sociales han disminuido. El fomento de la jornada reducida ha hecho que el poco trabajo existente se reparta mejor. Los salarios son bajos, pero por lo menos no hay desempleo. Además el empleo a tiempo parcial ha hecho que las familiar recuperen su tiempo. Hay más gente en asociaciones y en la calle. Muchos amos y amas de casa están aprendiendo en programas de autosuficiencia a vivir mejor con menos dinero: huertos domésticos, talleres de costura y bricolaje, microempresas…

Pero lo que más me gusta a mi últimamente es la televisión. El abotargamiento consumista ha dado paso a una época de gran creatividad. La música, el teatro, el cine, la literatura… Todos ellos han florecido y se han convertido en maravillosos instrumentos de creatividad cultural.

Se ha terminado aquella presión obsesiva por el consumo que abotargaba todos nuestros sentidos. La calle ha vuelto a ser el lugar para pasear, para jugar, para hacer música y hablar, no sólo un gran centro comercial lleno de coches. Parece que se están empezando a encontrar energías renovables más rentables. Dicen que en diez años ya no necesitaremos combustibles fósiles y conseguiremos aumentar la eficiencia energética de nuestra sociedad un 20%. Dicen que todavía tenemos que reducir nuestra huella ecológica un 30% para llegar al equilibrio económico-ecológico y que ese es el principal objetivo de la política del gobierno, pero se está trabajando mucho en eficiencia y es posible que lleguemos en menos de diez años.

Además a mí nunca me gustó ir a los centros comerciales y ya entonces iba de vacaciones en bicicleta. A pesar de lo que dicen, la vida consumista de antes no era tan buena, estábamos todos neuróticos corriendo de un lado para otro. Hemos perdido cosas, algunas muy buenas, como los viajes en avión y la posibilidad de conocer otros países fácilmente, pero también hemos ganado lo más importante: el tiempo para disfrutar de la vida.

Marga Mediavilla

También publicado en Último Cero


Austeridad y sacrificios humanos para los dioses del mercado


La actitud que está tomando el gobierno del PP respecto a los recortes da la impresión de ir más allá de una estrategia racional de ahorro. Recuerda a los peores momentos de la tradición inquisidora y parece guiada por la intención de destruir todo lo bueno que hay en la sociedad española. Da la impresión de que nos están diciendo que la sanidad pública, la educación, la atención a los dependientes, la democracia y todo lo que están recortando son “placeres profanos” que deben ser sacrificados en aras de la competitividad; igual que los devotos cristianos de antaño debían mortificarse para que sus pecados fueran perdonados.

¿Qué estamos haciendo?¿Qué nos están haciendo?¿Tiene esto alguna lógica o simplemente responde a instintos irracionales arraigados en nuestro inconsciente colectivo o incluso nuestras tradiciones religiosas?

No puedo dejar pensar que nos estamos comportando exactamente igual que los habitantes de la Isla de Pascua cuando empezaron a colapsar. Probablemente, en Pascua, cuando las lluvias empezaron a escasear y las cosechas a disminuir, los sacerdotes dijeron al pueblo que habían sido vagos y no habían construido suficientes estatuas para los dioses, que habían “vivido por encima de sus posibilidades” y los dioses les castigaban negándoles las lluvias. Por eso las mayores estatuas de piedra encontradas en la Isla fueron las construidas poco antes del colapso y muchas de ellas quedaron inacabadas.

Probablemente les dijeron que tenían que trabajar más y comer menos, como nos dicen a nosotros, pero sin olvidarse de pagar los tributos que mantienen a los sacerdotes, porque “eso agrada a los dioses”; igual que nuestros gobernantes y banqueros no cuestionan que ellos puedan bajar sus sueldos ni sus beneficios. Y probablemente los pascuenses se esforzaron mucho y obraron de buena fe para intentar detener el colapso; pero todos sus sacrificios fueron en vano, porque estaban adorando a dioses falsos, que ni eran capaces de darles las lluvias, ni de devolver la fertilidad a la tierra. Más bien todo lo contrario. Sus dioses les llevaban a destruir, a base de construir grandes estatuas de piedra, aquello que realmente les daba de comer: los bosques de palmas que atraían la lluvia y protegían los suelos.

A ver si podemos nosotros pararnos a pensar un poco antes de seguir ofreciendo sacrificios humanos sin ton ni son en esta orgia de locura colectiva. Tenemos que salir de la crisis y es verdad que no podemos hacerlo sin asumir que tenemos en gran medida la culpa de ella. Debemos ser responsables, hacer examen de conciencia entre todos, buscar en qué nos hemos equivocado y encontrar la solución cambiando nuestro comportamiento. Pero no debemos hacerlo dejándonos guiar por supersticiones, creencias en falsos mitos, o difusos sentimientos de pecado y redención, sino usando la racionalidad y percibiendo la realidad del siglo XXI.

No es difícil darse cuenta de que, en gran medida, hemos convertido a esas cosas que llamamos “competitividad”, “crecimiento” y “economía de mercado” en los mitos de nuestro tiempo, pero ¿son realmente capaces de ayudarnos, o son tan útiles para salir de esta crisis como lo eran los dioses de la Isla de Pascual para convocar la lluvia?

¿Hay soluciones a la crisis? Probablemente las hay, pero no las encontramos porque no se encuentran donde las buscamos. Probablemente nuestra sociedad no es tan distinta de la de Pascua y no es descabellado pensar que, hoy igual que antaño, la crisis está causada por la escasez de recursos naturales. A nadie se le escapa que vivimos en un planeta muy poblado en el que todos queremos aumentar nuestro consumo mientras los recursos están empezando a escasear y encarecerse de forma muy alarmante. Si esto es cierto, y cada vez hay más datos que nos muestran que lo es, intentar salir de la crisis aumentando la “competitividad” o complaciendo a los “mercados” son estrategias igual de efectivas que los sacrificios que se hacían a los dioses de la Isla de Pascua.

Mucho antes de sacrificar lo más querido a nuestros viejos mitos tenemos que preguntarnos si éstos realmente sirven para algo o se han quedado completamente obsoletos. Si los habitantes de Pascua hubieran sido capaces de ver la falsedad de sus creencias ,remontar su crisis  habría sido complicado y no exento de penalidades, pero todo el potencial humano que gastaron en mantener sus viejos dioses lo podían haber utilizado en hacer una transición efectiva y no terminar colapsando.

¿Tenemos nosotros que sacrificar nuestra sanidad, nuestra educación, nuestros derechos y nuestra democracia para salir de la crisis? En absoluto. Si nos despojamos de todo aquello que nos sobra en forma de derroche de recursos, desigualdad, privilegios, ostentación y cultura del usar y tirar, podriamos conseguir un gran caudal de energía colectiva y recursos para realizar la transición hacia una civilización realmente viable. No es lo más fundamental, como la educación o la sanidad, lo primero que tenemos que sacrificar en estos momentos, lo primero que hay que sacrificar en tiempos de crisis son nuestras viejas ideas y creencias equivocadas que no nos dejan reaccionar ante una realidad completamente nueva.

Margarita Mediavilla

 

 

 

 

 


Carta abierta al presidente del gobierno.

Investigadores en energía y sostenibilidad advierten al gobierno y a la sociedad española sobre el pico del petróleo

 

La crisis económica que estamos viviendo hace que algunas cuestiones de gran importancia queden marginadas en los medios de comunicación. Esto está sucediendo con la crisis energética, un problema vital para toda la humanidad especialmente preocupante para un  país como el nuestro, que apenas posee recursos energéticos no renovables. Con esta carta queremos llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre ello, ya que creemos que no va a ser posible superar la crisis económica si no nos damos cuenta del papel que la energía tiene en nuestra sociedad y no reaccionamos adecuadamente a la crisis energética.

Entre el  17 y el 20 de septiembre tuvo lugar un curso sobre el futuro de la energía en la Escuela de Ingenierías Industriales de Valladolid. Los participantes hemos redactado la siguiente declaración, que  está siendo firmada por expertos en diferentes aspectos de la energía. Si no eres experto en el tema pero quieres adherirte puedes dejarnos tus comentarios.


 

Los firmantes de esta declaración somos profesionales relacionados de un modo u otro con la energía: profesores de universidad, ingenieros, científicos, economistas, etc. El objetivo de la misma es llamar la atención del gobierno y la sociedad española sobre la crisis energética que estamos viviendo, la cual, en medio de la vorágine actual, está siendo olvidada. Lo hacemos porque tenemos el firme convencimiento de que el energético es un aspecto clave de la actual crisis que vive nuestro país.

Por el desarrollo de nuestra actividad profesional sabemos bien que la energía es la base de la tecnología y es, en definitiva, el motor de toda la economía, y vemos que cada vez hay más consenso científico acerca de las previsiones de un importante descenso de la disponibilidad mundial de energía, en primer lugar de la más versátil y usada, el petróleo, a partir de esta misma década.En los datos históricos de estos últimos años se puede observar un sospechoso estancamiento en la producción de petróleo mundial, mientras su precio aumenta. Ello corrobora las predicciones de numerosos expertos que hablan del declive de todo tipo de petróleos en esta década. Es también reconocido por la propia Agencia Internacional de la Energía que el crudo barato y de fácil extracción empezó a disminuir hace seis años. Una disminución similar se espera para el resto de los combustibles: gas natural, carbón y uranio que, con gran probabilidad, habrán entrado en declive antes de 2040.

A pesar de la importancia de estos datos, las noticias sobre la crisis energética, no están en los debates parlamentarios, ni en los programas políticos*, y dada la relevancia que ello tiene para todos los ciudadanos, consideramos que este silencio es una grave falta de responsabilidad política. Sería ingenuo esperar que este declive y encarecimiento de recursos tan vitales no tuviera importantes consecuencias sobre la economía, especialmente la de aquellos países que, como el nuestro, se han acostumbrado a un alto consumo pero apenas poseen recursos energéticos no renovables. Ya se está haciendo evidente que tenemos muchas dificultades para pagar nuestra factura energética que, sólo para el petróleo, equivale al 4% de nuestro PIB, y más aún en el actual contexto de crisis económica y endeudamiento. Es más, muchos también pensamos que esta escasez energética está en la base de la inestabilidad económica mundial y creemos que no es posible solucionar la crisis económica sin solucionar primero la energética.

 

Cabe la posibilidad de que, ante el agotamiento de los combustibles fósiles, caigamos en la tentación de explotar recursos cada vez más inaccesibles como el gas o petróleo de esquisto por métodos de fractura hidráulica (como ya estamos viendo en nuestro país). Este tipo de extracciones no dejan de ser sino parches que no resuelven los problemas a medio plazo y ofrecen frecuentemente un remedio peor que la enfermedad, pues tienen nefastas consecuencias sobre recursos como tierras fértiles, bosques y acuíferos, que no sólo son vitales para el medio ambiente y la salud de las personas, sino también el capital que sostiene numerosas actividades económicas.

 

Ante este agotamiento de los combustibles fósiles sólo cabe una paulatina sustitución por energías renovables, pero conviene ´no engañarse con utopías tecnológicas, la transición no va a ser sencilla en absoluto. Los datos muestran que el declive del petróleo no va a poder ser compensado, al menos en los tiempos previstos y en los volúmenes que esta sociedad mundial está exigiendo en la actualidad. Los sustitutos tecnológicos que tenemos en estos momentos a nuestra disposición son todos ellos son muy inferiores en prestaciones y llegan demasiado tarde. En estos momentos creemos que la única forma de hacer frente de forma eficaz al pico del petróleo es mediante la adopción de audaces medidas de ahorro.

 

Por otra parte, es necesario continuar con el desarrollo de las energías renovables para frenar, en la medida de lo posible, el cambio climático y prepararse ante el previsible encarecimiento y declive del carbón, el gas natural y el uranio en las próximas décadas. Para ello es preciso apoyar la investigación en tecnologías de generación, acumulación y eficiencia energética y no frenar la implantación de energías renovables. Todo ello debe hacerse con importantes medidas de regulación desde las administraciones públicas ya que, como estamos viendo, las fuerzas del mercado son muy insuficientes para ello, y en muchos casos sus intereses apuntan en dirección contraria al interés general de la sociedad.

  Es preciso que se lleve a cabo, además, una importante campaña de concienciación sobre este problema, ya que la ciudadanía no percibe su importancia, como consecuencia de la discreción con que aparece en los medios de comunicación y en las agendas políticas.Si no somos capaces de afrontar la crisis energética, lo que podemos fácilmente prever es el agravamiento de nuestro endeudamiento, la continuación de la crisis económica, el empobrecimiento de toda la sociedad, la obsolescencia de nuestras infraestructuras, el encarecimiento de la producción de alimentos y otros bienes de consumo, etc. todo ello agravado por las consecuencias derivadas del cambio climático.

El gobierno español debe abrir los ojos ante esta enorme realidad y darse cuenta de que urge cambiar rápida y decididamente hacia otros patrones de consumo y producción de energía. En sus manos está concienciar y movilizar masivamente a la población española o seguir silenciando problemas tan graves como los aquí expuestos.

 

En Valladolid a 20 de septiembre de 2012.

Respuestas y repercusión mediática de la Carta y más

              • Fernando Frechoso Escudero, director de la Cátedra de Energías Renovables de la Universidad de Valladolid

 

 

            • Carlos de Castro Carranza, profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Valladolid

 

            • Luis Javier Miguel González, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid

 

            • Margarita Mediavilla Pascual, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid

 

            • Óscar Carpintero, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid

 

            • César Chamorro Camazón, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid

 

            • Eloy Velasco Gómez, profesor del Departamento de Ingeniería Energética y Fluidomecánica de la Universidad de Valladolid

 

            • Francisco Castrejón, Director de la Unidad de Teoría de Fusión del CIEMAT

 

            • Pedro Prieto Pérez, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO

 

            • Ignacio Cruz Cruz, director del Departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

 

            • Gorka Bueno Mendieta, profesor del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad del País Vasco

 

            • Gustavo Duch Guillot, ex director de Veterinarios sin Fronteras y escritor

 

            • Xoán Doldán García, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela

 

            • Francisco Álvarez Molina, Ex presidente de la Bolsa de París y presidente de “ETICA Family Office”

 

            • Daniel Gómez Cañete, Presidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro de ASPO

 

            • Jordi Pigem, Filósofo de la ciencia y escritor

 

            • Juan Martínez Magaña,  profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC

 

            • Antonio García-Olivares, Científico Titular Instituto de Ciencias del Mar CSIC, Barcelona

 

            • Rosa Lago Aurrekoetxea, profesora en el departamento de Tecnología Electrónica de la UPV/EHU y miembro de Ekopol.

 

            • Joan Martinez Alier, investigador, ICTA, Universidad Autñonoma de Barcelona. jma

 

            • Florent Marcellesi, Coordinador de EcoPolítica

 

            • Jorge Riechmann, profesor titular de Filosofía Moral de la UAM  y ex-director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.

 

            • Ladislao Martínez López.- Vicepresidente de ATTAC-Madrid

 

            • Antonio María Turiel Martínez, Científico Titular del CSIC

 

            • Julio Herrera Revuelta, Profesor Titular de Fundamentos del Análisis Económico. Universidad de Valladolid

 

            • Emilio García Ladona, Investigador del Dept de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y miembro del Oil Crash Observatory

 

            • Marcos Portabella Arnus, Científico del Instituto de Ciencias del Mar, CSIC, Barcelona

 

            • Eduardo Aguilera Fernández, doctorando en Laboratorio de historia de los agroecosistemas, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla

 

            • Antonio Ruiz de Elvira, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares

 

            • Francesc Sardà Amills, Professor d’Investigació, Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC)

 

            • Roberto Bermejo, Catedrático y Profesor de Economía Sostenible de la Universidad del País Vasco (jubilado).

 

            • Ernest García, Profesor de Sociología y Antropología Social de la Universidad de Valencia.

 

            • Alejandro Nadal, Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México.

 

            • Gregorio López Sanz. Profesor de Política Económica. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete.

 

            • Fernando Moreno Bernal, Economista y Jefe de Servicio Diputación Provincial de Cádiz.

 

            • Ignacio Álvarez Peralta, Profesor de Economía Aplicada, Universidad de Valladolid.

 

            • Teresa Pérez del Río, Catedrática de Derecho del Trabajo de la UCA.

 

            • Amando García, Catedrático de Física Aplicada (jubilado), Universidad de Valencia.

 

            • David Escudero Mancebo, Profesor del Departamento de Informática de la Universidad de Valladolid.

 

            • Rosario Sierra de Grado, Profesora del Departamento de Producción Vegetal y Recursos Forestales, Universidad de Valladolid.

 

            • Jesús María Zamarreño, profesor del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática, Universidad de Valladolid

 

            • Santiago Movilla Blanco, Doctorando en Dinámica de Sistemas, Universidad de Bergen, Noruega

 

            • Manuel Calvo Salazar, Socioecólogo y consultor en temas de Sostenibilidad y  profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide

 

            • Fernando Valdepeñas Isidro, Coordinador del Centro de Sostenibilidad de Aranjuez (CSA)

 

            • Ángel Ballesteros, Catedrático del Departamento de Física Aplicada, Universidad de Burgos

 

            •  Iñaki Bárcena Hinojal,   Profesor Pleno (Catedrático en régimen Laboral) del  Departamento de Ciencia Política y de la Adminsitración dela Universidad del País Vasco-EHU

 

            •  Daniel López Marijuán,  geólogo y responsable del área de residuos y contaminación de Ecologistas en Acción.

 

            • Francisco Ramos Muñiz, Ingeniero Técnico Industrial, miembro del Área de Energía de Ecologistas en Acción

 

            • Antonio Clemente, miembro del Área de Energía de Ecologistas en Acción

 

            • Rafael Jiménez Castañeda, Coordinador del Laboratorio de Energía Solar. Escuela Superior de Ingeniería de Cádiz. España

 

            • Antonio Pérez Serrano, Profesor CAEU de Química Orgánica en la Universidad de Burgos

 

            • Carlos Taibo Arias, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

            • Manuel Garí Ramos, director de la Cátedra Universidad Empresa Sindicatos de la UPM

 

            • Daniel Albarracín, Economista y Sociólogo

 

 

    • Emilio Menéndez Pérez, colaborador en el Departamento de Ecología de la UAM

 

    • Carmen Duce, Ingeniera Industrial y Técnica en Cooperación al Desarrollo

 

 (*) Hasta la fecha los únicos partidos políticos que hablan del
pico del petróleo en su programa electoral de los que tenemos noticia
 son Equo y la coalición Alternativa Galega de Esquerda.

¿Y si la crisis fuera el petróleo?

Es, probablemente, demasiado simplista achacar toda la crisis económica al precio del petróleo y no se puede negar que, en estos momentos, los problemas financieros son los  más inmediatos. Sin embargo, no deberíamos olvidar que, desde el año 2004 hasta ahora, el precio del petróleo se ha multiplicado por cuatro, y es evidente que esto afecta a todos los sectores de la economía: hunde a las compañías aéreas, inhibe el comercio internacional, encarece el turismo, hace menos atractiva la compra de coches, hunde a agricultores y ganaderos por el precio de los insumos…  en definitiva, hace mucho más difícil el crecimiento de todos los sectores que dependen de él, sobre todo en los países que no lo producen.

La verdad es que, con todas las consecuencias que tiene, lo difícil es no caer en la tentación de atribuirle al alto precio del petróleo la responsabilidad de la crisis global. Además, es posible que sus consecuencias  vayan mucho más allá del aumento de  costes y quizá tengan razón los que argumentan que las relaciones entre la energía y la economía son muy estrechas y el petróleo está incluso en la base de la crisis financiera actual.

A principio de los años 70 un geólogo norteamericano llamado Hubbert se preguntaba qué sucedería con la economía mundial si el consumo de energía  empezara a declinar. Esto le preocupaba especialmente porque él había observado que los yacimientos de petróleo siguen una curva de extracción en  forma de campana, de forma que, cuando se ha explotado aproximadamente la mitad, la extracción se hace forzosamente más lenta. Hubbert estimaba que en torno a 2005 se alcanzaría el máximo de extracción de petróleo de todos los pozos, tanto descubiertos como  por descubrir, y ese momento  marcaría el techo de toda la energía mundial. Su teoría se había visto confirmada en EEUU, que en 1970 había empezado a disminuir su producción,  como él había previsto 20 años antes.

Hubbert   observaba que hay dos construcciones humanas en constante crecimiento: la de la riqueza  real de los bienes materiales y la del dinero. También observaba que el dinero tiende a crecer en virtud del sistema bancario basado en el préstamo con interés, ya que el interés provoca un constante crecimiento de la masa monetaria. Hubbert  pensaba que este crecimiento monetario debía estar respaldado por un crecimiento paralelo de la riqueza física: si el dinero crece y no lo hace la riqueza física, el aumento del dinero se convierte en puramente especulativo, es sólo inflación. Además, la riqueza física  está alimentada con energía en todos sus aspectos;  la energía es, por definición, la capacidad de  realizar todo tipo de trabajos.

El consumo de energía y el volumen monetario  han crecido de forma paralela durante décadas  ¿Qué pasará el día que la energía no pueda crecer al mismo ritmo que el dinero porque se alcanza el pico  del petróleo?  Hubbert hablaba de se produciría una  “inestabilidad  financiera a gran escala”  hasta que se implantase un sistema monetario basado en interés cero y esto permitiera una economía no basada en el crecimiento y la estabilidad entre el mundo físico y el mundo del dinero.

Es hora de ver si las intuiciones de Hubbert  eran correctas, ya que  cada vez es más evidente que estamos viviendo el pico de la producción de petróleo mundial tal y como Hubbert predijo. La propia Agencia Internacional dela Energíaha reconocido oficialmente que el petróleo convencional (es decir, lo que Hubbert consideraba petróleo) alcanzó su máximo de extracción en 2006 y, aunque  ahora estamos intentando  cubrir la demanda con  petróleos de muy baja calidad y biocombustibles,  se observa que la producción total de todo tipo de líquidos se ha estancado  mientras su precio sube sin parar.  Viendo el estancamiento del petróleo y los problemas económicos mundiales actuales, es difícil no preguntarse si la crisis económica no es, simplemente,  esas “inestabilidades financieras a gran escala”  de las que Hubbert hablaba hace 40 años.

¿Y si realmente no tuviéramos una crisis financiera  sino algo mucho más profundo y complejo? ¿Y si estuviéramos viendo que los recursos naturales y la energía, que han sido poco relevantes durante décadas, se vuelven los actores más importantes de la economía? ¿Y si viéramos cómo crecen los países ricos en recursos naturales  y decrecemos los países europeos con fuerte demanda pero muy pocos recursos?   ¿Y si estuviéramos viendo que la globalización se cae porque se ha basado en un comercio internacional que requiere mucho petróleo? ¿Y si la actual crisis fuera completamente diferente a las anteriores porque estaríamos  viviendo un enorme cambio histórico marcado por el colapso del sistema bancario basado en  la deuda y el crecimiento?

Margarita Mediavilla Pascual, abril 2012. Publicado en El Norte de Castilla, 12 mayo de 1012


Ecología para tiempos de crisis

Estamos acostumbrados a que nos vendan lo ecológico como un lujo, una etiqueta de calidad que encarece el producto, y, por ello, en tiempos de crisis, tendemos a olvidarnos de la “ecología” para dar prioridad a la “economía”. Sin embargo, el ecologismo auténtico (no el del marketing) ha sido siempre cuestión de ahorro y, precisamente por ello, resulta tremendamente útil en estos momentos de crisis. Además los llamados “empleos verdes” son una interesante fuente de nuevos puestos de trabajo que no debemos despreciar, dada la urgente necesidad que tiene la sociedad española de crear empleo.

Ahora que las economías domésticas no están para muchas alegrías, es el momento de ahorrar en la factura de la calefacción y recordar que mejorar el aislamiento de la vivienda o instalar paneles térmicos son medidas relativamente sencillas y dan lugar a ahorros medios de un 50%. Además, si uno va a hacerse una vivienda de nueva construcción, puede optar por diseñarla con criterios bioclimáticos, con lo cual se pueden llegar a conseguir viviendas autosuficientes. Es asombroso comprobar cómo se pueden hacer viviendas que, en el clima de la meseta, no bajan de los 18 grados en invierno ni superan los 26 en verano sin aporte de calefacción ni aire acondicionado, sobre todo porque esto se consigue con un sobrecoste en el precio de construcción de un 8%.

La rehabilitación de viviendas con fines de ahorro energético, según un informe del instituto ISTAS recientemente publicado, puede ser una importante fuente de puestos de trabajo en el sector de la construcción. Además, puesto que el ahorro energético termina compensando la inversión realizada, el balance termina siendo positivo y el impacto sobre la economía española podría ser muy beneficioso: cambiaríamos la importación de unos combustibles que cada día nos resultan más caros por creación de puestos de trabajo.

El uso de la bicicleta en la ciudad es otra gran fuente de ahorro. En ciudades llanas, la bicicleta es tremendamente rápida y eficaz, y para ciudades con pendientes las bicis eléctricas son una buena opción. Numerosos ciclistas urbanos hablan de que, al probarlo por primera vez, no se podían creer que fuera mucho más agradable que moverse en coche, y se preguntan por qué no lo han hecho antes. Esto evidencia que el obstáculo principal al uso masivo de bicicletas es la mentalidad dominante. Las autoridades, en estos momentos más que nunca, deberían realizar campañas de marketing para promocionar el uso de la bicicleta y reorganizar las ciudades para garantizar la seguridad de los ciclistas. El ahorro de petróleo aliviaría las economías domésticas, estimulando otros sectores económicos y ayudaría a mejorar la balanza de pagos española, ya que somos uno de los países de la UE con importaciones de petróleo elevadas en relación a nuestro PIB.

Otra buena forma de ahorrar energía es la combinación de la agricultura ecológica, las dietas poco carnívoras y las redes cortas de comercialización. Por una parte, producir un kilo de proteína animal requiere entre 3 y 10 kilos de proteína vegetal, con lo cual el ahorro energético de una dieta menos carnívora es considerable. Esto se nota en el bolsillo, ya que la carne suele ser lo más caro de la cesta de la compra. Además, se estima que en España consumimos el doble de la carne necesaria, lo cual no beneficia en absoluto a nuestra salud.

Por otra parte, la agricultura ecológica se basa en cultivar sin abonos y pesticidas químicos, que son fabricados a base de gas natural y petróleo, y, por ello, requiere menos energía. Los rendimientos de la agricultura orgánica son cada día mejores y algunos estudios recientes (como el realizado por el instituto ISTAS) concluyen que su producción por hectárea es muy similar a la de la convencional, pero con mucho menor impacto ambiental y mayor creación de puestos de trabajo. El elevado precio que los productos ecológicos tienen actualmente no se debe tanto a los bajos rendimientos como a la comercialización, por lo que los precios podrían bajar sustancialmente si, desde las administraciones, se apuesta por esta agricultura ahorradora de energía y creadora de empleo.

Sin embargo, no se puede considerar que una producción agraria es ecológica si no se basa en redes de distribución lo más cortas posibles. El consumo energético y las emisiones de CO2 que requiere la actual producción y distribución de alimentos son desorbitados, ya que se estima que los alimentos viajan una media de 4000 kilómetros antes de llegar a nuestra mesa. Una relocalización de la producción de alimentos sería muy deseable, ya que, el precio del combustible para transportar esos alimentos termina repercutiendo en el consumidor.

La actual crisis económica es tan severa que está haciendo que nos centremos en el día a día y no prestemos atención a aspectos como la energía. Es excesivamente simplista atribuir al elevado precio del petróleo toda la responsabilidad de la actual crisis, pero también es simplista pensar que la escasez de una materia prima absolutamente indispensable en todas nuestras actividades no vaya a tener importantes repercusiones. El hecho de que el precio del petróleo se haya multiplicado por cuatro en menos de una década y la producción lleve cinco años prácticamente estancada, tiene, probablemente, mucha más responsabilidad en la crisis económica global de lo que se reconoce oficialmente.

Aparcar el coche en la ciudad, usar la bici, instalar aislantes y paneles solares en casa, cambiar a dietas más vegetarianas y a una agricultura ecológica y local… todo ello puede ayudar a nuestra economía, tremendamente dependiente del petróleo, y hacer que nuestra calidad de vida no disminuya por ello. Cambiar hacia un estilo de vida más ecológico no sólo es una forma altruista de beneficiar al medio ambiente, es también una forma de beneficiar nuestros bolsillos, crear empleos y reactivar la economía de un país, como el nuestro, con una enorme crisis económica y enormemente dependiente de la importación de energía.

Marga Mediavilla Pascual, publicado en El Norte de Castilla, 9 de febrero 2012.


La ciudad vacía

Esta tarde, día antes de Nochebuena, voy al centro a comprar unos regalos. La ciudad no está, como otros años, llena de gente atareada con el frenesí típico de los últimos días de compras navideñas. Los comercios están vacíos, reina un inquitente silencio en las tiendas. Muchas anuncian cierres directamente, sobre todo las tiendas de muebles y decoración: ya ha llegado Ikea a la ciudad y se apresuran a cerrar.

Es la crisis, pienso. Pero me dicen en una tienda que los hipermercados están hasta arriba. La gente compra, pero ha abandonado el pequeño comercio por los hipermercados. No lo entiendo ¿por qué? ¿por qué ahora en época de crisis?

¿Qué va a ser de nosotros? Si cierran las tiendas familiares, las empresas de muebles, las fábricas de cocinas  y de bricolage, si todo termina siendo producido por multinacionales y vendido en hipermercados… ¿en qué vamos a trabajar? Un hipermercado destruye muchos más puestos de trabajo de los que crea cuando se instala en una ciudad, aumenta enormemente las diferencias sociales, crea empleos mal pagados y precarios, producen por salarios de miseria en países sin regulación laboral y ambiental, evaden en paraísos fiscales…

Es como si nos tirásemos directamente a las fauces del león que nos está atacando. Los mercados hunden nuestra economía, las grandes empresas nos abocan a una globalización que está destrozando nuestros estados y lo único que hacemos es lanzarnos en sus brazos. No lo entiendo. ¿Por qué? que alguien me lo explique, por favor.

Cuando hablo de estas cosas en mis charlas la gente me mira como a un marciano, incluso con franca hostilidad. ¿Qué nos pasa?¿por qué nos gustan tanto los grandes hiper? ¿Son realmente tan baratos?

Marga Mediavilla


El 15M y la Tierra ¿miramos hacia abajo?

¿Por  qué  ha  surgido  con  tanta  fuerza  el  15‐M?  Debía  de  haber  un  resorte    por  ahí
escondido en la sociedad española que ha estado durante años acumulando tensión, y
finalmente, se ha liberado. ¿Qué era? quizá  una cosa muy sencilla: que desde arriba
llevaban  mucho  tiempo  explicándonos  el  mundo  en  base  a  unos  moldes,  y  hemos
empezado  a  ver  que  la  realidad  que  vivimos  no  cabe  dentro  de  ellos.    Tanto  en  la
política, que se había reducido prácticamente a una lucha entre “tribus”; como en la
“incomprensible”  economía, se nos incitaba a no pensar y dejar que nos resolvieran
los problemas. Pues bien, ha llegado el momento que en que lo hemos visto claro: eso
no funciona, las explicaciones simplistas que nos dan no nos sirven y además “desde
arriba” no están arreglando siquiera los problemas.

Y ahora que el espejismo se ha roto ¿podemos encontrar  un modelo de la economía y
la  sociedad    suficientemente  amplio  para  explicar  nuestro  mundo?  ¿Tenemos  ideas
que    nos  ayuden  a  entenderlo  e  interpretarlo?  A  mí  me  gustaría  intentar  abrir  una
ventana que nos ayude a hacerlo, y para ello me parece esencial en estos momentos
mirar hacia  la tierra, y hacerlo desde dos puntos de vista: la tierra como aldea global
humana y la tierra como planeta que nos sustenta.

Los intentos del 15M de exigir justicia social  y democracia pueden quedar en agua de
borrajas si no somos capaces de ver un hecho incuestionable: la política y la economía
se alejan de los ámbitos nacionales porque hace ya años que la empresa y las finanzas
son globales. Las rebajas en los derechos sociales del pacto del euro, por ejemplo, no
son  sino  un  intento  de equiparar  a los  trabajadores  europeos  con  los  “competitivos”
trabajadores  de  los  países  en  desarrollo,  que  tienen  condiciones  de  trabajo
completamente desreguladas y en muchas ocasiones ni siquiera poseen sindicatos. Si
asumimos  que  no  hay  más  alternativa  económica  que  el  actual  mercado  global
desregulado, esta tendencia es muy lógica.

El  movimiento  alterglobalización,  hace  años,  proponía  alternativas  a  este  mercado
global desregulado, como la exigencia de que la liberalización de los mercados fuera de
la  mano  de  derechos  laborales  similares  en  los  países  productores  y  consumidores,
para evitar el “dumping social”. Desgraciadamente estas reivindicaciones en su día no
despertaron  demasiada  atención,  entre    los  partidos  políticos  y  sindicatos,  pero
tampoco  entre  los  ciudadanos  de  a  pie.  Durante  años    hemos  permanecido  pasivos,
beneficiándonos de las manufacturas baratas del sur, pero  ha llegado el momento en
que esa pasividad no nos vale y debemos tomar en serio la creación de una solidaridad
entre  los  trabajadores  de  todo  el  planeta  para  la  defensa  de  los  derechos  básicos.
También  quizá  es  ahora  el  momento  de  tener  en  cuenta  ideas  que  se  han  utilizado
muy  poco  durante  años,  como  el  poder  del  consumidor  bien  informado  que,  con  su
compra, promueva  unas relaciones laborales justas y un respeto al medio ambiente.

Si los sindicatos han fracasado defendiendo al trabajador es posible que no haya sido
sólo por su corrupción o porque no sean una herramienta válida, sino porque no han
querido encarar estas dos realidades: la necesidad de buscar la solidaridad global y la
necesidad  de  incorporar  nuevas  formas  de  lucha.  Asimismo,  enfoques  globales  y
solidaridades  internacionales  parecen,  a  todas  luces,  indispensables  a  la  hora  de
abordar reformas del sistema bancario o el sistema político como las que propone el
15M.

La segunda mirada que propongo va hacia abajo: hacia la tierra material y el planeta
fisico‐biologico.  Es  obvio  que  nuestra  economía  requiere  para  su  funcionamiento
grandes  cantidades  de  recursos  naturales.  Las  doctrinas  liberales  hablan  de  que  las
economías  evolucionan  requiriendo  menos  materiales  y  energía,  pero  los  estudios
realizados y la realidad de estos últimos siglos demuestran que esto no es cierto y, por
ello, crecimiento económico es prácticamente sinónimo de crecimiento material. Esto
es  muy  preocupante,  porque  los  expertos  nos  están  avisando  de  que  numerosos
recursos naturales están llegando a su máximo de extracción, cuando no a su declive.
Este declive se siente especialmente en el campo energético, porque el petróleo está
sufriendo  un  estancamiento  de  la  produccion  desde  el  año  2005,  sin  que  los
biocombustibles,  los  crudos  de  baja  calidad  o  los  vehiculos  electricos    puedan
compensarlo,  porque técnicamente están lejos de ofrecer las mismas prestaciones y
son  soluciones  muy  limitadas.  Los  fosfatos,  las  pesquerías,  los  bosques  o  el  agua
potable son recursos donde restricciones similares se están también encontrando ya.
Esto pone a la humanidad en una tesitura muy dificil, ya que nos estamos enfrentando
a los límites de crecimiento material y nuestra economía se basa en el crecimiento. No
es en absoluto descabellado pensar que todos estos límites tienen mucho que ver con
la actual crisis económica.

Gestionar  un  mundo  global  y  donde  los  recursos  estan  en  declive  va  a  ser  una  tarea
compleja  y  va  a  requirir  una  transición  difícil.  Ni  el  15‐M  ni  ningun  otro  movimiento
social  que  aspire  a  dar  respuesta  a  las  necesidades  de  los  ciudadanos  del  siglo  XXI
puede permanecer ajeno a esta enorme realidad. Para poder repartir bien este pastel
que cada vez se nos está haciendo más pequeño, nos van a hacer falta reflexiones muy
profundas acerca de qué es eso que consideramos desarrollo. Este tipo de reflexion ya
ha surgido en algunos países en circulos ligados al ecologismo y a movimientos sociales
como  el  decrecimiento,  las  ciudades  en  transicion,  el  movimiento  slow  o  el  “buen
vivir”.

Merece mucho la pena que el 15‐M se enfoque hacia estas dos miradas a la tierra y
escuche lo que tanto la alterglobalización como el decrecimiento tienen que decir. De
no  hacerlo, es  posible  que  el  15M   decepcione,  por  no  sea  capaz  de  dar  respuesta  a
toda la indignación que ha salido a flote; pero, si es capaz de hacerlo, este movimiento,
al  igual  que  otras  manifestaciones  que  están  surgiendo  en  el  planeta,  podría
convertirse en una fuerza importante que nos permita avanzar hacia un nuevo modelo
de desarrollo global.

Margarita Mediavilla Pascual, septiembre 2011.