¿Soluciones tecnológicas? El caso de las renovables y la permacultura

La transición energética (uno de los problemas) requeriría un tiempo del que ya no disponemos; esto implica que la transición hacia energías renovables (inevitable por otra parte) no será suave ni en un modelo de simple cambio de modelo energético global.

Las renovables no pueden sustituir a las fósiles y mantener a la vez esta Civilización.

Las renovables son intrínsecamente intermitentes y requieren materiales que no son renovables (con sus correspondientes picos de uso), los trabajos de Ted Trainer, Pedro Prieto, Antonio Turiel y Antonio García-Olivares puestos en conjunto serían suficientes para desbancar cualquier argumento tecno-optimista.

La Historia nos dice que las transiciones energéticas se hicieron en épocas de bonanza energética: cuando inventamos la agricultura la energía utilizada de los animales domesticados estaba en ascenso, el carbón no sustituye a la leña, primero se alimenta de ella para montar la infraestructura que necesitó, el petróleo no sustituyó al carbón, se necesitó una primera Revolución Industrial basada en el carbón para que éste se convirtiera en la sangre que bombea nuestra actual civilización. Y la nuclear y el gas natural se han desarrollado durante el ascenso del consumo del petróleo. Por primera vez en la historia de la humanidad se quiere hacer una transición renovable partiendo de un descenso de las fuentes que alimentarían esa transición. Es de un tecno-optimismo que ignora la Historia; propio de quizás el mayor sesgo cognitivo y mito cultural que hoy nos coarta los verdaderos cambios a los que tenemos que adaptarnos.

Desde nuestro grupo hemos mostrado que por límites de materiales, suelos y tiempo no pueden dar ni la mitad del consumo que hoy nos dan las energías fósiles y nuclear. Hemos mostrado que es inevitable durante los próximos 20 años que el sector transporte (clave en nuestro mundo global) sea uno de los sectores que primero sufrirán cambios y descensos importantes (si no lo está haciendo desde 2008).

Y en situación de transición-colapso de las demás energías y de la propia civilización industrial los límites serán aún inferiores, muy inferiores:

En situación de decrecimiento económico: ¿dónde vamos a encontrar el capital para el mantenimiento de una red energética renovable?

En situación de decrecimiento del uso de minerales: ¿dónde vamos a encontrar los materiales?

En situación de decrecimiento energético: ¿dónde vamos a sacar las grandes máquinas que construyen y levantan con petróleo los molinos eólicos o los parques solares?

En situación de colapso: ¿Quién va a disponer de la compleja tecnología que requieren las habitaciones blancas para fabricar paneles fotovoltaicos, dónde se van a disponer los residuos que generen las palas de los molinos o las células fotovoltaicas, qué técnico reparará el inversor de alta potencia o el panel deteriorado? (La situación puede ser similar a la vivida decenas de veces en aquellos proyectos del Tercer Mundo en los que se instala un sistema fotovoltaico en tejados de poblaciones empobrecidas que a los 10 años ya no funcionan porque nadie puede repararlos y/o no se tiene el capital para hacerlo).

Y una observación que se suele obviar, las energías renovables son precisamente las que usa la biosfera (Gaia); sin un cambio de mitos, serán una competencia más con ella, no una colaboración (por ahora de hecho están contribuyendo a la crisis ecológica, y el caso paradigmático son los biocombustibles).

En un mundo que usará renovables a la vez que huye de las urbes y va colapsando, el peligro del deterioro de los ecosistemas (deforestación, desertización, sobre pesca, sobre caza, etc.) puede incluso aumentar, haciendo del colapso algo más largo y profundo.

La permacultura valdría para 500 o 1000 millones de habitantes humanos, no para 7000 y quizás ni siquiera para 3500 millones. Los burros y caballos que sustituirían a los tractores, la leña que sustituiría la calefacción de gas natural, etc. requerirán más biomasa, no menos, al menos durante esa transición-colapso. Demasiada biomasa pasa ya por manos humanas.

En el siglo XIX se alimentaba a menos de 2000 millones de personas, en el XXI, si no olvidamos, tendremos técnicas mejores (más conocimientos ecológicos), pero menos biodiversidad, más caos climático (las inercias de este por ejemplo harán que durante miles de años siga creciendo el nivel del mar aunque la humanidad vuelva a las cavernas mañana), menos bosques, menos tierras fértiles etc. de las que dispusimos hace 200 años. Pensar que seremos muchos más que en el siglo XIX es de un tecno-optimismo injustificado. Volveremos a ello por otra vía.

Carlos de Castro Carranza

 


Expertos asustados y realimentaciones

Quizás los expertos de cada campo quieren llamar la atención para que los escuchemos y por eso exageran y ven solo sus propios ombligos. Pero en realidad los informes de los expertos tienden a ser conservadores por dos razones fundamentales:

1. Porque  hay una fuerte tendencia a que el experto lo sea en un campo realativamente pequeño e ignore en la práctica y en su visión mental (sesgos cognitivos) el resto de temas. En realidad no hay expertos del sistema como conjunto; yo solo conozco a un puñado de personas en todo el Planeta (¿por lo agobiante que es?) que traten de tener en la cabeza las implicaciones simultáneas y en realimentación de algunas “variables” importantes como las de la figura:

 

2. Los expertos suelen publicar en revistas científicas en las que existen fuertes tendencias a aumentar los sesgos cognitivos relacionados con la Autoridad, el Promedio, seguir la “moda”, etc. (esto lo ampliaremos en otros posts), con lo que resultados que pueden sonar radicales no son fácilmente admitidos (nuestro grupo está embarcado en pedir financiación para nuestras investigaciones y no se nos ocurre titular el proyecto así: “Sistema de transporte en lo que quede de España durante el Colapso de la Civilización: escenarios y modelos de dinámica de sistemas hasta el 2050”).  Además está el hecho de que el científico experto en inteligibilidad de la palabra en recintos acústicos o en espectroscopía Raman o en lo que sea (la inmensa mayoría de nuestros científicos) tiende no solo a ignorar el resto de campos, sino que existe cierta prepotencia a la hora de juzgar el campo de los demás, sobre todo si este tiene implicaciones humanas, sociales, económicas o políticas en las que todo ser humano se considera experto; es decir, si como físico yo cuento a alguien algo sobre inteligibilidad de la palabra en recintos acústicos me escuchará y si soy hábil, con cierto interés. Pero si le hablo de las consecuencias que puede tener el hecho de que las energías renovables están muy limitadas para sustituir a las fósiles, entonces la discusión está servida con el químico, el economista, el taxista, el peluquero, mi tía o mi sobrino, incluso pondré muy nervioso al experto en parques fotovoltaicos o eólicos. Sencillamente el segundo tema es demasiado importante para ignorarlo y todos ya tenemos formadas ciertas opiniones.

En cualquier caso, si los expertos de cada campo no han perdido los nervios, basta con hacer el esfuerzo de leer sus informes globales o simplemente citar algunas de sus frases para asustarse: caos climático, pico del petróleo, 6ª Gran Extinción… Y lo peor no es eso, son, una vez más, las realimentaciones.

Los modelos de dinámica de sistemas que hemos trabajado en el Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas de la UVa, tienden a dar situaciones críticas cuando se analiza el cenit de petróleo y sus consecuencias; si al problema energético se le añaden realimentaciones con el caos climático, incluso siendo muy optimistas con una transición renovable rápida y sin tener en cuenta otros problemas y sobrepasamientos, los modelos tienden a dar resultados de colapso.

Modelos como los famosos de Los Límites del Crecimiento de los Meadows (que la realidad se empeña en seguir tras más de 40 años) arrojan un pico de “Civilización” a finales de la década que viene. Pero ellos mismos advirtieron que fueron optimistas (por ejemplo no integraron el problema de las élites).

Mis modelos de energía-caos climático de 2008 no excesivamente optimistas con las renovables ponen ese pico en 2010-2020. Históricamente, ya.

Nadie ha modelado las interacciones entre los seis recuadros (hay más) que destaco en la figura, pero uno intuye que las realimentaciones positivas implican un colapso civilizatorio relativamente rápido (décadas, no muchas generaciones humanas):

Ejemplos (imagine cómo):

1. + caos climático + pérdida de biodiversidad

+ pérdida de biodiversidad – funciones ecosistémicas

- funciones ecosistémicas + caos climático

 

2.

+ desigualdad + inestabilidad geopolítica

+ inestabilidad + élites corruptas

+ élites corruptas + crisis energética

+ élites corruptas + caos climático

+ élites corruptas + desigualdad

 

3.

+ caos climático + desigualdad

+ caos climático + hambre

 

4.

+ crisis energética + desigualdad

+ crisis energética + crisis de agua

+ crisis energética + crisis de suelos y minerales

+ crisis energética + inestabilidad geopolítica

 

5.

+crisis de agua + desigualdad

+ crisis de agua + hambre

 

6.

+ desigualdad + crisis de suelos

+ desigualdad – biodiversidad

+ desigualdad  + riesgos de pandemias

 

7.

+ inestabilidad geopolítica + riesgo de guerra atómica, química o biológica

 

Romper (casi)todos esos círculos viciosos a un tiempo es fácil e inevitable:

Se llama colapso de Civilización.

 Carlos de Castro Carranza.


¿Lograremos evitar el colapso ecológico-social?

La respuesta simple y directa a la pregunta es No.

Y una razón es porque todo sistema que crece exponencialmente se enfrenta antes o después con algún tipo de límite natural (sea una reacción nuclear en cadena, el crecimiento de población bacteriana en una placa petri o el uso de energía, producción industrial, uso de agua o población humana).

 

Si se sobrepasan los límites temporalmente, es inevitable el colapso (línea roja) o la oscilación (línea amarilla), en general además se deteriora el límite y este disminuye al aproximarnos al límite y sobrepasarlo (oscilación decreciente).

 

  • Así hemos sobrepasado el límite de concentración de CO2 en la atmósfera y hoy estamos en las 400ppm.

 

  • Hemos sobrepasado el límite del indicador (conservador por lo demás) de la Huella Ecológica que es inferior a 1 pues no podemos usar toda la Tierra en beneficio exclusivo humano, necesitamos una biosfera “natural”, y además, como estamos degradando los ecosistemas, este límite va disminuyendo (menos bosques o suelos productivos, más desertización, etc.), hoy nuestra Huella Ecológica supera el 1,5 (necesitaríamos 1,5 planetas Tierra para estar por debajo del límite y cálculos propios menos conservadores y optimistas que los que utiliza este indicador nos situarían en la necesidad de 3-10 planetas como el nuestro).

 

  • Hemos aumentado la tasa de extinción de especies entre 100 y 1000 veces (tasa que se está acelerando con el caos climático) a niveles que superan las extinciones masivas del pasado.

 

  • Tenemos una desigualdad entre humanos enorme, y recientes modelos sitúan este hecho como un problema que lleva a hacer casi inevitable el colapso .

Y hay más que veremos en otros posts.

Y si cada grupo de expertos ve gravísimos problemas en su ámbito, el problema mayor es que estos sobrepasamientos se realimentan positivamente unos a otros. Haciendo ya inevitable un descenso rápido de las variables en juego (energía, producción industrial, productos de la fotosíntesis, agua, suelos y, finalmente, población).

 

Carlos de Castro Carranza


Pensamiento sistémico y dinámica de sistemas: ¿Renovablequé?

Un esquema de realimentaciones típico del pensamiento de la dinámica de sistemas:

Algunas respuestas ante el problema del pico del petróleo (que nos preocupa sobre todo por su impacto sobre la economía) están siendo tecnológicas (o geopolíticas, pero ninguna va al problema raíz).

El fracking y los biocombustibles son repuestas energéticamente absurdas y económicamente caras además de ecológicamente negativas.

El carbón no sustituye directamente al petróleo y es un desastre ecológico.

Sólo las Renovables (también caras) son una respuesta interesante para resolver el problema del clima, pero pueden (lo hacen ya) generar otros problemas; y lo hacen porque son tecnologías que se están tratando de aplicar en el mismo esquema de mitos culturales que son los que generan el problema raíz.

 

La dinámica de sistemas con un esquema mental como el de la figura anterior, pensaría primero en las realimentaciones y trataría luego de cuantificarlas:

Léase así: el peak oil (pico y posterior descenso del petróleo) tiende a llevarnos al pico económico (pico y posterior descenso de la economía mundial). La respuesta inicial a eso es un incremento en el uso de biocombustibles, carbón, técnicas de fracking para aumentar la producción de petróleo, y renovables. Más biocombustibles implican más desigualdad, caos climático y acercamiento a los picos y posteriores descensos del agua, de los suelos y de la biodiversidad (nuestro Grupo ha demostrado, por ejemplo, que la Huella Ecológica de los biocombustibles actuales es más del doble que la Huella Ecológica de los combustibles fósiles por unidad de energía neta proporcionada). La desigualdad está aumentando gracias a los biocombustibles, por ejemplo al acaparamiento de tierras en el Sur por parte de empresas y gobiernos del Norte o de países “emergentes” (China, Emiratos, Arabia Saudí…). Y uno podría esperar lo mismo de proyectos solares y eólicos en un futuro cercano (?o es que el proyecto DESERTEC no quiere acaparar desiertos africanos para servir los interese europeos, y este neo-colonialismo ya lo hemos vivido cientos de veces como para saber donde conduce?). El mundo real es sistémico y no una ensoñación tecnológica.

Sólo la respuesta renovable (viento y solar) de entre las “soluciones” energéticas que se están dando tiene una realimentación buena hacia uno de los problemas, el caos climático (lo que no significa que no puedan influir en el clima dependiendo de su escala), pero está generando o puede hacerlo, aumentos en otros problemas. Por ejemplo, la ocupación directa de suelos o el uso de minerales que requieren éstas energías es superior a las que requieren las energías fósiles por unidad de energía neta que proporcionan a la sociedad. La complejidad tecnológica de un parque solar o eólico es mayor que la de una central térmica de carbón, lo que hoy implica que en vez de ser una fuente energética descentralizada social y económicamente sea lo contrario (casi todos los países y ciudadanos tenemos sol suficiente, pero no los minerales y la tecnología necesarios, la dependencia no es menor -es otra- que la que genera la geografía del petróleo). El viento es compartido (si lo frenas en los pirineos no lo disfrutarán igual los franceses) como los ríos. Las renovables están surgiendo en el mismo esquema mental y cultural que conduce al desastre humano, lejos de ser solución hoy son parte del problema.

 

Quizás porque queremos que el Titánic no se hunda, muchos movimientos de Transición ven sólo el peak oil y el climatic chaos, y ojalá fueran los únicos dos problemas, porque las renovables podrían intentar solucionar parcialmente ambos. Pero no es así.

 Carlos de Castro Carranza


Austeridad y sacrificios humanos para los dioses del mercado


La actitud que está tomando el gobierno del PP respecto a los recortes da la impresión de ir más allá de una estrategia racional de ahorro. Recuerda a los peores momentos de la tradición inquisidora y parece guiada por la intención de destruir todo lo bueno que hay en la sociedad española. Da la impresión de que nos están diciendo que la sanidad pública, la educación, la atención a los dependientes, la democracia y todo lo que están recortando son “placeres profanos” que deben ser sacrificados en aras de la competitividad; igual que los devotos cristianos de antaño debían mortificarse para que sus pecados fueran perdonados.

¿Qué estamos haciendo?¿Qué nos están haciendo?¿Tiene esto alguna lógica o simplemente responde a instintos irracionales arraigados en nuestro inconsciente colectivo o incluso nuestras tradiciones religiosas?

No puedo dejar pensar que nos estamos comportando exactamente igual que los habitantes de la Isla de Pascua cuando empezaron a colapsar. Probablemente, en Pascua, cuando las lluvias empezaron a escasear y las cosechas a disminuir, los sacerdotes dijeron al pueblo que habían sido vagos y no habían construido suficientes estatuas para los dioses, que habían “vivido por encima de sus posibilidades” y los dioses les castigaban negándoles las lluvias. Por eso las mayores estatuas de piedra encontradas en la Isla fueron las construidas poco antes del colapso y muchas de ellas quedaron inacabadas.

Probablemente les dijeron que tenían que trabajar más y comer menos, como nos dicen a nosotros, pero sin olvidarse de pagar los tributos que mantienen a los sacerdotes, porque “eso agrada a los dioses”; igual que nuestros gobernantes y banqueros no cuestionan que ellos puedan bajar sus sueldos ni sus beneficios. Y probablemente los pascuenses se esforzaron mucho y obraron de buena fe para intentar detener el colapso; pero todos sus sacrificios fueron en vano, porque estaban adorando a dioses falsos, que ni eran capaces de darles las lluvias, ni de devolver la fertilidad a la tierra. Más bien todo lo contrario. Sus dioses les llevaban a destruir, a base de construir grandes estatuas de piedra, aquello que realmente les daba de comer: los bosques de palmas que atraían la lluvia y protegían los suelos.

A ver si podemos nosotros pararnos a pensar un poco antes de seguir ofreciendo sacrificios humanos sin ton ni son en esta orgia de locura colectiva. Tenemos que salir de la crisis y es verdad que no podemos hacerlo sin asumir que tenemos en gran medida la culpa de ella. Debemos ser responsables, hacer examen de conciencia entre todos, buscar en qué nos hemos equivocado y encontrar la solución cambiando nuestro comportamiento. Pero no debemos hacerlo dejándonos guiar por supersticiones, creencias en falsos mitos, o difusos sentimientos de pecado y redención, sino usando la racionalidad y percibiendo la realidad del siglo XXI.

No es difícil darse cuenta de que, en gran medida, hemos convertido a esas cosas que llamamos “competitividad”, “crecimiento” y “economía de mercado” en los mitos de nuestro tiempo, pero ¿son realmente capaces de ayudarnos, o son tan útiles para salir de esta crisis como lo eran los dioses de la Isla de Pascual para convocar la lluvia?

¿Hay soluciones a la crisis? Probablemente las hay, pero no las encontramos porque no se encuentran donde las buscamos. Probablemente nuestra sociedad no es tan distinta de la de Pascua y no es descabellado pensar que, hoy igual que antaño, la crisis está causada por la escasez de recursos naturales. A nadie se le escapa que vivimos en un planeta muy poblado en el que todos queremos aumentar nuestro consumo mientras los recursos están empezando a escasear y encarecerse de forma muy alarmante. Si esto es cierto, y cada vez hay más datos que nos muestran que lo es, intentar salir de la crisis aumentando la “competitividad” o complaciendo a los “mercados” son estrategias igual de efectivas que los sacrificios que se hacían a los dioses de la Isla de Pascua.

Mucho antes de sacrificar lo más querido a nuestros viejos mitos tenemos que preguntarnos si éstos realmente sirven para algo o se han quedado completamente obsoletos. Si los habitantes de Pascua hubieran sido capaces de ver la falsedad de sus creencias ,remontar su crisis  habría sido complicado y no exento de penalidades, pero todo el potencial humano que gastaron en mantener sus viejos dioses lo podían haber utilizado en hacer una transición efectiva y no terminar colapsando.

¿Tenemos nosotros que sacrificar nuestra sanidad, nuestra educación, nuestros derechos y nuestra democracia para salir de la crisis? En absoluto. Si nos despojamos de todo aquello que nos sobra en forma de derroche de recursos, desigualdad, privilegios, ostentación y cultura del usar y tirar, podriamos conseguir un gran caudal de energía colectiva y recursos para realizar la transición hacia una civilización realmente viable. No es lo más fundamental, como la educación o la sanidad, lo primero que tenemos que sacrificar en estos momentos, lo primero que hay que sacrificar en tiempos de crisis son nuestras viejas ideas y creencias equivocadas que no nos dejan reaccionar ante una realidad completamente nueva.

Margarita Mediavilla

 

 

 

 

 


¿Tecnologías alternativas? (Reloaded)

Continúo con la idea de retomar algunos escritos de “La Revolución Solidaria” una docena de años después.

… La civilización humana nunca se ha jugado tanto como ahora, esto va en contra de las previsiones que pueda hacer la Historia, porque no ha habido historia de un acontecimiento como el que se nos viene encima… El cambio cualitativo requerido es mayor incluso que los cambios producidos por la Revolución Agrícola o Industrial… Pero eso es lo que se está pidiendo el propio ser humano. Si gracias a las tecnologías eficientes conseguimos evitar el colapso medio ambiental [¿geoingeniería?], pero seguimos con un mundo injusto para la mayoría de las personas y seres vivos, yo no lo quiero. Prefiero el riesgo al colapso [total] para empezar de cero que hacerles el trabajo a los que serán explotadores en la próxima generación.

Por eso es tan importante hacer que las tecnologías eficientes sean a la vez justas, equitativas, fraternales, libertadoras y amorosas. Yo no quiero una energía eólica no contaminante si lo único que hace es mantener este sistema injusto por los pelos. Los ingenieros y científicos “alternativos” deberíamos dedicarnos más a la sociología que a la técnica, pararnos a pensar si nuestra aplicación tecnológica es “bondadosa” y está consiguiendo y conseguirá un mundo más hermoso para todos.

Debemos ser objetores de conciencia de cualquier empleo de nuestros desarrollos tecnológicos alternativos que no promueva el amor y la equidad entre la gente. Y si uno no ve claro y obvio que lo que está haciendo tenga esas implicaciones, aplíquese el principio de precaución y no se haga. Si los poderes públicos y privados no se comprometen en esa labor, los científicos y técnicos (sus peones) deberíamos negarnos a participar en “salvar la Tierra”.

No vale la excusa de que un bioquímico trabaje en una semilla transgénica para alimentar al Tercer Mundo si, al menos, no cede su trabajo a un organismo internacional que lo gestione gratuitamente (y se evalúen otras cosas antes, como el impacto ambiental y social de esa nueva tecnología). ¿De qué vale investigar en motores de hidrógeno no contaminantes si esa tecnología va a estar luego controlada por General Motors y cuatro compañías más?…

En estos años he visto a más de un científico de prestigio en el terreno de la sostenibilidad caer atrapado en la espiral de desarrollos tecnológicos que han sido prostituidos por el sistema. Hasta tal punto que un análisis científico externo los calificaría como desarrollos insostenibles. Paradójicamente, siguen defendiéndolos, apoyándose en casos “bondadosos” concretos y ya no son capaces de ver la realidad que les rodea. Paradójicamente, científicos e ingenieros muy inteligentes, al perder la visión global por sus esfuerzos dirigidos a un punto, no son conscientes de que su punto de aplicación hace tiempo que viró, que una fuerza es un vector y no un escalar.

En el mundo de las tecnologías energéticas esto es claro.

Recuerdo que el mundo ecologista veía la industria fotovoltaica con muy buenos ojos, no solo porque era una forma de energía teóricamente limpia, sino porque era descentralizada (un panel en mi casa que me da libertad e independencia). Hoy discuten en España los banqueros que pusieron paneles fotovoltaicos chinos y dinero en esta industria con el gobierno que les quita las primas.

La industia de los biocombustibles y biomasa modernas es el mejor ejemplo de como una esperanza tecnológica se trocó pronto en desesperanza y, sin embargo, hemos perdido y seguimos perdiendo, a buena parte de nuestros mejores expertos en un desarrollo que es hoy ejemplar como paradigma de insostenibilidad, de desastre: baja TRE, erosión de suelos, dependencia de fósiles, elevadísima huella ecológica, etc, etc, etc. (en breve subiremos un borrador de nuestro trabajo sobre el tema, creo que meridianamente contundente).

¿Es inevitable la prostitución? Sí; si no cambiamos el sistema capitalista, la tecnología sóla no hará que el sistema se haga mejor, la tecnología es hoy una estructura más del sistema, y los científicos e ingenieros, en general, unos peones más, la mayoría inconscientes.

Por otro lado, hoy el riesgo no es la desaparición de esta civilización, para mí esto ya es una cuestión de décadas; es más, la discusión tecnológica sería ahora preguntarse qué tecnologías pueden y merecen la pena mantener para la siguiente civilización. En cuanto a las energías, deben ser renovables, claro, pero sencillas y descentralizadas. Quizás no tan eficientes como pensamos cuando lo hacemos al estilo BAU (business-as-usual) inviable: un molino de 100 metros es más eficiente que uno de 3, un panel de silicio policristalino hecho en habitaciones de elevadísima tecnología es eficiente pero quizás inalcanzable para la tecnología apropiada y posible del futuro. Esto significa que el potencial renovable en un mundo post-transición, será menor que el teóricamente aprovechable en un imposible BAU.


Carlos de Castro Carranza

 


Los indios, los vaqueros y los extraterrestres (reloaded)

A colación del post anterior de Marga, copio parte de lo que escribí en “La Revolución Solidaria”, hace ya más de 12 años:

“Las religiones suelen enseñar a juzgar la conducta que es adecuada para las personas. Se parte de la premisa de que el individuo es libre y por tanto responsable de sus actos y se dan unas pautas más o menos concretas de lo que es el comportamiento ideal.

En casi todas las religiones el amor es el principio fundamental. Por él podemos juzgarnos a nosotros mismos y a los demás.

Las propias sociedades, al margen o no de las religiones, tienen un mecanismo parecido de evaluación de los individuos (costumbres, tradiciones y leyes).

Sin embargo, el choque de dos civilizaciones se juzga con un mecanismo distinto, sobre todo cuando una aplasta a la otra. La historia es contada por el vencedor, y sólo después de muchos años, al menos de varias generaciones, se puede considerar la interpretación de los hechos por parte del perdedor.

Yo conozco bien este hecho porque lo he vivido. Cuando era muy niño, jugar a los indios y vaqueros suponía que los malos eran los primeros y los buenos los segundos, como en las películas que veíamos. Pocos años después, aún jugando, resultó que había que pedirse ser del bando de los indios.

Reflexioné poco desepués sobre este extraño hecho y así, cuando vi desde entonces las películas sobre la segunda guerra mundial siempre me decía: “sí es verdad, pero lo de Hirosima es tan salvaje como lo de Dachau”. De ahí al pacifismo hay un pequeño paso…

Hoy, que cada vez es más fuerte la idea de una única civilización sobre la Tierra, ¿cómo vamos a ser capaces de juzgarla? Ninguna civilización nos va a aplastar como para ser juzgados y a nadie nos queda por aplastar para juzgar. ¿Cómo encontrar pues “la conducta propia correcta” de nuestra civilización?

A mí me gusta hacer un pequeño ejercicio de imaginación para objetivizar mejor nuestros actos como civilización: me imagino que una civilización extraterrestre muy avanzada nos observa y nos juzga: Cuando me entran ganas de sonrojarme como parte de la humanidad, entonces sé que eso no esta bien. Entonces me ayuda pensar que esos extraterrestres imaginarios hacen que me sonroje de pura vergüenza porque el 80% de la humanidad está empobrecida por el otro 20% o porque decenas de especies son extinguidas diariamente por nuestras manos. Por ejemplo.”

El enemigo común en realidad es nuestra propia Civilización. Hoy leí una frase (vimeo.com/17286537) que expresa de forma genial el sentimiento que arrastro desde hace algunos años:

“Mi optimismo está basado en la certeza de que ésta civilización está derrumbándose. Mi pesimismo en todo lo que está haciendo por arrastrarnos en su caída”. Y añado: Mis miras están puestas ya en la siguiente civilización humana.

¿Cómo hacemos para inventar una bandera de solidaridad cuando el enemigo común llena todos los espacios a nuestro alrededor y nos convierte a la mayoría en enemigos de nosotros mismos?

Carlos de Castro Carranza


Lecciones de Japón

 

Estos años los japoneses y los océanos asisten a las consecuencias de los terremotos, tsunamis y centrales nucleares en Japón. Hemos contemplado cómo el país más avanzado en protección contra los terremotos se resquebrajó. Y Admiramos a los japoneses por su civismo y paciencia.

Bien, supongamos que admitimos ambas ideas, Japón es un país avanzado y cívico; lo que sigue sin duda valdrá para el resto del mundo.

Existen cientos de mojones señalizadores en Japón, algunos de 600 años de antigüedad, formando una línea de precaución.

Escrito en la piedra pone:

“Las viviendas elevadas significan la paz y la armonía de nuestros descendientes… recuerda los desastres de los grandes tsunamis. No construyas ninguna casa debajo de este punto”. Supongo que donde pone casa también vale poner “central nuclear”, ¿no?

 

La red de alerta sigue en pie, las casas, tras el tsunami, no…

Quizás por soberbia y sobre todo por falta de memoria. Ese pueblo civilizado y paciente no hizo caso a las advertencias escritas en piedras para que perduraran siglos.

 

Los japoneses tienen otro problema, como muchos otros países: son los residuos nucleares.

Éstos necesitan ser aislados de los humanos no ya por siglos, sino por milenios. No ha habido ninguna civilización que haya durado más de 4000 años, diez veces menos que lo que los residuos que hoy estamos generando deberán ser “cuidados” por nuestra civilización.

El ejemplo de Japón es claro:

Nuestra civilización desaparecerá –ya lo está haciendo- y dejaremos un peligro que perdurará durante varias civilizaciones. Un peligro que ni siquiera señalaremos con el ánimo de que perdure. Y aunque fuera así, la soberbia y la falta de memoria de las personas del futuro harán que esas advertencias no sirvan para nada.

Pensar en la sostenibilidad del futuro significa no solo pensar en las generaciones del futuro, significa saber que éstas no serán más listas y sabias que las que crearon la red de advertencia frente a tsunamis en Japón. Significa, de hecho, que quizás ni siquiera estén más avanzadas tecnológicamente que lo que estamos ahora.

Claro que a parte de falta de sabiduría y de listeza, nos falta simplemente pensar en el futuro más allá de un par de días. Son ejemplos así los que, frente a nuestra fe absoluta y absurda en la tecnología, nos hace caer en la cuenta de que es imposible salvar ésta civilización, ni merece la pena intentarlo; pues esa misma fe tecnológica nos impide ser más listos, sabios y felices.

Pensar en la sostenibilidad del futuro es pues pensar en qué clase de civilización queremos reconstruir después de ésta.

 

Carlos de Castro Carramza


Dejemos de construir moais

Muchas civilizaciones colapsan. No es algo tan raro. ¿Estamos nosotros colapsando? Desde luego, estamos bajando. Todos los imperios en un momento dado se creen más fuertes y más inteligentes que todos sus antecesores. Todos construyen las torres más altas, las pirámides más grandes, los palacios más ostentosos. Todos llega un momento que sobreexplotan los recursos naturales que los sustentan y entran en profundas crisis.

Algunos no colapsan. Algunos se dan cuenta de que están deteriorando sus tierras y sus bosques y pasan por periodos de profundos cambios colectivos. Los japoneses del siglo XVII tuvieron grandes problemas de erosión debido a la tala de sus bosques. Supieron parar a tiempo, prohibir la corta de madera, no aumentar su población, mejorar su agricultura y llegar al siglo XIX como una nación cohesionada.

Otros colapsan. Los habitantes de la Isla de Pascua reaccionaron, pero justo en la dirección equivocada. Los bosques de palmas empezaron a escasear y las tierras a erosionarse, pero sus creencias los cegaban. Echaron la culpa al enfado de sus dioses y, en lugar de salvar los bosques, se dedicaron a talarlos para construir más estatuas de piedra, o moai,  más grandes todavía en los tiempos de crisis. Acabaron con los bosques, con las tierras, e incluso con la posibilidad de construir barcas de pesca y comer pescado. El último moai, varias veces mayor que el mayor de los realizados, no llegó a ponerse en pie, quedó en la cantera inacabado.

Castilla también colapsó. A todos nos han explicado la historia de aquella poderosa Mesta, a la que los reyes protegían mientras descuidaban la agricultura y la industria. Nosotros hicimos como los pascuenses: dejamos que las tierras se deteriorasen bajo el empuje de las ovejas, talamos los bosques para construir navíos de guerra y salvar el comercio de la lana con Flandes. En lugar de proteger a los campesinos, los arruinamos con impuestos y mantuvimos a hijosdalgos, nobles y curas. En nuestros pueblos se pueden ver los rastros de nuestros moais: enormes iglesias con retablos de oro.

¿Estamos al borde de otro colapso? Estamos cayendo, desde luego. Es hora de hacer lo que hicieron los japoneses: proteger lo más importante, lo más humilde, lo que nos da de comer y es la base de nuestra economía. ¿Estamos salvando lo importante o volvemos a proteger a la Mesta? ¿Por qué salvamos a bancos y empresas constructoras? ¿No deberíamos salvar las pymes, la agricultura y la empresa familiar primero? ¿Qué hicimos con el plan E, sino construir moais en tiempos de crisis, como los pascuenses?

Probablemente estamos al borde de un nuevo colapso, en España y en la economía global. Y no sé si sabremos reaccionar porque, como todos, nos creemos mucho más inteligentes que todas las culturas que han pisado el planeta; y, aunque nos llamamos civilización científica, seguimos regidos por creencias que nos impiden ver la realidad. Los economistas dicen que tenemos que crecer y consumir más, pero… ¿qué es “estimular el consumo” sino malgastar recursos que se están volviendo escasos? Son abrumadores los datos que avisan de que los recursos están empezando a escasear: las tierras están erosionándose, los combustibles fósiles están llegando a sus techos de producción, el avance tecnológico no es capaz de dar sustitutos válidos a las energías fósiles, las pesquerías están colapsando…

Es probable que nos enfrentemos, una vez más, al viejo problema del colapso de las sociedades complejas. Es posible que estemos al borde. Pero todavía no hemos colapsado. De nosotros depende tomar la opción de los japoneses, o de los pascuenses. ¿Qué podemos hacer? Parece claro que lo más importante es no dejarse cegar por creencias e intentar ver la realidad del momento. También es importante no malgastar recursos haciendo moais y tener control sobre las “mestas”, no dejando que los poderosos lleven la sociedad a la catástrofe.
Pero quizá lo más importante es despojarnos de ideas superfluas que adquirimos cuando vivimos épocas de esplendor. Es preciso ver que no son los palacios, catedrales, aeropuertos y AVEs los que nos dan de comer, sino los campesinos, las tierras, la empresa realmente productiva y los recursos naturales. Es preciso recuperar el valor de lo humilde, de lo sencillo, de todas esas cosas que realmente son imprescindibles porque nos alimentan; de todas esas cosas que, en épocas de esplendor, olvidamos.

Marga Mediavilla, publicado en El Mundo, edición Valladolid, 3 de noviembre 2011.


Esta no es sólo una crisis económica

En el Curso sobre los límites del crecimiento celebrado en la Universidad de Valladoli en el pasado mes de septiembre de 2011, después de escuchar a intelectuales como Carlos Taibo, Jorge Riechmann, Antonio Valero, Ernest García, Oscar Carpintero o Roberto Bermejo; la sensación que flotaba en el ambiente se resumía en dos palabras preocupación y urgencia.

Aunque, como decía Carlos Taibo, los medios de “incomunicación” silencian estos  temas y sus mensajes se resumen en frases como: “no es tan dramático” o “la tecnología inventará algo” y aunque, debido a ello, el conocimiento que el ciudadano tiene es escasísimo; la problemática que se trató en el curso es extremadamente importante para tod@s. No quedan prácticamente dudas de que nos vamos a encontrar, en esta mitad del siglo XXI, con el choque traumático de nuestra civilización contra los límites del planeta. Hemos colmatado ya los sumideros de contaminación y estamos agotando las fuentes de recursos que nos alimentan, y esto va a tener ya importantes  repercusiones económicas.

Tendemos a pensar en el medio ambiente como una especie de jardin que debemos cuidar por una cuestión ética, pero lo consideramos poco importante comparado con los temas “realmente serios”, como la economía y la industria. Este curso ha dejado bien claro que esta idea es falsa: el medio ambiente es nuestra huerta, nuestra mina y nuestra fábrica; es decir, la fuente de todas nuestras riquezas. Explotar los recursos de la forma que lo estamos haciendo es suicida, porque está poniendo en peligro el mantenimiento de eso que llamamos economía, tecnología y civilización en un plazo mucho más cercano de lo que creemos.

 El cambio climático es uno de los límites más conocidos, pero la otra cara de la moneda, el desconocido pico del petróleo, es todavía más apremiante. Roberto Bermejo nos hablaba de que la extracción mundial de petróleo se ha estancado desde 2006 y no es posible aumentarla aunque suba el precio o mejore la tecnología. La geología de los pozos maduros impide que se extraiga a más velocidad y, en esta misma década, la extracción, no sólo no va a cubrir la creciente sed de petróleo, sino que va a disminuir año a año. La propia Unión Europea, en un reciente informe sobre el futuro del transporte, habla de que en 2050 deberemos prescindir del 90% del petróleo que consumimos porque no lo habrá en el mercado. El resto de los recursos energético: gas natural, carbón y uranio, sufrirán el mismo estancamiento unos años más tarde, de forma que nos enfrentamos al pico de toda la energía global en esta década.

El petróleo y los recursos energéticos no son los únicos límites que están llamando a la puerta. Antonio y Alicia Valero nos hablaban de que hemos construido una electrónica cada vez más sofisticada a base de minerales extremadamente raros que ya están mostrando signos de agotamiento. Utilizar estos minerales de la forma actual, es decir: mezclándolos de forma que el reciclado se hace imposible, renovando los aparatos cada pocos meses y desechándolos en vertederos, es demencial. Es prácticamente imposible recuperar esos minerales desechados y son elementos con unas propiedades únicas que hacen posible, no sólo la moderna tecnología de móviles, consolas e iPods, sino cosas que el el futuro nos pueden resultar esenciales, como elementos para fabricar paneles fotovoltaicos y aerogeneradores. La actual abundancia de recursos es engañosa porque se ha basado en explotar minerales de concentración mucho más baja que los extraídos en siglos pasados, y esto sólo ha sido posible gracias a la utilización de mucha más energía. El pico de la energía hará mucho más costoso extraer todo tipo de minerales, y ya habremos perdido la oportunidad de reciclarlos, estarán en los basureros y muchos serán irrecuperables.

Las renovables son el futuro, porque no hay energías milagrosas e, incluso si alguna tecnología novedosa (como la fusión) llegara algún día a ser rentable, ya no va a llegar a tiempo para sustituir el declive de las fósiles. Debemos avanzar hacia un futuro de energías renovables, a pesar de que en muchas ocasiones sean obstaculizadas por lobbies cercanos al poder, como nos recordaba Ladislao Martinez; pero no podemos olvidar que ellas también tienen límites, como dejaban claro Carlos de Castro y Antonio García Olivares. Carlos explicaba que la energía renovable es la que utilizan los ecosistemas para todos sus procesos vitales. Interceptarla a gran escala tiene efectos sobre unos ecosistemas ya muy alterados; y no debemos olvidar que son esos ecosistemas (que menospreciamos y destruimos tan facilmente) de los que depende toda nuestra alimentacion y la estabilidad del planeta. Antonio nos hablaba de que algunas tecnologías renovables podrian servirnos para conseguir volúmenes de energía importantes, pero eso requeriría inversiones económicas muy exigentes que se asemejarian, durante 40 años, a una “economía de guerra”.

 Jorge Riechmann nos decía que no es el ser humano el cáncer de la biosfera, sino el capitalismo; y sobre todo el capitalismo financiarizado que hemos vivido estas décadas y que ha perdido todos sus mecanismos reguladores. Los estados han dejado de ser un contrapeso al poder del capital, al dejar de financiarse con impuestos para hacerlo con deuda y quedar a merced de los mercados de capital. Pero el capitalismo se basa en el crecimiento, como recordaba Margarita Mediavilla, porque la base del sistema bancario capitalista es el préstamo con interés, que fuerza al crecimiento económico y material. Si no somos capaces de cambiar la raíz del crecimiento, todos los intentos de encontrar una sociedad sostenible son vanos, como se ha demostrado estos casi 40 años desde que se hicieran los informes del Club de Roma.

Oscar Carpintero nos recordaba que la crisis económica ya existía antes de 2008 para millones de seres humanos excluidos, lo que ahora la hace diferente es que ha llegado incluso a las 1000 grandes empresas multinacionales que controlan la economía de planeta. Y tampoco debemos olvidar que los límites del crecimiento suponen un reto  para la clase obrera, que ha confiado en muchas ocasiones en el crecimiento para mejorar su situación.

Después de tres días de mensajes tan duros, la sensación de pesimismo que flotaba entre los asistentes al curso era difícil de contrarrestar, por suerte el cuarto día se lanzaron mensajes provocadores que invitaban a la acción. Carlos de Castro recordaba que esta civilización consumista y que choca violentamente contra la naturaleza no tiene futuro: es el momento de ir pensando en la próxima civilización, en sus valores, en su tecnología, en su política, en su agricultura y en su economía. Al fin y al cabo, como decía Jordi Pigem ¿merece la pena realmente esta sociedad que, a pesar de este inmenso derroche material, es capaz de dejar que todavía mueran de hambre seres humanos y ni siquiera consigue auténtico bienestar en las sociedades más opulentas?

Esta crisis nos debe servir para rediseñar todas nuestras actividades, desde nuestra  profesión a nuestra vida personal. Aunque la tarea parezca imposible, no queda duda que vamos a hacerlo, mejor o peor, porque el problema ha llegado ya. Contamos con una cualidad para ello, porque, como decía Ernest García, el ser humano, a pesar de no ser especialmente virtuoso, si una cosa ha demostrado, es ser una especie con una enorme capacidad de adaptación.

 Los colapsos no son sencillos, llevan aparejados grandes dosis de dolor, confusión, y turbulencias. Jorge Riechmann hablaba de la igualdad, la cooperación y el cuidado, como las tres virtudes que nos pueden ayudar a aminorar las consecuencias negativas de esta época. Yo añadiría cuatro más: democracia, empatia, creatividad y noviolencia, virtudes que el movimiento 15M está sacando a la calle.

Cada vez es más patente que no sólo nos enfrentamos a una crisis económica española o europea, sino a una crisis global y sistémica. Es preciso expandir la conciencia del enorme reto que tenemos delante, y es preciso hacerlo urgentemente. No podemos esperar a que los gobiernos den el primer paso, debemos empezar desde abajo. Es necesario, también, hacerlo utilizando la no violencia por bandera, puesto que la tarea fundamental no consiste hacer caer un sistema, que, de todas formas se cae él solo al chocar contra el planeta, sino en imaginar e ir haciendo realidad ese otro mundo posible. Posible, y sobre todo, ya ha quedado bien claro, inevitable.

 Margarita Mediavilla Pascual, noviembre 2011.

El mundo en nuestras manos