La arquitectura bioclimática, las bicicletas y la agricultura ecológica pueden crear un millón de puestos de trabajo en España en las próximas décadas

Bonito titular ¿verdad? Es todavía más bonito que los que aparecieron hace unas semanas en los diarios acerca de las posibilidades del gas de esquisto y el petróleo en España, como el de Expansión el 24 de marzo: “España puede crear 250.000 empleos en 20 años con la producción de hidrocarburos”, o el de El País ”El sueño del oro negro español”. Estos titulares comentaban el informe que Deloitte y la Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración, Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo (Aciep) ha realizado con el título de “Análisis del impacto del desarrollo de la exploración y producción de hidrocarburos en la economía española”.
Nuestro titular no sólo habla de crear puestos de trabajo como los de ACIEP y Deloitte, habla de cuatro veces más empleos. Es todavía mejor. Pero tiene truco. Tiene truco porque es muy fácil hacer pronósticos sobre el papel y resumirlos en titulares generosamente optimistas, pero el de la industria del fracking también tiene truco, y, sinceramente, no sé cuál de los dos es más realista, cuál exhibe más optimismos injustificados ni tampoco cuál se basa en datos más fiables.
Porque el informe de las compañías de hidrocarburos tiene un talón de Aquiles muy importante: se basa en unas estimaciones de reservas con una incertidumbre enorme. Los propios autores lo reconocen en el texto en frases como estas: “Para interpretar correctamente los resultados de este estudio, conviene recordar que estos recursos prospectivos representan estimaciones probabilísticas de los recursos cuya explotación es técnicamente viable. No se trata de reservas probadas, ni se han estimado en base a una caracterización detallada de todas las cuencas consideradas. Por lo tanto, estas estimaciones conllevan necesariamente un nivel de incertidumbre elevado.[...] Otros aspectos como el coste de extracción de los distintos yacimientos y la evolución de las condiciones del mercado podrían condicionar la viabilidad comercial de estos recursos.”
Es decir, todavía no hay estudios de campo que permitan saber cuáles son las reservas ni si realmente es rentable extraer hidrocarburos no convencionales en España, pero la industria ya está calculando una detallada estimación de los puestos de trabajo para vender el producto… ¡un caramelo difícil de resistir en un país con cinco millones de desempleados! Buena estrategia publicitaria para un estudio técnico muy escaso.
Pero incluso si el estudio de Deloitte y Aciep tuviera datos más fiables sobre las reservas probadas y hubiera hecho una estimación seria de los puestos de trabajo, sigue siendo un informe parcial que no es capaz de decirnos cuál es el impacto económico de los hidrocarburos no convencionales en la economía española, como reza su título. Para poder estimarlo se deberían también incluir las consecuencias negativas. Ya se conoce que en EEUU la explotación de gas de esquisto está teniendo impactos muy importantes: contaminación de acuíferos, suelos y aire, ocupación de territorio, pérdidas en la agricultura y en el valor de los inmuebles situados cerca de los pozos, etc. Estas consecuencias serán mayores en Europa, mucho más densamente poblada, mientras los beneficios se verán sustancialmente rebajados en países como España que no ha tenido nunca una explotación de petróleo y gas convencional significativa.
No estaría mal estudiar cuántos puestos de trabajo se pueden perder en el Norte de Burgos, el Sur de Cantabria, Baleares o Canarias, regiones que viven de un turismo basado en la calidad de sus bosques, mares y ríos. También se echa de menos un estudio serio sobre los posibles efectos del gas de esquisto sobre la ganadería, la agricultura, la exportación de vinos, el abastecimiento de agua potable, etc. Sólo así se podría ver realmente si el gas de esquisto y el petróleo no convencional crean más puestos de trabajo de los que destruyen.
En los últimos años se están volviendo habituales este tipo de titulares que nos hablan de energía y de las grandes posibilidades de alguna tecnología más o menos novedosa. Se habló en su día del proyecto Desertech “el gigantesco proyecto solar del Sáhara abastecerá a España en 2015”, de los coches eléctricos que serían “el avance generador de empleo del país”, de las nuevas generaciones de centrales nucleares que iban a ser mucho más económicas, seguras y rápidas de construir (como la de Olkiluoto-3, en Finlandia, que lleva cinco años de retraso con un sobrecoste de más del 100% sobre el precio inicialmente fijado). Se ha hablado del hidrógeno, la fusión, las pilas de combustible, de los biocombustibles extraídos del girasol, de la Jatropha o microalgas.
Pero el optimismo con el que se presentan estas tecnologías se ve rebajado en muchas ocasiones por noticias que acaparan mucha menos atención y hablan de pinchazos tecnológicos en algunos casos muy importantes. En los últimos años hemos visto cómo los biocombustibles muestran unos rendimientos ínfimos que hacen que sólo sean rentables en las mejores tierras de África y Latinoamérica (donde se están acaparando miles de hectáreas, dejando en la miseria a los campesinos locales); estamos comprobando que los coches eléctricos apenas se venden porque su relación prestaciones/precio es muy mala y que los “grandes” descubrimientos de petróleo de Noruega del año 2011 y de Brasil en 2012 apenas tienen reservas para el consumo mundial de 40 y 3 días respectivamente.
Y es que las noticias sobre energía en la prensa (al menos en la prensa mayoritaria) son abundantes pero no nos hablan de lo que realmente necesitamos saber. Se tratan aspectos parciales y se da gran relevancia a los avances tecnológicos, pero no se habla de aspectos preocupantes ampliamente aceptados en la comunidad científica como el pico del petróleo y tampoco se dan panorámicas globales. De esta forma, aunque aparentemente nos informan sobre energía, no nos muestran lo más importante: tenemos una crisis energética global y muy profunda.
Últimamente las noticias energéticas giran en torno a EEUU y sus explotaciones de petróleo y gas no convencional por medio de técnicas de fractura hidráulica (“fracking”). La Agencia Internacional de la Energía declaraba hace poco que “hacia 2019, EEUU será el máximo productor de petróleo del planeta”, que “para 2015 habrá alcanzado la independencia energética” y que “ello disminuirá su interés estratégico en Oriente Medio y podrá ayudar a la Unión Europea a depender menos de Moscú”. Pero si uno mira los datos en los que se basan estos optimistas titulares se da cuenta de hasta qué punto tenemos un problema.
Por ejemplo, la figura muestra la producción histórica de petróleo y gas natural de EEUU desde 1980 y las previsiones hasta 2035, tanto convencional como no convencional. Se puede ver que en torno a 2010 se prevé un aumento rápido de la producción, pero también que ésta se estanca en torno a 2020 (es decir, pasado mañana) y ni el petróleo ni el gas natural llegan a alcanzar el nivel de consumo de 2011 que, para el petróleo fue de 20 millones de barriles diarios y para el conjunto del gas y el petróleo 32 millones de barriles de petróleo equivalente al día.
Es decir, la propia Agencia que lanza los optimistas titulares sobre la “independencia energética estadounidense”, da unos datos que apenas retrasan el declive unos pocos años y sólo representan un pequeño alivio. Además, como denunciaba Antonio Turiel en su blog hace unas semanas (http://crashoil.blogspot.com.es/2012/11/world-energy-outlook-2012-haciendo-de.html), cuando la AIE habla de la autosuficiencia energética de EEUU, está asumiendo algo bastante irrealista: que el consumo va a empezar a disminuir drásticamente por aumentos enormes de la eficiencia energética que nunca se han observado históricamente.

Figura: Producción de petróleo y gas en EEUU histórica y estimada. Fuente: World Energy Outlook 2012, Presentación a la Prensa. Londres 12 de noviembre de 2012.

Los hidrocarburos no convencionales son muy contaminantes y eso hace que en muchos casos no merezca la pena extraerlos, pero la peor contaminación de la fractura hidráulica no es la ambiental, sino la mental. El “fracking” llena nuestras mentes de expectativas a muy corto plazo que no nos dejan ver lo importante. Porque si usamos un poco el sentido común vemos con claridad lo obvio: hemos basado nuestra sociedad en un consumo energético muy elevado que procede en un 80% de combustibles agotables y hay claros signos de que este modelo se acaba. Se están extrayendo combustibles fósiles de muy baja calidad con secuelas ambientales graves que no se explotarían si no hubiera escasez, se está investigando en nuevas tecnologías pero muy pocas terminan de despegar y ya empezamos a observar el estancamiento del petróleo sin que hayamos empezado todavía la sustitución tecnológica, cuando este tipo de cambios requieren décadas. El “fracking” puede servirnos como un parche durante menos de una década, pero cuando se acabe nos encontraremos con el mismo problema de escasez energética y habremos desaprovechado unos preciosos años que nos podrían haber servido para realizar la transición, y, a mayores, tendremos que paliar la contaminación que la fractura hidráulica habrá dejado en ríos y tierras.
Si tuviéramos un mínimo de sentido común también veríamos claramente lo más importante: tenemos que empezar a ahorrar. No podemos seguir consumiendo energía como hemos hecho hasta ahora, sin prestar la más mínima atención al ahorro y esperando a ver si se descubre “algo” que nos permita seguir con nuestro modo de vida. Deberíamos estar preparándonos ya para un futuro de descenso energético: aislando nuestras viviendas para poder calentarlas con muy poca calefacción, invirtiendo en transporte público y energías renovables, habilitando nuestras ciudades para las bicicletas, construyendo ferrocarriles de mercancías, formando a los agricultores para que utilicen técnicas que no dependan tanto del petróleo, etc.
Nuestro titular era una frase un poco simplona que sólo quería llamar la atención, pero, si lo pensamos bien, contiene más verdades de las que parece. Está basada en datos bien conocidos como el hecho de que la mejora del aislamiento en las viviendas y la instalación de paneles solares permiten un ahorro energético de más de un 50%, también es obvio que gran parte de los desplazamientos en las ciudades pueden realizarse en bicicleta o transporte público sin que ello represente una disminución en la calidad de vida de sus habitantes y es habitual que la agricultura ecológica requiera en torno a un 30% menos de consumo de energía para producciones similares.
Si España consiguiera ahorrar por medio de medidas de este estilo un 25% del petróleo que importa, ahorraríamos 18.300 millones de euros al año, dinero que las familias españolas podrían invertir en otros consumos que, sin duda, reactivarían la economía y crearían puestos de trabajo y que, a diferencia de los que promete la industria de los hidrocarburos, no se destruirían a los pocos años. Si los 18.300 millones de euros se empleasen directamente en pagar salarios modestos tendríamos esa cifra que hemos utilizado de 1 millón de puestos de trabajo. Son cálculos muy burdos, pero se pueden encontrar informes más serios como los de GTR (1), WHO (2), CCOO (3) y Programa Emplea Verde (4,5,), que también hablan de cientos de miles de puestos de trabajo* asociados a la rehabilitación de edificios y el transporte sostenible. Aún así, este simple cálculo nos sirve para hacernos una idea de lo que puede suponer el ahorro para la economía de este país que destina el 4,5% de su PIB a comprar petróleo.
Vivimos en un tiempo de burbujas pero ya deberíamos estar aprendiendo a distinguir las burbujas de las opciones sólidas. Todavía tenemos tiempo de realizar la transición hacia una sociedad ahorradora, basada en energías renovables y con una buena calidad de vida, pero si perdemos el tiempo escuchando los cantos de sirena de quienes nos hablan de “inventos” para continuar con el modelo actual sin preocuparnos, perderemos también la capacidad para realizar una transición sensata y ordenada. Si no actuamos ya decididamente ante la crisis energética, quizá cuando queramos rehabilitar nuestra casa, invertir en ferrocarriles o usar la agricultura ecológica no podamos hacerlo porque nos veamos envueltos en una situación de pobreza, guerras por los recursos y destrucción del medio ambiente. A ver si recuperamos el sentido común de una vez por todas, empezamos a pensar en el medio y largo plazo y aceptamos lo obvio: una sociedad basada en el consumismo no puede durar mucho tiempo en un planeta limitado.
Marga Mediavilla
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(*) En el informe de Aciep y Deloitte sólo el 14% de los empleos estimados eran directos (35.000). GTR habla de 150.000 nuevos empleos directos estables con a la rehabilitación de viviendas y el Programa Emplea Verde 2007-2013 estima 105.000 empleos directos en la rehabilitación de viviendas y 115.000 nuevos empleos en el transporte sostenible.
[1] INFORME GTR 2014, ESTRATEGIA PARA LA REHABILITACIÓN, Claves para transformar el sector de la edificación en España. Coautores: Albert Cuchí, Universidad Politécnica de Cataluña, Peter Sweatman, Climate Strategy. Una inicativa de GTR (Grupo de Trabajo sobre Rehabilitación) http://www.gbce.es/archivos/ckfinderfiles/GTR/Informe%20GTR%202014.pdf
[2] Unlocking new opportunities Jobs in green and healthy transport, 2014. World Health Organization, regional office for Europe. Autores: Ian Skinner, Dawei Wu, Christian Schweizer,Francesca Racioppi, Rie Tsutsumi. http://www.euro.who.int/__data/assets/pdf_file/0003/247188/Unlocking-new-opportunities-jobs-in-green-and-health-transport-Eng.pdf
[3] TREN 2020. Propuesta ferroviaria para una nueva realidad. CCOO, Greenpeace, WWF, PTP. Dirección: Manel Ferri i Tomàs (CCOO), Sara Pizzinato y Julio Barea (Greenpeace), y Georgios Tragopoulos (WWF). Autoría: Ricard Riol Jurado y Xavier Lujan Calvo, PTP – Asociación para la
[4] Estudio sobre la generación de empleo en la rehabilitación y modernización energética de edificios y viviendas. Programa Emplea Verde 2007-2013. Fundación Biodiversidad. Enero 2011. Director: Mathieu Dalle. Autores/as:Guillermo Arregui Portillo, Luis Buendía García, Bruno Estrada López, Ana Marco Marco,Bibiana Medialdea García, Milena Medialdea Medialdea García, Elena Méndez Bértolo.Asesores: Manuel Garí Ramos, Silvina Rabach. http://www.fundacion-biodiversidad.es/images/stories/recursos/empleaverde/2011/biblioteca/estudios/rehabilitacion_viviendas.pdf
[5] Estudio sobre la generación de empleo en el transporte colectivo en el marco de una apuesta por una movilidad sostenible. Programa Emplea Verde 2007-2013. Fundación Biodiversidad, enero 2011. Director: Manel Ferri. Autores:Luis Cuena; Bruno Estrada; Neus Fradera; Enric Homedes; Bibiana Medialdea; Elena Méndez; Pau Noy; Albert Vilallonga. http://www.fundacion-biodiversidad.es/images/stories/recursos/empleaverde/2011/biblioteca/estudios/transporte_colectivo.pdf

Puertas giratorias con humor

 

Esta vez os enlazo un divertido vídeo de Euskadi Vídeo que habla del lamentable y generalizado fenómeno de las puertas giratorias entre los cargos públicos y los consejos de administración de las grandes empresas energéticas. Con un poco de humor se vive mejor el cénit y los vascos están superándose últimamente en esto, sí señor.



Marga Mediavilla

 


España y sus colapsos ¿no aprenderemos nunca?

Últimamente, cada vez que escucho las noticias de la política española, me acuerdo de mi maestra de EGB y sus lecciones de historia. Recuerdo que había un periodo histórico sobre el que ella hacía especial hincapié: el colapso español del siglo XVII.  Insistía en analizar los errores de aquel siglo en un intento de que poco a poco este país fuera interiorizando esos errores  del pasado y esa historia negra de España no se volviera a repetir

Últimamente, cada vez que escucho las noticias de la política española, me acuerdo de mi maestra de EGB y sus lecciones de historia. Recuerdo que había un periodo histórico sobre el que ella hacía especial hincapié: el colapso español del siglo XVII. Probablemente intentaba que, al conocer los errores del pasado, esa historia negra de España no se volviera a repetir

Mi maestra nos hablaba de unos monarcas que se empeñaron en mantener una sangrienta guerra en Flandes para proteger el negocio exportador de la lana, en manos de grandes aristócratas. Nos contaba que, para ello, se desertizaron las tierras bajo el pastoreo excesivo de las ovejas y se talaron los bosques para construir navíos de guerra. Nos hablaba de esos reyes que protegían a nobles y religiosos mientras arruinaban con altos impuestos a campesinos y artesanos, quienes eran la base real de la economía. Recuerdo cómo mi maestra criticaba que, de forma completamente absurda, el oro de las Américas se empleara en importar manufacturas de otros países y en construir grandes iglesias con retablos dorados, en lugar de emplearse en impulsar la industria, como se estaba haciendo en otras naciones de Europa.

Parece que los intentos de mi maestra fueron en vano y no hemos aprendido gran cosa del pasado, porque, ante esta nueva caída del siglo XXI, nuestro gobierno está haciendo prácticamente lo mismo que los gobiernos de antaño. La antigua Mesta, cuyo negocio de la lana se defendió a costa de todo, recuerda demasiado a ese grupo de empresas constructoras, eléctricas y bancos a los que estamos defendiendo con sucesivos rescates pagados con dinero público. Los campesinos arruinados que soportaban todas las guerras del imperio recuerdan a los actuales trabajadores, familias, autónomos y PYMES sobre quienes ha caído toda la carga del “imperio-marca”. El corrupto y especulador Duque de Lerma parece haberse reencarnado en los políticos de la trama Gürtel y hasta las grandes iglesias con retablos de oro tienen su paralelismo en todos esos inútiles aeropuertos sin aviones y autovías sin coches en las que todavía, contra toda lógica, seguimos tirando el dinero.

¿Aprenderemos algún día? ¿Nos daremos cuenta de que, cuando llegan las crisis, no es a los grandes a los que tenemos que rescatar sino a los pequeños, porque ellos son la base real sobre la que se asienta todo el país? ¿Aprenderemos que no es la guerra y ni la imperio-marca-España la que nos salva sino el trabajo del pueblo, la empresa realmente productiva, los recursos naturales bien gestionados y el buen gobierno? ¿Aprenderá algún día este país de sus sucesivas burbujas o seguiremos soñando inconscientemente con ese imperio en el que no se ponía el sol?

Marga Mediavilla


’2052′: integrando límites en un “mundo lleno” (2)

Como comentábamos en el post anterior ’2052′: integrando límites en un “mundo lleno”, la ciencia económica convencional ha ignorado durante los siglos XIX y XX el tema de los límites. Más exactamente, no los ha ignorado sino que ha asumido que estos límites no eran significativos, y de existir, podían ser superados por otros factores, típicamente la tecnología. Esta hipótesis, progresivamente asumida hace unos 150-200 años, y entonces justificable y por tanto correcta (la hipótesis del “mundo vacío”), ha dejado sin embargo de ser válida en nuestros días.

Y es que en cualquier ciencia aparecen problemas cuando se deja de contrastar una hipótesis y se asume como principio. La hipótesis se convierte entonces en parte estructural (= incuestionable) del paradigma.

Tras la ola de investigación en torno a la sostenibilidad de los años 70, nos encontramos actualmente ante un nuevo impulso. Mientras hace 4 décadas esta ola se debió más a un esfuerzo de anticipación y planificación, la actual, mayor en magnitud y extensión, parece deberse simplemente a la fuerza que tienen los hechos al revelarse. Es interesante comprobar como aunque se advierten avances en el terreno académico, en el político la impresión es más bien la de retroceso respecto de la Cumbre de Estocolmo (1972) o de Río (1992).

En este contexto, el informe 2052 de J. Randers retoma el tema de la sostenibilidad sistémica (recursos, desigualdad, contaminación, etc.) y por lo tanto incluye el tema de la finitud de los recursos energéticos no renovables. Éstos son integrados en un modelo mundial de forma similar (aunque también con diferencias significativas) al modelo WORLD3 del informe de los “Límites del Crecimiento” – en el que Randers también participó.

Es muy interesante ver cómo, 40 años, después, los modelos siguen apuntando a resultados similares a los obtenidos por el WORLD3 de los años 70. Aunque más interesante aún quizá es constatar cómo éste modelo, opuestamente a la “creencia popular en la academia” ha reproducido muy bien la evolución de los últimos 40 años:

(Turner 2008; 2012). Figura tomada de Scientific American: http://www.scientificamerican.com/article/apocalypse-soon-has-civilization-passed-the-environmental-point-of-no-return/

El informe 2052 prevé que será la variable climática la variable crítica en las próximas décadas, es decir que una colapso sistémico sería causado por una interrelación de variables entre las cuales la primera en superar valores críticos sería la climática. Sin embargo, llama la atención cómo, en el contexto BAU que asume Randers, no considera el alcance de un pico en el GDP mundial como una variable crítica:

 

(Randers 2052)

Simplemente comenta que “la economía mundial en 2050 será mucho menor que lo que la mayoría de la gente cree” (aunque es posible que en el libro le extensión dedicada a este tema sea mayor). Las principales razones de esa saturación en el nivel de actividad económica mundial son consecuencia del efecto combinado del (1) declive de la productividad (como se viene observando en las últimas décadas), y (2) de la integración de la ley de rendimientos decrecientes en el sector energético (vía incremento de la proporción de la inversión sobre el GDP, o lo que es lo mismo, de la reducción del EROEI, como se puede ver en la figura anterior). Es muy significativo que la mayoría de modelos (y especialmente aquellos que son políticamente relevantes como el WEM de la Agencia Internacional de la Energía o aquellos que participan en el proceso del IPCC) obvian aspectos como el EROEI, y al hacerlo sus modelos son incapaces de representar estos procesos.

Otro ejemplo de modelo que integra la limitación de recursos y el EROEI es el GEMBA de M. Dale (Dale 2012). De nuevo, se obtienen techos de producción no-renovable poco antes de 2050 así como una saturación en la actividad económica asociada. Esto también coincide con el BAU del informe “Límites del Crecimiento” desde 1972. Grosso modo, parece que los modelos se ponen de acuerdo.

(Dale 2012). IZQ: Proyección de potencia energética por fuentes de energía; DCHA: Nivel de capital industrial total (EJ) representado en función del capital del sector energético (EJ).

Sin embargo, estos 3 modelos no están preparados para representar los problemas a corto y medio plazo de la energía. Es decir, su modelado asume directamente que éstos no van a existir. En las propias palabras de Randers: “Por lo tanto, no preveo un shock petrolero, ni tampoco ninguna otra crisis relacionada con los recursos en el horizonte. Tan sólo veo una transición de materiales baratos a sustitutos más caros, y con suerte, que la transición se realice a un ritmo suficiente para evitar el tipo de choques que pudieran hacer descarrilar el sistema. Pero, de nuevo, esta previsión optimista es una consecuencia de la ralentización del crecimiento económico que confío que se produzca en los próximos 40 años”.

Es decir, estos modelos nos están hablando de máximos teóricos (inalcanzables por lo tanto), no de fechas más probables. Mucha literatura ha explorado las implicaciones económicas del peakoil. En particular, Gail Tverberg escribió un post en respuesta al informe de “2052” con el franco título: “Por qué no me creo la predicción para 2052 de Randers”, en el que criticaba diversos aspectos del modelado del sector energético, su insuficiente desagregación regional (que obvia particularidades locales que podrían tener implicaciones globales) o la omisión de los precios de la energía.

Pero no debemos olvidar que el modelo perfecto a corto, y largo plazo que incluya “todo” no existe ni existirá nunca por nuestra ignorancia intrínseca y las incertidumbres asociadas, y éstos se deben de usar más bien como “herramientas de orientación” en procesos político-sociales. Algo así como rudimentarios (e imprecisos) aparatos de navegación (brújula, astrolabios) en una nave: la tripulación también debe de valorar los riesgos y participar en el diseño de la ruta más segura.

Iñigo Capellán Pérez

Referencias

(Dale 2012) Dale, M., S. Krumdieck, and P. Bodger. “Global Energy Modelling — A Biophysical Approach (GEMBA) Part 2: Methodology.” Ecological Economics 73 (Enero 2012): 158–67. doi:10.1016/j.ecolecon.2011.10.028.

(Turner 2008) Turner, Graham M. “A Comparison of The Limits to Growth with 30 Years of Reality.” Global Environmental Change 18, no. 3 (Agosto 2008): 397–411. doi:10.1016/j.gloenvcha.2008.05.001.

(Turner 2012) Turner, Graham M. “On the Cusp of Global Collapse? Updated Comparison of The Limits to Growth with Historical Data.” GAIA  – Ecological Perspectives for Science and Society 21, no. 2 (2012): 116–24.


La máquina perfecta y el crecimiento económico

 

“El mayor defecto de la raza humana es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial”. A. Allen Bartlett

 

Durante el siglo XX la economía humana se expandió (exponencialmente) 16 veces (Producto Interior Bruto) y el consumo de energía comercial 17 veces.

Esto ha sido posible principalmente gracias al flujo de combustibles fósiles.

Sin embargo, un crecimiento como este (de alrededor del 3% anual) no es posible mantenerlo indefinidamente (y por tanto la economía no puede siempre crecer exponencialmente).

 

Suponed que llevamos al límite las leyes físicas y que creamos hoy una máquina perfecta capaz de convertir la materia en pura energía usable (por ejemplo electricidad) a partir de la conocida expresión de Einstein: E = m·c2.

A partir de expresiones analíticas o apoyándose en una hoja de cálculo, calcule:

1.- Cuánto tiempo tardaríamos en hacer hervir los océanos (bastaría con incrementar unos 36 W/m2 la potencia disipada promedio en toda la superficie de la Tierra).

2.- Cuánto tiempo tardaríamos en consumir la Tierra entera y cuándo necesitaríamos meter en la máquina cada año un planeta como la Tierra.

3.- Cuánto tiempo tardaríamos en consumir nuestro sistema Solar (incluido el Sol).

4.- ¿La velocidad de la luz nos limitaría la expansión?

5.- ¿Cuándo consumiríamos el Universo entero si los viajes fueran instantáneos?

 

En contexto:

Homo Sapiens apareció hace unos 150000 años

El género Homo aparece hace unos 2,5 millones de años

El planeta Tierra tiene unos 4500 millones de años

Solución:

El consumo de energía actual es de unos 570EJ/año que convertido en unidades de potencia es de unos 18TW. Esta energía sufre varias transformaciones hasta que es dispersada en forma de calor en la superficie terrestre. Como la superficie terrestre es de 510 millones de Km2, si repartiéramos esta potencia uniformemente tendríamos 0,035 W/m2. Si la Tierra no aumenta su temperatura por esta potencia disipada, entonces debe radiarla en forma de calor al espacio. Es una potencia despreciable frente al efecto indirecto que causa sobre la atmósfera la quema de combustibles fósiles y otros factores que dan lugar al cambio climático. Hoy este “forzamiento radiativo” (el incremento de potencia por m2) se calcula en 1,5W/m2 y ya ha sido capaz en el último siglo de incrementar la temperatura en 0,8ºC. Un incremento a mayores de 36W/m2 sobre el sistema haría cambiar el clima tanto como para que el incremento de temperatura en la Tierra hiciera “hervir” los océanos (temperatura media de 100ºC). La idea es que al incrementarse la temperatura aumenta la evaporación de los océanos y por tanto la cantidad de agua en la atmósfera. Pero el vapor de agua es un gas de efecto invernadero y se produciría una realimentación positiva (más temperatura, más vapor, más temperatura…).

36W/m2 de disipación energética directa es 1000 veces más que la disipación actual de energía (los 0,035W/m2 que calculábamos antes).

Por tanto, si consumiéramos 1000 veces más energía al año que ahora, evaporaríamos los océanos.

El enunciado nos dice que el consumo aumentó en 100 años 17 veces, si este ritmo se mantuviera 200 años, el consumo aumentaría 289 veces (17 por 17) y en 300 años el consumo sería 4913 veces mayor que el actual (173). Luego en menos de 300 años tendríamos la condición para evaporar los océanos.

Obviamente el caos climático acabaría mucho antes con la Humanidad, como sabemos.

Formalicemos matemáticamente:

 Las necesidades de consumo energéticas anuales en el siglo m serían: E =  (570·1018)·17m Julios.

En el momento presente consumimos al año el equivalente a 6333 Kg de masa a partir de la ecuación de Einstein, por tanto, en el siglo m necesitaríamos 6333·17m Kg de materia a introducir en nuestra “máquina perfecta” cada año.

Como la masa de la Tierra es de unos 6·1024Kg, igualando a 6333·17m Kg y despejando m, obtenemos 17, es decir, en el siglo 17 después del momento presente consumiríamos en un año toda la masa de la Tierra. La Tierra la habríamos consumido antes, ya que durante esos siglos hemos ido metiendo cada año materia en la máquina. Por tanto, el problema es en realidad el de calcular la energía-materia destruida en la máquina a lo largo del tiempo hasta acumular la masa de la Tierra. Es decir, un sumatorio de una función potencial (serie geométrica).

Si formalizamos matemáticamente la función en vez de por siglos por años y tomamos un crecimiento del 3% anual, en el año n consumiríamos 1,03n veces lo que consumimos ahora. Y ese año, habríamos acumulado un consumo del Σ  1,03i con i desde 1 hasta n veces el consumo actual. Ese sumatorio da como resultado: (1,03-1,03n+1)/(1-1,03) o aproximadamente 1,03n+1/0,03. Si ahora esto lo igualamos a las masas de la Tierra, el Sol, etc. podremos calcular el año en que habríamos consumido esas masas:

Tierra: 6·1024 Kg = 6333·1,03n+1/0,03, es decir, aproximadamente n = 1500 años (en menos de 200 años después estaríamos consumiendo 1 Tierra cada año)

Sol: 2·1030 Kg , n = 1950 años

Universo: 1·1053 Kg, n = 3700 años

 

Comentarios varios:

 Es decir, que 3700 años nos bastarían para consumir la masa de nuestro Universo (y en el 3832 d.m.p -después de la “máquina perfecta”- consumiríamos un Universo al año). En realidad, el crecimiento exponencial está limitado por más leyes físicas que la masa del Universo. La velocidad de la luz, por ejemplo, nos limitaría la accesibilidad a las estrellas, si pudiéramos viajar a esta velocidad con nuestra máquina, como mucho en 3700 años habríamos viajado a 3700 años-luz de distancia y por tanto tendríamos “solo” a nuestra disposición las estrellas a esa distancia de la Tierra (unos pocos cientos de millones frente a los más de 100000 millones de estrellas que contiene nuestra Galaxia). Ir a por la galaxia de Andrómeda (la más cercana del tamaño de la Vía Láctea) nos llevaría más de un millón de años.

De las leyes de la termodinámica extraemos también que la luminosidad de nuestra máquina superaría a la de toda nuestra Galaxia antes de consumir nuestro Sol, sería difícil que no se “fundiera” tal máquina (los 15 millones de grados Celsius del centro de nuestro Sol se quedarían pequeñitos al lado de la temperatura de la máquina)…

Por supuesto, además de leyes fundamentales de la física, existen otras leyes (biofísicas, ecológicas, geológicas, etc.) que hacen de factores limitantes al crecimiento exponencial. De hecho, esos factores limitantes están actuando ya desde hace unos años.

La Naturaleza se impone. Es más, si nos paramos a pensar un momento, veremos claro que la ciencia lo que hace, con sus leyes, es imponernos leyes-límites: no hay más energía que la que hay, no podemos superar la velocidad de la luz, etc.

Esto es así pese al sueño de los economistas clásicos (en el que están más del 90% de los economistas) y algunos pseudo-ingenieros que buscan energías libres. Los segundos son minoría y no pasa nada, el problema es que nos “mandan” una mayoría de economistas clásicos.

De hecho, un químico tiene siempre claro que sus leyes deben respetar las leyes de la física, y el biólogo sabe que debe respetar las leyes de la química. Y el sociólogo no debe violar las leyes biológicas.

La ciencia descansa en una pirámide con una base física.

Pero al pensar de algunos (véase la discusión con V. Navarro como ejemplo paradigmático ya), la economía clásicano tiene porqué respetar el resto de las ciencias. Es independiente de ellas. Y en realidad tienen razón, porque no es ciencia y se parece más a la astrología que a la astronomía, y poco más que horóscopos de hecho hace este tipo de economía.

No niego que no exista ciencia económica, la hay y se llama Economía Ecológica. Ésta parte, precisamente, de la idea de que las leyes de la ecología y de la física (concretamente de la termodinámica) son fundamentales y que la economía debe construirse apoyándose en ellas.

Adelantémonos a dos posibles respuestas, que ya me he encontrado, ante la idea de que la economía no puede crecer siempre exponencialmente.

  1. Las leyes de la física son temporales y se han ido cambiando a lo largo de la historia, quizás la velocidad de la luz un día se supere…

Respuesta: ja, ja, ja, ja, ja, ja… En fin, sabemos de dos leyes que son hechos observacionales a estas alturas, no “teorías temporales”: la conservación de la energía (con la que se ha construido la discusión anterior) y la ley de la entropía. Millones de observaciones desde el siglo XIX las confirman, todos los días.

  1. La economía puede crecer siempre exponencialmente si se “desmaterializa” gracias a la tecnología. En nuestro contexto hablaríamos de “desenergizar” la economía.

La respuesta a esta última objeción es el quiz de la controversia desde hace ya décadas de discusión entre economistas y políticos clásicos y los abogados de los límites a cualquier crecimiento exponencial.

Voy a poner de nuevo un ejemplo extremo basado en la conservación de la energía y la necesidad de usar energía para “todo movimiento”. Concedamos que un economista ha desmaterializado “completamente” su economía y que intenta crecer exponencialmente para siempre (unos miles de años).

Una vez al año, nuestro riquísimo economista, “hecho espíritu ya”, quiere saber qué dinero tiene (con precisión de un dólar) en su Banco virtual (todo es virtual claro). Pero resulta que “saber” consume energía, y por mucho que desenergice ese saber, resulta también que la energía está cuantizada (leyes de la física cuántica) y que existe finalmente un cuánto mínimo de energía (principio de incertidumbre de Heisenberg). La energía que necesita para obtener ese “saber” por tanto, crecerá invariablemente de forma exponencial con el tamaño de su dinero virtual y finalmente necesitará la energía de todo un Universo entero sólo para que alguien le transmita la información del número que le dice cuánto dinero tiene.

Y si hemos aprendido la lección de antes no será mucho tiempo después de meter nuestro Universo en la máquina perfecta, porque la constante de Planck (del orden de 10-34) nos la comeríamos en unas decenas de duplicaciones.

Posible réplica: algunos físicos creen que podría haber infinitos Universos. Todos tranquilos pues, la función exponencial con lo único que no puede es con el infinito.

Posible réplica para expertos: Sepamos-vivamos con menos detalle y frecuencia.

Mejor respuesta: El cuento de Isaac Asimov: “La última pregunta”.

Ojalá obligaran a los economistas y políticos a comprender este cuento.

Carlos de Castro Carranza


Pide a Jordi Évole que el pico del petróleo llegue a Salvados

Esta vez me gustaría pedir que todos los que seguís este blog nos ayudéis a pegar un salto importante en la divulgación del problema del pico del petróleo. Una persona ha lanzado una campaña en change.org para pedir al programa Salvados que elaboren un especial sobre este tema.

A ver si hay suerte y sucede algo parecido a lo que ha sucedido con  la energía eléctrica. Durante años el mercado de la energía en España fue denunciado en círculos ecologistas y en charlas minoritarias, pero solo cuando salió en televisión, precisamente en este programa,  empezó a ser conocido mayoritariamente.

Ayudadnos a difundir esta petición (también en Menéame). Merece la pena.

 

Marga Mediavilla

 

https://www.change.org/es/peticiones/jord%C3%AD-evole-y-el-equipo-de-salvados-un-programa-especial-sobre-el-oil-crash


Debates sobre decrecimiento: por favor, toquemos tierra (contestación a Vicenç Navarro)

 

El profesor Navarro ha escrito en varias ocasiones desde su blog en Público en contra de la teoría del decrecimiento y en ocasiones ha citado a Floren Marcellesi, quien también ha respondido desde esas páginas. Últimamente este debate da la impresión de haber quedado bloqueado en una oposición frontal  y  no está dando lugar al constructivo flujo de ideas que sería deseable[1]. Es una lástima, ya que  este diálogo entre la “izquierda clásica” (con su objetivo de justicia social) y el “decrecimiento” (con su preocupación por los límites del planeta) es, sin duda, uno de los retos intelectuales más necesarios en este principio de siglo.

 

Tengo la impresión de que en los sucesivos artículos, Navarro y Marcellesi debaten acerca de términos como el decrecimiento, la producción o las energías renovables, pero sin  dar ejemplos y, probablemente, perdiéndose en discusiones semánticas. Si hablasen de cosas más concretas sería más fácil dialogar. Por ejemplo, cuando Navarro argumenta: “El decrecimiento no es un concepto que pueda definirse sin conocer qué es lo que está creciendo o decreciendo. No es lo mismo, por ejemplo, crecer a base del consumo de energía no renovable, que crecer a base del consumo de energía renovable. Y no es lo mismo crecer produciendo armas que crecer produciendo los fármacos que curan el cáncer.” es difícil no estar de acuerdo con él. Es evidente que existen actividades económicas con menor consumo de energía. También es muy cierto que, como apunta Navarro, no debemos olvidar la variable política ni las relaciones de poder:” El hecho de que haya una u otra forma de crecimiento es una variable política, es decir, depende de las relaciones de poder existentes en un país y de qué clases y grupos sociales controlan la producción y distribución de, por ejemplo, la energía”.

 

 

Sin embargo, esto que es obvio como generalidad, se vuelve una cuestión mucho más relativa cuando bajamos a los casos concretos y, sobre todo, cuando usamos una visión un poco más sistémica y lo ponemos en relación con otros aspectos de la realidad también muy obvios. Tomemos, por ejemplo, el caso del sector del automóvil. Actualmente el 4,5% del PIB español se está destinando a pagar las importaciones de crudo. Para evitar esta sangría (que  no tiene visos de mejorar debido al fenómeno del pico del petróleo) podemos pensar en cambiar hacia actividades  que usen menos energía o utilicen energías renovables. Podríamos pensar en  varias opciones. Podemos, por ejemplo, no hacer nada y seguir con el mismo modelo de movilidad. Esto nos  llevaría a que los ciudadanos destinasen cada vez un porcentaje mayor de su sueldo a comprar gasolinas con lo cual el consumo de otros bienes se detraería. Se venderían menos vehículos y es probable que disminuyeran los puestos de trabajo en la industria del automóvil. Muchas personas se verían marginadas al no poder permitirse tener un coche y no tener otras alternativas.

 

Podemos, también, intentar la sustitución tecnológica, apostando, por ejemplo, por el vehículo eléctrico. Esto tendría la ventaja de beneficiar a la industria del automóvil  y aumentar la demanda de energía eléctrica que podría ser renovable. Desgraciadamente los datos nos están diciendo que la alternativa del coche eléctrico es muy débil desde el punto de vista técnico. Los vehículos que se pueden poner en el mercado en esta década tienen prestaciones muy inferiores (15 veces menos acumulación de energía que el vehículo equivalente de gasolina,  lo que se traduce en mucha menor autonomía  y mala relación prestaciones/precio). Quizá dentro de unas décadas se descubra algo que haga que los vehículos eléctricos o de hidrógeno sean mucho más eficaces, pero, de momento, no tenemos esa opción y es inútil engañarse con fantasías. ¿Qué hacemos? ¿Subvencionamos los vehículos eléctricos  a base de recortar en otras partidas como el transporte público? ¿Hacemos que los trabajadores empobrecidos paguen impuestos  para los coches eléctricos de los pudientes? Actualmente ya estamos subvencionando cada vehículo eléctrico con 5.500 euros y siguen sin venderse masivamente. Esta opción  puede parecer muy atractiva desde el punto de vista económico, pero los datos tecnológicos, sencillamente, nos muestran que es una vía muerta.

 

Tenemos otra opción, y es la que defendería el movimiento por el decrecimiento. Podemos cambiar el modelo de movilidad  penalizando la compra de vehículos y fomentando el uso de la bicicleta. Esto permitiría que los ciudadanos tuvieran una forma de moverse barata y eficaz, que sería especialmente atractiva para los menos pudientes. Se perderían puestos de trabajo en el sector del automóvil (más que en la primera opción), pero el dinero que las familias no destinarían a gasolina se podría emplear en otros consumos que generarían otro tipo de puestos de trabajo.

 

 

¿Qué solución es mejor? Probablemente ninguna de ellas es buena y solamente podemos escoger la menos mala. Para ello tenemos que echar mano de los datos que nos permitan saber bien dónde están los límites tecnológicos y cuántos empleos se pierden en cada caso, y después debatir acerca de nuestras prioridades éticas.

 

 

En estos momentos no es suficiente con hablar de generalidades como  “cambiar la forma y tipo de producción”, es evidente que tenemos que cambiar, el problema es cómo queremos y podemos hacerlo: qué modelo de producción industrial y agraria proponemos, cómo organizamos nuestras ciudades,  qué tipo de banca y de comercio preferimos, etc. Y, sobre todo, sería deseable que  propongamos opciones que sean acordes con la realidad tecnológica, porque no sólo los ecologistas radicales y los seguidores de Paul Ehrlich hablamos de que los recursos naturales y la energía son finitos, Sr. Navarro. Eso es algo que afirman prácticamente todos los ingenieros y físicos del mundo, porque esa aseveración es uno de los contenidos básicos de los primeros cursos de cualquier carrera técnica. Es cierto que la energía renovable (cuyo flujo es limitado pero constante) se puede aprovechar más con el desarrollo de tecnologías renovables, pero el que podamos usar mejores o peores tecnologías dependerá de lo que lo que hayamos podido desarrollar. Las tecnologías necesitan tiempo y a veces tienen éxito, pero también a veces fracasan.

 

 

No podemos engañarnos e intentar ignorar las conclusiones que algunos científicos como Antonio Turiel, Mariano Marzo, Gorka Bueno o nuestro  propio grupo de la Universidad de Valladolid, están poniendo de manifiesto: la crisis energética es ya evidente, es muy grave y no va a poder ser resuelta con una mera sustitución tecnológica. En ese sentido, cuando el Sr. Navarro habla de lo que él llama “ecologistas radicales” y dice que “un número considerable de ellos muestra una sensibilidad maltusiana, que asume que los recursos naturales, como por ejemplo, los recursos energéticos, son fijos, constantes y limitados” no sé si es consciente de que probablemente él entiende por “recursos energéticos” cosas que no son exactamente lo mismo que esa energía física que nosotros medimos y estamos diciendo que tienen problemas. Por eso es tan importante que bajemos a los casos concretos, porque es ahí donde se ve con claridad si va a ser esa energía física la que va a hacer que los consumidores dejen de comprar coches, viviendas o clases de inglés (o no).

 

 

Y si hablamos de energía física es deseable que cuantifiquemos. No basta con decir que Barry Commoner  afirma que la energía renovable puede crecer  ¿Cuánto puede crecer? ¿Los 0,06TW que actualmente se extraen de eólica, los 2TW que mi compañero Carlos de Castro pone como límites a la expansión de esta tecnología, los 17TW de energía primaria  que ahora mismo está consumiendo la humanidad o los 25TW que necesitaríamos si nuestros consumo sigue creciendo como hasta ahora otros 14 años?

 

 

Cada vez estoy más convencida de que los economistas ecológicos tienen mucha razón cuando argumentan que tenemos que empezar a cuantificar la economía en términos de variables reales como la energía, los puestos de trabajo, los kilos de minerales o los servicios prestados. Medir las cosas en unidades monetarias nos distrae y nos puede llevar a engaños. Ahora mismo, por ejemplo, el consumo de petróleo en España es un 23% menor que en 2007 y, sin embargo, el PIB español apenas ha caído. Estamos generando el mismo PIB con menos energía ¿se debe eso a que somos más eficaces tecnológicamente? ¿Se debe a que tenemos una sociedad más capaz de generar actividad económica, empleo y bienestar con menos energía? No, en absoluto. Lo que estamos haciendo es cultivar la desigualdad: algunos siguen aumentando sus beneficios monetarios, pero muchos ciudadanos dejan de consumir porque no tienen ni siquiera lo necesario para calentar su casa. No es esa, desde luego, la eficiencia energética que queremos, ni es ese el decrecimiento que defienden personas como Marcellesi.

 

Los defensores de la dinámica de sistemas argumentan que los seres humanos tenemos tendencia a ver los problemas fijándonos únicamente en una causa, y eso nos proporciona una visión extremadamente miope,  porque los problemas tienen múltiples causas y múltiples efectos que, además, interaccionan unos con otros y se realimentan. Este debate en torno al decrecimiento da la impresión de estar pecando de ese error. Es estéril intentar discutir si es la energía la causa de todo o si lo es la injusta distribución del poder. Ambas causas están ahí,  ambas agudizan el problema y las dos son importantes. Y además, a la hora de proponer alternativas, debemos solucionar ambas a la vez.

 

Es una lástima que ecologistas y socialistas no estemos convergiendo en un discurso único y mucho más detallado sobre las soluciones económicas que proponemos.  Porque, si bien es interesante  proponer  experiencias colectivas que permiten vivir mejor con menos como las que desarrollan los partidarios del decrecimiento, no es menos cierto que también hay que cambiar las relaciones de poder para que estos experimentos puedan convertirse en alternativas a gran escala. Ni el socialismo puede ignorar los serios estudios físicos, ingenieriles y geológicos que se presentan desde los círculos ecologistas, ni los ecologistas podemos avanzar sin un discurso político elaborado, como el que posee el socialismo. Socialismo y ecologismo deberían ser las dos patas con las que caminemos para conseguir una sociedad justa y además acorde con los límites del planeta. Cualquier alternativa que sólo contemple una de las visiones y uno de los objetivos a costa del otro es ingenua e indeseable.

Marga Mediavilla

 

 


[1] http://blogs.publico.es/dominiopublico/9039/los-errores-de-las-tesis-del-decrecimiento-economico/


Alimentos ecológicos: mucho más allá del miedo

Hace unas semanas acaparó cierto interés en los medios de comunicación la presentación del libro del doctor José Miguel Mulet, profesor de Biotecnología de la Universidad Politécnicade Valencia, titulado Comer sin miedo, en el que pretende desmontar mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación en el siglo XXI. En la entrevista aparecida en El País sobre dicho libro, el autor critica algunas tendencias actuales en alimentación y en concreto,  la “moda” de los alimentos ecológicos. Estos alimentos, según él, son un engaño porque utilizan el miedo a lo artificial para vender un producto más caro que, en su opinión, no es mejor ni para el consumidor ni para el medio ambiente.

Hay que reconocer que, en la primera parte de su entrevista, el Sr. Mulet tiene acierto al atacar esa tendencia un poco paranoica de nuestra sociedad a generar modas sobre dietas “salvadoras”, pero luego pierde todo el equilibrio y toda la razón cuando empieza a hablar de los alimentos ecológicos. A partir de ahí su entrevista se llena de tópicos y razonamientos rocambolescos con un estilo claramente manipulador, apoyado, además, en datos que no son ciertos. Merece la pena entretenerse en desmontar su discurso porque se basa en un montón de prejuicios, que, por desgracia, son más comunes de lo que deberían.

Una de las afirmaciones más rocambolescas del Sr. Mulet es decir que la agricultura ecológica es perjudicial para el medio ambiente porque la producción es mucho menor, del orden de un 50-25% y, por ello, se necesitan muchas más tierras para producir lo mismo. Incluso si ese dato fuera cierto, es bastante sorprendente que llame  perjudicial a una agricultura que evita impactos tan enormes sobre el medio ambiente como la erosión y pérdida de suelo fértil, la eutrofización de los ríos debida al exceso de abonos nitrogenados, gran parte de las emisiones de CO2, la pérdida de biodiversidad de aves, insectos, abejas, y todo tipo de descomponedores y microorganismos del suelo, etc. Además, la agricultura ecológica, incluso aunque usara dos o tres veces más tierra para producir lo mismo (que no lo hace), “roba” muchos menos espacios a la fauna y flora silvestre, porque crea agroecosistemas equilibrados donde conviven múltiples especies silvestres, siendo la clave de la supervivencia de muchas de ellas.

Pero  esta afirmación es todavía más rocambolesca porque el dato que da  el Sr. Mulet, es, directamente, falso. Cualquiera que haya ojeado estudios o conozca a algún agricultor orgánico sabe que los rendimientos por hectárea de éstos son un poco menores, pero únicamente del orden de un 10%.  En una síntesis de diversos trabajos, Miguel Ángel Altieri, uno de los mayores expertos mundiales sobre agroecología, indica que en agricultura ecológica los rendimientos por unidad de área de cultivo pueden ser un 5-10% menores que en cultivo químico, pero son mayores los relacionados con otros factores (por unidad de energía, de agua, de suelo perdido, etc.). También es conocido que el uso de abonos nitrogenados favorece la acumulación de agua en las plantas, de forma que los vegetales ecológicos tienen en torno a un 20% más materia seca por kilogramo[1], con lo cual es cuestionable incluso si los rendimientos reales son menores, porque cuando compramos un kilo de verdura, queremos comprar vitaminas, no  kilos de agua.

Esta idea de que  los pesticidas, herbicidas y transgénicos son un mal necesario -ya que “sin ellos no podríamos alimentar a toda la humanidad”–  está todavía muy presente en la mentalidad colectiva, a pesar de que no es precisamente eso lo que dicen las propias Naciones Unidas y la FAO, sino más bien todo lo contrario. En los últimos años estas instituciones  apuestan por la agroecología como el mejor camino para acabar con el hambre.

Las palabras de Olivier De Schutter, relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentaciónno dejan lugar a dudas[2]: “ Un viraje urgente hacia la “ecoagricultura” es la única manera de poner fin al hambre y de enfrentar los desafíos del cambio climático y la pobreza rural […] Los rendimientos aumentaron 214 por ciento en 44 proyectos en 20 países de África subsahariana usando técnicas de agricultura ecológica durante un periodo de tres a 10 años, mucho más que lo que jamás logró ningún (cultivo) genéticamente modificado […] La evidencia científica actual demuestra que el desempeño de los métodos agroecológicos supera al del uso de fertilizantes químicos en el estímulo a la producción alimentaria en regiones donde viven los hambrientos”.

Es probable que el Sr. Mulet sepa esto y es posible que no le guste nada en absoluto, porque el éxito de la agricultura ecológica pone en entredicho sus investigaciones. Pero  los datos lo están diciendo claramente: la agroecología no sólo es mejor para el medio ambiente, es igual de productiva que la agricultura química y, en ocasiones, la supera.

De hecho, el Sr. Mulet argumenta que los defensores de los alimentos ecológicos engañan a los consumidores con el miedo a los químicos, pero ese mismo miedo también lo usa él cuando insinúa que los alimentos ecológicos son “inseguros”  obviando que pasan exactamente los mismos controles que los convencionales y también que es la agricultura y la ganadería industrial, con su  hacinamiento de animales (y plantas) de una misma especie, la que se vuelve ideal para la expansión de  epidemias. De hecho, son las grandes explotaciones industrializadas de Asia las que están teniendo problemas con la gripe aviar, no las pequeñas granjas ecológicas.

Pero lo que el Sr. Mulet no dice, y es, probablemente,  lo más importante,  es que la agricultura química actual no tiene  futuro porque necesita un suministro de petróleo  barato y abundante, y el petróleo ha dejado de ser barato y va a  dejar de ser abundante. Y es que el gran aumento de productividad de los años 60 y 70 se basó en el petróleo y el gas natural, necesarios para la síntesis, tanto de los abonos químicos y pesticidas, como del gasóleo, combustible indispensable para la maquinaria agrícola.

El declive del oro negro en estas décadas va a hacer que tengamos que emprender  una difícil  reconversión de la agricultura mundial porque el modelo actual está inevitablemente ligado al petróleo y vamos a necesitar usar técnicas agroecológicas que,  aunque también emplean maquinaria, consigue ahorros energéticos muy interesantes. Esto va a chocar con muchas resistencias, ya que  la industria química no está, evidentemente, interesada en vender menos. No es extraño que las personas que viven de esta industria ataquen la agroecología y defiendan la ingeniería genética, que ha tenido sus mayores “éxitos” en la creación de plantas resistentes a los herbicidas y que, por ello, fomentan el  consumo de agroquímicos. Probablemente la industria lo sabe y por eso está  intensificando sus mensajes  con tópicos como los que exhibe el señor Mulet. Por suerte, cada vez son más los agricultores que se pasan a la agricultura ecológica y  ven que las tierras les producen y  las cuentas les cuadran.

En cualquier caso, el artículo del Sr. Mulet  es buen reflejo de algunos prejuicios absurdos sobre la ecología, la ciencia y lo que se considera progreso que  deben empezar a caer. De hecho, una de las expresiones más curiosas de la entrevista es la siguiente: Frente a la identificación de los productos ecológicos o la lucha contra los transgénicos con un discurso progresista, Mulet sostiene que “mucha gente de izquierdas parece no haber leído a Marx y a Engels, que eran lo más racionalista que había [...] Cuando la izquierda dejó de ir a misa tuvo que empezar a creer en cualquier tontería espiritual antisistema. Los mismo que la Iglesia, pero con una túnica azafrán en vez de una sotana”.

Esa afirmación de que estar en contra de los transgénicos “no es progresista” es bastante curiosa. Yo no sé si es que el Sr. Mulet se ha quedado en el siglo XIX -junto a Marx y Engels, porque no parece haber visto quién ha liderado la lucha contra estos cultivos en los últimos 20 años. La oposición a los transgénicos ha surgido principalmente de sindicatos campesinos dela Indiay Latinoamérica, que vieron cómo estas semillas permitían a la agroindustria monopolizar todavía más el mercado y llevar a la ruina a los campesinos más pobres.

Y por otra parte, es tremendamente curioso ver cómo Mulet asocia de un plumazo la racionalidad científica y las ideas de progreso con esa tecnología dura y agresiva para la naturaleza que son los transgénicos; y, por otro lado, identifica la ecología con lo irracional y con vagas espiritualidades orientales. Pues bien, Sr. Mulet: no es cierto y usted probablemente lo sabe bien. Lo que ahora llamamos agricultura ecológica no son sólo técnicas tradicionales, no es volver al pasado ni son supersticiones; es una agricultura basada en conocimientos científicos. Lo que sucede es que son conocimientos muy diferentes a los de “su” ingeniería genética, pero no por ello arcaicos, irracionales o poco rigurosos. De hecho, en mi opinión, la agricultura ecológica (y lo que se da en llamar agroecología y  permacultura, que son  tendencias más avanzadas de ésta), tiene un enfoque científico más moderno y eficaz, y los resultados lo están demostrando.

Si la ingeniería genética y la agricultura industrializada se basan en la química y la genética, la agroecología se basa en la biología y la ecología científica. Mientras la ingeniería genética utiliza una visión muy reduccionista, centrada en el gen como causa determinante, la agroecología tiene una visión mucho más sistémica y busca soluciones en los ecosistemas. Mientras la agricultura química y los transgénicos imponen a la naturaleza la lógica de las fábricas de producción industrial, la agroecología observa los ecosistemas, aprende de sus magníficos mecanismos de regulación y habla de biomímesis, es decir, de imitar a la naturaleza (incluso en la ingeniería y con resultados bastante interesantes, por cierto).  Mientras la agroindustria convierte la agricultura en una actividad altamente perjudicial para la naturaleza, la agroecología consigue un equilibrio entre el ser humano y el resto de las especies, de las que depende, en definitiva, nuestra propia vida. Ambas son racionales y ambas son científicas, pero la agricultura química es hija de las tendencias reduccionistas de la ciencia del XVIII, mientras la agricultura ecológica tiene una mentalidad más moderna y sistémica, heredera de la teoría de sistemas que surge a principios de siglo XX y, es, además, mucho más capaz de responder al reto más importante de la humanidad en el siglo XXI: conseguir una civilización compatible con el planeta.

A ver si desterramos de una vez esos extraños prejuicios que asocian el avance científico y el progresismo con  tecnologías agresivas para el medio ambiente y  la ecología con la añoranza romántica del pasado y cierta espiritualidad new age. La ciencia que se base en la ecología y, por tanto, nos enseñe a llegar a un equilibrio con  el planeta, será la más avanzada, la más sensata y la que realmente nos pueda hacer progresar en este siglo que empieza.

La agricultura ecológica podría ser enormemente interesante para un país como España, muy dependiente del petróleo y que necesita urgentemente crear empleos (aspecto en el que la agricultura ecológica es más eficaz[3]).  Desgraciadamente,  a pesar de que somos el primer país productor de alimentos ecológicos de Europa, los sucesivos gobiernos han defendido los cultivos genéticamente modificados y han desarrollado una legislación que penaliza las pequeñas explotaciones biológicas, con lo cual no es extraño que estos alimentos sean más caros: es casi un milagro que se produzcan.

Así pues, hagamos bueno el título del libro de Mulet y digamos que hay que comer sin miedo alimentos ecológicos: sin miedo a que no podamos producir lo suficiente para alimentar a la humanidad, sin miedo a que no sean seguros y sin miedo a que nos arruinen. Porque la principal razón para comprarlos no es el miedo al cáncer sino la evidencia que muestran los datos y  nos gritan nuestros sentidos: son productos de buena calidad que suelen merecer su precio, beneficiosos tanto para el medio ambiente como para los más pobres del planeta, que ayudan a crear puestos de trabajo en el medio rural y que, además, nos ayudan a independizarnos de un petróleo que tiene los días contados.

Margarita Mediavilla Pascual

También publicado en Último Cero


[1] (Agricultura ecológica y rendimientos agrícolas: aportación a un debate inconcluso http://www.istas.ccoo.es/descargas/seg11.pdf)

[2] http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article23259 http://www.srfood.org/en/agroecology-a-way-to-feed-the-world


13 de febrero de 2114

Esta vez un microrrelato futurista y positivo, para aliviar un poco el triste invierno.


13 de febrero de 2114.

Como se acordó en las cumbres internacionales del nuevo siglo, los últimos barriles de petróleo se emplearon en los despegues de las naves espaciales. Aunque hacía décadas que no se ponían en órbita satélites y la teoría de la finalidad panespérmica* del ser humano todavía estaba en entredicho, se pensó que la mejor forma de compensar a la Tierra por todo el sufrimiento que los combustibles fósiles habían causado era emplear las últimas gotas en lanzar cochetes al espacio cargados de todo aquello que pudiera reproducir la vida. Semillas, algas, líquenes, células congeladas y sobre todo millones de esporas de bacterias fueron cuidadosamente encapsuladas y lanzadas en sucesivas oleadas desde Cabo Cañaveral. Los más espirituales creyeron sentir que durante unos meses una energía especial flotaba en el aire y el cielo tenía un azul más luminoso. Gaia respiraba aliviada: al fin tenía sentido haber alimentado durante tres tormentosos siglos la destructiva especie del homo sapiens tecnológico.

Marga Mediavilla

 

(*) La panspermia es una teoría (todavía no demostrada) que propone que el origen de la vida puede no estar en la tierra sino que podría haber llegado a ella a través de bacterias y otros microorganismos alojados en meteoritos. En realidad la idea del cuento se debe a mi compañero Carlos de Castro.


’2052′: integrando límites en un “mundo lleno”

“Si pudiera persuadirte de sólo una cosa, elegiría la siguiente: el mundo es pequeño y frágil, y la humanidad es enorme, peligrosa y poderosa. Ésta es una total inversión de la perspectiva bíblica sobre la humanidad, y de la lógica que hemos aplicado como especie desde nuestra presencia en la Tierra. Pero ésta es la perspectiva que necesitamos tomar si queremos estar seguros de que la sostenibilidad emerja o, al menos, que el mundo que conocemos sobreviva un par de siglos más.” 

Con estas palabras abre Jorgen Randers un artículo que presenta los resultados principales del estudio2052: Un pronóstico global para los próximos cuarenta años” (2052: A global forecast for the next forty years) del Club de Roma. Para realizar este impresionante estudio, que bate todos los récords de horizontes de predicción temporal usuales, ha utilizado la misma herramienta que viene utilizando desde los años 70 como co-autor de los sucesivos informes sobre “Los Límites del Crecimiento” [Meadows et al,. 1972, 1992, 2004]: la dinámica de sistemas. Publicado en 2012, este estudio parece haber pasado relativamente inadvertido en nuestro país y en la blogosfera en español en general. Es importante subrayar la diferencia entre el ejercicio realizado entre este estudio (predicción-forecast) frente al análisis de escenarios de los anteriores trabajos (por cierto que estos estudios atraviesan una auténtica fase de “recuperación en la Academia”, tras un debate incompleto y sesgado políticamente en el pasado como nos cuenta Jorge Riechmann en su blog).

La idea principal que pretende transmitirnos Randers se puede ilustrar de forma intuitiva y directa:

“]

(En cuanto al impacto de la extracción de los recursos fósiles no convencionales ya se ilustró en la entrada Petropolis)

La siguiente imagen ilustra a la perfección el post anterior Sueños tecnológicos contra la pared de la realidad: el caso de la energía solar eléctrica.

(La degradación del medio ambiente ha sido apuntada como una de las causas del actual conflicto sirio: ver artículo en The Guardian Peak oil, climate change and pipeline geopolitics driving Syria conflict).

Y como ejemplo paradigmático de cambio global, el cambio climático:

(Fuente imágenes: http://climate.nasa.gov/state_of_flux)

(Daly 2005)

Y por último mi preferida:


Los impactos producidos por nuestro actual modelo de desarrollo se pueden explicar así mismo mediante pormenorizados estudios científicos, como por ejemplo los muy interesantes realizados por [Röckstrom et al., 2009]:

(Rockström et al., 2009) Más allá de los límites. El anillo verde representa el umbral seguro propuesto para los 9 límites planetarios identificados (cambio climático, pérdida de biodiversidad, interferencia con los ciclos del nitrógeno y el fósforo, reducción de la capa de ozono, acidificación del océano, uso de agua, cambios en el uso de la tierra, contaminación química y aerosoles atmosféricos. Los niveles en rojo representan la estimación del nivel actual para cada variable. Los límites en 3 de los sistemas (cambio climático, pérdida de biodiversidad, interferencia con el ciclo del nitrógeno) ya han sido sobrepasados.

Forzosamente, la consideración de un “mundo lleno” (full world, en palabras de [Daly 2005]) trastoca las leyes (dominantes) de la ciencia socio-económica moderna que están basadas en el paradigma del “mundo vacío” y son sólo válidas, por lo tanto, en ese contexto. En ciencia es fundamental la escala; magnitudes que son despreciables cuando son muy pequeñas se vuelven fundamentales al crecer en relación al resto.

Involuntariamente esta situación me recuerda a la irrupción de la ley de la relatividad en la física moderna (con los cambios que ésta ha supuesto posteriormente), y a una ecuación en particular: la de la velocidad relativa entre 2 cuerpos. Según la física clásica, la velocidad relativa (u) entre dos cuerpos que circulan a velocidades respectivas v y w sería simplemente u = v +w (nos ahorramos los vectores). Es decir, dos coches que circulan a 50 km/h en sentido contrario “verían” que el otro se desplaza a 100 km/h.

Sin embargo, esta ecuación deja de ser válida cuando la velocidad de esos cuerpos se acerca a la de la velocidad de la luz (c). Es decir, que la relación de escalas cambia, y la ecuación correcta (la anterior era por tanto sólo una aproximación cuando vw << c^2) es:

u={\cfrac  {v+w}{1+{\cfrac  {vw}{c^{2}}}}}

(para aquellos que quieran repasar la física de Bachillerato en wikipedia lo tienen con más detalle)

En los sistemas socio-económicos, esto equivale a “recuperar” el factor tierra, entendido en su sentido amplio como recurso (energía, materiales, agua, suelos, etc.), que desapareció de las ecuaciones hace unos 200 años [Naredo 2010]. Una vez recuperada la noción de límite, el siguiente paso es convenir en que los diferentes límites ([Rockström et al, 2009] identifica hasta 9, entre ellos el cambio climático pero también la pérdida de biodiversidad, la alteración de otros ciclos como el del nitrógeno o el fósforo, la acidificación del océano, etc.) están estrechamente relacionados entre sí, y que el actuar aisladamente sobre uno tan sólo precipita la llegada de otro un poco más tarde.

Así, para intervenir (con éxito) en sistemas complejos se debe actuar de forma sistémica. Este es uno de los pilares de los estudios del Club de Roma; y cuya aplicación hace concluir a Randers en 2052 que, asumiendo que el actual sistema siga funcionando guiado por las mismas dinámicas (que él sintetiza en 2:  cortoplazismo de las políticas y retraso en la toma de decisiones), nos dirigimos a un escenario de tipo overshoot&collapse (sobrepaso y colapso) provocado pricipalmente por nuestra incapacidad de mitigar el cambio climático en una escala suficiente (esto es un escenario tipo 2 de colapso por contaminación de [Meadows et al,. 1972, 1992, 2004]).

Todos estas caracterísitcas están integradas en el report 2052, cuyos interesantes y sugerentes  hipótesis, resultados e implicaciones esperamos analizar en otro post (para aquellos impacientes, abajo en la sección de referencias hay documentación en inglés y castellano).

>> Leer la 2ª parte del post: “’2052′: integrando límites en un “mundo lleno” (2)

Iñigo Capellán Pérez

Referencias

[Daly 2005] Daly, Herman E. “Economics In A Full World.” Scientific American 293, no. 3 (2005): 100–107. doi:10.1038/scientificamerican0905-100.

[Naredo 2010] Naredo Pérez, José Manuel. Raíces Económicas Del Deterioro Ecológico Y Social: Más Allá de Los Dogmas. Segunda edición corregida y aumentada. La primera edición es de 2006. Siglo XXI de España Editores, S.A., 2010.

[Randers 2012] Randers, Jorgan. 2052: A Global Forecast for the next Forty Years. Chelsea Green Publishing Company, 2012.

[Rockström et al,. 2009] Rockström, Johan, Will Steffen, Kevin Noone, Åsa Persson, F. Stuart Chapin, Eric F. Lambin, Timothy M. Lenton, et al. “A Safe Operating Space for Humanity.” Nature 461, no. 7263 (September 23, 2009): 472–475. doi:10.1038/461472a.