Política de infraestructuras de transportes española: hipotecando a las generaciones futuras

En nuestra sociedad las grandes infraestructuras de transporte disfrutan de un enorme grado de aceptación. Sin embargo, esta valoración se basa en un buen número de tópicos y mitos que asignan a las infraestructuras un papel clave en el desarrollo económico, en la creación de empleo y en el reequilibrio territorial, algo que, a menudo, no tiene correspondencia con la realidad.

Por otro lado, el transporte es un sector muy propicio para los megaproyectos, que casi siempre se acometen con tanta cantidad de fondos públicos como escasa justificación y participación ciudadana, abriendo muchas posibilidades de comisiones y otras irregularidades.

Ambos factores mencionados, unidos a los réditos políticos y mediáticos que conlleva su construcción, han hecho que en el Estado español hayamos llegado a una situación de desmesura en la dotación de infraestructuras de transporte muy difícil de entender desde una óptica racional.

Con esta breve y lúcida presentación comienza el muy interesante Cuaderno “Infraestructuras de transporte y crisis – Mitos y realidades” editado por el área de Transporte de Ecologistas en Acción en 2011, cuyo contenido tuvimos la suerte de conocer en Valladolid de primera mano cuando Paco Segura participó en el curso de septiembre de 2014 dedicado al Transporte Sostenible.

Este interesante estudio documenta los gigantescos gastos dedicados a infraestructuras de transporte en las últimas décadas en nuestro país (autovías, AVEs, aeropuertos, etc.) y promovidos con gran entusiasmo tanto desde el Gobierno Central como desde los diferentes gobiernos regionales para remediar el (supuesto) “grave déficit histórico de infraestructuras de transporte” del país. La foto fija del año 2009 muestra como en ese año gastábamos entre 2 y 7 veces más que países de nuestro entorno como Alemania, EEUU, Reino Unido o Francia (todos ellos además con mayor población que España).

Fuente: Cuaderno “Infraestructuras de transporte y crisis – Mitos y realidades".

Sin embargo, la realidad del (supuesto) “déficit” es que:

  • España es el país europeo con más km de autovías y autopistas (más de 20% del total de la UE) y sólo 2 países del mundo nos superan en km totales: EEUU y China (que tienen entre 7 y 30 veces más población).
  • Somos el primer país europeo y el segundo del mundo en km totales de alta velocidad ferroviaria (pero eso sí con muy pocos viajeros, tan sólo el 20% con respecto a Francia, y el 7% respecto a Japón).

La distribución actual del gasto público en el Estado español sigue siendo notablemente diferente al de los países europeos más avanzados, como recientemente señala Juan Carlos Barba: en la cola de la protección social y en la cima de infraestructuras inútiles.

Alguien podría pensar que más infraestructuras de transporte al fin y al cabo repercuten en mayor calidad de vida a pesar de que éstas no se usen a pleno rendimiento. Y que ya les gustaría a otros países tener tantas opciones de comunicación. Pero en el caso de las infraestructuras de transporte se trata de un pensamiento tremendamente ingenuo debido a las enormes cantidades de dinero que requieren (principalmente público además). Así, la realidad es que, cuando una administración decide dedicar una parte del presupuesto a una infraestructura de transporte determinada, pierde la oportunidad de dedicarlo a otros asuntos: es lo que se conoce como coste de oportunidad de una inversión. Y es que las infraestructuras de transporte son extremadamente costosas: un kilómetro de AVE puede costar, por ejemplo, entre 20 y 30 millones de euros. Esto hace que el Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda (PITVI) actualmente en vigor 2012-2024 equivalga a unos 11.500 millones de euros al año de media (entorno a 1% del PIB del país anualmente, 140.000 millones de euros durante todo el periodo). Como referencia, el famoso “decretazo” de mayo de 2010 permitió ahorrar mediante recorte social “sólo” 15.000 millones de euros en 2 años).

De hecho, un estudio reciente de FEDEA sobre la rentabilidad financiera y social de la red AVE en España concluyó que aunque generalmente se cubren los costes variables (exceptuando el corredor Madrid-Norte, al que pertenece la línea Madrid-Segovia-Valladolid, lo que quiere decir que se requieren subsidios públicos permanentes para su funcionamiento), en ningún caso se cubre la inversión, lo que implica que estas inversiones no serán rentables ni para las empresas ni para la sociedad. Como regla general, se estima que una línea de alta velocidad de unos 500 km de longitud debe de ser capaz de mover a unos 10 millones de pasajeros al año para poder ser rentable a la sociedad. Las mayoría de líneas españolas operan por debajo de ese umbral, como se ve en la siguiente figura:

Fuente: Análisis Transdisciplinar Del Modelo Ferroviario de Alta Velocidad: El Proyecto de Nueva Red Ferroviaria Para El País Vasco.” Cuadernos de Trabajo HEGOA 71 .

¿Cúal es entonces la motivación para esta política tan irracional en la promoción de infraestructuras de transportes en España? Se pueden enumerar al menos 3 razones principales:

Entre las razones esgrimidas más recientemente para justificar la realización de estos proyectos se encuentran sus (supuestos) beneficios ambientales en términos de reducción de emisiones y ahorro de energía. Este fue precisamente el objetivo de una investigación recientemente publicada sobre el proyecto en construcción de la Y vasca (la conexión mediante AVE de las 3 capitales vascas con Madrid), dado que los informes existentes hasta la fecha se basan en estudios que obvian los impactos asociados a la construcción y se centran sólo en los potenciales beneficios obtenidos durante la fase de operación. De hecho, los presupuestos de 2016 del Departamento de Medio Ambiente y Política Territorial del Gobierno Vasco destinan la mayor partida presupuestaria (superior al 50%) al tren de alta velocidad. Sin embargo, los datos ofrecidos públicamente sobre la supuesta reducción del consumo de energía y emisiones derivadas de la puesta en marcha de la Y vasca son contradictorios. Una búsqueda en google del texto “El tren de alta velocidad evitará una emisión a la atmósfera de 425 toneladas diarias de CO2” proporciona casi 300 entradas, cifra que ha sido mencionada repetidas veces por representantes del Gobierno Vasco. Este dato se contradice, sin embargo, con los informes que ha manejado el propio Gobierno Vasco.

Los resultados de nuestro estudio muestran cómo ni siquiera la consideración de tráfico mixto de pasajeros y mercancías (posibilidad abiertamente cuestionada por numerosos expertos) y teniendo en cuenta las estimaciones demanda más optimistas, se obtienen reducciones de emisiones ni del consumo de energía que sean capaces de compensar el déficit de partida asociado a las cargas de construcción de la infraestructura. Independientemente del volumen final de demanda de pasajeros y mercancías y el horizonte temporal considerado, el análisis dinámico muestra que la Y vasca nunca lograría compensar las emisiones de GEI y requeriría más de 55 años de funcionamiento (de un total de 60) bajo las condiciones más optimistas para compensar los requerimientos energéticos de su construcción.

Fuente: Análisis Transdisciplinar Del Modelo Ferroviario de Alta Velocidad: El Proyecto de Nueva Red Ferroviaria Para El País Vasco.” Cuadernos de Trabajo HEGOA 71 .

En consecuencia, la reducción de emisiones de GEI y ahorro de energía no puede ser un argumento a favor de la construcción y puesta en marcha de la Y vasca. Este estudio demuestra por lo tanto que los supuestos beneficios ambientales de la alta velocidad están lejos de ser un argumento automáticamente favorable para la construcción de estas infraestructuras de transporte. El referido estudio forma parte de una serie de análisis titulada “Análisis Transdisciplinar Del Modelo Ferroviario de Alta Velocidad: El Proyecto de Nueva Red Ferroviaria Para El País Vasco” en el que también se han analizado aspectos como el contexto de las políticas de transporte de la UE, la rentabilidad económica de la Y vasca (que sale igualmente negativo, como para el resto de corredores españoles) y la vertiente política del problema.

Así pues, cada proyecto de infraestructura de transporte debería de ser analizado cuidadosamente antes de incurrir en irresponsables inversiones multimillonarias (10.000 millones de euros estimados en el caso de la Y vasca) en proyectos no-sostenibles que hipotequen a las generaciones futuras.

 Iñigo Capellán Pérez

David Hoyos Ramos

Referencias

Antigüedad, Iñaki, Roberto Bermejo, David Hoyos, Germà Bel, Gorka Bueno, Iñigo Capellán-Pérez, Izaro Gorostidi, Iñaki Bárcena, and Josu Larrinaga. “Análisis Transdisciplinar Del Modelo Ferroviario  de Alta Velocidad: El Proyecto de Nueva Red  Ferroviaria Para El País Vasco.” Cuadernos de Trabajo HEGOA 71 (2016): 54.

Bueno, Gorka, David Hoyos, and Iñigo Capellán-Pérez. “Evaluating the Environmental Performance of the High Speed Rail Project in the Basque Country, Spain.” Research in Transportation Economics. Accessed March 2, 2017. doi:10.1016/j.retrec.2017.02.004.


Central nuclear de Garoña y minería de uranio en Retortillo: dos caras de la misma moneda

Castilla y León tiene el dudoso doble honor de albergar la central nuclear de Garoña (en el noreste de Burgos) y de haber atraído la atención para el establecimiento de la mina de uranio más grande de Europa en Retortillo -2.500 hectáreas incluida planta de tratamiento- (suroeste de Salamanca). Esto no es sorprendente dado el carácter periférico de la economía de Castilla y León respecto del resto del país, cuya vocación es ser territorio de extracción de recursos y vertido de residuos respecto de los territorios centrales (ver aquí síntesis del reciente trabajo “El metabolismo económico regional español”).

CARPINTERO, Óscar (dir.), El metabolismo económico regional español, Madrid: FUHEM Ecosocial, 2015, 1127 p.

Aunque la central nuclear de Garoña se puso en funcionamiento en 1970 y la mina aún está (en teoría, pues la tala de arbolado ya ha comenzado) en trámites, existen numerosos paralelismos e interrelaciones entre ellas. En este post nos concentramos en 6 espectos:

  1. Empecemos por la más obvia: las centrales nucleares necesitan uranio para generar electricidad (a partir de 1 tonelada de uranio se suelen obtener unos 37 GWh de electricidad). Actualmente en España (a pesar de que el Ministerio clasifique a la energía nuclear como doméstica…), no existe ninguna mina en funcionamiento por lo que todo el uranio es importado de países como Rusia, Australia, Níger o Kazakistán.
  2. Elevado impacto medioambiental: En primer lugar, el proyecto de mina en Retortillo ocupará unas 2.500 hectáreas y se asienta sobre una zona protegida incluida en la Red Natura 2000. Tanto la mina a cielo abierto para extracción de uranio como la posterior gestión de residuos radioactivos durante miles de años presentan ineludibles problemas de contaminación para las generaciones futuras (sin contar potenciales accidentes en la central). Resumiendo la explicación de Antonio Turiel en su blog: las actividades extractivas del uranio natural tienen un gran impacto ambiental. La mayoría de los depósitos minerales de uranio en el mundo tienen una concentración muy baja. Esto implica que para extraer el uranio en la mayoría de los lugares se tiene que hacer por lixivación (leaching en inglés), técnica que consiste en hacer filtrar ácido a través de la roca para que vaya extrayendo los óxidos que se encuentra a su paso, en particular el óxido de uranio. Hay dos maneras de aplicar la lixivación al uranio: o bien se extrae la roca, se hace una pila y se aplica el ácido (lixivación de pila), o bien se filtra el ácido sobre el terreno y se recoge el fluido resultante con una tubería en la parte inferior (lixivación in situ). La lixivación de pila sólo se admite en países con una regulación ambiental laxa, ya que implica crear grandes balsas de residuos de desecho (semejante a la tristemente famosa de Boliden en España). Estas balsas son muy contaminantes por la presencia de metales pesados y su carácter muy ácido, y contienen trazas de radiactividad del uranio no extraído. Por otro lado, estas balsas son raramente tratadas, ya que requerirían mucho dinero y en suma mucha energía, y la actividad dejaría de tener sentido; normalmente se las deja secar al sol durante años y se van cubriendo con lodos para evitar que el polvo con metales pesados sea arrastrado por el viento. En cuanto a la lixivación in situ sólo se puede hacer si el sustrato es poroso y implica además un riesgo de filtración al acuífero. Se ha de decir que debido al agotamiento de las minas más ricas, la mayoría de la minería de metales hoy en día sigue estas técnicas, con lo que los riesgos de la minería del uranio no son particulares de ella. La influencia de las balsas tóxicas es muy nociva en el medio ambiente y las personas de las inmediaciones (no sólo los trabajadores; se ven afectados unos pocos kilómetros de distancia alrededor de la instalación), por el arrastre de metales pesados por el viento. Las balsas abandonadas a su suerte (como es la práctica habitual) contaminan lentamente su entorno, y a veces episodios de fuertes lluvias o la erosión crean eventos catastróficos.
  3. La energía nuclear no proporciona mayor empleo que las energías renovables. La empresa australiana informa en su web que prevé que la explotación de la mina en Retortillo permitirá crear unos 450 empleos directos (y otros 2000 indirectos), aunque en prensa de momento se mencionan 200 directos. Eso sí, sin contar con los empleos que va a destruir. Por otro lado, la industria nuclear española en su conjunto incluye unos 27.500 trabajadores directos e indirectos (según la propia web del Foro Nuclear). En cuanto a las renovables, este sector empleó a unas 76.300 personas en ese mismo año según datos de IRENA. Teniendo en cuenta que la energía nuclear cubrió en 2014 el 5.4% de la energía final del país, y las renovables entorno al 17% según datos del Ministerio, esto se traduce en un similar ratio de empleos en relación a la contribución de energía final. No obstante, este cálculo preliminar se podría afinar más teniendo en cuenta importaciones y exportaciones (por ejemplo Foro Nuclear informa que la industria nuclear española exporta el 80% de su producción, pero la industria renovable también exporta una parte significativa de su producción debido a la moratoria existente en España para la instalación de nuevas plantas renovables eléctricas). En el caso de un futuro hipotético de transición a tecnologías renovables en España, el empleo asociado se incrementaría enormemente. Sirva como cifra indicativa que en 2008 se alcanzó el máximo de empleos asociados a las energías renovables, siendo entorno al doble que el número de 2014. En la tabla de abajo se pueden ver el ratio de empleo por tecnología recopilados de la literatura para el report Energy [R]evolution 2015 de Greenpeace:

    Energy Revolution 2015, Greenpeace

  4. Tanto la central como el proyecto de mina son proyectos de grandes empresas multinacionales con capacidad de injerencia en asuntos públicos (Endesa e Iberdrola la primera, y la australiana Berkeley la segunda). La capacidad de presión y convicción a Gobiernos de todos los niveles en España de las multinacionales eléctricas, que son parte fundamental del oligopolio eléctrico, está altamente demostrada. Esto se ha puesto de manifiesto, entre otros escándalos, con el culebrón de Garoña, durante el que éstas están presionando para conseguir modificar la legislación siguiendo únicamente sus intereses privados, que no son tanto el mantenimiento en funcionamiento de la vieja central amortizada, sino conseguir alargar el tiempo de funcionamiento de todo el parque nuclear existente hasta los 60 años. Pues es de sobra conocido que la puesta en funcionamiento de nuevas centrales por iniciativa privada es prácticamente imposible por su no-rentabilidad económica. La multinacional australiana, está también cayendo en similares vicios y lleva varios años presionando –sin importar saltarse la legalidad como muestra el vídeo abajo- para la instalación de la mina. Incluido acoso a integrantes de la plataforma opuesta a la mina, Stop Uranio. Estos comportamientos son difícilmente evitables en un sistema de generación centralizada en el que las puertas giratorias están bien engrasadas.
  5. Innecesarias: el parque de generación eléctrico español está actualmente MUY sobredimensionado, superando en mucho los ratios de nuestros países vecinos. Entre las causas principales destaca la alegría con la que el oligopolio eléctrico construyó centrales de gas de ciclo combinado en los últimos 15 años (en el año 2000 no había ni un MW y hoy es la tecnología con más capacidad instalada en el país), así como la percepción de que el consumo de electricidad seguiría incrementándose al ritmo de las décadas pasadas (lo que la crisis truncó de lleno: actualmente consumimos en torno a un 10% menos de electricidad que antes de la crisis). De hecho, estas centrales han sido desplazadas del mercado por las renovables, y funcionan actualmente muy pocas horas –en los picos-, lo que las hace dificilmente rentables. Éste ha sido de hecho una motivación fundamental –aunque no explícita- del oligopolio eléctrico para paralizar el desarrollo de las renovables en España. La multinacional australiana defiende que la mina podría abastecer la demanda nacional de uranio (lo que por otra parte parece dudoso) durante 11 años. Sin embargo, igualmente se podría argumentar que se podrían cerrar las centrales nucleares españolas para no depender del uranio, ni producido domésticamente, ni importado del exterior.
  6. Acabamos también con otra muy obvia: se trata de actividades no sostenibles y por lo tanto retrasan la auténtica y necesaria transición a fuentes energéticas renovables. Como cualquier mineral, el uranio es finito y la empresa estima que la mina funcionará apenas 1 década. De hecho no se trata de un fenómeno local ni mucho menos, sino que al igual que ocurre con el petróleo (el conocido como “peak oil” o “pico del petróleo”), el uranio a nivel global también se acerca paulatinamente a su pico de extracción. Éste es es un motivo fundamental de que actividades tan contaminantes y dañinas que hasta hace poco se han preferido llevar a cabo en regiones explotadas como África o ampliamente deshabitadas como algunas regiones de Australia, sea necesario también realizarlas en nuestro país a medida que el recurso se agota en esas zonas o alcanzan una inestabilidad geopolítica demasiado elevada (recordad la reciente intervención militar francesa en Mali para, entre otras cosas, asegurarse el suministro de uranio). aunque es también justo recordar que el aprovechamiento de las energías renovables requiere de infraestructura construida con materiales no renovables, siendo algunos de ellos no extraídos tampoco en España.

EWG. “Fossil and Nuclear Fuels – the Supply Outlook.” Energy Watch Group, March 2013.

Recapitulando, la energía nuclear y la minería de uranio asociada implican altos niveles de impacto medioambiental, gran injerencia de las grandes empresas privadas en la regulación energética, no proporcionan mayor empleo que las energías renovables, son innecesarias en el actual contexto de sobrecapacidad y no son sostenibles, bloqueando de facto la transición hacia fuentes renovables y distribuidas. Se podrían dar más razones, como por ejemplo su relación con la industria armamentística, pero parece claro que existen grandes motivos para oponerse tanto a la energía nuclear como a la minería de uranio en nuestro territorio. No tan sólo en “nuestro patio trasero”, sino en todo el mundo. Pero hay que empezar por nuestro patio trasero.

Iñigo Capellán Pérez

Más información:

 


Una crítica al informe del Hill’s group sobre el pico del petróleo

“¿Por qué no lo llamas entropía? (…) Nadie sabe realmente lo que es la entropía, así que ante cualquier debate estarás siempre en una posición ventajosa”. John von Neumann

 

Este informe ha venido circulando por páginas web y blogs que se preocupan por el problema que llamamos “pico del petróleo”.

Para los que partimos de la base de que éste fenómeno es tan incontrovertible como el cambio climático, informes como éste hacen un flaco favor a los que trabajamos seriamente sobre estos asuntos y por ello debe ser denunciado con contundencia, en especial porque ha tenido una cierta propagación, seguramente confirmando la intuición de hace más de medio siglo de John von Neumann.

Las bases físicas, lógicas, tecnológicas y económicas son erróneas, así que no me entretendré demasiado y solo señalaré algunos fallos que considero flagrantes.

El informe trata de calcular la energía total invertida para dar petróleo a los consumidores, a esta energía la llama Etp. Su conclusión es que en un horizonte muy cercano el petróleo dejará de ser una fuente neta de energía (costará más energía llevarlo al consumidor que la que le va a proporcionar a este). Es decir, en otros términos , la TRE (Tasa de Retorno Energético) será menor que 1.

El método que emplean es a partir de un supuesto cálculo termodinámico basado en la variación de entropía y la exergía perdida en ese proceso. Aclaremos que la sociedad no consume petróleo directamente para producir energía, sino gasolinas, diésel etc. Así pues ese cálculo tendría que tener en cuenta la energía gastada desde la exploración de pozos, la extracción del petróleo, su transporte y refino y las infraestructuras de la industria del petróleo. Las fuentes energéticas para ese proceso obviamente no tienen por qué ser combustibles líquidos provenientes del petróleo. Si hablamos de energía neta o de TRE, entonces habría que tener en cuenta la energía contenida en el vector energético que realmente utilizamos (e.g. la gasolina). Esta TRE es la que hemos llamado TRE estándar (o más precisamente TRE en el punto de uso). Para el caso de la gasolina o diésel y a escala global anda por 5-10 (ver mis post sobre el tema). Sin embargo, para que llegue la gasolina al consumidor final, se requiere de un sistema industrial y minero que también consume energía: el gasto energético en las minas para extraer el hierro y en las acerías para convertirlo en el acero con el que se hacen las plataformas petrolíferas es un ejemplo de que la cadena es aún mayor. Esta TRE es más difícil de calcular, la llamaríamos TRE extendida y  para el mundo y el sistema energético en su conjunto la he estimado en 4-5.

Pues bien, el informe del Hill’s group, en realidad solo calcula (y mal además, véase un análisis detallado en el blog de Antonio Turiel) la pérdida térmica del petróleo mientras sale del pozo. Esta pérdida energética es debida a que el petróleo puede estar a 400ºC dentro del pozo y cuando lo sacamos del mismo se enfría a la temperatura ambiente de la superficie. Esta pérdida energética nada tiene que ver con el gasto energético que hacemos los humanos para extraer en la boca del pozo el petróleo. Fijémonos que el petróleo puede salir por sus propios medios una vez que hemos hecho la perforación o puede necesitar ayuda si tenemos que inyectar agua, por ejemplo. Ni el gasto energético en la perforación ni el agua inyectada en su caso son energías relacionadas con lo que “calcula” el Hill’s group.

Y aunque fuera así, del petróleo no nos interesa su energía térmica (no aprovechamos que puede estar a 400ºC y podría ser pues una fuente de calor), sino que nos interesa su energía química interna (aunque tras el refino normalmente lo quemamos para obtener calor).

Este error garrafal invalida todo el informe desde el primer párrafo técnico.

En todo caso, el Hill’s group sólo estaría teniendo en cuenta el gasto energético en la boca del pozo, no hay ningún cálculo asociado a toda la cadena que hemos descrito y que está implícita en su pretensión al definir como hacen el Etp. Por tanto, si hubieran calculado bien solo habrían calculado una parte –pequeña de hecho- de todo el gasto total. Es decir, que la realidad sería muchísimo peor que la que ellos están dibujando. Como sus conclusiones son dramáticas (costes a la industria de 200$ el barril en 2020, 500$/barril en 2030, en 2012 la Etp es la mitad de la energía que contiene el petróleo y en 2030 la Etp es igual a la que contiene el petróleo, es decir, TRE extendidas de 2 y 1 respectivamente), parecería que antes del 2012 la gasolina ya no llegaba con energía neta al consumidor y por tanto, hace años el sector transporte debería haber entrado en un rápido y severo colapso. Hoy no deberíamos estar moviendo nada con gasolina o diésel.

El informe no pasaría ningún filtro si no fuera porque escondido bajo la terminología termodinámica (entropía, exergía) y escondido bajo una cadena de supuestos no hechos explícitos, provoca que se requiera un cierto tiempo –del que solemos carecer todos- y comprensión del lenguaje matemático físico para desmontar sus páginas iniciales. Quizás por eso, aunque también comete fallos en cuestiones tecnológicas y económicas, las críticas hasta ahora han sido medianamente tímidas y ha pasado sin una revisión básica.

Sin embargo, dado que efectivamente la situación de la industria del petróleo y energética está en momentos “críticos” y dado que efectivamente tenemos toda esa retahíla de problemas que nos conducen al colapso, este tipo de “estudios” pueden ser dados la vuelta y convertirse en armas para los negacionistas –en este caso de la crisis energética-. Es por ello que se carga sobre nuestras espaldas un trabajo que quizás no nos esperábamos tan pronto en este tema: desmontar los argumentos falaces de aquellos que terminan concluyendo no muy diferentemente a nosotros.

En todo caso, el ejercicio además de necesario, puede tener su utilidad, porque si lo hacemos, nos dará mayor credibilidad (nuestro filtro funciona a pesar de que no es tan fácil que lo haga cuando lo que se nos presenta confirma nuestras ideas/expectativas).

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza

 

Anexo:  Señalo aleatoriamente aquí algunos errores/incoherencias:

1º From Graph 1 and eq 6 we could estimate η The report estimate and use 0,2 constant but for 2030 I obtain 0,14.

 

2º EROEI=2 in 2012, but following Sankeys from EIA (real numbers) will be around 4 -5 even considering energy infrastructures (extended EROEI).

 

3º Eq 7 show Etp in BTU/lb/Gb but Ep is in BTU/Gb Different dimensions?

 

4º Eq 7 gives 3th column of Chart 1 that is << that the 4th column being used. Eq 7 refers only (and partially) to the Etp just in the oil extraction process; no Etp is calculated for exploration, extraction infrastructure, oil transport, oil refinery etc. This is supposed to be = 4th column but it is supposed from hypothesis 1, with no empirical support.

 

5º Etp is simulated supposing that the only source is oil but it is not true in the real World (for instance the report say: “The Etp function generated cannot exceed Eg, crude’s specific exergy”. That’s not necessarily true if Etp comes from natural gas or coal (if coal EROEI>10, then could have sense if we need liquids).

 

6º “Etp must also be an increasing function”. This could apply for the extraction process but it is not for the Etp of a refinery.

 

7º graph 5 show $/barrel as function of cumulative production. They exclude 1980-1985 for geopolitical reasons, but the same reasons could apply for 1973, 2001, 2008 etc. The price of oil is not only determined by geophysical reasons in any year from 1939 to present. The report use nominal $ that if inflation happens at a constant rate, it is expected that price growth in an exponential like curve (for mathematical reasons, neither physical nor economic reasons) therefore, the exponential nature of prices is artefactual with no physical base. If you use constant $ instead of nominal $ you do not see the same exponential growth but an erratic price, geopolitical dependent. Therefore the report is useless to predict oil price.

 

8º The red line in graph 6 goes over 100% of %reservoir extracted as possible; gross mistake

 

9º Trend line in graph 7 has no good correlation

 

10º From column 3 to column 4 in Chart 1 it is not clear how to go.

 

11º In graph 8 they suppose an horizontal asymptotic line for the Etp at the end of exploitation, a cero at the beginning (year 0) (which it is not correct from the point of view of reality and physics) and suppose a more or less logistic function in between. This could happen for Etp if it is excluded refineries and other Etp inputs. The logistic function imply (for mathematical necessities) that  EROEI=2 will be near peak oil, this has no real grounds because thermodynamics it is only one of the factors of real EROEI.

 

12º Graph 13: there is no physical sense to adjust with a SIN function, in fact, if Ep is not logistic, η will be not constant as supposed in the report. How could you explain that, from 1980 to 1995, the Ep decrease? This will mean that η decrease? I have calculated some η from their results and I find some values far from 0,2 used. Also, it seems that η is the machinery efficiency as the report writes, but it is obvious that this quantity evolve during s.XX. At present time combustion motors have >20% efficiencies. Even more, electricity and other secondary sources for the oil industry are produced with >20% efficiencies.

 

13ª Graph 16: nominal $/barrel <15$ have no sense in economic terms. From >15$ it seems more a slow declining line for EROEI. From >50$ it seems that EROEI is constant.

 

14º Report confuse several EROEIs; from the report the EROEI(extended?) will be 2 for the 2012 year, but in graph 16 is 10 (EROEIstandard?). If EROEIextended will be 2, then coal and gas must be sustaining oil industry many years before 2012, if so, Etp from this sources are the important ones, therefore they invalidate the implicit hypothesis that Etp is from oil.

 

15º The report confuse oil –that is not a direct source of energy for a consumer- with oil products like gasoline, etc. The report does not use real energy sources that it is the only source of coherent EROEI, etc. estimations.

 


“Corrupción y beneficios empresariales”

¿Por qué siempre que se analiza el fenómeno de la corrupción se pone el acento en el corrompido y muy poco en el que actúa como corruptor? Este asunto parece relevante, pues, a menudo nos encontramos con que importantes empresas a escala nacional e internacional tienen un papel clave en los procesos de corrupción y muy pocas veces aparecen como responsables. Al observar que precisamente esas empresas son a menudo las que aparecen como aquellas con mayores niveles de beneficios y de ventas, ¿cabría pensar que existe una relación entre ambas circunstancias? ¿Será verdad que son las empresas que incurren en prácticas corruptas las que, simultáneamente, presentan mejores resultados económicos? En este texto se avanzan algunos argumentos para tratar de responder a estas preguntas.

Artículo completo publicado en el número 135 de la revista “PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global” (2016) [pincha en la imagen para abrir el PDF]:

Charla “Los corruptores”, Oscar Carpintero, Valladolid (7-3-2017)

 


“Energía, desarrollo y transición hacia la sostenibilidad”

El modelo hegemónico de desarrollo requiere ingentes cantidades de consumo energético. La distribución desigual en el uso de la energía necesaria para satisfacer el consumo de un país acentúa las desigualdades. En el tránsito hacia la sostenibilidad es esencial concebir sistemas culturales alternativos que permitan la satisfacción de nuestras necesidades con menor consumo de recursos y energía.

Artículo completo publicado en el número 91 de la revista “El Ecologista” (Invierno 2016-2017) [pincha en la imagen para abrir el PDF]:

 

 


Comparación de una ganadería agroecológica con otra agroindustrial

Una de las conclusiones más obvias  nuestros estudios sobre la energía es el hecho de que debemos prestar especial atención a las actividades que más dependen de los combustibles líquidos, porque son las más frágiles ante el  pico del petróleo. Entre ellas destaca la agricultura, que no sólo es un sector económico muy importante, sino también la base del sustento humano. La agricultura actual se encuentra enmarcada en un modelo agroindustrial enormemente dependiente del uso masivo de derivados del petróleo que la convierte, también, en la principal causa de la degradación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

Por ello, cada vez son más las voces que afirman que es preciso cambiar este modelo agroindustrial, que impone la lógica de la fábrica a la naturaleza  a base de un enorme subsidio de energía fósil, por un modelo agroecológico, que se base en el respeto y la armonía con los ecosistemas. [1]. Por suerte, siempre hay personas que nadan contra corriente y  llevan años fuera de los cauces convencionales. Estas personas ahora nos pueden ofrecer sus experiencias, que resultan  de gran valor. Ese es el caso de la Cooperativa Crica, la única ganadería de producción de leche ecológica de Castilla y León y, en estos momentos (después del cierre de Lauki) la única empresa de producción de leche de vaca  en la provincia de Valladolid.

La Cooperativa Crica cuenta con una pequeña ganadería  y una pequeña fábrica de elaboración y destaca por la cantidad de empleo que es capaz de generar a partir de su escaso nivel de producción (7 empleos a tiempo completo en estos momentos). ¿Qué hace que  la Cooperativa Crica sobreviva en estos momentos en los que las ganaderías de leche de toda España están en números rojos y al borde de la bancarrota?

El secreto de Crica es, probablemente, el hecho de que ha implementado un modelo  completamente opuesto al modelo agroindustrial globalizado. En lugar de buscar gran producción, la Cooperativa Crica busca autosuficiencia que le permita ahorrar costes de insumos; en lugar de confiar en las cadenas de distribución y en las grandes elaboradoras, busca cerrar el ciclo y llegar directamente al consumidor sin depender  de intermediarios; en lugar de entrar en el juego de la economía global competiva busca sus propios consumidores locales y redes de solidaridad entre consumidores y productores.

Pero no es sólo la independencia respecto a la gran distribución lo que hace que  Crica sobreviva frente a la ruina general del sector lechero. La energía tiene mucho  que decir en este asunto.

 Hace unos años comenzamos a realizar un estudio energético-económico de la Cooperativa Crica en el que hemos participado diversas personas en diferentes proyectos (María del Carmen Bustillo Alonso,  Belén Martínez Madrid -UCM- Andrea Villanueva, Óscar Carpintero, Roberto Vega, Margarita Mediavilla -UVa). En él se compara la producción lechera de Crica con la de una ganadería agroindustrial de tamaño y localización similar analizando cuatro aspectos:

  1. Ocupación de tierra por litro de leche producida con ambos modelos.
  2. Energía fósil utilizada en la producción de un litro de leche con ambos modelos.
  3. Costes económicos por litro de leche producida en ambos modelos.
  4. Emisiones de gases de efecto invernadero (energéticas y no energéticas) por litro de leche producida en ambos modelos.

Los datos analizados muestran que Crica tiene un consumo energético casi tres veces menor que la ganadería agroindustrial por litro de leche producida, lo que  hace que en estos momentos, sea más sostenible incluso desde el punto de vista económico. Sin embargo, su ocupación de terreno dobla la del modelo agroindustrial, debido a que necesita recurrir a razas de animales más rústicas. La producción lechera actual en Castilla y León se basa en la utilización de alimentos cultivados en  otros países y/o de regadío (soja, maíz, remolacha). Basar la producción únicamente en tierras de secano locales implica productividades menores.

Esto muestra que ya existen  formas de producción ganadera que nos  permiten sortear las primeras décadas de la cuesta abajo del petróleo y que  en estos momentos empiezan a  ser rentables,  pero también muestra que volver a una producción local de baja energía implica dejar de utilizar las hectáreas globales que ahora mismo usamos y requiere una reducción del consumo de alimentos de origen animal.

Por otro aldo, las emisiones de gases de efecto invernadero por litro de leche  son similares en ambos modelos, pero, si se tiene en cuenta la absorción de carbono debida a las técnicas de regeneración de suelos usadas en la ganadería Crica, el modelo agroecológico tiene emisiones mucho menores e, incluso, puede convertirse en un sumidero neto de carbono.

El escaso número de ganaderías que utilizan estas técnicas y los aún más escasos estudios sobre ellas hacen que estos resultados deban ser tomados con cautela. Sin embargo, de confirmarse, cuestionarían  la afirmación de que la ganadería vacuna es una de las mayores responsables del cambio climático. Si bien el modelo agroindustrial hace cierta esta afirmación, en un manejo agroecológico el ganado puede ser un elemento beneficioso que permita la siembra directa sin laboreo ni herbicidas y convierta las praderas en sumideros de carbono.

Por ello, a la hora de hablar de qué tipo de dieta es sostenible deberíamos distinguir claramente cómo se ha realizado la producción de los alimentos. Si bien una dieta vegetariana/vegana, en principio, posee una menor huella ecológica, la introducción de cantidades moderadas de productos de ganadería agroecológica puede ayudar a la gestión de los ecosistemas y ser beneficiosa para el planeta.

Descargar el estudio completo

Marga Mediavilla


[1] Wake up before it’s too late. Make agriculture truly sustainable now for food security in a changing climate.United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD).

 


Crisis: oportunidad perdida

Dicen que toda crisis trae consigo una oportunidad, pero las oportunidades no llegan por sí mismas a ejercer sus posibles efectos beneficiosos de manera automática. Para que una crisis se convierta en oportunidad hemos de ser capaces de realizar una difícil alquimia que consiste en convertir el dolor en lucidez; esa lucidez que –anudada con el coraje- permite cambiar comportamientos, actitudes y valores erróneos.

No da la impresión de que en España estemos sabiendo convertir la crisis en oportunidad. A siete años del estallido de la burbuja inmobiliaria vuelven a verse grúas y andamios en nuestras calles. Seguimos teniendo millones de casas vacías y un país envejecido que no necesita nuevas viviendas, pero la industria de la construcción no ha cambiado sus aspiraciones ni su forma de hacer negocios. El capital español sigue aferrado a sus esquemas empresariales rígidos, sin adaptarse a la nueva realidad; más bien intentando que sean la sociedad y la política las que se sigan adaptando a su destructivo negocio.

Tampoco hemos aprovechado la oportunidad que los altos precios del crudo nos brindaron entre 2006 y 2014. El año pasado nuestro consumo de petróleo volvió a aumentar después de 9 años de descenso (en los que cayó un 25% respecto al máximo de 2008). Los altos precios del petróleo no nos han servido para darnos cuenta de lo dependientes que somos de un combustible cuyo suministro no tenemos, ni mucho menos, asegurado. En cuanto el precio de la gasolina ha bajado hemos vuelto a usar nuestro vehículo privado con los mismos patrones de antes. No hemos cambiado nuestros hábitos de transporte ni hemos intentado ambiciosos planes de movilidad en las ciudades; no nos hemos planteado instalar paneles solares ni mejorar el aislamiento de nuestras viviendas.

Las empresas de la construcción no han intentado, siquiera, algo tan obvio como reorientar su negocio hacia la rehabilitación de edificios para la mejora de la eficiencia energética, cosa que podría haber ayudado a mitigar dos de nuestros mayores problemas: la dependencia energética y la crisis del sector de la construcción.

Si no hemos sabido aprovechar, siquiera, esas sencillas oportunidades empresariales, no es extraño que apenas hayamos realizado un ejercicio de reflexión colectiva acerca de todo lo que nos ha llevado a la crisis, ni nos estemos preguntando qué es lo que ha cambiado en el mundo desde el año 2008.

La crisis de la deuda volverá, porque es evidente que se ha cerrado en falso. También el precio del petróleo subirá en unos pocos años, dado que las compañías petroleras están teniendo unas tasas de inversión en nuevos pozos muy escasas que, como advierte la Agencia Internacional de la Energía, son insuficientes para cubrir el declive de los yacimientos convencionales. La industria de los petróleos no convencionales (fracking) está en números rojos y, en los próximos años, tampoco vamos a poder contar con el balón de oxígeno que estos contaminantes recursos han aportado.

Cuando esto ocurra, España se volverá a encontrar con una economía hipotecada, tanto por la deuda como por los altos precios del petróleo. Volveremos a encontrar que la importación de crudo se lleva un 4% o un 5% del PIB, como hizo en años pasados, y no tendremos el transporte público, las viviendas eficientes ni los hábitos de consumo que nos permitirían, al menos, reducir la sangría económica que supone la importación de energía.

La reciente crisis energética no ha dado lugar a una reacción como la que se vivió en el shock petrolero de los años setenta. Los altos precios de la gasolina no han llenado nuestras ciudades de bicicletas, como se llenaron las holandesas y danesas en su día; no han servido para extender la alarma acerca de los límites del planeta, como hicieron los informes del Club de Roma; ni para disparar un movimiento anticonsumista como el hippie, que surgió en aquellos años en los que también se inventaron la permacultura, la bioconstrucción y las energías renovables. Ahora el hippismo de los setenta está desprestigiado y es ridiculizado; es, más bien, el fascismo de los años treinta lo que se vuelve a poner de moda.

No vivimos en los audaces setenta y nuestra generación no tiene el valor de preguntarse cuántas reservas de petróleo realmente quedan. Hemos convertido en tabú las cuestiones “escasez de energía” y “límites al crecimiento” aduciendo que son debates muy antiguos y pasados de moda y, efectivamente, son problemas muy antiguos y debates que se cerraron en falso: por ello vuelven de nuevo una y otra vez.

Nuestra reacción a la crisis ha consistido en esconder la cabeza debajo del ala y echar toda la culpa al político corrupto o al emigrante. En estos años hemos tomado conciencia sobre el bipartidismo, la “casta” empresarial o el neoliberalismo, pero se ha avanzado muy poco en la conciencia sobre la crisis energética y ecológica. Muy pocos queremos ver que Europa se está quedando sin energía desde el año 2000, cuando los yacimientos del Mar del Norte empezaron a declinar; que vivimos en un planeta amenazado por el cambio climático y por una salvaje destrucción de la biodiversidad; que los combustibles fósiles van a abandonarnos a lo largo de este siglo, y que todo ello, tarde o temprano, va a tener enormes consecuencias económicas.

Las causas ambientales y energéticas de la crisis siguen, todavía, sin ser analizadas y no deberíamos subestimarlas de esta manera. El paulatino descenso de la calidad de la energía, que ya estamos viviendo, no es la causa de todo eso que llamamos “crisis” pero agrava todos los problemas. La energía escasa acentúa los peores defectos del capitalismo, hace imposibles las tasas de ganancia y el crecimiento de antaño y vuelve más sangrantes las desigualdades sociales. Nuestra economía de consumo basa sus cimientos en una radical insostenibilidad ambiental y energética. Las y los españoles, a estas alturas, ya deberíamos saber bien a qué conduce ese tipo de radical y profunda insostenibilidad: a un enorme pinchazo de la burbuja.

Marga Mediavilla

(Tambien publicada en El Diario )


Trump: camino del escenario 3

La victoria de Donald Trump, al igual otras tantas cosas que están sucediendo en los últimos años (el auge de la ultraderecha en Europa, la caída del comercio asiático, el Brexit o la guerra en Siria y Yemen), nos muestra que vamos por el camino del Escenario 3. No podía ser de otra forma, ya que la energía siempre nos dijo que ese era el escenario más realista.

¿Qué es el Escenario 3? Los escenarios son una especie de narrativa que intenta atisbar el futuro. Son utilizados  por las Naciones Unidas y otras agencias internacionales para intentar predecir el futuro de la humanidad y agrupar sus reflexiones en torno a visiones coherentes. Nosotros llamamos Escenario 3 a una de estas visiones arquetípicas que barajan las agencias internacionales y que utilizamos en nuestro estudio donde las comparábamos  con los límites energéticos.

El Escenario 3 preveía un futuro de competición regional y vuelta a la soberanía nacional. Se describía diciendo que  las regiones se centrarían principalmente en la autosuficiencia y la identidad regional, aumentando las tensiones entre regiones y/o culturas. Los países pondrán sus esfuerzos en la seguridad, apoyando los mercados regionales (proteccionismo, desglobalización) y prestando poca atención a los bienes comunes, a acuerdos internacionales de protección del medio ambiento y a la cooperación para el desarrollo. Además, se pondrían pocos esfuerzos en la difusión de la tecnología, de forma que el progreso tecnológico avanzaría lentamente.  El Escenario 3 habla de desglobalización y es, en buena medida, el discurso conservador de Trump.

Otros de los escenarios que se barajaban hablaban de optimismo económico y alto crecimiento en una humanidad que se vuelca en conseguir mercados competitivos y un  libre comercio que, eventualmente, beneficiaría  a todos permitiendo corregir las desigualdades sociales y los problemas ambientales. Este es, por ejemplo, el  Escenario 1, el de la globalización. También está  el Escenario 2, el del capitalismo verde, una versión amigable del Escenario 1, que concede prioridad a la protección del medio ambiente y la reducción de las desigualdades, utilizando los avances tecnológicos, la desmaterialización y la economía de los servicios y la información.

Había un cuarto escenario en juego, el Escenario 4, que consiste en una visión un poco más amable del 3. En él se produce un importante cambio en los valores, la sociedad reacciona contra un consumismo sin sentido y contra la falta de respeto por la vida. Ciudadanos y países deciden asumir sus responsabilidades siendo un ejemplo “verde” para el resto. Aunque las barreras al comercio de mercancías se vuelven a construir, las barreras a la información tienden a ser eliminadas. El énfasis se pone en encontrar soluciones regionales para los problemas sociales y ambientales, normalmente combinando cambios drásticos en los estilos de vida con estilos descentralizados de gobernanza.  El Escenario 4 sería el ecologista, el de la autonomía local, el de la cooperación y el  open-source.

El problema es que los Escenarios 1 y 2 requieren mucha energía y es el Escenario 3, precisamente, el que necesita menos energía porque tiene menos comercio y menos crecimiento económico. De cerca le sigue el Escenario 4. Lo malo es  que el Escenario 3 es ciego a los problemas ambientales y conduce a la guerra por los recursos porque no se plantea un cambio de modelo hacia una sociedad austera, que proteja el planeta y basada en energía renovables. Sólo el Escenario 4 podría ser mínimamente sostenible, porque es el único que invierte en la energía del futuro y crece poco.

El triunfo de Trump, como otras tantas cosas, nos muestran que las opciones del bussiness as usual ya no son lo que solíamos llamar bussines as usual. Ya no podemos optar entre la globalización neoliberal o la globalización un poco más social del desarrollo sostenible. Ahora  las únicas opciones políticas posibles son  las del Escenario 3 (neoconservadores, ultraderecha,  PP) o las que podrían surgir de un Escenario 4 (anticonsumistas y ecosocialistas).

La izquierda tradicional tiene que despertar y dejar de perseguir futuros tipo “desarrollo sostenible  buscando una globalización un poco más amable o más verde. Sólo las opciones políticas muy conscientes del decrecimiento y los límites del planeta pueden ser un discurso sólido  frente a los neoconservadores. Es preciso en estos momentos desarrollar una alternativa política que esgrima los valores del anticonsumismo,  la defensa de la tierra, la vida y la cooperación, y, con ello, contrarreste las tendencias autodestructivas neoconservadoras que nos conducen a una peligrosa competición por los recursos en un planeta en constante degradación.

Marga Mediavilla


Publicación artículo científico sobre la disponibilidad de recursos energéticos fósiles y el cambio climático

Acceso al post original en BC3-News.

El equipo multidisciplinar ha publicado el siguiente artículo en el journal “Energy & Environmental Science” centrado en las implicaciones de la incertidumbre de disponibilidad de recursos fósiles sobre los escenarios climáticos futuros: :

Capellán-Pérez, Iñigo, Iñaki Arto, Josué M. Polanco-Martínez, Mikel González-Eguino, and Marc B. Neumann. “Likelihood of Climate Change Pathways under Uncertainty on Fossil Fuel Resource Availability”, Energy & Environmental Science 9, no. 8 (August 2, 2016): 2482–96. doi:10.1039/C6EE01008C. (open-access)
http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

La percepción de la abundancia de recursos energéticos fósiles (petróleo, gas y carbón) ha determinado tradicionalmente las políticas energéticas y climáticas en la mayoría de países del mundo. Así, las transiciones energéticas se suelen planificar (y modelar) como transiciones principalmente dirigidas por la demanda de recursos. Sin embargo, existe una creciente literatura científica que apunta a que esta hipótesis está sujeta a una gran incertidumbre y es, por lo tanto, discutible. El caso del petróleo es paradigmático: aunque desde finales de los 1990 existían trabajos publicados en relación al probable alcance del máximo global de producción de petróleo en la década de los 2000s (conocido popularmente como “peak oil”), apenas tuvieron repercusión en el ámbito académico ni en la agenda política. Sin embargo, según la Agencia Internacional de la Energía, el pico de producción de petróleo convencional se alcanzó a mediados de la década pasada. Hasta el momento las consecuencias no han sido tan dramáticas como se había pronosticado debido principalmente al surgimiento con un ímpetu inesperado de la tecnología de fracking en EE.UU. Sin embargo, la explotación de combustibles no convencionales también está sujeta también a una enorme incertidumbre debido a la novedad que supone su extracción a gran escala.

En este trabajo hemos tratado de analizar esta incertidumbre mediante la revisión de la literatura y la implementación de los recursos energéticos fósiles disporefnibles en un modelo de análisis integrado de cambio climático, en combinación con la incertidumbre en la sensibilidad climática de equilibrio. En este artículo nos hemos centrado en el análisis de escenarios de referencia, ie., escenarios que no consideran políticas climáticas adicionales.

Aunque encontramos que el agotamiento de los recursos reduciría las emisiones acumuladas a final de siglo respecto de los escenarios actuales (Fig. 1 panel A), es muy probable que el uso de los combustibles fósiles disponibles a lo largo del siglo provoque un cambio climático de dimensiones peligrosas (Fig. 1 panel C), i.e. 88% de superar un incremento de temperatura de 2º en el año 2100).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Encontramos que el conjunto de recursos fósiles estará probablemente en su fase de declive durante la segunda mitad del siglo XXI (y seguramente antes de esa fecha debido a la no consideración en el modelo aplicado de restricciones a las tasas de extracción). Así, la transición hacia las renovables tendría que producirse antes de lo usualmente considerado. No obstante, recordamos que se estaría lejos de solucionar así al problema del cambio climático y nuestros resultados refuerzan las razones que justifican la necesidad de una acción global y rápida.

Por lo tanto, es probable que se necesiten más inversiones que las habitualmente consideradas para transitar a un sistema basado en energías renovables (lo que permitiría que las políticas de mitigación fueran menos costosas). Así, entre las recomendaciones políticas el trabajo pone especial énfasis en la necesidad de incrementar la investigación y niveles de inversión para el desarrollo y expansión de las energías renovables y tecnologías asociadas (e.g. gestión de la intermitencia) a nivel global. Las estrategias de anticipación son claves desde un punto de vista de sistema energético y climático.

Para aquellos interesados en la metodología y más detalles del trabajo, el artículo original en inglés está disponible en acceso abierto en el siguiente enlace:

http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

Iñigo Capellán Pérez