Crónica del curso sobre transporte. Tan importante, tan complicado.

Hace unas semanas pudimos  empaparnos de todos los datos y reflexiones que trajeron nuestros ponentes del curso “Transporte sostenible, perspectivas y retos”.  Este año nos lanzamos a organizarlo sin el apoyo del programa UVa en curso y hemos notado un bajón importante: apenas 11 alumnos matriculados (cuando otros años superamos los 80). A pesar de todo la buena asistencia de público  hizo que ningún día bajásemos de las 20-30 personas en la sala.

Todas las ponencias confirmaron el dato que ya conocíamos: el transporte es un sector clave, el eslabón más frágil de la crisis energética. Pero, además, este curso ha servido para enseñarnos otras facetas que no conocíamos del sector. El transporte es un sector tremendamente difícil, con actores muy diferentes, soluciones complejas, potentes intereses económicos en la sombra y, en algunos casos, una importante corrupción política.

El primer día empezamos una perspectiva global de la sostenibilidad en el transporte a cargo de Óscar Carpintero e Iñigo Capellán-Pérez. Óscar comenzó situando el transporte en el marco general de la insostenibilidad actual,  usando para ello la perspectiva de la economía ecológica.  Esta crisis tiene similitudes con episodios similares vividos durante el siglo XX (endeudamiento, burbuja, destrucción de empleo masivo) pero también posee elementos que la hacen diferente. Una crisis como la actual, desde el punto de vista de la economía ecológica,  se genera por una gran divergencia entre la economía financiera, la economía real (productiva)  y la economía real-real que está por debajo sosteniendo a ambas: es decir, el metabolismo de la especie humana y la capacidad del planeta de alimentarlo.

Iñigo Capellán-Pérez dio un repaso a los perfiles de agotamiento del los combustibles fósiles y también a los límites de las energías renovables.  A continuación presentó los resultados del modelo WoLiM, que ha desarrollado con la colaboración de nuestro grupo. El modelo estudia los recursos energéticos mundiales y las posibilidades de diferentes tecnologías para sustituir los combustibles fósiles. Los resultados muestran claramente que  el transporte es el sector más crítico, en el cual se esperan problemas de cobertura de la demanda antes de 2020. Por último, propuso un escenario de reducción del consumo energético realista (desde el punto de vista de las limitaciones energéticas), sostenible (desde el punto de vista de la reducción de los gases de efecto invernadero) y equitativo a nivel mundial. El resultado son unos 5oGJ per capita de consumo energético, casi la cuarta parte de los aproximadamente 200 GJ que consume actualmente un habitante de un país desarrollado.

El martes hablamos de infraestructuras y tecnologías de transporte y tuvimos a Francisco Segura en primer lugar y después a Pedro Linares. Quizá la charla de Francisco Segura fue, probablemente, la más impactante del curso porque las cifras que nos ofreció acerca de la burbuja de las infraestructuras españolas fueron escandalosas. A pesar de que todavía gran parte dela ciudadanía no es consciente de ello, este país ha vivido una burbuja en la construcción de infraestructuras de transporte que todavía no ha acabado de pinchar. Pocos ciudadanos son conscientes de que España es ya el país de Europa con más kilómetros de autopistas y autovías y el segundo del mundo con más kilómetros de vías de ferrocarril de alta velocidad (después de Japón), aunque sus tasas de utilización están muy por debajo de las  de otros países.  Por otra parte, es frecuente que estas infraestructuras se justifiquen diciendo que son creadoras netas de empleo, pero la realidad es que llevamos años siendo el país con más inversión en infraestructuras de transporte de Europa y también los primeros en índices de desempleo. Esto se agrava en tiempos de crisis y recortes sociales: en 2010 la inversión en infraestructuras fue de 19.000 millones de euros, mientras se estaba realizando un recorte a las pensiones, la educación y la sanidad de 15.000 millones. Al final de la charla, Francisco se preguntaba por las razones de esta desmesura y apuntaba a algo realmente preocupante y  escandaloso: los pagos realizados por las empresas constructoras a políticos y cargos públicos que están siendo investigadas en el Caso Bárcenas.

A continuación, Pedro Linares nos presentó los resultados del estudio que ha realizado en el marco del Observatorio de la Energía y Sostenibilidad en España. Este estudio tienen la virtud de haber hecho un análisis global de la situación energética “desde arriba”, por medio de la herramienta de los diagramas de Shankey. Estos diagramas muestran que el transporte es el sector que más energía consume y también el que más emisiones de CO2 y más euros requiere. Las medidas de ahorro energético en el transporte no son sencillas. Tienen el inconveniente de que los usuarios son millones y a los particulares no les suelen resultar rentables las inversiones en eficiencia. Frecuentemente no se opta por las tecnologías más ahorradoras o por modos de transporte más sostenibles por motivos muy diversos entre los que se encuentran políticas urbanísticas, costumbres, falta de tiempo, la dificultad de informarse sobre las soluciones, etc.

El miércoles contamos con la presencia de Alfonso San Alduán y Manel Ferri. Alfonso presentó  el estudio sobre las cuentas ecológicas de transporte que ha realizado junto con Pilar Vega en el marco de la Fundación Biodiversidad. En él se ponen números a los impactos del transporte a lo largo de todo su ciclo de vida: desde la extracción de los materiales necesarios, la ocupación de territorio y la energía consumida, hasta la accidentalidad o la gestión de residuos. Los datos que arroja el informe son, en muchos casos, sorprendentes. Así, por ejemplo, nos dice que cada habitante de España recorrió en 2007 una media de 49 Km al día para el transporte de pasajeros y 85 toneladas·Km. Podríamos visualizar esto imaginando que cada día tuviéramos que recorrer a pie casi 50 km y trasladar 85.000 kg de materiales 1000 metros. Desde luego, no podríamos hacerlo por nuestros propios pies y es muy difícil concebirlo sin una fuente energética como el petróleo.

Manel Ferri nos presentó el informe que ha realizado el instituto ISTAS acerca del empleo asociado a los modos de “ecomovilidad o modos más sostenibles  como el transporte público, las bicicletas o el automóvil compartido. Encontrar datos acerca de este tipo de empleo no es sencillo, ya que no se suelen considerar un sector específico y los datos se encuentran dispersos en diversos sectores económicos. Los resultados sorprenden por el volumen, ya que, a pesar de que este tipo de modos de transporte son minoritarios en nuestro país, el empleo asociado es de unos 260.000 empleos, un número ya relevante (el empleo en la fabricación de automóviles, por ejemplo,  se cifra en torno a los  300.000 empleos directos). Además, como apuntaba Manel Ferri, estos empleos son difícilmente deslocalizables y permiten un ahorro energético importante.

Por último, el jueves, nos preguntamos si es posible un transporte sostenible y hablamos de urbanismo y ordenación del territorio con Pilar Vega Pindado y con los participantes en la mesa redonda fina: Javier Gutierrez Hurtado, Esteban Pérez Blanco y Manuel Saravia Madrigal.

Pilar habló de los modelos urbanos que surgen a partir de la revolución industrial y que vienen a cambiar el modelo de ciudad tradicional, de calles abigarradas y donde todo era accesible a pie. La creación de fábricas en la periferia y la posibilidad de utilizar el automóvil modifica los trazados de las ciudades que, a lo largo del siglo XX, se van haciendo más y más extensas, más dependientes del automóvil y más consumidores de energía. De esta manera se hace complicado cambiar a modos de transporte más sostenibles ya que la vida queda condicionada por el diseño urbano.

Estéban Pérez Blanco coincidía en gran medida en los problemas apuntados por Pilar Vega y describía los efectos adversos que el modelo de movilidad basado en el automóvil ha creado. La gran flexibilidad y libertad de movimiento que proporciona el automóvil privado respecto al transporte público hace que sea complicado que se mute a otros modos de transporte, pero es posible que tengamos que cambiar este paradigma de “movernos cuándo y dónde queramos” para pasar a introducir criterios orientados al bien común.

Pilar Vega, en esta mesa redonda nos daba una visión no demasiado optimista acerca de las soluciones al transporte urbano. Se preguntaba si la movilidad es un derecho y era muy escéptica respecto a las soluciones tecnológicas. Comentaba cómo todas las ideas acerca de la construcción de ciudades sostenibles son muy antiguas, muchas de ellas ya fueron descritas en la Cumbre de Río de 1992. Sin embargo, después de décadas, siguen prácticamente sin aplicarse y probablemente ya no tenemos tiempo.

Javier Gutierrez Hurtado nos hablaba de que ya se conoce que las infraestructuras de transporte no aumentan la actividad económica en las zonas conectadas y frecuentemente lo que hacen es potenciar el extremo más fuerte. El reto que nos queda es paralizar la creación de nuevas infraestructuras, denunciar lo que se ha hecho hasta ahora y también presentar alternativas. Una de las herramientas posibles es la política impositiva, que haga recaer los costes del transporte realmente en quienes usan las infraestructuras, no en toda la población.

Manuel Saravia Madrigal nos decía que el lugar más crítico de la movilidad en las ciudades es la corona exterior: polígonos industriales, ciudades dormitorio, etc. mientras los barrios tradicionales y las zonas céntricas tienen soluciones más sencillas. A pesar de que prácticamente todo el mundo tiene claro el discurso de priorizar la movilidad peatonal y no motorizada, las inversiones en infraestructuras y la forma de ver la ciudad nos hablan de lo contrario. Manuel propone que se diseñe y se visualice la ciudad para el peatón, por ejemplo con vías peatonales largas y estructuradas (“autopistas de peatones”" bien pensadas que permitan estructurar toda la ciudad y su corona.

Todos los audios y documentos del curso se pueden encontrar aquí.

El colapso de la población humana

Este es quizás el tema más delicado cuando queremos hablar del colapso de una Civilización. Afirmar que a finales de siglo seremos menos habitantes que ahora, quizás menos de la mitad, lleva a muchos a echarse las manos a la cabeza, pero por coherencia con el discurso “colapsista” hay que enfrentarlo.

Primero diré que no pretendo eliminar a nadie de este planeta, ni siquiera a ese 5% de los más ricos, condenados hace 2000 años porque es imposible que un camello (o en realidad el cabo de una maroma) pueda pasar por el hueco de una aguja. No deseo eliminar nada más que su riqueza porque liberará espacio humano y el colapso poblacional sería menor.

Tampoco deseo que un ecofascismo limite de arriba abajo el número de hijos que la gente quiera tener.

Seguiré abogando por la frugalidad y simplicidad voluntaria a la que una racionalidad bien llevada (esa sabiduría de Epicuro) nos conduciría a elegir tener dos hijos a lo sumo, consciente de que si no se hace rápido y pronto nos veremos limitados no por elección sino por los ecofascismos que irán surgiendo o por hambrunas, guerras y epidemias (o ambos). Soy consciente también de las barreras y mitos culturales que enfrentaremos en este tema, en especial asociados a las religiones mayoritarias. Si éstas no se adaptan podrían ser parte del problema.

También soy consciente de algunas realimentaciones que pueden acontecer: en un mundo que colapsa materialmente pueden generarse más extremos religiosos y podemos localmente tomar la decisión racional de tener más hijos (mano de obra futura en esas “ecogranjas” autosuficientes). Los pobres de hoy a veces deciden (no solo no pueden evitar) tener muchos hijos como estrategia de supervivencia de la familia.

 

Dicho esto acerquémonos a lo cuantitativo desde un punto de vista nuevo: el gaiano-ecológico (al menos no tengo noticias de que se haya discutido la cuestión poblacional en estos términos).

La siguiente figura está sacada de una revista de impacto (PNAS, 2008, Barnosky.).

La gráfica representa un cálculo de la masa total de los animales con peso superior a los 45 kilos (se la llama megafauna) durante los últimos 100000 años (triángulos verdes).  Los círculos verdes representan el peso total de los humanos más los animales salvajes. Hace 100000 años el peso total de todos los animales grandes era de unos 0,2 billones de kilos, el peso de la Humanidad era despreciable. Durante la última desglaciación se produjo la extinción de muchas especies de estos animales (por ejemplo, el mamut) y la reducción de las poblaciones de muchas otras. Las causas fueron dos: el cambio climático y la caza por parte del Homo (nuestra singularidad hipertecnológica lleva impactando “negativamente” sobre la biosfera desde hace más de 20000 años, a ritmo acelerado).

Antes de que la masa humana fuera importante en la biosfera, los ecosistemas del mundo sostenían una megafauna total que pesaba menos de la mitad de lo que hoy pesamos los humanos. Podemos pues intuir un límite ecológico para la población humana escalofriante.

La población humana que quizás pudieran sostener los ecosistemas semi-naturales (sin dejar casi espacio para el resto de animales grandes) sería inferior a los 3000 millones de habitantes, en especial tras el deterioro que hemos causado y vamos a seguir haciendo. Si consideramos el ganado que nos acompaña y no prescindimos de una buena parte de él, este límite aún sería bastante inferior. Incluso antes de la Revolución Industrial nuestro ganado pesaba ya tanto como nosotros, y no nos proveía solo de carne, sino de cuero, lana, huesos… y, especialmente, de energía y potencia para la agricultura, el transporte y las guerras.

Pensar que la tecnología humana puede aumentar sosteniblemente este límite poblacional es de un tecno-optimismo injustificado por el deterioro de los ecosistemas y precisamente porque la tecnología de Gaia (biosfera) ha mostrado ser muy superior a la humana en cuanto a ajustarse a los límites planetarios; es decir, si en la biosfera no había más megafauna, como somos los humanos, es porque no se sostenía más. La megafauna depende de la productividad de las plantas y esta está limitada por la capacidad de reciclado de Gaia y ayudada por una enorme biodiversidad, que siendo tecnológicamente una maravilla, superior al 99% para algunos materiales como el carbono, fósforo y nitrógeno, está limitada a su vez por las leyes de la termodinámica.

 

Si temporalmente hemos sobrepasado este límite ha sido gracias a la Revolución Industrial y a que casi de forma literal hemos comido combustibles fósiles: hoy la mitad de los átomos de nitrógeno de tu cuerpo y casi todos los de fósforo se han producido en fábricas consumidoras de combustibles fósiles, la mayor parte de tus moléculas de agua han llegado a formar tu cuerpo gracias a la energía de los fósiles (a través del regadío y la mecanización de la agricultura); si los ecosistemas volvieran a ser naturales (tardarán siglos, no décadas) serían capaces de hacer en teoría lo mismo o más movidos de nuevo por la energía solar (permacultura). Pero los ecosistemas naturales son por definición diversos, también diversos en megafauna. Las plantas no pueden trabajar sólo para nosotros en ecosistemas naturales, tienen que compartir con hongos, insectos, roedores (¿plagas?) y también con elefantes, ciervos, pumas y lobos. La “productividad” para humanos será necesariamente inferior para cualquier tecnología de Gaia o humana. Si queremos sobrevivir gracias a la ayuda tecnológica de Gaia debemos dejar espacio para muchos acompañantes que hoy no deseamos cerca (como los lobos), y si queremos ser independientes, seremos aún menos, porque somos tecnológicamente muy inferiores a ella. Las pruebas de esto son abrumadoras, pero nuestra soberbia tecno-optimista nos ciega.

 

El miedo que tenemos que tener todos no es a una permacultura que no va a dar más que para unos cientos o quizás unos pocos miles de millones de personas, es que algunas élites traten de evitar estos problemas y que nos los presenten a modo de un ecofascismo como única “solución” (por ejemplo, tratando de controlar por mandato los índices de natalidad y de mortalidad). Un riesgo que deberemos tener en cuenta durante el colapso.

El límite en un escenario de colapso de civilización rápido tendería a disminuir aún más porque crecería la megafauna al reducirse la injerencia humana. Si la injerencia humana no permite la expansión futura de la megafauna (seguimos deforestando porque necesitamos biomasa como sustituto de las energías perdidas), tampoco permitirá más población humana a largo plazo por el deterioro ecológico que se seguiría generando.

 

Carlos de Castro Carranza

 

Nota aclaratoria: Si me preguntan por mi intuición de “experto” en Gaia, diría que no seremos más de 1000 millones a finales del próximo siglo (ya saben, todo se realimenta). Pero por otro lado la gráfica de Barnosky también recibiría mis críticas (estoy convencido de que la megafauna era mayor en el pasado que la que refleja, aunque esto no invalidaría los “resultados” del orden de magnitud: quizás seamos el doble de mil millones).


[Vídeo] Que no te estafen con la luz _ Por Un Nuevo Modelo Energético

Difundimos el sarcástico vídeo grabado por la gente que impulsa el proyecto de Cooperativa Eléctrica en Valladolid/CyL con motivo de la creación del nodo local de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético:

 

Este miércoles 26 de noviembre viene además cargado con 2 eventos sobre el tema, uno por la mañana y otro por la tarde:

 


Encrucijada energética y colapso de civilización

Veamos dos gráficos con la perspectiva que da la historia.

El primero de ellos seguro que el lector lo ha visto alguna vez. Fíjese en las elipses de color que he superpuesto en el gráfico:

En la historia de los dos últimos siglos no ha habido sustituciones energéticas (no se remplaza la antigua energía por la nueva) sino que la nueva fuente comienza a crecer, y llega a un porcentaje significativo (>5%), en décadas durante las cuales la energía total consumida de las “antiguas fuentes” aumenta. Las infraestructuras necesarias para añadir la nueva energía necesitan de “infraestructuras” energéticas de las anteriores.

Los pasos históricos que la humanidad ha seguido tienen cierta lógica. El carbón es un sólido manejable como la leña y las máquinas de vapor que iniciaron la revolución industrial viajaban sobre travesaños de madera.

Tardamos 60 años en completar las infraestructuras que requería el despegue del petróleo. Los oleoductos que trasportaban el petróleo no fueron muy diferentes a los gaseoductos (estos más complejos, por lo que era “natural” que el petróleo tomara la delantera al gas (pero se pueden considerar a los “fluidofósiles”: petróleo y gas, como mellizos).

60 años después, nuestras necesidades de electricidad parecen ya plenamente establecidas y la hidroelectricidad y las centrales nucleares apoyan al carbón y al gas para esta nueva revolución energética. Sin embargo, la electricidad no despega (no llega a la quinta parte de nuestro consumo energético hoy), en buena medida porque tocan techo la nuclear y la hidroelectricidad, y los combustibles fósiles generan muchos problemas ambientales locales (lluvia ácida, contaminación atmosférica…).

El crecimiento energético espectacular de 1945-1970 se ralentiza después: las tensiones en el sistema se hacen obvias con las crisis del petróleo de los 1970, pero con OPEP o sin ella, no se podía seguir creciendo al mismo ritmo porque las nuevas energías se estancaron y los sueños hipertecnológicos no se hacían realidad (la fisión nuclear por reactores rápidos y la fusión nuclear se toparían con barreras de todo tipo que no se saltaron, la energía eólica y la fotovoltaica tendrían que esperar a otro turno, el sueño de Fuller de montar una red eléctrica mundial también se esfumaría). No es lo mismo convertirse en el 5% de la energía cuando consumes 50 Exajulios al año que cuando estás consumiendo 300, el planeta es finito y los sueños de conquistar la Luna se disiparon pronto también.

Si entre 1970-1980 y el 2030-2040 hay 60 años, el comienzo de la cuarta revolución energética (carbón, fluidofósiles y nuclear son las tres anteriores) tomaría su impulso dentro de 15-25 años desde hoy. Pero debería tomar su impulso de una tercera revolución que no tuvo éxito (la nuclear, la hidroeléctrica nacía muy limitada por problemas de flujo renovable) y lo que es peor, dentro de 10 años será obvio el descenso de los fluidofósiles y si este descenso se da en medio de un colapso civilizatorio que ya ha comenzado (como he defendido repetidamente), afectará también al carbón y la nuclear.

Parece imposible, desde el análisis histórico, hacer la revolución de las nuevas renovables (el sueño de Greenpeace y muchos otros bien-pensantes) porque el impulso se haría sin suelo firme (sería como necesitar batir el record mundial de salto de altura sobre una ciénaga).

Se necesitaría una revolución histórica en la geopolítica y en la economía en un espacio de tiempo tan corto que de nuevo la historia en el futuro encumbraría el hecho a Gran Revolución que dejaría en ridículo la revolución agrícola y la industrial (requirieron mucho más tiempo). Para hacerla se necesitaría una coordinación mundial en una especie de “estado de guerra” que, si fuera posible hacerlo, compraría casi todas las papeletas para generar un “imperio eco-fascista global”. Por tanto, esa Gran Revolución geopolítica requeriría también una Gran Revolución ética y solidaria para no ser peor el remedio que la enfermedad.

Hace 15 años escribí un librito titulado la Revolución Solidaria, como única vía posible, sigue de actualidad.

La encrucijada energética es terrible y podemos visualizarla aún mejor, a partir de una gráfica de Hansen et al. en la que se muestran los porcentajes de uso de las distintas fuentes energéticas (excluyendo la biomasa no comercial) a lo largo de nuestra historia reciente:

Es una encrucijada con todas las salidas cortadas:

En la última década, el carbón está en aumento en vez de en disminución (ayudando en el desastre climático), por el contrario el petróleo barato está en disminución con el consiguiente desastre económico a la vuelta de la esquina. Un crecimiento de las nuevas renovables llega tarde porque parte de una contribución pequeñísima (el rincón verde claro de la esquina superior izquierda) a no ser que las hiciésemos crecer hiper-exponencialmente (¿economía de guerra, ecofascismo?), pero ese sueño tecno-ecológico se daría de bruces con los ecosistemas, los suelos, el agua, los minerales y probablemente incrementaría aún más la desigualdad humana (la tecnología fotovoltaica es más compleja que quemar carbón en una central por lo que, paradójicamente, las élites tienen más fácil su control).

 

La solución (camino inevitable) es el adelgazamiento brusco del consumo energético, y si queremos que éste sea equitativo, por sentido ético o para evitar el colapso por desigualdad, el descenso del que hablamos en Europa será de más del 80% en unas pocas décadas y el de Norteamérica de más del 90%. Pero sin Revolución Solidaria y cambio de mitos, los súbditos (población del Sur), los consumidores del Norte (élites) y sus élites (élites de las élites) no van a pensar en otra cosa que no sea el Crecimiento (esa necesidad de Crecer está fuertemente ligada, como hemos visto, al mito del Progreso y al de la Voluntad de Poder –de doblegar/controlar al otro: sea la biosfera, sea el pobre, sea la mujer, etc-).

 

No he hablado de la no intercambiabilidad de las energías (el carbón no sustituye fácilmente al petróleo en el transporte), ni de la Tasa de Retorno Energético (menor para la fotovoltaica que para la gasolina), ni de la complejidad energética para un mundo complejo, ni de las realimentaciones desde otras variables hacia la energía.

 

El colapso energético es inevitable: Habrá que pensar desde ello:

¿Qué pasará con las cientos de centrales nucleares que necesitan un flujo continuo de electricidad para no explotar al estilo de Fukushima o Chernobil? ¿Y si no hay capital o estados fuertes para paliar esos desastres? ¿Cómo excluiremos las centenas de millones de hectáreas que deberían quedar sin presencia humana? ¿o simplemente asumiremos el coste de las mutaciones por radiación?

¿Qué pasará con los parques renovables cuando los inversores y otras estructuras complejas fallen y no haya técnicos o capital que los pueda reparar?

¿Qué pasará con el petróleo y el gas en aguas profundas que hoy sacamos con elevadísismas y costosísimas tecnologías? ¿cómo realimentará el colapso energético fósil así mismo y al resto de fuentes de energía?

¿Qué pasará con los bosques y la biodiversidad  del mundo cuando la biomasa, el carbón y la hidroelectricidad sean otra vez las fuentes básicas y casi únicas de la humanidad? ¿Con qué sustituiremos los plásticos, con madera? ¿Y nuestras ropas derivadas del petróleo, con lino y lana, es decir, con más biosfera?

¿Qué pasará cuando las guerras por recursos energéticos hagan colapsar los sistemas eléctricos de países enteros?

Tenemos estudios de los impactos y necesidades de adaptación de las subidas del nivel del mar de 50cm (aunque este siglo subirá con más probabilidad alrededor de un metro). ¿Dónde están estos otros estudios?

También necesitamos con urgencia los IPCC de la Ciencia del Colapso.

Todo se realimenta

Carlos de Castro Carranza

 


La Encrucijada de la Desigualdad: o de por qué la Desigualdad nos lleva al colapso

Vivimos en un mundo dominado por una Civilización global que se cae en pedazos por motivos ambientales. Parece que los límites que nos impone Gaia son más poderosos que los límites que impondría cualquier “humanismo”, entendiendo por humanismo esa parte amable del ser humano a la que le perturba, profundamente, la enorme brecha abierta entre las élites y el resto de una humanidad diversa en el acceso a los bienes materiales.

Convivimos más de 7000 millones de personas en un ya estrecho planeta con la paradoja de que los extremistas religiosos que pretenden sembrar el terror en los centros de consumo de Occidente se comunican por internet y móvil y televisión como si esas tecnologías no fueran intrínsecas a la cultura que quieren desbancar (y que los “occidentaliza” también a ellos). ¿Cómo explicar al ”estado islámico” de Iraq el caos climático o la pérdida de biodiversidad? ¿Cómo explicar el pico del petróleo en los suburbios de Sao Paulo o en medio de las pandemias de ébola africanas? ¿Cómo explicar que no podemos ser más de 2000 millones de seres humanos en este Planeta sin caer en el ecofascismo o darse de bruces con las religiones mayoritarias?

Cuando hablamos de Colapso y Transición hemos de hacerlo en un mundo que es desigual en lo material y poco diverso en sus mitos profundos; con una buena parte de la población que ya está “colapsada” hace tiempo pero cuyo imaginario mayoritario es la sociedad de consumo. Una buena parte de la humanidad está así lastrada doblemente, por la parte privilegiada y por sueños imposibles.

Tememos además que las élites sean tan estúpidas de querer seguir adelante, dejando menos tarta de “recursos naturales” a repartir hasta que no les quede tampoco nada a ellos.

Esas élites restringen el acceso al mínimo bienestar material al 75 u 80% de la población mundial desde hace generaciones y van camino de hacerlo con el 90 o 95% de la población. Es una estrategia suicida. Una trampa social que tiene lógica cortoplacista.

Y es que las élites están sujetas a los mismos sesgos cognitivos que el resto de personas, pero a la vez padecen con más fuerza algunos de ellos, hasta el punto de que podríamos hablar de disfunciones psicológicas. El sesgo del Control es especialmente fuerte en ellos, así como el optimismo de clase. Pueden saber de la existencia del caos climático, pero siempre creerán que ellos irán si hace falta a la Antártida.

Sin embargo, necesitan a los súbditos por dos razones: porque alguien tiene que producir sus bienes materiales, y por su mayor disfunción psicológica: necesitan sentirse superiores, para ellos lo importante es que exista gente que consideran inferior, sin ellos, reconvertirían rápidamente a la parte inferior de la élite en súbditos.

¿Y si algunas élites se dieran cuenta de que su estrategia es suicida y decidieran ser más empáticos con la humanidad? Pues correrían el riesgo de convertirse rápidamente en súbditos de las élites que no quieran cambiar. Serían expulsados.

 

Durante el colapso se producirán revueltas, violencia y catástrofes, así que las élites tendrán miedo de los súbditos (aunque, como han hecho históricamente siempre, tratarán de que éstos luchen entre ellos por las migajas que dejen). Tanto miedo tendrán como el que nos producen los zombis de las películas. Así que tratarán de alejarse todo lo que puedan. Y eso será una oportunidad única para hacer una transición de civilización al margen de las élites y, quizás, para construir una cultura que impida el surgimiento de nuevas élites.

Esa nueva cultura deberá enlazar con la parte emocional y espiritual del ser humano a la vez que integra la parte más racional. Me explico: habrá que crear si es necesario nuevos tabúes -¿religiosos?- acerca de la concentración de poder. El líder, si existe, debe ser el que menos poder material tenga, el más pobre en nuestro sentido occidental de la palabra. El rico debe producirnos asco como tiende a hacerlo en nuestra cultura el pobre.

Si queremos construir una nueva Civilización con visos de sostenerse, no sólo será más frugal, más integrada con la naturaleza, más cooperativa en vez de competitiva, etc., sino que también será una cultura que impida la entrada de “tramposos” (el término que se emplea en biología), es decir, de las élites y su concentración de poder (en vez de “pobrecillos” exclamaremos despectivamente “miserables ricocillos”).

Y si alguien cree que eso del poder es intrínseco a la naturaleza humana (lo que creo que desmienten algunos matriarcados de la historia), entonces tendremos que evolucionar, si no, estaremos condenados, más bien pronto, a la desaparición como especie.

Carlos de Castro Carranza


¿Nos ha leído el WEO 2014?

La Agencia Internacional de la Energía ha publicado hoy mismo su Resumen Ejecutivo del informe “World Energy Outlook” de este año.

Cual ha sido mi sorpresa al ver que los primeros párrafos, relativos a su escenario de futuro “central” (considerado el más probable), parecían sacados directamente de nuestro último artículo:

 “El sistema energético mundial corre el peligro de no colmar las esperanzas y expectativas puestas en él.”

 “Los responsables del diseño de las políticas energéticas, la industria y otras partes interesadas, bien informados, deben actuar.”

 “En nuestro escenario central, el crecimiento de la demanda mundial disminuye notablemente, desde más de un 2% anual durante las dos últimas décadas [+2.6% exactamente entre 1965 y 2012], hasta un 1% anual después de 2025”.

 “En 2040, el suministro energético mundial se dividirá en cuatro partes, casi iguales: petróleo, gas, carbón y fuentes de bajas emisiones de CO2”.

 “El Panel Intergubernamental de Cambio Climático considera que, a fin de limitar este aumento de temperatura a 2 ºC […], el mundo  no podrá emitir más de unas 1000 gigatoneladas de CO2 de 2014 en adelante. En nuestro escenario central, la totalidad del presupuesto se agotará para 2040.”

 “El panorama a corto plazo de un mercado petrolífero bien suministrado no debe ocultar los desafíos relacionados con la creciente dependencia de un número de productores relativamente pequeño.[…] Será necesario invertir unos 900 000 millones USD anuales hasta la década de 2030 en el desarrollo de la exploración y producción de petróleo y gas para satisfacer la demanda prevista, pero subsisten muchas incertidumbres sobre si esa inversión llegará o no a tiempo. La complejidad y la fuerte inversión de capital que requiere [aquí enumeran las dificultades en la extracción del petróleo no convencional] y –por encima de todo [claro…]– los desafíos políticos y de seguridad en Irak podrían contribuir a una escasez de inversiones, inferiores al nivel requerido.”

“La demanda de gas natural aumentará más de la mitad, lo que constituye el ritmo decrecimiento más rápido entre los combustibles fósiles.”

“Aunque el carbón es abundante y su suministro seguro [interesante aclaración... ¿con quién lo estarán comparando?], su uso futuro estará limitado por las medidas para luchar contra la contaminación y reducir las emisiones de CO2”.

Seguidamente enumeran una serie de soluciones o políticas paliativas para este escenario central, que consisten en una combinación de crecimiento económico con grandes mejoras de eficiencia, transiciones a tecnologías alternativas y energías renovables muy rápidas, y un repunte de la nuclear, con un gran papel para la desmaterialización de la economía.

Llegados a este punto, la perplejidad es grande, pues tanto los números (+1%/año, proporciones, emisiones en 2040), como el contexto socioeconómico futuro considerado coincide a grandes líneas con nuestro modelado del escenario Global Sustainable Development (Escenario 2), integrante habitual del set empleado por los Estudios de Asesoramiento Ambiental.

Copiamos a continuación las gráficas relativas a este escenario del artículo:

 

Como se ve en las gráficas, a 2050, el sector eléctrico parecería el menos problemático con un impulso muy fuerte (pero no irrealista) de las renovables. El gran cuello de botella se encuentra en el Transporte, y el sector Industrial (no mostrado) también tendría dificultades importantes (sector petroquímico, etc.).

A pesar de estas similitudes en la estimación de la oferta energética futura, los diagnósticos divergen. Mientras que nosotros identificábamos una dinámica de escasez energética sistémica con grandes riesgos para la continuidad del actual sistema socioeconómico global, la AIE afronta esta situación expresando la convicción en “un cambio estructural de la economía mundial hacia los servicios y los sectores industriales más ligeros”. Desde luego habrá que esperar a conocer el contenido del informe completo, pero esperar que una parte significativa de la población mundial cuyo objetivo todavía es alcanzar niveles de desarrollo como los de Europa o USA, pasen sin solución de continuidad a una economía “madura”, parece una propuesta muy osada… Más aún cuando la transición a este tipo de economías más basadas en servicios necesita de grandes importaciones netas de energía y materiales de otras regiones del mundo (huellas ambientales). ¿Cómo puede ser esto extrapolable a todo el mundo?

Como razonábamos en el artículo, nuestros resultados son además optimistas puesto que ignoran una serie de cuestiones (la TRE que permitiría operar en términos de energía neta, retroalimentaciones dinámicas, etc.).

En todo caso, es asombroso estudiar la evolución de los diferentes informes de la IEA desde hace una década hasta hoy en día, aquellas épocas en que prácticamente no se cuestionaba la disponibilidad de oferta energética fósil barata para las próximas décadas y a las renovables apenas se les daba futuro (ver por ejemplo el WEO de 2005).

Iñigo Capellán Pérez


Esta semana hablamos de transporte

Esta semana estamos de curso de nuevo. Este año tratamos el tema del transporte y estamos contando con fantásticos ponentes. Los audios y diapositivas  de las cuatro primeras charlas ya se pueden descargar en nuestra página.

El lunes Óscar Carpintero nos hablaba de economía ecológica y crisis económica. Explicaba  hasta qué punto las escuelas convencionales de economía ignoran el papel de los recursos naturales y la energía en el proceso económico y de que, por el contrario, la economía ecológica ve en la falta de equilibrio entre nuestro consumo de recursos y los ritmos del planeta la causa de las crisis económicas y también de la actual.

Después Iñigo Capellán-Pérez explicaba en su ponencia el modelo WoLiM con el que ha realizado un estudio global de los recursos energéticos. Las conclusiones del estudio muestran que los escenarios de crecimiento económico que manejan agencias como las Naciones Unidas son incompatibles con los límites de recursos que se hayan en la literatura científica. Antes del fin de esta década la escasez de energía se va a hacer notar, especialmente para el sector más frágil y más dependiente del petróleo: el transporte.

Ayer martes Paco Segura nos dejaba en vilo durante casi dos horas con una demoledora charla sobre las infraestructuras de transporte en España. A pesar de que es menos conocida que la burbuja inmobiliaria, este país está sufriendo una enorme burbuja de construcción de infraestructuras, con toda su corrupción e insensatez asociada.  A pesar de ellos muchos ciudadanos todavía no saben que ya somos el país con más autopistas y kilómetros de ferrocarril de alta velocidad de Europa ( a la vez que con mayores niveles de desempleo) y que muchos países europeos han llegado a la conclusión de que invertir en nuevas infraestructuras de transporte no es rentable ni necesario.

Después Pedro Linares nos mostraba los estudios que han realizado en la Cátedra BP de Energías Renovables sobre el transporte en España desde el punto de vista de la energía, de las emisiones de CO2  y desde el punto de vista económico. Todos sus análisis muestran que el transporte es el sector que más impacto tiene y aquel en el que sería necesario tomar medidas más importantes. Sin embargo el transporte es un sector difícil, con muchos actores y usos muy diferentes y muchas veces ni las subvenciones ni los impuestos son las medidas más eficaces para enfrentarse con sus problemas.

Todavía nos quedan dos días. Hoy con Manel Gari que hablará de transporte público y Empleo y Alfonso Sanz con las cuentas ecológicas del transporte y mañana Pilar Vega hablando de ordenación del territorio y una mesa redonda para concluir. Iremos colgando en nuestra página todos los documentos: diapositivas, audios de las charlas, documentos que proporcionan los ponentes, y también el breve unas entrevistas en vídeo realizadas a los ponentes.  Esperamos que os gusten y agradecemos la difusión.

 

Marga Mediavilla

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La biodiversidad, el tema más fundamental

Así titulaba J. Lovejoy una conferencia ante la Academia australiana de Ciencias en 1994. Dos décadas después, a pesar de la encrucijada climática y la energética, probablemente siga siendo el tema más importante y fundamental que enfrenta la Humanidad (y frecuentemente algo desapercibido por parte de los movimientos en transición actuales, centrados en el cambio climático y el pico del petróleo). Para entender porqué digo esto nos vamos a situar en dos puntos de vista muy diferentes.

Primero el punto de vista humano.

Los ecosistemas nos prestan gratis una serie de servicios de los cuales no podemos prescindir y no tenemos tecnología, ni de lejos, para sustituir:

  • Nos proveen de materiales como agua potable, madera y leña, comida, medicinas…
  • Son hermosos (base del turismo rural y ecológico y fuente importantísima de espiritualidad humana)
  • Eliminan contaminantes tanto del aire como del suelo y las aguas
  • Controlan inundaciones y sequías
  • Protegen de extremos climáticos, regulan el clima
  • Crean y regeneran los suelos
  • Reciclan los materiales que la propia vida utiliza (carbono, nitrógeno, fósforo…), en conjunto (la biosfera entera o Gaia) a tasas que superan el 99%.

En definitiva:

Regulan y controlan el clima, la composición de la atmósfera y los suelos, la salinidad de los océanos, etc., de la Tierra; haciéndola apta para la vida humana (teoría Gaia)

Para que los ecosistemas funcionen correctamente y a todo rendimiento, necesitan una elevada biodiversidad. Además, cuanta mayor es la biodiversidad, en general mejores y más cantidad de esas funciones imprescindibles realizan.

Si se pierde biodiversidad, vamos perdiendo esas funciones, al principio poco a poco, y luego cada vez más rápidamente hasta que incluso el ecosistema mismo colapsa y prácticamente desaparece.

Es decir, sin biodiversidad elevada, no puede existir el ser humano.

 

¿Qué está pasando con la biodiversidad?

Las personas estamos eliminando poblaciones animales y vegetales y extinguiendo especies quizás desde que inventamos el fuego, pero de una forma acelerada. Hasta el siglo XX las principales causas por las que extinguíamos especies han sido: la destrucción del hábitat, de los ecosistemas naturales, la introducción de especies exóticas, especies que no son propias del ecosistema al que las llevamos, y la excesiva caza y recolección. En nuestro presente siglo los expertos dicen que se está añadiendo otra causa más: El Cambio Climático (y los expertos en biodiversidad toman como referente al IPCC, que es conservador)

Lo que debería asustarnos es que el ritmo de extinción de especies que estamos provocando se está acelerando:

Los rectángulos representan la velocidad de extinción de especies teniendo en cuenta el grado de incertidumbre que tenemos en los cálculos. En el ritmo natural, hablamos de menos del 0,01% las especies que se extinguen en un siglo, a la vez, tienden a surgir por evolución un porcentaje ligeramente mayor (la biodiversidad tiende a aumentar en la Tierra). El ser humano ha aumentado el ritmo de extinción hasta el siglo XX a aproximadamente un 5% cada 100 años. Pero durante el siglo XXI este ritmo puede llegar a ser hasta del 200% por siglo. En pocas décadas si pudiéramos sostener ese ritmo, acabaríamos con TODO.

En el gráfico vemos cómo en los últimos siglos el ritmo de extinción natural de las especies lo hemos multiplicado por 1.000, es decir, de cada mil especies extinguidas, una lo ha hecho por causas naturales, 999 lo han hecho por nuestra culpa. Esto ha supuesto hasta ahora que se hayan perdido entre un 2 y un 15% de todas las especies que antes de la aparición del Homo sapiens existían.

Pero los expertos nos dicen que el proceso de aceleración se incrementa. Ahora además de que tenemos el Caos Climático, el ritmo va a empezar a multiplicar la tasa natural de extinción por 10.000, quizás por más de 100.000 veces la natural. Si esto es así, entonces durante las próximas décadas llevaríamos tal velocidad que terminaríamos extinguiendo en un siglo o dos ¡todas las especies!

Obviamente esto es imposible, antes de que eso ocurriera, los efectos acumulados sobre los ecosistemas harían desaparecer la causa que provoca el desastre: nosotros, o mejor, nuestra Civilización y una buena parte de su población.

Estamos hablando pues de un gran efecto que no es tan inmediato como el pico del petróleo o el caos climático, pero sí de proporciones gigantescas que desde ya a unas pocas décadas se tendría que notar, haciendo que la Transición sea, de nuevo, dura y, de nuevo, haciendo el Colapso de esta Civilización inevitable (y necesario, por cierto).

Todo se realimenta.

 

Un segundo punto de vista.

Pongámonos en una escala temporal y espacial más amplia, seamos menos antropocéntricos mirando algo más lejos que nuestro propio ombligo.

En los últimos 500 millones de años ha habido 5 grandes extinciones masivas. Ahora estamos en la 6ª Gran extinción, y aquí no hay controversia científica (aún), la causa de esta extinción en curso es humana.

Para la vida sobre la Tierra estamos resultando tan dañinos como el meteorito que extinguió a los dinosaurios y con ellos a más de la mitad de las especies.

Démonos cuenta de lo que esto supone: nos hemos arrogado el derecho, principalmente la última decena de (de)generaciones humanas, pero especialmente la última, la nuestra, de arrasar la red de vida de tal forma que distorsionaremos la evolución (en el único planeta conocido con vida) durante al menos doscientas mil generaciones humanas (la “humanidad” entera han sido menos de diez mil). Es decir, no sólo hemos eliminado el derecho a la existencia a muchas especies, hemos eliminado el derecho a disfrutar de un mundo rico en vida, en especies y en sus funciones plenas ¡a las próximas 200.000 generaciones humanas y a las próximas dos millones de generaciones de águilas!

Yo me pregunto: ¿qué nos hemos creído que somos? ¿El centro de la Historia de la Tierra? ¿El centro de toda la Historia de la Humanidad?

No sé cómo pensarán nuestros tataranietos, pero si son capaces de emocionarse dentro de un bosque de robles, si son capaces de sentir la belleza de un ave rapaz en vuelo, si se siguen conectando de alguna manera con la belleza de la naturaleza, entonces, sin duda, nos maldecirán.

Hubo, hace tan solo 10 generaciones, árboles que midieron 140 metros de altura, si nuestra cultura no es capaz de admirar, de sentir reverencia y amor por un ser vivo así y seguimos viéndolos como madera, estaremos sencilla y merecidamente perdidos.

 

Carlos de Castro Carranza


Encrucijada climática

¿Por qué es relevante YA el problema del caos climático?

 

A pesar del pico del petróleo en esta década, a pesar del pico de energías fósiles (y de todas las energías en conjunto) la década que viene o esta misma y a pesar de cualquier escenario de rápido colapso (por ejemplo la crisis energética conduce a una crisis económica en una espiral de realimentación descendente), el caos climático ya está presente y lo va a estar durante la transición-colapso (que durará muchas décadas salvo guerra masiva atómica o similar, cuestión que tampoco debemos descartar en una transición que no será siempre amigable) y será uno de los factores fundamentales que provocarán también el colapso de la civilización.

Desde los que investigamos el pico del petróleo o la crisis energética a veces tendemos a minimizar el problema del clima por dos razones fundamentalmente:

1ª Los informes del IPCC y de la mayoría de los científicos que trabajan el problema del clima tienden a ignorar/minimizar el pico del petróleo y sus consecuencias sobre los escenarios de emisiones (los escenarios de emisiones más elevados son irrealistas aunque nos estemos conduciendo todo lo que va de siglo por la parte alta de los escenarios más altos). ¿Hieren nuestro orgullo al ignorarnos?

2ª Aunque ya estamos observando problemas climáticos, de nuevo los informes nos proyectan escenarios críticos o muy peligrosos “solo” a partir del 2050 e incluso del 2080 cuando las consecuencias más graves del colapso ya habrán ocurrido.

En realidad convendría que no perdiéramos nuestra capacidad crítica, que demostramos al analizar los informes de la Agencia Internacional de la Energía, pero que frecuentemente es menos acerada para los informes del IPCC. El IPCC es de hecho muy, muy optimista (tecno-optimista).

¿Qué esperábamos? Además, bastante tienen con lidiar con los “creacionistas”, digo, negacionistas.

Al igual que los escenarios del IPCC exageran en cuanto a nuestra capacidad de emitir gases de efecto invernadero de origen fósil, son optimistas en cuanto a nuestra capacidad de evitarlos, son optimistas en cuanto a nuestras emisiones de otros gases no ligados a los combustibles fósiles y son optimistas, y esto es lo más importante, en cuanto a los efectos sobre el clima de esas emisiones. Es decir, vamos a terminar emitiendo menos que los escenarios más altos pero la inercia del sistema hacia el caos climático es mucho mayor que la que arrojan los modelos.

Pondré solo un par de ejemplos significativos, pero hay muchos más.

1º En la siguiente gráfica (tomada del último informe del IPCC) vemos las emisiones asociadas al cambio de uso de suelos (deforestación, desertización, cultivos, agrocombustibles…):

Vemos en ella que las emisiones debidas al cambio de uso de tierras llevan aumentando durante los últimos 150 años y de pronto, en todos los escenarios del IPCC desde el 2005 van a caer estrepitosamente hasta hacerse menores que en 1850 en menos de 40 años e incluso negativos en algunos casos (absorberemos CO2 de la atmósfera). Esto es de un optimismo injustificado incluso en un escenario de colapso.

¿Y si nos ponemos en un escenario de colapso como el reflejado en la gráfica?

Eentonces la inercia nos llevará primero a abandonar las ciudades y regresar al campo, a cultivar y sobrevivir donde está la riqueza real: la tierra. Y si el colapso es duro, usaremos la biomasa como combustible para casi todo; y entonces la deforestación que hoy se da sobre todo en zonas tropicales la veremos de nuevo en el resto del mundo, y seguiremos, hasta que baje la población, viendo como las emisiones por el cambio del uso de la tierra siguen aumentando y como la desertización y la pérdida de especies vivas siguen aumentando. O al menos, habrá que combatir también esas previsibles tendencias.

 

2º La siguiente gráfica (la parte azul) está tomada también del último informe del IPCC:

 

La gráfica de azul es la subida del nivel del mar de las dos últimas décadas provocada por el deshielo de Groenlandia (solo este deshielo). Ha provocado ya una subida de unos 8 milímetros y nuestra mentalidad lineal (y la del IPCC) tiende a pensar que la cosa puede ser seria en un futuro relativamente lejano. Sin embargo, cualquiera que contemple esta gráfica se preguntará si no está creciendo exponencialmente y continuará así unas décadas más (esa función tan característica de procesos realimentados positivamente). Pues hagamos un ajuste exponencial y llevémoslo al futuro: observaremos la gráfica que he elaborado encima de la azul. En el 2030 estaríamos hablando de una subida de 30 cm solo debido a Groenlandia. En plena crisis energética nos adelantaríamos en más de 50 años a lo que prevén los modelos del IPCC.

Lo que era un problema de nuestros nietos se convierte en algo a combatir ayer.

¿Va a ocurrir? Esto arrasaría con muchas costas y sería un desastre humano y ecológico. Los episodios vividos en el Cantábrico el invierno de 2013-2014 serían los años “buenos” en menos de 20 años. ¿Se imaginan las ciudades costeras en transición –esas que imaginamos llenas de bicis y vehículos eléctricos, con paneles solares en las casas, sin las grandes máquinas movidas con petróleo reconstruyendo playas, diques, tejados solares, etc, por no hablar de zonas agrícolas –deltas-, bosques etc.? Cuando pensemos en Transición pensemos en medio de un caos climático contribuyendo al Colapso civilizatorio. Aunque no tengamos pruebas de que vaya a ocurrir, la vista “exponencial” nos engañará menos que la “lineal”.

 

Son solo dos ejemplos de por qué el caos climático lo llamo así y no cambio climático (a Gaia le va a costar milenios activar muchas de sus realimentaciones negativas para volver a estabilizar el clima, solo que no sabemos en qué punto –atractor- quedará finalmente; algunas realimentaciones aparecerán pronto, por ejemplo, Groenlandia no tiene hielo nada más que para subir el nivel del mar 6 o 7 metros).

 

Todo se realimenta.

 

Carlos de Castro Carranza


Sale a la luz 15/15\15 la Revista para una Nueva Civilización

Ayer, 30 de octubre, justo 15 días después de que el proyecto de Verkami saliera a la luz, se llegó al 100% de la financiación necesaria para sacar adelante una nueva iniciativa editorial en la que participo: 15/15\15 Revista para una nueva civilización.

El número 0 ya se puede ver on-line y comienza con un sugerente ejercicio de futuro. Nos situamos en 2030 y vemos qué transformaciones ha sufrido nuestro mundo a la luz de la crisis energética y el choque contra los límites del planeta, intentando ofrecer imágenes esperanzadoras a pesar de todo.

“Se había calculado que en tan sólo 15 años a partir de aquel 2015, no quedaría más que el 15% de la energía con la que el petróleo había venido sosteniendo la Civilización del Crecimiento: de ahí el título elegido. Eran tiempos muy convulsos en lo político y en lo económico a nivel mundial —como nos recuerda en este número Pedro Prieto— y la inmensa mayoría de la población no veía o no quería ver lo que se avecinaba. Sin embargo, miles de personas habían firmado ya el manifiesto Última Llamada, que supuso uno de los hitos en el camino hacia la Gran Transición en este lugar de la Tierra. El clamor por un cambio decidido de rumbo ya no podía ser ignorado, aunque siguiese siendo minoritario. Aquella minoría de decenas de miles de voces reclamaba pasar a la acción de manera colectiva y organizada.”

Dos de los miembros de nuestro equipo, Carlos de Castro y Marga Mediavilla nos hemos involucrado en el consejo de redacción de este proyecto, que actualmente ya está en la red pero quiere conseguir también en breve una edición en papel.

Os dejo el link a las primeras aportaciones de Carlos de Castro La cuestión de las élites revisitada  y míaLa escuela pero recomiendo la lectura de todas, algunas son relatos realmente sugerentes. Que disfrutéis.

Marga Medivilla