“Jugando al Candy Crush al borde del abismo” Jorge Riechmann. Magister dixit

El pasado martes 3 visitó nuestra Escuela de Ingenieros Jorge Riechmann para impartir una conferencia titulada: “El final de las energías fósiles” dentro de un pequeño ciclo de conferencias titulado: “Durmiendo al borde del abismo“.

Me acerqué a escucharle no sólo por ser un amigo y un maestro de la idea y de la palabra, sino porque sinceramente me entusiama que sin tapujos organicemos en Valladolid ciclos con títulos así de claros.

Una de las primeras ideas que nos proporcionó fue precisamente el título de este post. Como genio de la palabra, Riechmann nos proporciona no solo una imagen que nos hace sonreir sino que, aunque nos lleva rápidamente a recordar a la vicepresidenta de las Cortes españolas, enseguida nos lleva a la idea de que estamos distraidos más que dormidos ante lo importante al tiempo que Crush es un término que se emplea para “presión destructiva”, “colisión” o “estrujar”. Así que la imagen que se me vino fue la de una persona adolescente conduciendo un coche descapotable jugando con el móvil mientras cae por un barranco… Vi a la sociedad peor que dormida, estúpida (al dormido se le despierta fácilmente, el estúpido lleva más tiempo).

Y con esa imagen y “jugando” entre la afirmación de que evitar el colapso de la civilización requiere medidas urgentes e inmediatas y la idea de su inevitabilidad Jorge fue capaz de navegar entre dos aguas.

Las dificultades para evitar el colapso las redujo a dos contradicciones fundamentales:

1ª las medidas urgentes e inmediatas que se necesitan no son solo en los aspectos tecnológicos sino especialmente en los aspectos socioeconómicos y políticos, pero estos son de ritmos muy lentos (se necesitan incluso siglos para cambios políticos fundamentales, por ejemplo). Nos proporcionó otra imagen de Weber: “la política es como tatar de perforar una gruesa plancha de acero” (yo añadiría que con un punzón manual).

2ª Nuestras sociedades desean (volver a) la socialdemocracia. Un sueño irrealizable biofísicamente que en cambio tienen partidos vistos como “radicales de izquierdas” como Syriza o Podemos [yo diría que vistos por los políticoss que juegan al Candy Crush figurada y realmente].

Tras estas dos ideas, sobre todo por la primera, Jorge nos mete la idea de que el colapso es ya inevitable, pero vuelve a la duda y se pregunta si “¿Tenemos tiempo?”. Su respuesta vuelve a impactar: Al menos intentemos “colapsar mejor”. Aunque la trayectoria es de colapso, este no es necesariamente apocalipsis. [yo diría que ya no tenemos tiempo para hacernos preguntas sobre si tenemos tiempo].

Jorge, tranquilo, define el colapso (al modo que he leído también a Durán y Reyes en su “La espiral de la energía“) como reducción rápida de la complejidad de la sociedad quizás acompañada de una reducción de la población [yo eliminaría el quizás también aquí].

Y vuelve luego a recordarnos lo mal preparados que estamos para lo que nos viene (dormidos, jugando). [De hecho aunque no lo dice explícitamente, este es un factor de colapso, el más importante porque es el que lo convierte en inevitable]. Jorge nos recuerda la desconexión entre la economía y la realidad física, nuestros sesgos cognitivos (por ejemplo la visión de corto plazo del futuro) y los prejuicios culturales [léase mitos culturales]. Para este caso, en vez de hablar de tecno-optimismo nos regala la palabra que lo atrapa casi todo: “tecnolatría”, y remarca que es uno de los mayores impedimentos para la realización de los cambios hacia colapsar mejor. Esa fe irracional en la tecnología nos la muestra con un ejemplo: el 92% de encuestados españoles piensan que es necesario reducir drásticamente los combustibles fósiles, pero solo el 24% piensa que esa reducción puede generar crisis económica o energética (esa disonancia cognitiva solo se salva por la creencia en que alguien hará lo que sea necesario para impedirlo [aunque ese alguien al mando esté en realidad jugando al Candy Crush] como las renovables, la nuclear o algún milagro tecnológico que intereses oscuros están frenando).

Ante ese panorama de colapso, existe la tentación de tirar la toalla, del carpe diem o del éxodo (me voy al campo a una comuna), pero ninguna de esas salidas son viables ya que no existen ya zonas de refugio (nos pone el ejemplo de las centrales nucleares que pueden convertirse, durante el colapso, todas ellas en “Fukushimas” -[podríamos hablar del caos climático o de la 6ª gran exinción también]-). Además, es moralmente irresponsable -en referencia a los del éxodo- abandonar a la gente (aclarando que si las iniciativas comunales se hacen como semilla sí serían válidas).

Jorge sigue navegando entre dos aguas [se le escapa de vez en cuando "posible colapso" en vez de "inevitable colapso"] hasta que llega al siempre tan esperado “¿Qué hacer?” [para colapsar mejor se entiende].

Y nos regala dos ideas:

1ª quitarnos la venda, despertar ante el abismo, dejar de jugar al Candy Crush [recordemos que la "lucha" no es entre el 1% rico y el 99% restante -que movilizó el 15M o a Podemos- sino entre el 1% despierto y el 98% que hay que despertar]. Esa concienciación que llevamos décadas sino milenios tratando de llevar a cabo.

2ª nuestras estrategias deben ser más complejas; ahondando simultáneamente tres temas:

  • prever y prepararse para oleadas de desencanto (e incluso tendencias a neofascismos) [claramente una lucha imprescindible para poder colapsar mejor] [frente al pesimismo que será inevitable en un mundo en el que hay que des-arraigar los mitos del progreso tecnológico-material, el mito del hombre darwinista-competitivo y la tecnolatría, sustituir esto llevará siglos, por lo tanto ese pesimismo existencial necesitará ir incorporando nuevos mitos y quizás diosas]
  • potenciar vínculos sociales, de cuidados, de cooperación [la Revolución Solidaria, vaya]
  • operar con estrategias duales (varios planes simultáneos porque no aceptaremos todos las anteriores vías)

Precisamente llevo un tiempo dándole vueltas a esta última idea.

Jorge trata de aclararla con la analogía del Titanic [que tanto me gusta y utilizo]. Para Jorge quizás podemos evitar parte del choque -que este no sea tan grave- a la vez que preparamos los botes salvavidas y construimos más botes con la madera de los camarotes. Para Jorge técnicamente se podría evitar el choque pero no social y políticamente (que como mucho evitaría la mayor gravedad del choque o de sus consecuencias). Jorge por tanto, admite las estrategias “socialdemócratas” mientras vamos despertando por una razón fundamental: no es lo mismo colapsar con los liberales en el poder que con los socialdemócratas. No es lo mismo hacerlo con el PP que con Syriza o Podemos. Bien claro y valiente nos lo deja.

Como esa estrategia me genera muchas dudas, en el turno de preguntas doy una opinión y pregunto.

Mi opinión ya se conoce aquí: el colapso es inevitable (incluso lo es técnicamente porque la tecnología no se puede desligar de la sociedad-cultura, separación típica del mito del progreso para así verla como algo neutral en el peor de los casos y en el fondo intrínsecamente buena, la prueba además es que decimos que la tecnología que evitaría el colapso necesita palancas -una máquina- sociales, económicas y políticas muy diferentes a las que tenemos ahora). Aunque no lo digo en la sala, de hecho estoy convencido de que hablar del “posible colapso” en vez de su inevitabilidad, se termina convirtiendo en un clavo ardiendo para mucha gente, impidiendo paradójicamente “colapsar mejor” -mucho más que el problema del desencanto y pesimismo que conlleva en mucha gente saber que vamos a colapsar- (vuelvo luego a esto al final de este post).

Mi pregunta a Jorge fue:

¿Si sabemos que la línea “socialdemocracia” es irrealizable -y sabemos que los Juan Carlos Monedero lo saben-, no es tratar inmaduramente a la sociedad? (Jorge citó a Mondero con su “con un discurso de decrecimiento no se ganan elecciones”).

La respuesta de Jorge estaba cargada de razón: “es que vivimos en una sociedad infantil” (lo que era obvio tras saber que estamos  sonámbulos jugando al Candy Crush). Quizás necesitaba que alguien me lo recordara tan contundentemente. No es una cuestión solo moral, sino una realidad. La madurez social requiere tiempo -que no disponemos-, por tanto, hemos de hacer lo posible por que madure, sí, pero también hemos de tratarla como lo que mientras tanto es (la estrategia dual [realista-utópica] que defiende Jorge).

Pero Jorge nos dio otro ejemplo, esta vez relacionado con Javier Marías, quien dijo que le resultaba difícil tener presente el tema del cambio climático porque reconocía que no iba con él sino con generaciones del futuro.

Este ejemplo abrió un hilo en mi mente que enlazó lo que había venido diciéndonos Jorge con un tema que ando pergeñando desde hace tiempo: Ese egoísmo de Marías en el fondo no es diferente al que sienten los “desencantados”, los que dicen de nosotros, los colapsistas, que somos pesimistas y que trasladamos pesimismo que lleva al tirar la toalla, el carpe diem y el éxodo. Si es así, todos esos que tiran la toalla, carpe diem y emigrantes preparacionistas son el el fondo “Marías”. Y como egoístas les digo que se las apañen con su pesimismo mientras trato de explicarles porqué yo no lo soy y ellos no lo tendrían porqué ser (ni egoístas ni pesimistas).

Pensar en el 2100, algo típico cuando se piensa en el cambio climático (en parte porque los modelos y escenarios del IPCC y de los climatólogos terminan en el 2100 casi todos e incluso en el 2300) ahora significa en realidad empezar a pensar en la construcción de la siguiente civilización. Que la nuestra colapse mejor, no significa para mí que seamos capaces de mantener nuestra civilización transformada y menos compleja con quizás algo menos de población; para mí colapsar mejor es pensar en la siguiente civilización/es, y qué bases y mitos van a tener. Importa menos el drama que vamos a vivir que el futuro de las siguientes generaciones. En la Francia o Polonia invadida por Hitler no pensaban en cómo adaptarse a la ocupación nazi sino en cómo vivir después de la ocupación, aunque oponerse a los nazis en vez de adaptarse-transicionar supusiera un drama a corto plazo mayor -y muriera más gente en ese plazo-. Franceses y polacos lo tenían más fácil, porque tenían esperanza de ser ellos mismos los que volvieran a un estado anterior, algo que ya nos está vedado (y nadie querrá dentro de tres o cuatro generaciones humanas). El no egoísmo ahora es en realidad luchar porque las generaciones que construirán nuevas culturas humanas (dentro de siglos) tengan vidas dignas y adaptadas a la biosfera, pese a que yo, mis hijos e incluso nietos ya no podamos. Luchar ahora significa ir des-arraigando nuestros mitos del desastre, tratar que no se olvide a dónde llevan e ir imaginando en medio del caos qué mitos nos harían sostenibles a la vez que humanos.

Carlos de Castro Carranza.

PD: por supuesto las ideas vertidas aquí son mis interpretaciones y pensamientos inspiradas en la conferencia de Jorge Riechmann, si el lector detecta algo que le parece exagerado, equivocado o una tontería, lo debe achacar a mí y no a Jorge.

 

 

 


Las ciencias blandas del no hacer

El Ebro se desborda y los afectados piden que se haga algo, que se “limpie” el río o que se construya el transvase. Los científicos dicen que no sirve para nada, pero ya veremos si se les hace caso. Cuando en Castilla León hubo plaga de topillos los científicos dijeron que echar veneno no servía para nada, pero la Junta no les hizo caso y echó el inútil y dañino veneno para calmar a los agricultores (matando no sólo a los topillos sino también a sus predadores, sentando las bases para una nueva plaga, como saben bien los ecólogos).

Y es que, aunque vivamos en una sociedad que se dice científica y tecnológica, no siempre hacemos caso a los científicos. Hay como una especie de jerarquía en las ciencias. Admiramos y prestamos gran atención a las ciencias “duras” que halagan nuestro ego humano y nos permiten hacer muchas cosas (energía nuclear, coches de hidrógeno, carrera espacial, aceleradores de partículas, lucha contra el cáncer, biotecnologías…), pero prestamos muy poca atención o directamente ninguneamos a esas ciencias “blandas” que nos hablan de límites a nuestros deseos y de cosas que no podemos o no deberíamos hacer (pérdida de biodiversidad, estudios sobre límites de la energía o los materiales, cambio climático, colapso de pesquerías, construcción sobre zonas inundables…).

Con conocimientos científicos o sin ellos, nos resulta enormemente difícil admitir que la solución no está en nosotros: que no tenemos que “hacer” algo sino más bien “dejar de hacer”. Ese no hacer del que hablaba Fukuoka, -que consiste en observar sin prejuicios la naturaleza, dejar que siga su curso y adaptarnos de forma inteligente- es uno de los grandes retos del ser humano.

El ego, siempre detrás de todas las cosas y de todos nuestros errores. Nada nuevo desde los tiempos de Lao Tsé.

Marga Mediavilla


Cuatro cosas básicas sobre entropía que todo ecologista y/o interesado en el pico del petróleo, los límites del crecimiento y el colapso de la civilización debería conocer

1.- La entropía no es desorden, ni caos, ni muerte. Es dispersión, reparto, multiplicidad [de la energía]

(No hay tendencia natural a Tanathia pues la muerte térmica del Universo no será antes de millones de veces el tiempo que el Universo lleva aquí desde su Big Bang)

La ley de la entropía está basada en una enormemente pequeña fluctuación de la distribución de la energía en los primeros instantes del Big Bang, quizás hiperamplificada por la inflación (no se preocupe si no me sigue ahora; se me ocurrió hace dos décadas que cuando un sistema crece demasiado rápido inevitablemente genera desigualdad…).

La sopa informe y desordenada de energía-materia había nacido con sitios donde había más energía concentrada que en otros.  Aborrecer esa pequeña desigualdad ha generado 13800 millones de años después todo lo que vemos y somos ahora.

La historia del Universo, su presente, y su futuro, es una historia de cómo volver a la equidad en el reparto de esa energía lo más rápidamente posible.

Probablemente esta es la idea más potente de la historia de la humanidad que estamos sólo empezando a explorar (algunos) científicos y filósofos (por favor vuelva a leerla).

El Universo aborrece los gradientes energéticos, la desigualdad. Lo importante no es la meta, lo importante es el largo y creativo camino hacia esa muerte térmica en el lejanísimo futuro  (una vez más física y tao parecen conectar).

Si se ha perdido, pido disculpas. Vuelvo al principio.

Decir que la entropía no es desorden es importante. El genial Maxwell ya lo entendió cuando dijo que “el orden no es una propiedad de las cosas materiales en sí mismas, sino solo una relación para la mente que lo percibe“.

Pero vamos con ejemplos/analogías para entenderlo mejor:

Imagine la habitación de un niño. En un rincón, sobre una estantería está la caja de sus juguetes. A este (micro)estado de la habitación lo vamos a llamar S0.

Media hora después de entrar el niño la habitación ha quedado desordenada (para los padres, para el niño seguramente tiene una lógica y un orden que podría explicar). Decimos que ha aumentado la entropía porque los juguetes están dispersos en un nuevo estado que llamaremos S1.

Sin embargo, en realidad el estado concreto S1 en que se encuentra la habitación es tan improbable como el que caracterizarían sus padres como ordenado (el S0); la prueba es que nunca volveremos a ver exactamente S1.

Al día siguiente y tras el paso de un adulto (y un aumento de la entropía fuera de la habitación), la habitación queda de nuevo en el estado S0, pero ese mismo día el niño vuelve a dispersar los juguetes (está en su naturaleza). Si nos fijamos en los detalles ya no estamos en el estado S1, sino en un nuevo estado S2 (si nos encontráramos de nuevo con S1 pensaríamos que un milagro habría ocurrido o nos asustaríamos recordando la película “El día de la marmota“).

Al cabo de un año, habríamos encontrado 1 estado S0 y 365 estados S1, S2,… S365 (en realidad miles intermedios si miramos cada minuto la habitación).

Si no ordenamos nunca la habitación, nunca aparecería tampoco el estado S0 otra vez. Así pues, sin intervención paterna, tenemos 366 estados de la habitación, 365 con los juguetes dispersos y 1 con los juguetes concentrados en la caja.

La ley de la entropía no es más que un cálculo de probabilidad: existe una tendencia enorme a encontrarnos con estados dispersos sencillamente porque son enormemente más numerosos, y por tanto probables.

El término correcto es dispersión, no desorden (si viéramos instante a instante lo que hace el niño no encontraríamos ese desorden por ningún lado).

Si nuestra mente adulta agrupa en dos el universo-habitación: “juguetes en la caja” (macroestado C0) versus “juguetes dispersos por la habitación” (macroestado C1), entonces concluiremos que exite una tendencia -partiendo de C0- a ir espontánemente a C1, y consideraríamos un milagro el proceso inverso (no es que sea imposible, es que es altísimamente improbable que espontáneamente un niño disperse sus juguetes dentro de la caja).

La entropía ni nos lleva al desorden, ni al caos, ni a la muerte; no es mala. Como mucho es traviesa y, como veremos, creativa como un niño.

2.- La intervención del ser humano en la biosfera no aumenta la entropía que se produce en la Tierra, la disminuye.

La civilización humana, de hecho, cualquier metabolismo, para su mantenimiento requiere intercambios de energía, pues para intercambiar materia e información se necesita previamente intercambios de energía que reduzcan algún gradiente de la misma. Todo cambio requiere intercambio de energía y para que exista intercambio se necesita un gradiente, una concentración de energía que dispersar.

Siempre que hay un intercambio de energía entre el “metabolismo” y su entorno aumentará la entropía del metabolismo + su entorno; normalemtne aumenta sobre todo el del entorno, a veces disminuyendo el del metabolismo; sencillamente porque el entorno es más grande, y por tanto con más estados posibles, y porque el metabolismo se mantiene precisamente generando ese entropía.

Un metabolismo no cristalizado requiere intercambios continuados de energía.

Ahora bien, la civilización humana es un metabolismo montado sobre otro metabolismo mayor, la biosfera o Gaia. El entorno de nuestra civilización es Gaia y por tanto nuestro “metabolismo” genera un aumento de entropía en nuestro entorno. Lo hace también un bosque, aunque con una diferencia: el metabolismo de nuestra civilización funciona como un cáncer en la biosfera y como tal tiende a destruirla, un bosque no.

Como la biosfera-hospedante es mayor (y más compleja), intercambia mucha más energía que la civilización humana, así que es lógico pensar que la creación de entropía de Gaia sobre su entorno será mucho mayor que la que creamos los humanos sobre Gaia.

Como nuestra civilización está degradando fuertemente el metabolismo que la acoje (la desordena, a diferencia de lo que hace un bosque en Gaia, que aumenta la entropía pero no la degrada ni la desordena), es lógico pensar que nuestra creación de entropía sobre Gaia no compensa la creación de entropía de Gaia sobre su entorno. Esa lógica se hace obvia bajo la hipótesis de que Gaia es un organismo complejo -mucho más complejo que la civilización humana que aunque con cierta complejidad y metabolismo, no llega ni de lejos a la complejidad de un organismo, ni siquiera tan “simple” como una bacteria).

La hipótesis Gaia orgánica, que le parece eso lógico y obvio, predice pues que el ser humano y su civilización hacen disminuir y no aumentar (ligeramente) la creación de entropía en el Universo. Nuestra civilización es la improbable y solo temporal en nuestro universo. Ayuda también saber que crear entropía no era “malo”, sino un proceso “creativo”.

Como la predicción se puede demostrar con cálculos biofísicos matemáticos, anotemos un punto para mi teoría, que se hace con una predicción que nadie había formulado antes -que yo sepa- (de hecho se ha venido diciendo la afirmación contraria).

 

3.- La ley de la entropía pone límites, pero la economía-metabolismo de la civilización actual humana es mucho más chapucera y sus límites no los pone la entropía sino otras leyes ecológicas y humanas.

Esta sentencia es fácil visto y comprendido lo anterior.

Puesto que la entropía no limita la complejidad y metabolismo de un sistema como Gaia o un bosque o un termitero, no puede imponer límites teórios a la civilización humana -más sencilla-, los límites son internos (por ejemplo, cuánta desigualdad -antientrópica- y corrupción es capaz de soportar) y ecológicos (flujos energéticos, daños sobre ecosistemas soporte, etc.). En definitiva, un cáncer (el cáncer es nuestra civilización, no los humanos ni otras culturas) tiene límites “naturales” obvios que no tienen que ver directamente con límites de entropía; a un cáncer se le elimina, muta y deja de serlo, o muere matando, su destino es siempre desaparecer relativamente pronto).

Aquí se abre una discusión interesantísima sobre el futuro de nuestra civilización: morir matando -o lo que persigue el BAU y aquellos que se empeñan en mantener tal cual el metabolismo haciendo crecer aún más el cáncer-, mutar -o lo que persiguen los movimientos en transición que en realidad deben tener claro que no es una simple transformación sino una metamorfosis total- o eliminar el metabolismo canceroso (de otra forma, menos traumática, a lo que ya está haciendo de forma acelerada el BAU).

Pero el tema de la entropía-Gaia abre también una habitación de esperanza para próximas civilizaciones humanas (¿en otro post?).

 

4.- La complejidad y la evolución de la vida no luchan contra la entropía, surgen de ella [condición necesaria, ¿suficiente?]

Cuando vemos la entropía como desorden es fácil caer en la idea de que la vida en un milagro, un suceso altísimamente improbable.

Cuando la vemos como dispersión, como mucho caeremos en la idea de que la vida tenderá también a dispersarse -sobre la Tierra, sobre el Universo-.

Cuando vemos la entropía como tendencia al caos o a la muerte es casi natural pensar que los organismos tienden a degenerar y morir por esta ley.

Cuando la vemos como multiplicidad no nos extrañará tanto la extraordinaria (bio)diversidad de organismos, planetas, estrellas o galaxias.

Tanathia no es un futuro prque Gaia es su contraejemplo real y observable. Gaia tampoco es un milagro, como no lo es que el universo “nacido” de una sopa informe y “desordenada” esté, solo 13800 millones de años después, repleto de estructuras dinámicas y complejas (y ordenadas).

Volvamos a la habitación con la caja de juguetes en la estantería. Supongamos que no entra ningún niño pero sí hay intercambios de energía en la habitación de vez en cuando. Con el tiempo veremos algún juguete fuera de la caja, por ejemplo, un día que entró una fuerte corriente de aire, o un codazo de un adulto que derrama algunos juguetes en las cercanías de la estantería. Veremos algunos S1, S2, etc. pero no veremos tantos como cuando entraba el niño en la habitación diariamente. La complejidad del niño hace que el entorno disponga de más posibilidades de generar más estados posibles (más caminos para intercambiar energía). La entropía de la habitación aumenta más rápido con el niño que sin él. Cuando entra el niño en la habitación todo se acelera, la dispersión aumenta más rápido.

No es que el niño busque la dispersión, es que es más probable ver una habitación con juguetes dispersos con niño que sin niño. De hecho, si uno ve una habitación con juguetes dispersos apostará a que un niño ha estado allí, más que pensar en un milagro.

Otra imagen:

Imagínese que contempla una playa en la que flotan agitados por las olas 100 patitos de juguete amarillos y otros 100 azules.

Unas horas después regresa a la playa en un momento de marea baja y se encuentra a esos 200 patos sobre la arena. Pero extrañamente se los encuentra a casi todos ellos perfectamente ordenados: amarillo-azul-amarillo-azul… formando una larga cadena.

Enseguida pensará que un milagro ha ocurrido o que “alguien”, quizás un niño, ha intervenido.

Pero si se fija con atención quizás descubra que las patos amarillos tienen velcro en las alas y los azules el otro lado del velcro… Los intercambios de energía con las olas pueden ayudar a explicar el resto: demasiados golpes rompen los velcros pero al retirarse poco a poco el mar, la energía puede ser la adecuada para mover los patos sueltos y mezclarlos, pero no para rormper los velcros ya formados…

Si ha entendido esta imagen acaba de entender porqué no pensamos que es un milagro que se forme un cristal de sal al evaporarse el agua de mar.

El cristal de sal es estable y contiene energía almacenada y concentrada en los enlaces quimicos formados. El universo, “aprovechando” la formación del cristal ha encontrado un montón de nuevas vías o estados de alta probabilidad, de alta dispersión: las moléculas de agua que estaban “concentradas” en forma líquida, han pasado a la forma gaseosa al intercambiar energía solar; ahora están más repartidas y dispersas, con muchísimos más estados  a su disposición que antes.

Un metabolismo es estable como lo es un cristal de sal porque ayuda a reducir gradientes energéticos y a dispersar la energía, con una “desventaja” y es que requiere de un flujo continuo de energía, de intercambios de la misma, de reducción de gradientes. Pero con ventajas sobre el cristal:

El metabolismo reduce más rápido los gradientes a su escala temporal y espacial precisamente porque su complejidad abre más caminos y posibilidades de reducir esos gradientes, aumentando el tamaño de estados posibles (los Si de nuestro ejemplo infantil).

Cuando se forman las células de Benárd (esa danza de trillones de moléculas que parecieran un milagro de probabilidad cero de ser solo movimientos aleatorios) aceleran de pronto la creación de entropía: el intercambio de energía es más rápido y se dispersa antes la energía con el entorno.

Bajo las condiciones adecuadas -un flujo mínimo pero constante y estable de energía, un mínimo de propiedades de la materia- se forman siempre (probabiliad 1, no cero)-.

¿Podemos imaginar lo que un flujo mínimo y constante y casi estable puede hacer durante miles de millones de años? Sí, las bandas de Júpiter, el vulcanismo de Io, Gaia…

La evolución de la vida no sólo es posible (y probable) sino que está doblemente dirigida, por un lado por la ley de la entropía -que autoestabiliza y autoselecciona los estados recién adquiridos- y por otro lado por ella misma (pero eso es otro post -y mis dos libros sobre Gaia-). (También puede explorar los escritos de Margalef, Odum, Schneider y Dorion Sagan).

La entropía y la vida se realimentan positivamente.

 

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza

 


Europa premia el juego-experimento Ecology

El pasado viernes 23 de enero recibí en Barcelona un premio sobre iniciativas docentes con alumnos universitarios en temas relacionados con la sostenibilidad.

Como dije allí: es genial que te premien por jugar con los alumnos.

Pero en realidad el juego esconde un tema muy serio.

Las instrucciones están aquí, y está descrito en un post que realicé para el blog de Antonio Turiel (aquí). Y en inglés la propia organización convocante publica un resumen.

Invito a cualquier docente (universitario o preuniversitario) a jugar con sus alumnos (puedo ayudar a distancia), incluso a cualquier persona a que se anime a jugar con sus amigos (se podría jugar en un blog, facebook, incluso se me ocurre que por whatsapp), solo hace falta un director del juego (para los aficionados al rol: un máster) y gente dispuesta a estar un poco pendiente durante varias semanas.

Mi propuesta recibió un cierto interés, como otras, por parte de los asistentes, en especial de un grupo de alumnos que se habían dejado caer por la ceremonia. A algunos les llamó la atención el juego en sí y a otros les llamó la atención que en mis cinco minutos de exposición hablara sin tapujos de la inevitabilidad del colapso de nuestra civilización.

Un alumno me dijo: “Nadie más rozó el tema entre los premiados [otros seis] y las exposiciones de los organizadores del evento [otras 3 intervenciones]“.

Yo le pregunté si lo que dije le pareció exagerado o descabellado. Y su respuesta fue que lo que quería decir es que echó en falta que alguien más se hubiera acercado al tema.

Yo también lo eché de menos. Y eso que me encontraba muy cómodo entre el tipo de personas que estában allí (no recuerdo ninguna corbata), porque eran gente sinceramente preocupada por los temas de desarrollo humano y la sostenibilidad ambiental: la mayor parte de los otros premiados tenían estupendas y necesarias iniciativas sobre cómo llevar a los alumnos europeos a ampliar su mente y sus emociones ante temas de desarrollo humano; cosas reales y concretas -no juegos teóricos- en contacto con personas empobrecidas sea del Sahara o de Sierra Leona por ejemplo; son los héroes, casi siempre anónimos, de nuestra época.

Todos los que estábamos allí conocemos la gravedad del cambio climático, incluso las conexiones -como los años de sequía tremenda y sin precedentes de  los años previos al colapso de Siria que llevó a protestas fuertemente reprimidas y a la posterior escalada de violencia, o la escasez de agua en la ciudad de Sao Paulo que a más de uno nos asusta-. Todos hemos oído lo de la sexta gran extinción de especies y el colapso de poblaciones y ecosistemas uno tras otro, sabemos de la Huella Ecológica y del Índice del Planeta Vivo y nos preocupa no sólo el impacto sobre los animales sino la imposibilidad de un Desarrollo Humano al modo OCDE porque sencillamente es física y ecológicamente imposible. La mayoría, si no todos, sabemos de la crisis energética y han oído del pico del petróleo e incluso del pico de minerales, de agua dulce y de suelos. Y además conocen ejemplos locales que tratan de curar, frenando a duras penas, la sangría humana y ambiental (el ansia por petróleos que lleva a poner reservas naturales y pueblos indígenas al borde de la extinción, matanzas de ambientalistas en medio mundo, etc.).

Pero no conectamos los puntos… Y conectarlos estoy seguro que nos cambiaría a todos. Pero el ir empezando a conectar los puntos da mucho miedo.

Los alumnos se suelen “desesperar” con el juego Ecology, al ver lo difícil que es la organización social en un juego que saben que es mucho más sencillo y fácil que el mundo real. Creo que a algunos de ellos el juego les ayuda a conectar esos puntos; ese es el tema clave y mérito del juego.

Pero, eso sí, siempre tras un decrecimiento material o incluso colapso poblacional, aprenden y comienzan unas generaciones duras -en las que lo siguen pasando mal por las inercias- tras las cuales la cooperación entre ellos y el verdadero respeto a las leyes ecológicas quedan inscritas en el “hardware” de su nueva civilización. Aprenden tras el golpe.

Y rellenan mi esperanza.

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza


Ya somos grupo de investigación oficialmente reconocido por la UVA

A partir de hoy, 28 de enero, ya somos algo más que un grupo de amigos que investigan juntos,  el Consejo de Gobierno de la Universidad de Valladolid, reunido esta mañana,  acepta nuestra solicitud y nos reconoce como Grupo de Investigación Reconocido (GIR) de la Universidad (el Gabinete de Comunicación de la UVa se hace eco de la noticia).

Es un reconocimiento oficial que no cambia  nuestra forma de trabajar pero nos permite un poquito más de reconocimiento y de libertad a la hora de orientar nuestro trabajo.

Además ayer tuvimos otra buena noticia: el programa UVa en Curso ha aceptado nuestra propuesta de curso para el otoño de 2015. Este año estará orientado hacia la tecnología y en él queremos preguntarnos  si es posible desarrollar una civilización industrial después del agotamiento de los combustibles fósiles. Os esperamos para finales de septiembre.

Marga Mediavilla


Los libros azul y naranja de En la Espiral de la Energía

Cuando comencé a leer el libro de Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes En la Espiral de la Energía, tenía en mente que iba a ser un buen libro, pero enseguida me di cuenta de que era mucho más que eso. En la Espiral de la Energía es una obra inmensa, que hace algo tan importante como intentar explicar el pasado y el futuro de la humanidad en base a un elemento clave: la energía.

Como bien entienden los autores del libro, hablar de energía no es sólo hablar de tecnología, es también hablar de trabajo humano, esclavitud, posesión de la tierra, comercio, moneda, relaciones de poder, etc. El libro engloba todos estos aspectos integrándolos en un discurso muy bien trabado y consigue el difícil equilibrio de basarse en una enorme y minuciosa documentación y a la vez ser un texto conciso y fácil de leer.

En la Espiral de la Energía sigue la línea de libros como Historia de los Bosques de John Perlin o  Armas Germenes y Acero y Colapso de Jared Diamond, que buscan las causas del éxito y el declive  de las civilizaciones humanas en  los aspectos ecológicos, que, frecuentemente, han sido marginados a la hora de explicar la historia. Sin embargo, En la Espiral de la Energía va unos pasos más lejos que estos libros,  ya que engloba todas las civilizaciones humanas, profundiza en los aspectos socioeconómicos y en las relaciones de poder y no se queda sólo en el análisis de la historia sino que, en el segundo tomo,  analiza el presente y el posible colapso de nuestra propia civilización.

Es, sin duda, una obra que merece tener una gran difusión, y esperemos que el hecho de no venir del mundo anglófono no sea un obstáculo para ello. Esperemos también que el enorme esfuerzo que Ramon Fernández Duran y Luis González Reyes han  realizado para escribir una obra de esta magnitud se vea recompensado y su lectura pueda hacer que no repitamos los peores errores de las civilizaciones del pasado.

Puede comprarse on-line en la página de Ecologistas en Acción y también descargarse gratuitamente en pdf (aunque  merece una sosegada lectura en papel).

Marga Mediavilla


¿De cuánta energía podremos disponer realmente?

El hecho de que el precio del petróleo esté cayendo en los últimos meses no debería hacernos olvidar que la crisis energética sigue avanzando por debajo de las fluctuaciones del mercado. Los cambios tecnológicos y sociales profundos requieren décadas, y desde esa perspectiva deberíamos ver la crisis energética: estudiando el agotamiento de los combustibles fósiles décadas antes de su inicio y buscando alternativas también con décadas de adelanto.

La mejor forma de conocer cuánta energía nos queda realmente es dejar de lado la inmediatez de la prensa y las declaraciones interesadas de las compañías energéticas, y echar un vistazo a las publicaciones científicas. Para ello, el Segundo Congreso sobre el Pico del Petróleo organizado recientemente por la UNED en Barbastro es un escaparate privilegiado que, además, puede consultarse en diferido en los vídeos y documentos de su página web.

En este congreso, el sueco Mikael Höök, uno de los mayores expertos en petróleo y gas del mundo, proporcionaba datos de los 38 estudios científicos de estimaciones de agotamiento del petróleo publicados hasta la fecha en revistas científicas sujetas a revisión por pares, los 18 publicados para el gas natural y los también 18 publicados para el carbón. Los datos se despliegan en diferentes curvas debido a la incertidumbre y la cautela que suelen acompañar los resultados científicos, pero la mayor parte de estas curvas indican el estancamiento y posterior declive de la extracción mundial de petróleo en torno a 2020, sobre 2030 para el gas, y en torno a 2040 para el carbón (figuras 1, 2 y 3).

Se pueden ver ya, además, algunos hechos que confirman estas previsiones. La propia Agencia Internacional de la Energía ha reconocido que el petróleo convencional -es decir, el barato, de buena calidad y fácil extracción-, alcanzó su techo en 2006 y su extracción ha empezado a disminuir. También se puede observar en los datos históricos (figura 1, línea negra) que la producción de petróleo ha sufrido un estancamiento desde esa fecha (que no se debe a la falta de demanda por crisis económica, ya que el consumo de carbón y gas natural siguió creciendo en esas fechas a buen ritmo -figuras 2 y 3) mientras los tímidos aumentos de extracción de petróleo que se han realizado desde 2006 se deben al uso en EEUU y Canadá de la fractura hidráulica y las arenas asfálticas: tecnologías caras, contaminantes y con bajo retorno energético.

Figura 1: Estimaciones de extracción de petróleo de diversos autores aparecidas en revistas científicas revisadas por pares (fuente: M. Höök, II Congreso sobre el Pico del Petróleo, Barbastro 2014).

Figura 2: Estimaciones de extracción de gas natural de diversos autores aparecidas en revistas científicas revisadas por pares (fuente: M. Höök, II Congreso sobre el Pico del Petróleo, Barbastro 2014).

Figura 3: Estimaciones de extracción de carbón de diversos autores aparecidas en revistas científicas revisadas por pares (fuente: M. Höök, II Congreso sobre el Pico del Petróleo, Barbastro 2014).

Ante estos datos, la pregunta que inmediatamente una se hace es si existen energías alternativas que puedan cubrir el hueco que van a dejar los combustibles fósiles. El estudio que presentamos –en este mismo Congreso de Barbastro–aborda esta cuestión y lo hace con un modelo matemático que nos sirve para reunir gran cantidad de datos sobre combustibles agotables y energías renovables. Este estudio utiliza curvas similares a las recopiladas por Höök y además presta especial atención a los ritmos de sustitución. No sólo nos interesa saber, por ejemplo, si una tecnología renovable funciona, sino también si vamos a poder implantarla a tiempo y si va a servir para los usos en los cuales utilizamos ahora el petróleo, el gas o el carbón. Aunque a largo plazo nadie puede saber cómo va a evolucionar la tecnología, a corto plazo sí sabemos que su desarrollo requiere tiempo y su introducción en el mercado también, de forma que podemos estimar hasta qué punto alternativas como la energía fotovoltaica, la eólica, los biocombustibles o los vehículos eléctricos, van a poder cubrir la demanda que requeriría una economía mundial en continuo crecimiento cuando las energías fósiles se vayan agotando.

Las conclusiones que se extraen de nuestro estudio no son demasiado halagüeñas. Una de las cosas que más claramente observamos es que no tenemos tiempo para sustituir el declive del petróleo, especialmente en el sector del transporte. En la actualidad, prácticamente todo el transporte mundial depende de combustibles líquidos extraídos del petróleo y las posibles alternativas como los vehículos eléctricos o de hidrógeno son muy débiles desde el punto de vista tecnológico. En la figura 4 se puede ver el resultado de comparar la energía disponible para el transporte y la demanda que requeriría la economía mundial bajo dos escenarios: el BAU (business as usual, una extrapolación de las tendencias actuales) y el escenario 2, un escenario “tecno-optimista” con fuerte desarrollo de alternativas como los vehículos híbridos, eléctricos y de gas, combustibles líquidos extraídos del gas y el carbón y una fuerte apuesta por la eficiencia. Se puede ver que, incluso en el escenario más optimista, las curvas de energía disponible y demanda para el transporte dejan de coincidir antes de 2020 (figura 4). No llegamos a tiempo de evitar el declive del petróleo en esta década porque las alternativas no están creciendo al ritmo necesario.

También se ve claramente que el papel de la energía nuclear es irrelevante. Por una parte, no es una energía crítica, ya que apenas proporciona el 6% de la energía comercial consumida y sólo se utiliza para el sector que menos problemas tiene (la electricidad). Por otra parte, un desarrollo a gran escala de la actual energía de fisión encontraría pronto el límite del agotamiento de las reservas de uranio; además, tecnologías como la fusión o las llamadas nucleares de cuarta generación no se prevé que puedan estar en el mercado en las próximas décadas y, por ello, no entran dentro de nuestro horizonte temporal del estudio.

El modelo también nos muestra que en el sector de la electricidad los problemas son menos acuciantes, ya que el declive del carbón es un poco más tardío y existen tecnologías renovables con potenciales de desarrollo importante (figura 5). Todavía estaríamos a tiempo de sustituir buena parte del consumo de electricidad mundial con energías renovables, pero para ello deberíamos comenzar a invertir en esta década y, al no ser el eléctrico un sector problemático en estos momentos, corremos el peligro de no realizar las inversiones necesarias.

A pesar de todo ello, el modelo también muestra que el cambio climático no deja de ser un problema. Aunque algunos de los peores escenarios de emisiones previstos por el IPCC no son compatibles con los límites de los combustibles fósiles, sí existen escenarios muy preocupantes que lo son.

Los resultados que hemos obtenido con este modelo dibujan un panorama mucho más sombrío del que suele presentarse en los medios de comunicación y, probablemente, del que la mayor parte de las personas tienen en mente (incluso más pesimista que el que teníamos nosotras/os antes de realizar el estudio). Aunque ningún modelo es un oráculo ni debe ser tomado como tal, los modelos son herramientas muy útiles para mostrar aspectos que quedan ocultos entre la abundancia de datos. Es posible que las fechas y datos concretos que prevemos varíen debido a los errores que todo estudio lleva consigo, pero ello cambia muy poco las conclusiones básicas.

Los datos científicos apuntan a que, en las próximas décadas, el continuo crecimiento del consumo de energía que hemos disfrutado desde mediados del siglo XVIII se va a acabar. Vamos a tener que realizar una gran transición hacia una sociedad que no dependa de los combustibles fósiles y cada vez más científicos/as estamos alertando de que ésta no va a poder basarse únicamente en cambios tecnológicos. En esta misma década, para poder reaccionar frente al pico del petróleo, vamos a tener que emplear herramientas de todo tipo: sociales, económicas, políticas, etc., medidas que casan muy mal con nuestra economía de mercado y que van a requerir importantes niveles de conciencia ciudadana y voluntad política.

La crisis energética es uno de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos y no podemos esperar a que la escasez de energía sea evidente para empezar a solucionarlo. Si esperamos unos años hasta estar completamente seguros de que las predicciones de los geólogos se cumplen, nos encontraremos en un escenario de energía escasa, crisis económica y conflictos por los recursos en el cual será muy complicado invertir en tecnología y emprender medidas colectivas. Debemos empezar la transición energética ahora. Al fin y al cabo, si nos adelantamos y realmente hubiera más energía fósil de lo que los científicos decimos, es muy poco lo que perdemos; pero, si llegamos tarde, el resultado será, sin duda, catastrófico.

Marga Mediavilla.

También publicado en Eldiario.es
Figura 4: Estimaciones de la energía de diversas fuentes disponible para el transporte comparadas con la demanda bajo dos escenarios: BAU, que extrapola las tendencias actuales, y escenario 2, con fuerte desarrollo de las alternativas tecnológicas (Fuente: Capellán-Pérez, I. y col. Fossil fuel depletion and socio-economic scenarios: An integrated approach. Energy, Volume 77, 1 December 2014, Pages 641–666 2014).

 

Figura5: Estimaciones de la energía de diversas fuentes para la generación de electricidad comparadas con la demanda bajo dos escenarios: BAU, que extrapola las tendencias actuales, y escenario 2, con fuerte desarrollo de las alternativas tecnológicas (Fuente: Capellán-Pérez, I. y col. Fossil fuel depletion and socio-economic scenarios: An integrated approach. Energy, Volume 77, 1 December 2014, Pages 641–666 2014).


Ferran Puig Vilar: la Dinámica de Sistemas explicando el Mundo

¿Puede una metodología científica convertirse en un elemento transgresor o incluso antisistema? ¿Es peligroso usar la ciencia  con perspectivas holistas  alejadas del enfoque habitual (que analiza exhaustivamente cada detalle del ala de la libélula que está posada en la rama del árbol) en lugar de un enfoque holista (que ve el bosque)?

Ferran Puig Vilar ha escrito recientemente en su blog una serie de posts (que esperamos se transformen pronto en algo con más entidad como un libro) sobre la Dinámica de Sistemas y su aplicación a los estudios sobre los Límites Crecimiento. En ellos  nos  cuenta cómo esta metodología se ha aplicado a las ciencias sociales y cómo frecuentemente ha cosechado resultados que pocos querían escuchar, haciendo que se convirtiera en la “antisistema” de las ciencias.

Ferran Puig Vilar es ingeniero de telecomunicaciones y un buen conocedor de la Dinámica de Sistemas, pues durante décadas ha sido director de Automatica e Instrumentación, una de las revista  técnico-científicas especializadas en la Ingeniería de Control mas prestigiosas en idioma español.

Os recomiendo mucho su lectura,  pues  no sólo es un texto muy bien documentado y riguroso, es también muy ameno y está escrito con una fina ironía que muchas veces nos lleva a la sonrisa. Espero que disfruteis de su lectura.

Marga Mediavilla


Predicciones y miedos: de la crisis al colapso

Algo más de medio año antes de que estallara la crisis en la que nos encontramos aún, recuerdo que estaba con mis modelos de energía, economía y cambio climático y leyendo sobre el pico del petróleo, conectando ideas, me asusté lo suficiente como para escribir un correo electrónico a un asesor del entonces gobierno de Zapatero diciéndole que se nos venía una fuerte crisis económica sin precedentes.

Para mí la causa principal era la escalada de los precios del petróleo una vez llegados a ese entorno cercano de su pico productivo en los que la demanda supera la oferta. En mi cabeza ya tenía claro que eso realimentaría la economía mundo.

No sabía por qué vía, no tenía idea entonces de la burbuja financiera (sí sabía de la burbuja de infraestructuras en España y que esta iba a explotar).

Cuando en Septiembre de 2008 Ban Ki Moon reconoció tres crisis: alimentaria, energética y financiera en medio de una permanente (ambiental-climática) me figuré que el Mundo por fin estaba reconociendo el problema de los Limites al Crecimiento.

Y es que la sociología es mucho más compleja que la física, así que fallé en esta previsión.

En mis modelos de entonces imaginé que nos daba por explotar el petróleo no convencional (el caro, el de baja TRE en su extracción) y el carbón a tope para evitar la caída energética inevitable, pero me parecieron locuras (los llame Madcoal) y los puse en un anexo de mi tesis. Volví a equicocarme porque ahora son los que mejor aguantaron los acontecimientos.

Así que las variables geopolíticas son tan importantes como las energéticas. La estupidez humana es infinita como dijo Einstein y con ello debemos trabajar.

Si el colapso económico mundial hubiera comenzado en el 2010-2015 como marcaban mis modelos no Madcoal, el futuro sería mejor (curvas de descenso casi simétricas al ascenso). Fui, como siempre, optimista.

No predijimos el fracking. Su crecimiento explosivo ha sido tal que no nos cabía en la imaginación. Hasta mis madcoal se quedaron cortos aquí. La razón es que fueron decisiones políticas y no lógicas (a escala global se entiende) las que llevaron a esa situación: Bush tuvo que cargarse tres leyes “ambientales” para permitir la salvajada que sobre el entorno están haciendo en los estados del fracking. De hecho esto lo hizo antes de la crisis del 2008, con lo que sí hay alguien al timón del Titanic (con ganas, se ve, de ir más deprisa hacia el iceberg).

Ahora quiero hacer otra predicción y aviso porque vuelvo a estar asustado como en 2007 (bueno en realidad hace casi un año ya que empecé a comentar entre familiares que en el 2015 venía una segunda ola de Tsunami, seguramente mayor).

Asesores del gobierno, de los gobiernos: aprovechen los bajos precios del petróleo no para amortizar deuda sino para comprar y almacenar petróleo, se nos viene una crisis (energética, financiera, alimentaria en medio de la ambiental permanente) posiblemente mayor que la anterior. Empiecen a adaptarse al colapso porque al evitar parcialmente el de 2008  éste será más profundo. Si no lo hacen y se inventan algo para mantener a flote el capitalismo liberal a costa de más desigualdad humana y embate contra Gaia, la próxima crisis tras la que viene ahora se aproximará a la imaginada tercera guerra mundial y su barbarie posterior.

Ya no estamos a tiempo de evitar el colapso de la civilización (disminución fuerte de su complejidad, de su consumo de energía y materiales) pero es la última oportunidad, la que viene en estos próximos 5 o 10 años, para evitar la barbarie.

¿Cómo viene ahora la crisis? por vía de la explosión de la burbuja del fracking (aunque ya se les ocurrirá algo a los economistas que dirigen el cotarro para olvidarse de la energía, el cambio climático, la biodiversidad y la equidad). ¿Cuando será? En cualquier momento dentro de los próximos 12 meses (mi intuición: probabilidades >60% antes de seis meses, más del 80% antes de 12 meses, más del 95% antes de 24 meses).

¿Qué pasará? Intuyo malas reacciones geopolíticas y económicas (ya las está habiendo), pero aquí siempre me quedo corto; no sé. Hasta ahora Estados Unidos ha pasado sus crisis económicas a Europa (desde hace ya casi un siglo), valiente amigo que nos hicimos. Por lo pronto parece que por ley la burbuja del fracking no les va a estallar en la cara a los principales inversores norteamericanos. Pero entre Isis, Rusia, Venezuela, Estados Unidos, Sur de Europa, Noruega, China -con su burbuja de infraestructuras también-… ¡hay tantos sitios por dónde pinchar esta vez!

Yo no manejo más variables y modelos que los asesores de la Casa Blanca, ¿qué se esperaban?

Sin embargo, esos asesores han caído en una trampa social: el corto plazo y la visión localista les va a llevar igualmente a la ruina. Quizás ya tengan planificado un mundo como en la película “In time”, o “Elysium”. Probablemente su tenco-optimismo les nuble la mente.

Todo se realimenta.

Carlos de Castro

PD: ¿Alguien sabe cómo hacer llegar este “susto” a la televisión? El otro día vi a Marhuenda tocarlo de refilón  por primera vez en un programa de buen share (la sexta noche) y ya le está echando la culpa a la superpoblación. ¿Se nos vienen ya los ecofascismos-neoliberales? ¿La batalla ya hemos empezado de nuevo a perderla?

A mi me gustaría ver a Antonio Turiel o a Jorge Riechmann o a Marcellesi en Al rojo vivo, en el programa de Évole o en la Sexta Columna. Si fueran tan solo la mitad de las veces que los Inda… ¿Ideas?

Claro que eso sería solo en España…

Mientras tanto seguiré aumentando mi complejo de Casandra.

 


Energifilia, tecnofilia y otras filias moribundas

¿Qué tal releer un “best-seller” mundial de divulgación científica de hace medio siglo, traducido a más de una decena de idiomas?

¿Qué tal si es una traducción al castellano de la editorial Atlante (1967, Avda. del Generalísimo 16, Madrid) de un libro cuyos autores son soviéticos?

Y, ¿qué tal si se titula: “El mundo y el hombre en el siglo XXI” y se trata de una recopilación de entrevistas a los científicos e ingenieros más relevantes de la URSS de 1962?

Las entrevistas se basan en pedir a los científicos que expongan su visión de cómo será a principios del siglo XXI la tecnología y el mundo, focalizándose en la disciplina en que son expertos.

Promete porque estamos en un contexto histórico un tanto especial, es la URSS del vuelo del cosmonauta Gagarin, así que el entusiasmo tecno-optimista es de prever que sea paradigmático.

Pero el que se publicara y se vendiera bien en los países más industrializados de occidente, e incluso que pasara la censura franquista, significa que expone algo común que permea tanto al capitalismo de Europa, Japón y Norteamérica, como al comunismo soviético, como al minúsculo reducto del nacionalsocialismo de España.

No quiero quedarme solo en la crítica fácil, porque piedras similares se podrían lanzar contra el tejado de los pesimistas tecnológicos (estupideces se dicen en ambos extremos), pero sí quiero entrar en las causas raíz de porqué los mejores científicos de la época dijeron tamañas tonterías.

Comencemos extrayendo unas cuantas citas del libro, todas referidas a lo que según ellos seguro tendríamos ahora (cada cita de un autor):

  • Es indudable que la energía producida por la fisión nuclear… iluminará nuestras habitaciones en 1970, pondrá en movimiento los mecanismos de gigantescas excavadoras en 1980 y lanzará hasta los más lejanos planetas el cohete de los habitantes de la Tierra en el año 2000.
  • La fusión nuclear puede ser que antes de 1980, pero pudiera retrasarse hasta el año 2000.
  • Los mineros del carbón desaparecerán en nuestro siglo gracias a la gasificación del carbón in situ totalmente automatizada…, mirarán con asombro las cuencas carboníferas los pasajeros de los aerotrenes estratosféricos supersónicos del s. XXI.
  • La URSS producirá 12-15 billones de Kw·h/año de electricidad (produce aproximadamente 10 veces menos).
  • Produciremos 20 billones de Kw·h/año de electricidad, más de 8 serán de centrales nucleares (el equivalente a unas 1000 centrales nucleares solo en la URSS, el mundo anda por las 450).
  • No hay heliocentrales eléctricas porque… el fantasma del hambre energética amenaza a la humanidad para un futuro todavía muy lejano y nebuloso: para el s. XXII o puede ser que el s. XXIII
  • Dentro de 30 o 40 años un sol artificial, situado a una altura de 20 a 30 Km iluminará con sus rayos Moscú y su provincia.
  • Tendremos que construir líneas férreas de 3 a 5 metros de anchura con locomotoras atómicas (250-300 Km/h). Indudablemente el transporte urbano será en aceras rodantes y los taxis serán helicópteros. Los automóviles por turborreactores a 250-300 km/hora. Los aviones irán por la ionosfera a 5 o 6000 km/hora movidos por energía atómica.
  • Los automóviles se alimentarán con la corriente de alta frecuencia que creerán cables subterráneos. Esta corriente se emplea también en invierno para limpiar las calles de nieve y calentar la calzada y las aceras.
  • En este siglo XX haremos viajes de ida y vuelta a todos los planetas, incluido Plutón.
  • Los cohetes de pasajeros (en 10 o 15 años veremos los primeros) serán como hoy son los automóviles o el avión. Un viaje de Moscú a Australia o al Brasil se realizará en unos minutos. A finales del s. XX tendrán una potencia de más de 1000 millones de caballos.

 

Son solo unos pocos ejemplos de entre docenas de ellos (¡430 páginas!).

El tecno-optimismo no se queda solo en cuestiones energéticas o de tecnología industrial. No ven límites (lo dicen literalmente) a la población humana (la agricultura puede alimentar a más de 30000 millones) o a la longevidad humana (no habrá enfermedades)…

Tan solo una par de historias se han cumplido: la descripción de algo que nos recordaría a lo que hoy podemos hacer con nuestros móviles y el uso generalizado de materiales plásticos y artificiales (no se preocupen, esos mismos científicos ponen otros ejemplos exagerados). Es un fallo sistemático de exageración.

Pero no nos confundamos, no hablamos de literatura de ciencia ficción, son científicos que ejercen su argumento de autoridad:

Si la fantasía no se asienta sobre una base sólida, racional, puede pasar a convertirse en manía de lo fantástico. Lo dice quien iluminará Moscú con un sol artificial.

Lo dicen científicos e ingenieros en calidad de tales que aseguran que la ley de los rendimientos decrecientes es errónea.

Es más, como científicos saben que su método es conservador por naturaleza, así que:

 

Es posible que un científico del siglo XXI, al encontrar este libro en una biblioteca, exclame: “¡qué modestos eran en sus sueños mis colegas de aquel entonces!”.

 

El problema no es que fallen en sus previsiones, es que su tecnofilia y cientifismo extremos les hace olvidarse de hacer cuatro cuentas. Si las hubieran hecho, rápidamente ellos mismos se habrían dado cuento de algunas de las tonterías que estaban diciendo.

Pongo un ejemplo.

Esos cohetes de miles de millones de caballos que nos transportarían de España a Nueva Zelanda en unos minutos… irían tan acelerados que someteríamos a los pasajeros a varias veces su peso corporal… y 20 de ellos volando permanentemente (son cientos los aviones los que están en vuelo permanentemente) consumirían tanta energía como la que en 2014 consume toda la humanidad…

La abundancia energética (su falta), es la culpable de que tantos sueños no se hayan cumplido. Es la principal culpable de porqué la literatura y las películas de ciencia ficción fallan siempre. Aún hoy. Hasta la película de culto Matrix comete la estupidez de decirnos que las máquinas se alimentan de la energía de los cuerpos humanos.

Crecíamos en consumo energético a ritmos de más del 5% anual, y extrapolaron sin pensar.

Pero no es solo la abundancia energética lo que lleva al error. Es un exceso de confianza en la propia ciencia y tecnología.

 

¿Por qué el hombre ha de estar condenado a morir? No existe una ley objetiva de la Naturaleza que diga: ¡Sí, el organismo vivo debe morir! Y nunca se descubrirá esta ley, ya que en la Naturaleza no existe.

Convertimos el sueño en una realidad necesaria. El científico en cuestión es diputado del Soviet Supremo y botánico.  Experto en un tipo de células de la (meta)secuoya:

Yo no he podido descubrir en ella procesos de envejecimiento natural: no existen… Considero que el envejecimiento es un proceso patológico, anormal, enfermizo… se puede anular el mecanismo que obliga a envejecer a la célula y entonces… el organismo humano será inmortal.

Aquí vemos fácilmente el fallo lógico del diputado científico: resulta que lo que él no ha descubierto en una planta lo extrapola a todos los seres vivos. Es justo lo contrario del razonamiento que se hace desde la ciencia bien empleada.

¿Tamaños sesgos cognitivos tienen los grandes científicos? Como se descuiden sí. He leído que Lord Kelvin dijo que nunca podríamos volar con máquinas más pesadas que el aire… Me imagino que en ese momento su cerebro se olvidó de los gorriones y las palomas…

En el fondo de lo que hablamos es una vez más de los mitos culturales. Incluso nuestros amigos soviéticos eran conscientes de su sueño (no del mito). Citan a Francis Bacon en su obra de ciencia ficción New Atlantis:

“Conocer las causas y las fuerzas ocultas de todas las cosas y hacer mayor el poder del hombre sobre la naturaleza, hasta que todo le sea posible”. Para luego decir que ya tenemos cumplidos muchos de los sueños de Bacon y reconocer que ¿acaso nosotros no perseguimos el mismo sueño?

No es una identificación casual cuando recuerdan a Dante Alighieri en la Divina Comedia: “Que ni el Sol caliente ni ilumine en balde, ni el agua fluya ni las olas rompan contra la orilla sin provecho. Hay que extraer de ellos los dones de la naturaleza que se despilfarran y domeñarlos, sometiéndolos a nuestra voluntad”… hoy día puede servir de divisa a los energéticos.

El sueño que quizás inician los griegos se asienta en el renacimiento europeo para tener su apoteosis en la época de Gagarin:

  • ¿Un túnel por debajo del Océano Atlántico? ¿El calentamiento de la tundra y la fusión de la capa de hielo que cubre Groenlandia? ¡Se realizará! Basta con que se considere necesario. (¡qué paradoja que el hielo de Groenlandia se esté fundiendo de verdad!)
  • No sólo hemos de pescar peces, cazar ballenas y coger invertebrados comestibles del tipo de la langosta y de las ostras. Hay que utilizar en beneficio del hombre toda la población marina.
  • Vale la pena transformar en viveros todos los océanos de la Tierra.
  • Una vez que se hayan descubierto los secretos de la formación del tiempo (metereológico) habrán de inmiscuirse en su mecanismo y dirigir su acción en el sentido deseado.
  • Corregiremos los errores cometidos por la Naturaleza… Todos los grandes ríos que fluyen hacia el Sur han de convertirse en una cadena de lagos, de embalses… La transformación de la Naturaleza, su adaptación a las necesidades del hombre… será un combate, una lucha erizada de obstáculos.
  • El hombre –señor de la Naturaleza- tomará en sus manos, inevitablemente…, todas las riquezas de nuestro planeta, cualquiera que sea el lugar en que se encuentren.
  • Se puede cortar con un dique el Estrecho de Gibraltar, ganando así el Mar Mediterráneo enormes sectores de tierras fertilísimas, hoy bajo las aguas… Se pueden crear en las zonas desérticas del Sahara enormes mares de agua dulce, cuya influencia suavizará el clima de todo el continente.
  • Los desiertos ocupan casi un 15%, ello representa una pérdida que no se puede admitir… los glaciares cubren una superficie de 16,3 millones de kilómetros cuadrados… ¡monstruosa irregularidad!… tenemos que redistribuir de forma más uniforme el calor que la Tierra recibe… ¡y qué decir de las montañas, incómodas y, a veces, inhabitables!… No, ni el más obtuso ingeniero, al diseñar nuestro planeta con miras a su habitabilidad, hubiera situado en su superficie tan gran número de costillas rígidas, de cadenas montañosas (¡Vaya gol que metieron en la página 333 a los censores católicos!).

 

El sueño es en realidad un proyecto ateo de divinidad humana por vía de la ciencia y la tecnología:

Ese día (12 de abril de 1961, vuelo de Gagarin), el hombre, por 1ª vez en su historia, cara a cara y no a través del movedizo velo de la atmósfera, vio el Universo en que vive y del que le corresponde ser el dominador.

 

Supongo que el lector que sigue conmigo en estas líneas habrá pasado a estas alturas de la sonrisa escéptica o irónica a un cierto asco. ¿No?

Si es así, ¡qué tamaño cambio cultural hemos hecho en tan poco tiempo!

 

No sé si por instinto o por los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, pero cuando leí por primera vez ese libro (a principios de los 80), esa parte de cosificación y dominios absolutos de la vida no me gustaban, pero soñaba con la exploración espacial (un lustro después aposté con mis compañeros a que nuestros hijos tendrían la posibilidad de hacer como viaje fin de carrera un paseo espacial, aunque fuera tan caro como irse entonces a Australia).

Lo importante no es que nos hayamos hecho más realista-pesimistas. Eso es útil para analizar nuestros límites de crecimiento, pico del petróleo y colapso de civilización. Es más, el estar acabando con ese mito del progreso infinito tecnológico es un signo del colapso y transición de civilización.

Lo más importante es que a muchos el sueño soviético-capitalista-nazista de hace tan solo medio siglo ya nos parece una visión repugnante del presente y del futuro. Y eso es muy esperanzador.

 

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza