Sueños tecnológicos contra la pared de la realidad: el caso de la energía solar eléctrica

Aquellos científicos que tenemos un alma radicularmente ecologista (todo científico que sepa algo de cambio climático, energía a escala global, biodiversidad, etc. es un ecologista de raíz o un inmoral) hemos defendido las energías renovables desde siempre. Había motivos eco-lógicos y politico-lógicos para ello.

Y durante décadas se han desarrollado al calor de sueños lícitos en un mundo real: los pequeños molinos que subían agua del pozo se convirtieron en gigantes de más de 100 metros y el pequeño panel fotovoltaico que alimentaba un ordenador eficiente se convirtió en hectáreas valladas con cientos de paneles dentro. Queríamos energías nuevas y verdes para transformar el mundo y fue al revés.

Y muchos no han despertado de ese sueño y no quieren hacerlo porque bastantes problemas políticos han tenido estas tecnologías precisamente por venir defendidas por anticapitalistas de corazón.

Así que nuestro papel como investigadores es un tanto difícil y paradójico. Sabemos que nuestras estimaciones sobre los límites realistas de las renovables pueden servir de argumento a los que las atacan para defender las fósiles o la nuclear, cuando desde aquí defendemos que la transición energética a las renovables es necesaria (por motivos ecológicos) e inevitable (por motivos geológicos). Pero a la vez sabemos que existen ya grupos de presión en el sector renovable con mentalidad BAU (es decir, hacer lo de siempre con las herramientas de siempre: capitalismo neoliberal, pero con biomasa, viento o fotones, da igual) y grupos ecologistas y científicos tecno-optimistas haciendo su presión también .

Esta es nuestra última estimación recientemente publicada (aquí un borrador en versión no de pago):

Global solar electric potential: A review of their technical and sustainable limits. Nuestro primer intento de publicarla fue en Energy Policy (donde publicamos los límites del viento) pero topamos con revisores pro-fotovoltaica duros de convencer y uno de ellos incluso hizo trampas, cegado por su sueño de un mundo 100% renovable ya para el 2030. Tres años después el caso es que hemos publicado el trabajo en una revista de mayor impacto y prestigio, sencillamente porque tuvimos más suerte con los revisores.

Por supuesto que quien se lea el artículo podrá discrepar de nuestras estimaciones para el futuro, pero lo que es más importante es la misma conclusión que sacamos para la energía eólica: se exagera su pontencial, el tecno-optimismo nos ciega. Nos tiende a cegar porque en la naturaleza humana, dicen los psicólogos, tendemos a ser optimistas a la hora de pensar en soluciones a nuestros problemas (y aquí sabemos que la energía es un problema de los gordos), y nos ciega porque se pierde la objetividad fácilmente cuando se lleva investigando, algunos décadas, en el desarrollo de una tecnología. Son estas personas las que suelen publicar sobre el potencial de esas tecnologías.

Para el caso del viento tuvo mucho delito: más de dos décadas publicando potenciales eólicos basándose en una metodología que terminaba violando el primer principio de la termodinámica y el principio de conservación de la cantidad de movimiento (si Boltzmann y Newton levantaran la cabeza…). Hoy siguen apareciendo artículos que siguen exagerando su pontencial, pero entre líneas el experto se dará cuenta de que ya reconocen que la metodología antigua estaba mal empleada.

Para el caso de la fotovoltaica y la concentración solar el delito quizás no es tan grave: simplemente no se les ha ocurrido a la mayoría confrontar lo que dicen sus papeles y sus cuentas con la simple realidad en una cuestión clave para estas tecnologías: la densidad energética, la energía eléctrica neta que viertes a la red por metro cuadrado de ocupación real de las infraestructuras necesarias. Nuestros resultados son contundentes: la densidad energética real es entre 4 y 7 veces menor que la publicada en revistas científicas en las que luego se basan informes como el de Greenpeace 100% renovables.

Y la cosa no acaba aquí, casi nadie tiene en cuenta que las energías renovables, como siempre dice nuestro amigo Pedro Prieto, son energías que se renuevan captadas con sistemas materiales que no se renuevan. Y nos topamos con límites parecidos a los que tienen las energías fósiles y nucleares: la escasez en un mundo finito con una economía soñando con el crecimiento perpetuo.

Con las tecnologías actuales que estamos aplicando difícilmente hay plata, germanio y otros minerales para producir más de 30Exa-Julios al año (1TWe), cuando consumimos ya en forma eléctrica unas tres veces esa cantidad. Podemos solventarlo empleando menos plata y el abundante silicio en configuraciones que no requieran materiales escasos, sí, así podemos incluso multiplicar por varias veces ese límite, pero curiosamente, a costa de decrecer la densidad de energía (paneles menos eficientes) y por tanto haciendo quizás más cara la energía y sobre todo, requiriendo más espacio en un mundo que cada vez requiere más para otros usos humanos… Así pues, lo haremos mal: usando minerales escasos (como la mayoría de los “thin-film”) con límites a escala global irrisorios de unos 0,1TWe y a la vez usando mucho espacio en competencia no con las dunas del desierto (difíciles de parar por cierto en un mundo además que amplía los desiertos) sino con campos de cultivo o bosques.

Nuestra estimación en todo caso puede no ser muy pesimista en un mundo en transición decrecentista en una economía parecida a la de guerra: un límite para este siglo de 2-4TWe para la solar eléctrica (con macroestructuras para el almacenamiento de una parte de esa energía).

Además, Charles Hall y Pedro Prieto han publicado recientemente la TRE (tasa de retorno energético) de la fotovoltaica y su resultado es muy pobre (menos de 3) en un sistema que vierte en red la electricidad producida sin necesidad de almacenarla, con lo que los desarrollos tecnológicos del futuro a duras penas mejorarán una TRE si se pierde una buena parte en el almacenamiento (almacenar siempre cuesta energía: un tercio para el bombeo hidráulico, más de la mitad para el hidrógeno) y en las infraestructuras necesarias para ese almacenamiento. Puede que no dé de sí sin el apoyo de la energía fósil.

Con lo que personalmente yo me quedaría más con 2 que con 4 TWe.

En todo caso, para un mundo BAU verde es un jarro de agua fría que nos señala que la transición BAU por verde que se quiera hacer es un sueño, una entelequia, una utopía imposible (no deseable además si el BAU verde no se hace además humanamente equitativo, lo que tampoco sería BAU por cierto).

Carlos de Castro Carranza

 


Presentación de nuestra exposición sobre los Límites del Crecimiento

Este sábado vamos a presentar oficialmente en Valladolid nuestra exposición sobre los Límites del Crecimiento. A pesar de que ya se ha podido ver en las dos Escuelas de Ingenierías, queriamos presentarla oficialmente y qué mejor lugar que la misma calle.

Estaremos este sábado 21 de diciembre entre la Calle Santiago y la Calle Constitución de 12 a 14h. Os esperamos.


Biofuels y UE: entre la realpolitik y la “irrealpolitik”

Hace apenas 15 días la UE volvió a incrementar el límite máximo de la proporción que los biofuels producidos a partir de cultivos alimenticios podrán cubrir respecto del total de energía para transporte en la UE, pasando de un 6 a un 7% (ya lo había hecho anteriormente del 5 al 6%).

Cuando se creó hace 10 años la política de promoción de biofuels de la UE (RED), se fijó el objetivo de que prácticamente el 10% de la energía total para transporte en 2020 fuera cubierta por éstos. La principal ventaja de los biofuels es que permitiría la sustitución del petróleo por otro combustible sin la necesidad de transformar la industria automovilística ni la actual infraestructura de suministro (comparar con la complejidad de la implementación a gran escala del coche eléctrico o de hidrógeno).  Los objetivos declarados entonces por la UE fueron principalmente 3:

  • reducción de las emisiones de efecto invernadero,
  • reducción de la dependencia energética (la UE importó en 2010 el 85% del petróleo),
  • la creación de riqueza y trabajo en las áreas rurales.

Con el andar de los años, las investigación de los llamados “cambios indirectos en el uso de la tierra” (ILUC):

 

ha provocado que, en realidad, las emisiones totales de efecto invernadero de la mayoría de los biofuels producidos en Europa (biodiésel) sean del mismo orden de magnitud (incluso mayores) que las procedentes de los combustibles fósiles:

(van Renssen, 2011) Histograma que muestra las emisiones de efecto invernadero procedentes de cambios directos e indirectos en el uso de la tierra para diferentes agrocombustibles. Las líneas punteadas naranja y gris representan los umbrales de ahorro de emisiones del 50% y 35%, respectivamente, respecto de los combustibles fósiles. Inicialmente los biofuels tenían que proporcionar un ahorro de al menos el 35%; a partir del 2017 este umbral se ha incrementando hasta el 50% a partir de 2017.

Otro síntoma más, pues, de la colisión entre el paradigma del “mundo vacío” vs. el “mundo lleno”. Pues este “mínimo” incremento de producción de combustibles líquidos ha supuesto la extensión de millones de hectáreas adicionales (36 en 2008 según [UNEP2009] -serán más hoy-) debido a su bajísima densidad energética, agravando las presiones sobre la tierra agraria disponible a nivel mundial. Mientras tanto, la producción de petróleo convencional sigue estancada (curva roja, gráfica de la izquierda) y el consumo de combustibles líquidos sigue cayendo en Europa (curva amarilla, gráfica de la derecha)…

Fuente: EIA.

e incluso las proyecciones del nuevo WEO2013 no son nada halagüeñas.

Así, pese a las evidencias científicas de que la actual política europea de biofuels no constituye una herramienta eficaz en la lucha contra el cambio climático, la UE aparca una vez más lo ambiental en pos de buscar mejorar su dependencia energética (decisión apuntalada por la presión del lobby de los biocombustibles que simplemente busca proteger sus inversiones).

Este ejercicio de realpolitik frente a la crisis económica/energética es combinado con otro simultáneo de “irrealpolitik”: el mantenimiento del objetivo del 10% para 2020, cuando los llamados biofuels avanzados son un conjunto de tecnologías aún en fase temprana de investigación y desarrollo que serán incapaces de realizar ninguna aportación significativa al mix antes de esa fecha [Janda 2012]. Además, para completar la diferencia entre el 10% y el 5-6-7%, introducen conceptos tan insólitos como la doble contabilidad de los biofuels avanzados (¿?). En el fondo se trata de artificios para mantener el objetivo inicial, produciéndose una peligrosa divergencia entre los objetivos políticos declarados por la UE y los realizables (e incluso los deseables, como hemos visto en el caso de las emisiones). Si una rectificación parece más acertada, más transparente y sencillamente más simple, ¿qué lo impide, pues?

Iñigo Capellán-Pérez

Referencias

“Are biofuels worse than fossil fuels?”, The Guardian, 29 noviembre 2013. <http://www.theguardian.com/environment/2013/nov/29/biofuels-worse-fossil-fuels-food-crops-greenhouse-gases>

[Janda 2012] Janda, K., L. Kristoufek, and D. Zilberman. “Biofuels: Policies and Impacts. A Review.” Agricultural Economics – UZEI v. 58(8) p. 372–386 (August 2012). <http://agris.fao.org/agris-search/search/display.do?f=2012/CZ/CZ1204.xml;CZ2012000677>.

[UNEP2009] UNEP. “Towards Sustainable Production and Use of Resources: Assessing Biofuels.” United Nations Environment Programme, 2009.

[van Renssen 2011] Van Renssen, Sonja. “A Biofuel Conundrum.” Nature Climate Change 1, no. 8 (November 2011): 389–390. doi:10.1038/nclimate1265. <http://www.nature.com/nclimate/journal/v1/n8/full/nclimate1265.html>

 


Visiones del cielo y del infierno de la crisis (energética)

Fue en el año 2007 cuando escribí estos textos. Todavía estábamos en plena burbuja inmobiliaria y el paisaje de nuestras ciudades estaba lleno de grúas y edificios en construcción. Algunos habíamos oído hablar del pico del petróleo y de la enorme burbuja financiera que se estaba preparando y pensábamos que el pinchazo iba a ser mucho mayor de lo que se esperaba. Entonces me dio por escribir estas dos visiones de futuro desde el punto de vista de la crisis energética: una positiva que llamé “el cielo” y otra negativa, “el infierno”. Han pasado apenas seis años y, de momento, se puede constatar que estamos yendo hacia “el infierno” con bastante fidelidad, aunque también es cierto que está surgiendo un deseo de cambiar hacia muchas de las cosas que se describen en “el cielo”.

Esperemos que rememorar estos textos pueda servir para que encontremos una salida a esta crisis, que probablemente está mucho más causada por la energía de lo que se suele pensar y cuya solución probablemente pasa por virar a este “cielo”. Un cielo muy diferente del modelo consumista actual y que puede parecer austero, pero es una utopía atractiva en muchos aspectos y, sobre todo, coherente con el futuro de baja energía que – cada vez se ve más claramente- nos va a tocar vivir.

El infierno de la crisis energética

Parece mentira que los anuncios de la tele sigan repitiendo ese espejismo manido de antes de la crisis energética. Seguimos viendo anuncios de complacientes y aletargados muchachos en eterna y fácil juventud que incitan a consumir compulsivamente. Y digo yo que a quien irán destinados los anuncios, si la gente que conozco no tiene con qué consumir. Aunque consumidores para esos anuncios de la abundancia habrá, ya lo creo. En las urbanizaciones de la periferia se sigue manteniendo el estilo de vida de antes. Urbanizaciones cercadas con grandes muros y vigiladas por toda una corte de seguratas. Los miembros de estas elites se siguen desplazando en automóvil, hacen ostentación porque se lo pueden permitir, aunque se les vaya en ello el salario… Bueno, el salario no, la renta, porque este país se ha convertido en una aristocracia. Los dueños de las grandes empresas y los banqueros, se han convertido en terratenientes y propietarios de los pisos y viven de las rentas.

Los demás seguimos atados al transporte público, escaso y abarrotado, pero siempre “deficitario” lo que hace que el Ayuntamiento siga sin invertir en ello y tengamos que aguantar colas, esperas interminables y largas jornadas laborales que se incrementan con el tiempo del transporte. El caso es que siguen existiendo miles de viviendas vacías en el centro de las ciudades, pero pertenecen a las elites que no quieren vender a los precios actuales, esperan a encontrar una buena coyuntura o a que las viviendas se derrumben. Los demás, ni vivimos en el campo, lo cual tiene la ventaja de poder cultivar algunas verduras, ni vivimos en el centro de la ciudad, lo cual tiene la ventaja de no depender del transporte. Tampoco podemos marcharnos al campo, porque todas las ganancias del boom inmobiliario se vertieron hacia la agricultura y la tierra se ha concentrado en agrobusiness enormes. Estamos volviendo a lo que antes llamábamos aristocracia latifundista. Ante todo esto, los ocupas proliferan, tanto en el campo como en la ciudad, pero la represión es feroz.

Muchos se han lanzado a la bicicleta, pero las noticias de ciclistas muertos son el pan nuestro de cada día. Las ciudades son, si cabe, más agresivas que antes. Hay menos coches, pero siguen siendo muchos y, ante la falta de alternativas, los que tienen la suerte de tener un salario, destinan gran parte de su sueldo al automóvil. Se consume biodiesel aún sabiendo que se está deforestando el planeta con ello. No hay carriles bici ni respeto a los ciclistas. Los miembros de las elites hacen gala de sus 4×4 y se burlan de los ciclistas, porque ciclista es sinónimo de pobre.

La electricidad más o menos tiene un suministro estable, porque es de origen nuclear, pero los precios son astronómicos, el uranio escasea. Dicen que van a tener que cerrar centrales dentro de poco por falta de uranio y no sé qué tendremos que hacer para calentar mínimamente las casas. Lo que no tenemos son combustibles, ni vehículos eléctricos, ni trenes, ni tranvías, seguimos con los coches de gasolina de hace 15 años. Los únicos trenes que circulan bien son los pocos AVE que se construyeron entonces, pero lo hacen a 60 km/h para ahorrar energía, pero, como por ser AVE son muy eficientes, todavía se mantienen como uno de los pocos servicios públicos.

El combustible escasea muchísimo, pero la gente, cuando consigue unos litros, sólo lo quiere para darse un paseo en su coche. No se dan cuenta de que deberíamos racionar el combustible para que tengan gasóleo los tractores. Como los agricultores no tienen gasóleo y sus ingresos están por los suelos, se está volviendo a la yunta de bueyes. Incluso se cosecha con cosechadoras manuales, tiradas por inmigrantes. De todas formas los salarios son tan bajos, las condiciones laborales tan desreguladas, y hay tanto trabajo negro, que llegaremos a segar con hoces.

Los alimentos están por las nubes. Hay mucha malnutrición infantil, aunque la gente no lo quiera ver. Muchos niños no comen más que pan y patatas, pero se oculta, estas cosas no salen en las noticias. A pesar de todo, vas al supermercado, y todos los alimentos están envueltos en plásticos y cartones de colores, como antes. Por dentro no saben a nada, yo creo que no comemos más que plástico. Las grandes cadenas distribuidoras copan toda la distribución, las pequeñas tiendas terminaron de hundirse con la crisis.

El espejismo se sigue manteniendo en los medios de comunicación, que sólo exaltan lo bien que marcha la economía, el crecimiento económico que hay y cómo hemos salido de la crisis. Sin embargo la gente trabaja cada vez más y en peores condiciones, la seguridad social, las pensiones y los salarios se deterioran. Los inmigrantes siguen viniendo a pesar de que aquí no hay trabajo, en África la situación es todavía más dantesca. Aquí se enfrentan a los grupos nazis, que proliferan como las setas, ante la pasividad general. Los obreros tienen que culpar a alguien de sus problemas y no se atreven a meterse con los de arriba. Todos los medios de protesta han sido suprimidos: el miedo al terrorismo anarquista e islámico ha callado la boca a cualquier disidencia. Los anarquistas han tomado la senda violenta y eso ha sido la cuartada perfecta: cualquier crítica al capitalismo termina en la cárcel.

Nuestra red de la patata sigue trabajando en la clandestinidad. Cogemos el coche eléctrico que construyo Javier y nos turnamos para ir por las noches a la huerta, a la lechería de Megeces y a Cabezón a por alubias y trigo. Eso nos ayuda bastante, son alimentos de buena calidad, de agricultores ecológicos de toda la vida que todavía aguantan. Nos las arreglamos para pagar a base de servicios y de jornales en el campo cuando no aceptan el dinero devaluado. Pero todo ello expuestos a las inspecciones de sanidad, porque la venta directa está prohibida y además nos vigilan como grupo anarquista.

El cielo de la crisis energética

Desde que, en el 2006, el precio del petróleo empezó a subir y comenzó la crisis energética, las bicicletas se han adueñado de las ciudades. Cuando la industria del automóvil entró en decadencia y se cerraron las fábricas, la gente declaró la guerra al automóvil. No se podía permitir que el coche consumiera el combustible que se necesitaba para producir alimentos. Las protestas ciudadanas consiguieron normas que obligan a pintar un carril verde para bicis en todas las calles de dos o más carriles. Lo bueno es que el aire está más limpio y, aunque no hay dinero para invertir en obra pública ni en jardines, las ciudades son más amables, silenciosas, amplias y limpias ahora que no hay tanto coche.

El combustible está muy racionado y se dedica a la agricultura, la industria y el transporte más necesario. Resulta difícil comprar gasolina para las vacaciones, pero para usos privados está disponible la electricidad: trenes, motocicleta y pequeños coches eléctricos. Aprovechamos para cargar la batería cuando hay exceso de viento, entonces los precios de la electricidad están tirados. Se ha puesto de moda el turismo en bicicleta, y la verdad es que es bonito. Benidorm y otros grandes centros turísticos de sol y playa todavía siguen siendo populares, el acceso mediante ferrocarril y bus los hace bastante asequibles, aunque ahora ya no hay casi extranjeros, el avión se ha convertido en un lujo.

Los apagones son frecuentes en invierno en los días que no hay sol ni viento. Pero lo que se ha hecho bien es lo de las calefacciones. Prácticamente no quedan viviendas sin sistemas de ahorro energético y paneles solares, y se nota que en invierno, aunque no haga el calor de antes, no se pasa frío en las casas. Cada pueblo tiene su molino y cada casa su panel, y aunque antes nos parecían antiestéticos, ahora no se queja nadie.

Gracias al estricto uso del combustible los precios de los alimentos han dejado de subir. Además se han dedicado ingentes esfuerzos en aplicar y desarrollar tecnologías de agricultura orgánica. Las asociaciones de recuperación de razas autóctonas y técnicas tradicionales hicieron un papel muy importante durante los últimos años del siglo XX, gracias a ello se ha avanzado mucho. Casi un tercio del presupuesto en I+D va a parar a ese capítulo, otro tercio o más va destinado a investigación energética, es lo más importante.

El campo sigue necesitando trabajadores y, aunque parecía imposible, los pueblos de Castilla se están volviendo a llenar de niños. En cierta forma, Castilla y León se ha convertido en la avanzadilla progre de España, llena de comunas autosuficientes que han vuelto a la tierra.

Además se ha legislado para potenciar las fincas y los pequeños propietarios, ya que la agricultura biológica necesita de un laboreo más cuidadoso y en pequeñas explotaciones. Las producciones biológicas, aunque son algo menores, son ricas en vitaminas y minerales y las campañas para concienciar a la población sobre la necesidad de consumir menos carne y tener una buena alimentación vegetariana están surtiendo efecto.

Los mercados tradicionales han vuelto a florecer. Los centros comerciales están demasiado lejos para la bici y las grandes empresas distribuidoras han quebrado casi todas. A los campesinos les resulta rentable venir a la ciudad a vender directamente, y eso se nota en la calidad de los productos. La normativa sanitaria, que en ocasiones era tan absurda, se ha relajado para permitir vender sin tanto envase.

Eso sí, el chocolate y el café se han convertido en las angulas del siglo XXI. Apenas se producen, a pesar de que se venden a precio de oro. Después del gran crash bursátil los países pobres decidieron dejar de pagar la deuda externa: si nadie podía pagar las deudas ellos menos. A partir de entonces se volcaron en la producción de alimentos para su mercado interno y muchos países cortaron sus relaciones comerciales internacionales y salieron de la OMC. Sin deuda externa y con un comercio internacional muy reducido no había razón para seguir cultivando cacao, café o azúcar de caña para biodiesel. Lo curioso es que, pese a la crisis mundial, ha disminuido espectacularmente el hambre en el mundo y han mejorado la alfabetización y la asistencia sanitaria. Cosas de la deuda.

Según los indicadores de PIB todavía seguimos en recesión, pero la gente vive mejor que hace unos años, y eso se nota en la cesta de la compra y en la calidad de vida, aunque la Bolsa no se recupere. Se han seguido políticas de vivienda eficaces y es sencillo encontrar vivienda en alquiler a precios muy asequible. El boom inmobiliario del 2006 dejó las ciudades españolas llenas de viviendas vacías, que ahora han permitido bajar los precios y dar alquileres sociales. Por otra parte los niños y los jóvenes están mejor atendidos, y gran parte de los problemas sociales han disminuido. El fomento de la jornada reducida ha hecho que el poco trabajo existente se reparta mejor. Los salarios son bajos, pero por lo menos no hay desempleo. Además el empleo a tiempo parcial ha hecho que las familiar recuperen su tiempo. Hay más gente en asociaciones y en la calle. Muchos amos y amas de casa están aprendiendo en programas de autosuficiencia a vivir mejor con menos dinero: huertos domésticos, talleres de costura y bricolaje, microempresas…

Pero lo que más me gusta a mi últimamente es la televisión. El abotargamiento consumista ha dado paso a una época de gran creatividad. La música, el teatro, el cine, la literatura… Todos ellos han florecido y se han convertido en maravillosos instrumentos de creatividad cultural.

Se ha terminado aquella presión obsesiva por el consumo que abotargaba todos nuestros sentidos. La calle ha vuelto a ser el lugar para pasear, para jugar, para hacer música y hablar, no sólo un gran centro comercial lleno de coches. Parece que se están empezando a encontrar energías renovables más rentables. Dicen que en diez años ya no necesitaremos combustibles fósiles y conseguiremos aumentar la eficiencia energética de nuestra sociedad un 20%. Dicen que todavía tenemos que reducir nuestra huella ecológica un 30% para llegar al equilibrio económico-ecológico y que ese es el principal objetivo de la política del gobierno, pero se está trabajando mucho en eficiencia y es posible que lleguemos en menos de diez años.

Además a mí nunca me gustó ir a los centros comerciales y ya entonces iba de vacaciones en bicicleta. A pesar de lo que dicen, la vida consumista de antes no era tan buena, estábamos todos neuróticos corriendo de un lado para otro. Hemos perdido cosas, algunas muy buenas, como los viajes en avión y la posibilidad de conocer otros países fácilmente, pero también hemos ganado lo más importante: el tiempo para disfrutar de la vida.

Marga Mediavilla

También publicado en Último Cero


Habas Contadas

 

Por aquello de que, digan lo que digan los defensores del libre mercado, las cosas son habas contadas y el Planeta es limitado, he decidido juntar mis  artículos de opinión en un blog personal que lleva este nombre: Habas contadas. (Contadas, pero deliciosas habas, porque aunque el Planeta es limitado, también es fértil y suficiente).

En él publicaré los textos que voy dejando en esta página del Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas y también otros de carácter más local y menos relacionado con la energía, que he empezando a publicar en el diario digital vallisoletano Último Cero.

Os dejo el primer post publicado en Último Cero: No necesitamos científicos. Espero que os guste.

Marga Mediavilla

No necesitamos científicos

Cuando Miguel de Unamuno escribió la famosa expresión “que inventen ellos” era habitual pensar que la mentalidad española no estaba hecha para la lógica y por eso éramos un país subdesarrollado en materias de ciencia y tecnología. Ahora la situación de la ciencia en España es bastante diferente. En estas décadas, es decir, antes de los recortes, nuestro puesto en el ranking internacional en cuanto a resultados de investigación era similar al de países de nuestro entorno (aunque la inversión pública en I+D era menor); de hecho nuestro puesto en el ranking científico estaba por encima del que teníamos a nivel económico.

Incluso esa percepción de que históricamente hemos sido un país tecnológicamente atrasado, quizá no sea cierta. El profesor Nicolás García Tapia, que ha investigado la historia de la ingeniería española en los siglos XVI y XVII en los documentos del archivo de Simancas, ha descubierto una floreciente generación de ingenieros en la corte castellana. Entre ellos destaca Jerónimo de Ayanz, al que ahora mismo se atribuye la primera patente de una máquina de vapor de la historia (casi un siglo antes de la de Somerset) y mecanismos de realimentación similares al regulador de Watt. Sin embargo, Ayanz fracasa a la hora de difundir sus invenciones. Las intrigas de la corte de Felipe III y la decadencia de la sociedad hacen que los inventos no salgan de sus talleres de la calle de la Cadena en Valladolid y este personaje duerma durante siglos en el olvido más absoluto.

Es la mala política la que hace fracasar a Ayanz, y también es la “mala política” la que trunca la brillante generación de intelectuales españoles de principios de siglo XX. Un siglo después nos volvemos a encontrar con una situación similar. Otra vez la crisis económica, la política mediocre y la corrupción están tirando por la borda los logros de la sociedad.

Nuestros científicos fracasan porque nuestros gobernantes no dejan que sus ideas lleguen a transformar la sociedad. Tenemos buenos científicos pero líderes muy mediocres, partidos con muy pocos militantes, organizaciones sociales débiles y ciudadanos poco dados a asociarse y participar. Quizá deberíamos cuestionarnos, por ejemplo, hasta qué punto tenemos que orientar la educación de nuestros hijos hacia las ciencias y si no sería mejor, incluso para la ciencia, enseñarles a organizarse en el colegio y ser ciudadanos activos.

En realidad, no es que no necesitamos científicos, es que ya los tenemos. Lo que sí nos hace enormemente falta son buenos políticos. Quizá en estos momentos lo más importante que tenemos que hacer es conseguir políticos que sean dignos, tanto de los científicos que ya tenemos, como, en general, de la sociedad que gobiernan.


Petropolis

La crisis energética está determinada por el declive de las energías fósiles convencionales “buenas” (baratas, fáciles de extraer, alta densidad y rentabilidad energética) y el proceso de sustitución por fósiles no convencionales “malas” (caras, difíciles de extraer, baja densidad y rentabilidad energética, además de enormes impactos ambientales).

O más visualmente, del paso de esto:

A esto:

Como se suele decir en estos casos, una imagen vale más que 1000 palabras (y muchos posts).

Iñigo Capellán Pérez


Esperanzas verdes

Ayer salimos otra vez a la calle con la camiseta verde. Había una serena actitud en los manifestantes, muy numerosos, la verdad, a pesar de todo. No sé si fue cosa mía o era cierto que muchos caminantes nos miraban y se emocionaban pensando “todavía hay gente que no ha tirado la toalla”. Luego pasamos al lado de la sede del PP, donde estaban los policías parados con una actitud de violencia terrible, violencia innecesaria porque los manifestantes íbamos tremendamente relajados. ¿Es cosa mía o realmente percibí que los policías llevaban la violencia dentro, quizá de pensar que estaban ellos defendiendo a los que han regalado a los banqueros el dinero del colegio de sus propios hijos?

Ayer la manifestación era verde, de un fresco color  esperanza.

¿Merece la pena seguir saliendo a la calle? Muchos ya piensan que no, pero nosotros seguimos saliendo. Quizá porque notamos que cada acto colectivo crea alrededor de nosotros algo que nos mantiene frescos por dentro y nos protege del incendio. Incendio, porque eso es lo que estamos viviendo. Un incendio que está arrasando con todo. Pero, cuando el incendio se consuma a sí mismo,  los que hayamos conseguido protegernos, como los alcornoques, con nuestro corcho de solidaridad colectiva y nos hayamos conservado verdes, podremos volver a brotar cuando vuelvan las lluvias. Por eso sabemos que merece la pena seguir saliendo a la calle, porque la esperanza dicen que nunca hay que perderla. Y tienen razón. La verde esperanza sirve para algo.

Marga Mediavilla


Emisiones UE para 2020: ¿objetivo cumplido?

Esta semana la Agencia Europea de Medio Ambiente publicaba el informe “Trends and projections in Europe 2013 – Tracking progress towards Europe’s climate and energy targets until 2020que se difundió en algunos medios de comunicación. 2020 representa uno de los hitos en la política climática europea, pues su estrategia climática proyecta que para ese año las emisiones se hayan reducido un 20% respecto de sus valores de 1990. Y con los datos de 2012 en la mano, nos encontramos actualmente ya en un 18% de reducción. Así expresado, parecería un gran éxito de la política climática europea, que es además la abanderada mundial de estos asuntos. Pero vamos a contextualizar estos números. En la gráfica 1 más abajo, se puede observar la evolución desde 1990 (índice 100) de las emisiones para la UE-15 (15 países miembros hasta 2004, curva roja) y la UE-28 (actuales 28 países miembros, curva azul). La diferencia entre ambas nos permite contabilizar la contribución de las exrepúblicas socialistas que colapsaron a principios de los 90 y que se han ido incorporando a la UE progresivamente desde el año 2004: Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

Figura 1 (Fuente: eurostat): Evolución de las emisiones en UE-15 y UE-28 de 1990 a 2011. Puesto que para el año 1990 se asigna el índice “100”, una reducción del 20% equivale a alcanzar el índice “80”.

El colapso de estas repúblicas significó una importante y brusca reducción de sus emisiones, que eran en gran parte generadas por una industria pesada caracterizada por bajas eficiencias energéticas. Así, la elección de la fecha de 1990 como punto de comparación para las reducciones no es trivial: a fecha de 2012, todos los países de la UE-28 que tienen valores de emisiones menores que la media europea excepto el Reino Unido son exrepúblicas socialistas (La Alemania reunificada podría ser la otra excepción, pero no la consideramos pues incluye asimismo las emisiones de la RDA). Aún así, fijándonos sólo en la UE-15, las emisiones en 2011 se redujeron casi un 15% respecto de 1990, y un fenomenal 11% sólo desde 2007.

¿Cómo se explica esta evolución?

En 2005 la UE puso en marcha su mercado de emisiones interno (EU ETS) con la finalidad de que fuese un potente instrumento de reducción de emisiones de efecto invernadero de forma eficiente y económica. La idea básica es que el mercado asigne un precio al carbono de forma que el sistema económico internalice el verdadero coste de su uso. A pesar de que existen evidencias de que este mercado ha contribuido a reducir las emisiones en la UE, la realidad es que la irrupción de la crisis al poco de implementarse ha dejado en suspense su potencial capacidad de transformación de la economía. La efectividad de este instrumento se basa en que el precio del carbono se comporte como una señal creíble y estable en el horizonte temporal de décadas (la política climática se diseña a muy largo plazo) con la finalidad de que se produzcan cambios estructurales en las inversiones de equipamiento así como de I+D.

Sin embargo, la crisis ha hecho que se derrumbe el precio del carbono a niveles irrisorios (exceso de permisos en el mercado de emisiones, ver abajo figura 2), de forma que se ha convertido prácticamente en una variable despreciable en comparación con otras (por ejemplo fluctuaciones en los precios de las materias primas energéticas).

Figura 2: Evolución del precio del carbono del mercado EU-ETS desde 2008 hasta principios de 2013. (Fuente: The Economist)

La reducción de las emisiones de efecto invernadero de casi 10 puntos desde 2007 para la UE-28 es un descenso colosal, y es en realidad el causante de que a día de hoy estemos tan cerca del objetivo de reducción del -20% para 2020.  Si representamos los mismos eventos y los mismos actores en una gráfica que muestre la evolución del consumo de energía primaria de 1990 al 2010 (el punto 2011 es una estimación nuestra), se entiende la causa principal del descenso brusco de las emisiones desde 2007 hasta el día de hoy: la crisis (figura 3).

Figura 3 (Fuente: eurostat): Evolución del consumo de energía primaria en UE-15 y UE-28 de 1990 a 2011.

Sin embargo, se podría argumentar que la UE podría haber logrado mutar, al menos parcialmente, su sistema puesto que con niveles de consumo de energía (figura 3) similares a los años 1995-2000 sus emisiones son sensiblemente menores (figura 1). Estas mutaciones incluirían, además de las mejoras de eficicia, el cambio en la estructura económica y es un tema complejo de analizar. Sin embargo, una explicación más plausible nos parece que los sectores más intensivos en energía son precisamente aquellos más “tocados” por la crisis, por ejemplo la construcción o la industria (especialmente la química) [Roca et al., 2013], lo que explicaría este comportamiento. Así, parece probable que si la actividad económica de antes de la crisis (y su consumo energético y material asociado) se reanudara las emisiones se situarían en valores próximos a la continuación de la tendencia de los datos de 2007. Por ejemplo, se admite que el “caso particular” de UK en cuanto a reducción de emisiones se debe en gran parte a la deslocalización de industrias intensivas en emisiones [1]; es decir que los patrones de producción y consumo se mantienen y sólo han cambiado los actores: contaminan “otros”.

Así pues, las cifras en este caso resultan ilusorias, la reducción de emisiones no se ha conseguido vía una mutación del metabolismo socioeconómico hacia sistemas bajos en carbono, sino que se ha alcanzado principalmente vía shock, una reducción drástica debido a la reducción de la actividad económica. Aunque las políticas de transición a una economía baja en carbono son imprescindibles, de hecho la crisis no ha hecho más que poner estas políticas europeas (y las medioambientales en general) en en segundo plano, supeditando todo a la vuelta a la senda del crecimiento. Veremos cómo evoluciona.

2 apuntes para finalizar este post:

  • Las proyecciones con modelos integrados paara el estudio del Cambio Climático indican que para alcanzar el objetivo de limitar el incremento de temperatura global a menos de 2 ºC, la acción debe de ser: internacional y simultánea (todos los países deben de participar a la vez),  e inmediata. La crisis nos está mostrando claramente una “política” factible y rápida de reducción de emisiones vía disminución de la actividad económica. ¿Seguiremos en nuestros trece (el célebre “el crecimiento no es negociable”) o tendremos el valor y la inteligencia social como para explorar otra vías?
  • El transporte es el único sector de la UE dónde las emisiones han continuado aumentando desde 1990 (más de un 20% como se aprecia en la figura 4). Además es el sector más frágil ante el fenómeno del peakoil, pues como ya hemos estudiado y comentado anteriormente, no parecen existir alternativas técnicas que puedan “llegar a tiempo” (por ejemplo los biofuels o el coche eléctrico) para su sustitución en un business-as-usual. Así pues, el sector transporte es un sector clave, tanto desde el punto de vista de seguridad energética como de cambio climático. Y cuando las soluciones técnicas no son suficientes, son necesarios cambios sociales, por ejemplo un urbanismo que favorezca el transporte a pie, bicicleta, público, en detrimento del coche privado, así como encontrar alternativas al transporte de mercancías por carretera. De nuevo en una reducción o ralentización de la actividad económica significativa podría estar la clave para afrontar la transición de este sector.

Figura 4 (Fuente: COM(2012) 626 final): Variación de las emisiones de GEI de la EU-27 por sectores y proporción de los distintos sectores en las emisiones totales de GEI.

Iñigo Capellán-Pérez

Referencias, notas y más información:

[1] “Oficialmente, las emisiones del Reino Unido han caído de 788 millones de toneladas en 1990 hasta 566 millones en 2009. No-oficialmente, otras 253 millones de toneladas deberían ser añadidas a nuestro saldo. Esta es la diferencia entre los gases de efecto invernadero emitidos para producir los bienes que exportamos y aquellos embebidos en los bienes que importamos. La razón por la que nuestras estadísticas parecen mejores que la de otras naciones es por la masiva deslocalización de nuestra industria. Así alcanza su objetivo el gobierno. Si aquello que compramos es fabricado en China, entonces China es la culpable”, Georges Monbiot, The Guardian, Monday 23 May 2011.

[Roca et al., 2013]La responsabilidad de la economía española en el calentamiento global“, Jordi Roca Jusmet (coord.), Vicent Alcántara, Iñaki Arto, Emilio Padilla y Mònica Serrano. FUHEM Ecosocial y La Catarata, 2013.


La crisis económica y la crisis ecológica

Aunque a veces nos parezca que nada avanza, se están produciendo cambios de mentalidad importantes. La conexión entre la crisis económica y la crisis ecológica se va colando, poco a poco, en los debates políticos. Una muestra de ello es el que están teniendo en el diario  Público Florent Marcellesi  y Juan Torres.

Florent publicó ayer un artículo titulado  La crisis económica es también una crisis ecológica, cuya lectura recomiendo, y del cual me quedaría  con un párrafo:  ” sanar al enfermo es posible. Primero, se debe hacer un diagnóstico correcto basado en entender que 1) cualquier economía es indisociable de la realidad física que la sostiene  [...]  Por tanto, el paciente necesita urgentemente deshacerse de su “drogadicción al crecimiento” y adoptar un nuevo estilo de vida saludable. Como cualquier ser humano que una vez llegada su edad adulta sigue madurando sin crecer de tamaño, debe reconocer que su bienestar ya no depende del crecimiento del PIB.  

Este artículo ha sido contestado inmediatamente por el economista Joan Torres López, quien hoy publica otro titulado Crisis económica y crisis ecológica. En él da la razón a Florent y dice cosas tan sensatas como:  ” las alternativas a la crisis pasan, pues, por romper también este cascarón de fantasía consumista y de individualidad en el que están encerradas millones de personas” , ” afrontar y resolver la crisis ecológica consiste sencillamente en congraciarnos con nosotros mismos para vivir como lo que en realidad somos en tanto que especie y personas: seres que necesitamos de y vivimos en la naturaleza. Y solo mediante ese paso previo que nos libera y nos permite ser nosotros es posible que tengamos el impulso ético, la fuerza social y la lucidez humana suficientes para ver los problemas económicos en su verdadera dimensión y manifestación y así poder resolverlos de verdad.”

Poco a poco las ideas van calando, como el caracol, lento pero seguro.

Marga Mediavilla

 

 

 

 


Sembrando

Termina nuestro tercer curso de verano con una sensación de entusiasmo. Lo mejor, como siempre, el “feedback” de algunos alumnos y la sensación de que hemos trabajado en equipo.

Este curso ha sido bastante local. Sólo han venido de fuera Antonio Turiel, Óscar Argumosa, Jordi Pigem y Carmen Velayos, pero hemos mostrado a buenas figuras vallisoletanas que no nos han defraudado. Esta ciudad tiene buena cantera.
¿Seremos capaces de realizar la Transición? ¿Estaremos a la altura del reto de este siglo o terminaremos sumidos en la guerra y la tiranía? No lo sabemos. De momento, como somos profesores y no agricultores, sembramos semillas en la gente. Es el capital que acumulamos para el futuro. 90 alumnos han recibido todos estos mensajes, para algunos serán simplemente unos créditos, pero en otros germinará. Seguro.

En nuestra página web ya hemos subido las transparencias de las ponencias. En breve tendremos también los audios de las charlas y unas “píldoras informativas”, breves vídeos de los ponentes. Esperemos que os gusten y que el viento se las lleve bien lejos  por las redes informáticas.

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?page_id=1255

Marga Mediavilla