Comparación de una ganadería agroecológica con otra agroindustrial

Una de las conclusiones más obvias  nuestros estudios sobre la energía es el hecho de que debemos prestar especial atención a las actividades que más dependen de los combustibles líquidos, porque son las más frágiles ante el  pico del petróleo. Entre ellas destaca la agricultura, que no sólo es un sector económico muy importante, sino también la base del sustento humano. La agricultura actual se encuentra enmarcada en un modelo agroindustrial enormemente dependiente del uso masivo de derivados del petróleo que la convierte, también, en la principal causa de la degradación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

Por ello, cada vez son más las voces que afirman que es preciso cambiar este modelo agroindustrial, que impone la lógica de la fábrica a la naturaleza  a base de un enorme subsidio de energía fósil, por un modelo agroecológico, que se base en el respeto y la armonía con los ecosistemas. [1]. Por suerte, siempre hay personas que nadan contra corriente y  llevan años fuera de los cauces convencionales. Estas personas ahora nos pueden ofrecer sus experiencias, que resultan  de gran valor. Ese es el caso de la Cooperativa Crica, la única ganadería de producción de leche ecológica de Castilla y León y, en estos momentos (después del cierre de Lauki) la única empresa de producción de leche de vaca  en la provincia de Valladolid.

La Cooperativa Crica cuenta con una pequeña ganadería  y una pequeña fábrica de elaboración y destaca por la cantidad de empleo que es capaz de generar a partir de su escaso nivel de producción (7 empleos a tiempo completo en estos momentos). ¿Qué hace que  la Cooperativa Crica sobreviva en estos momentos en los que las ganaderías de leche de toda España están en números rojos y al borde de la bancarrota?

El secreto de Crica es, probablemente, el hecho de que ha implementado un modelo  completamente opuesto al modelo agroindustrial globalizado. En lugar de buscar gran producción, la Cooperativa Crica busca autosuficiencia que le permita ahorrar costes de insumos; en lugar de confiar en las cadenas de distribución y en las grandes elaboradoras, busca cerrar el ciclo y llegar directamente al consumidor sin depender  de intermediarios; en lugar de entrar en el juego de la economía global competiva busca sus propios consumidores locales y redes de solidaridad entre consumidores y productores.

Pero no es sólo la independencia respecto a la gran distribución lo que hace que  Crica sobreviva frente a la ruina general del sector lechero. La energía tiene mucho  que decir en este asunto.

 Hace unos años comenzamos a realizar un estudio energético-económico de la Cooperativa Crica en el que hemos participado diversas personas en diferentes proyectos (María del Carmen Bustillo Alonso,  Belén Martínez Madrid -UCM- Andrea Villanueva, Óscar Carpintero, Roberto Vega, Margarita Mediavilla -UVa). En él se compara la producción lechera de Crica con la de una ganadería agroindustrial de tamaño y localización similar analizando cuatro aspectos:

  1. Ocupación de tierra por litro de leche producida con ambos modelos.
  2. Energía fósil utilizada en la producción de un litro de leche con ambos modelos.
  3. Costes económicos por litro de leche producida en ambos modelos.
  4. Emisiones de gases de efecto invernadero (energéticas y no energéticas) por litro de leche producida en ambos modelos.

Los datos analizados muestran que Crica tiene un consumo energético casi tres veces menor que la ganadería agroindustrial por litro de leche producida, lo que  hace que en estos momentos, sea más sostenible incluso desde el punto de vista económico. Sin embargo, su ocupación de terreno dobla la del modelo agroindustrial, debido a que necesita recurrir a razas de animales más rústicas. La producción lechera actual en Castilla y León se basa en la utilización de alimentos cultivados en  otros países y/o de regadío (soja, maíz, remolacha). Basar la producción únicamente en tierras de secano locales implica productividades menores.

Esto muestra que ya existen  formas de producción ganadera que nos  permiten sortear las primeras décadas de la cuesta abajo del petróleo y que  en estos momentos empiezan a  ser rentables,  pero también muestra que volver a una producción local de baja energía implica dejar de utilizar las hectáreas globales que ahora mismo usamos y requiere una reducción del consumo de alimentos de origen animal.

Por otro aldo, las emisiones de gases de efecto invernadero por litro de leche  son similares en ambos modelos, pero, si se tiene en cuenta la absorción de carbono debida a las técnicas de regeneración de suelos usadas en la ganadería Crica, el modelo agroecológico tiene emisiones mucho menores e, incluso, puede convertirse en un sumidero neto de carbono.

El escaso número de ganaderías que utilizan estas técnicas y los aún más escasos estudios sobre ellas hacen que estos resultados deban ser tomados con cautela. Sin embargo, de confirmarse, cuestionarían  la afirmación de que la ganadería vacuna es una de las mayores responsables del cambio climático. Si bien el modelo agroindustrial hace cierta esta afirmación, en un manejo agroecológico el ganado puede ser un elemento beneficioso que permita la siembra directa sin laboreo ni herbicidas y convierta las praderas en sumideros de carbono.

Por ello, a la hora de hablar de qué tipo de dieta es sostenible deberíamos distinguir claramente cómo se ha realizado la producción de los alimentos. Si bien una dieta vegetariana/vegana, en principio, posee una menor huella ecológica, la introducción de cantidades moderadas de productos de ganadería agroecológica puede ayudar a la gestión de los ecosistemas y ser beneficiosa para el planeta.

Descargar el estudio completo

Marga Mediavilla


[1] Wake up before it’s too late. Make agriculture truly sustainable now for food security in a changing climate.United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD).

 


Crisis: oportunidad perdida

Dicen que toda crisis trae consigo una oportunidad, pero las oportunidades no llegan por sí mismas a ejercer sus posibles efectos beneficiosos de manera automática. Para que una crisis se convierta en oportunidad hemos de ser capaces de realizar una difícil alquimia que consiste en convertir el dolor en lucidez; esa lucidez que –anudada con el coraje- permite cambiar comportamientos, actitudes y valores erróneos.

No da la impresión de que en España estemos sabiendo convertir la crisis en oportunidad. A siete años del estallido de la burbuja inmobiliaria vuelven a verse grúas y andamios en nuestras calles. Seguimos teniendo millones de casas vacías y un país envejecido que no necesita nuevas viviendas, pero la industria de la construcción no ha cambiado sus aspiraciones ni su forma de hacer negocios. El capital español sigue aferrado a sus esquemas empresariales rígidos, sin adaptarse a la nueva realidad; más bien intentando que sean la sociedad y la política las que se sigan adaptando a su destructivo negocio.

Tampoco hemos aprovechado la oportunidad que los altos precios del crudo nos brindaron entre 2006 y 2014. El año pasado nuestro consumo de petróleo volvió a aumentar después de 9 años de descenso (en los que cayó un 25% respecto al máximo de 2008). Los altos precios del petróleo no nos han servido para darnos cuenta de lo dependientes que somos de un combustible cuyo suministro no tenemos, ni mucho menos, asegurado. En cuanto el precio de la gasolina ha bajado hemos vuelto a usar nuestro vehículo privado con los mismos patrones de antes. No hemos cambiado nuestros hábitos de transporte ni hemos intentado ambiciosos planes de movilidad en las ciudades; no nos hemos planteado instalar paneles solares ni mejorar el aislamiento de nuestras viviendas.

Las empresas de la construcción no han intentado, siquiera, algo tan obvio como reorientar su negocio hacia la rehabilitación de edificios para la mejora de la eficiencia energética, cosa que podría haber ayudado a mitigar dos de nuestros mayores problemas: la dependencia energética y la crisis del sector de la construcción.

Si no hemos sabido aprovechar, siquiera, esas sencillas oportunidades empresariales, no es extraño que apenas hayamos realizado un ejercicio de reflexión colectiva acerca de todo lo que nos ha llevado a la crisis, ni nos estemos preguntando qué es lo que ha cambiado en el mundo desde el año 2008.

La crisis de la deuda volverá, porque es evidente que se ha cerrado en falso. También el precio del petróleo subirá en unos pocos años, dado que las compañías petroleras están teniendo unas tasas de inversión en nuevos pozos muy escasas que, como advierte la Agencia Internacional de la Energía, son insuficientes para cubrir el declive de los yacimientos convencionales. La industria de los petróleos no convencionales (fracking) está en números rojos y, en los próximos años, tampoco vamos a poder contar con el balón de oxígeno que estos contaminantes recursos han aportado.

Cuando esto ocurra, España se volverá a encontrar con una economía hipotecada, tanto por la deuda como por los altos precios del petróleo. Volveremos a encontrar que la importación de crudo se lleva un 4% o un 5% del PIB, como hizo en años pasados, y no tendremos el transporte público, las viviendas eficientes ni los hábitos de consumo que nos permitirían, al menos, reducir la sangría económica que supone la importación de energía.

La reciente crisis energética no ha dado lugar a una reacción como la que se vivió en el shock petrolero de los años setenta. Los altos precios de la gasolina no han llenado nuestras ciudades de bicicletas, como se llenaron las holandesas y danesas en su día; no han servido para extender la alarma acerca de los límites del planeta, como hicieron los informes del Club de Roma; ni para disparar un movimiento anticonsumista como el hippie, que surgió en aquellos años en los que también se inventaron la permacultura, la bioconstrucción y las energías renovables. Ahora el hippismo de los setenta está desprestigiado y es ridiculizado; es, más bien, el fascismo de los años treinta lo que se vuelve a poner de moda.

No vivimos en los audaces setenta y nuestra generación no tiene el valor de preguntarse cuántas reservas de petróleo realmente quedan. Hemos convertido en tabú las cuestiones “escasez de energía” y “límites al crecimiento” aduciendo que son debates muy antiguos y pasados de moda y, efectivamente, son problemas muy antiguos y debates que se cerraron en falso: por ello vuelven de nuevo una y otra vez.

Nuestra reacción a la crisis ha consistido en esconder la cabeza debajo del ala y echar toda la culpa al político corrupto o al emigrante. En estos años hemos tomado conciencia sobre el bipartidismo, la “casta” empresarial o el neoliberalismo, pero se ha avanzado muy poco en la conciencia sobre la crisis energética y ecológica. Muy pocos queremos ver que Europa se está quedando sin energía desde el año 2000, cuando los yacimientos del Mar del Norte empezaron a declinar; que vivimos en un planeta amenazado por el cambio climático y por una salvaje destrucción de la biodiversidad; que los combustibles fósiles van a abandonarnos a lo largo de este siglo, y que todo ello, tarde o temprano, va a tener enormes consecuencias económicas.

Las causas ambientales y energéticas de la crisis siguen, todavía, sin ser analizadas y no deberíamos subestimarlas de esta manera. El paulatino descenso de la calidad de la energía, que ya estamos viviendo, no es la causa de todo eso que llamamos “crisis” pero agrava todos los problemas. La energía escasa acentúa los peores defectos del capitalismo, hace imposibles las tasas de ganancia y el crecimiento de antaño y vuelve más sangrantes las desigualdades sociales. Nuestra economía de consumo basa sus cimientos en una radical insostenibilidad ambiental y energética. Las y los españoles, a estas alturas, ya deberíamos saber bien a qué conduce ese tipo de radical y profunda insostenibilidad: a un enorme pinchazo de la burbuja.

Marga Mediavilla

(Tambien publicada en El Diario )


Trump: camino del escenario 3

La victoria de Donald Trump, al igual otras tantas cosas que están sucediendo en los últimos años (el auge de la ultraderecha en Europa, la caída del comercio asiático, el Brexit o la guerra en Siria y Yemen), nos muestra que vamos por el camino del Escenario 3. No podía ser de otra forma, ya que la energía siempre nos dijo que ese era el escenario más realista.

¿Qué es el Escenario 3? Los escenarios son una especie de narrativa que intenta atisbar el futuro. Son utilizados  por las Naciones Unidas y otras agencias internacionales para intentar predecir el futuro de la humanidad y agrupar sus reflexiones en torno a visiones coherentes. Nosotros llamamos Escenario 3 a una de estas visiones arquetípicas que barajan las agencias internacionales y que utilizamos en nuestro estudio donde las comparábamos  con los límites energéticos.

El Escenario 3 preveía un futuro de competición regional y vuelta a la soberanía nacional. Se describía diciendo que  las regiones se centrarían principalmente en la autosuficiencia y la identidad regional, aumentando las tensiones entre regiones y/o culturas. Los países pondrán sus esfuerzos en la seguridad, apoyando los mercados regionales (proteccionismo, desglobalización) y prestando poca atención a los bienes comunes, a acuerdos internacionales de protección del medio ambiento y a la cooperación para el desarrollo. Además, se pondrían pocos esfuerzos en la difusión de la tecnología, de forma que el progreso tecnológico avanzaría lentamente.  El Escenario 3 habla de desglobalización y es, en buena medida, el discurso conservador de Trump.

Otros de los escenarios que se barajaban hablaban de optimismo económico y alto crecimiento en una humanidad que se vuelca en conseguir mercados competitivos y un  libre comercio que, eventualmente, beneficiaría  a todos permitiendo corregir las desigualdades sociales y los problemas ambientales. Este es, por ejemplo, el  Escenario 1, el de la globalización. También está  el Escenario 2, el del capitalismo verde, una versión amigable del Escenario 1, que concede prioridad a la protección del medio ambiente y la reducción de las desigualdades, utilizando los avances tecnológicos, la desmaterialización y la economía de los servicios y la información.

Había un cuarto escenario en juego, el Escenario 4, que consiste en una visión un poco más amable del 3. En él se produce un importante cambio en los valores, la sociedad reacciona contra un consumismo sin sentido y contra la falta de respeto por la vida. Ciudadanos y países deciden asumir sus responsabilidades siendo un ejemplo “verde” para el resto. Aunque las barreras al comercio de mercancías se vuelven a construir, las barreras a la información tienden a ser eliminadas. El énfasis se pone en encontrar soluciones regionales para los problemas sociales y ambientales, normalmente combinando cambios drásticos en los estilos de vida con estilos descentralizados de gobernanza.  El Escenario 4 sería el ecologista, el de la autonomía local, el de la cooperación y el  open-source.

El problema es que los Escenarios 1 y 2 requieren mucha energía y es el Escenario 3, precisamente, el que necesita menos energía porque tiene menos comercio y menos crecimiento económico. De cerca le sigue el Escenario 4. Lo malo es  que el Escenario 3 es ciego a los problemas ambientales y conduce a la guerra por los recursos porque no se plantea un cambio de modelo hacia una sociedad austera, que proteja el planeta y basada en energía renovables. Sólo el Escenario 4 podría ser mínimamente sostenible, porque es el único que invierte en la energía del futuro y crece poco.

El triunfo de Trump, como otras tantas cosas, nos muestran que las opciones del bussiness as usual ya no son lo que solíamos llamar bussines as usual. Ya no podemos optar entre la globalización neoliberal o la globalización un poco más social del desarrollo sostenible. Ahora  las únicas opciones políticas posibles son  las del Escenario 3 (neoconservadores, ultraderecha,  PP) o las que podrían surgir de un Escenario 4 (anticonsumistas y ecosocialistas).

La izquierda tradicional tiene que despertar y dejar de perseguir futuros tipo “desarrollo sostenible  buscando una globalización un poco más amable o más verde. Sólo las opciones políticas muy conscientes del decrecimiento y los límites del planeta pueden ser un discurso sólido  frente a los neoconservadores. Es preciso en estos momentos desarrollar una alternativa política que esgrima los valores del anticonsumismo,  la defensa de la tierra, la vida y la cooperación, y, con ello, contrarreste las tendencias autodestructivas neoconservadoras que nos conducen a una peligrosa competición por los recursos en un planeta en constante degradación.

Marga Mediavilla


Publicación artículo científico sobre la disponibilidad de recursos energéticos fósiles y el cambio climático

Acceso al post original en BC3-News.

El equipo multidisciplinar ha publicado el siguiente artículo en el journal “Energy & Environmental Science” centrado en las implicaciones de la incertidumbre de disponibilidad de recursos fósiles sobre los escenarios climáticos futuros: :

Capellán-Pérez, Iñigo, Iñaki Arto, Josué M. Polanco-Martínez, Mikel González-Eguino, and Marc B. Neumann. “Likelihood of Climate Change Pathways under Uncertainty on Fossil Fuel Resource Availability”, Energy & Environmental Science 9, no. 8 (August 2, 2016): 2482–96. doi:10.1039/C6EE01008C. (open-access)
http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

La percepción de la abundancia de recursos energéticos fósiles (petróleo, gas y carbón) ha determinado tradicionalmente las políticas energéticas y climáticas en la mayoría de países del mundo. Así, las transiciones energéticas se suelen planificar (y modelar) como transiciones principalmente dirigidas por la demanda de recursos. Sin embargo, existe una creciente literatura científica que apunta a que esta hipótesis está sujeta a una gran incertidumbre y es, por lo tanto, discutible. El caso del petróleo es paradigmático: aunque desde finales de los 1990 existían trabajos publicados en relación al probable alcance del máximo global de producción de petróleo en la década de los 2000s (conocido popularmente como “peak oil”), apenas tuvieron repercusión en el ámbito académico ni en la agenda política. Sin embargo, según la Agencia Internacional de la Energía, el pico de producción de petróleo convencional se alcanzó a mediados de la década pasada. Hasta el momento las consecuencias no han sido tan dramáticas como se había pronosticado debido principalmente al surgimiento con un ímpetu inesperado de la tecnología de fracking en EE.UU. Sin embargo, la explotación de combustibles no convencionales también está sujeta también a una enorme incertidumbre debido a la novedad que supone su extracción a gran escala.

En este trabajo hemos tratado de analizar esta incertidumbre mediante la revisión de la literatura y la implementación de los recursos energéticos fósiles disporefnibles en un modelo de análisis integrado de cambio climático, en combinación con la incertidumbre en la sensibilidad climática de equilibrio. En este artículo nos hemos centrado en el análisis de escenarios de referencia, ie., escenarios que no consideran políticas climáticas adicionales.

Aunque encontramos que el agotamiento de los recursos reduciría las emisiones acumuladas a final de siglo respecto de los escenarios actuales (Fig. 1 panel A), es muy probable que el uso de los combustibles fósiles disponibles a lo largo del siglo provoque un cambio climático de dimensiones peligrosas (Fig. 1 panel C), i.e. 88% de superar un incremento de temperatura de 2º en el año 2100).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Figura 1: Trayectorias de emisiones totales acumuladas de CO2, forzamiento radiativo total y cambio de temperatura (2005-2100), y comparación con el rango del 5º Informe del IPCC para los escenarios de referencia (sin políticas adicionales de mitigación) para el año 2100. Los tonos grises representan los rangos de incertidumbre (rango total, 5–95%, 25–75%), la línea negra representa la mediana. (Para más detalles, ver la Figura 4 del artículo publicado).

Encontramos que el conjunto de recursos fósiles estará probablemente en su fase de declive durante la segunda mitad del siglo XXI (y seguramente antes de esa fecha debido a la no consideración en el modelo aplicado de restricciones a las tasas de extracción). Así, la transición hacia las renovables tendría que producirse antes de lo usualmente considerado. No obstante, recordamos que se estaría lejos de solucionar así al problema del cambio climático y nuestros resultados refuerzan las razones que justifican la necesidad de una acción global y rápida.

Por lo tanto, es probable que se necesiten más inversiones que las habitualmente consideradas para transitar a un sistema basado en energías renovables (lo que permitiría que las políticas de mitigación fueran menos costosas). Así, entre las recomendaciones políticas el trabajo pone especial énfasis en la necesidad de incrementar la investigación y niveles de inversión para el desarrollo y expansión de las energías renovables y tecnologías asociadas (e.g. gestión de la intermitencia) a nivel global. Las estrategias de anticipación son claves desde un punto de vista de sistema energético y climático.

Para aquellos interesados en la metodología y más detalles del trabajo, el artículo original en inglés está disponible en acceso abierto en el siguiente enlace:

http://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2016/ee/c6ee01008c

Iñigo Capellán Pérez


Acuerdo de colaboración entre la Universidad de Valladolid y la cooperativa EnergÉtica

El pasado martes 24 de mayo tuvo lugar la firma del convenio de colaboración entre la Universidad de Valladolid y la cooperativa de energías renovables EnergÉtica impulsado por nuestro grupo de investigación. Este convenio recoge la colaboración entre ambas entidades en el ámbito de la investigación e innovación, de la formación y de la extensión universitaria en el sector de las energías renovables, facilitando el desarrollo de proyectos conjuntos que permitan sumar sinergias entre el ámbito académico y el de la economía social.

Noticia en TVCyL de la firma del convenio. Participan, de izquierda a derecha Rodrigo Ruiz como presidente de EnergÉtica, el rector de la UVa Daniel Miguel San José y Luis Javier Miguel González como coordinador de nuestro grupo de investigación (GEEDS).

Sabemos que el futuro será renovable, bien de forma planificada y como anticipación del cambio climático y del agotamiento de los recursos fósiles, o de forma desordenada. Así, proyectos como las cooperativas de productores y consumidores de energías renovables tienen el potencial de cumplir un papel fundamental para corresponsabilizar a los ciudadanos de los grandes retos de la transición energética que debemos realizar.

El objetivo es que este acuerdo sea una herramienta más para impulsar la incorporación de las energías renovables en nuestra Comunidad, a través tanto de la difusión como de la puesta en marcha de proyectos de investigación, desarrollo e innovación que permitan la transferencia de conocimiento que atesora la UVa en proyectos aplicados en los ámbitos de la generación, distribución o eficiencia energéticas todo ello bajo el paraguas de la economía social y el respeto por el medio ambiente.

Desde nuestro grupo consideramos una grata responsabilidad el representar a la Universidad en la Comisión de Seguimiento Bilateral, y haremos todo lo posible por explotar las sinergias y colaboración entre la Universidad, dónde hay muchos investigadores trabajando sobre sostenibilidad y a los que animamos a aprovechar este convenio al máximo, y la cooperativa EnergÉtica.

  • Descargar convenio aquí.

¿Qué son las cooperativas energéticas?

 

Repercusión en prensa


Nuevo artículo sobre las necesidades energéticas de los países industriales avanzados

Arto, I., Capellán-Pérez, I., Lago, R., Bueno, G., & Bermejo, R. (2016). The energy requirements of a developed world. Energy for Sustainable Development, 33, 1-13.

A lo largo de la historia se ha prestado una atención especial a la relación entre el uso de la energía y el nivel de desarrollo de una comunidad o país: desde la antropología (e.g. Ley de White) a trabajos basados en la comparación de estadísticas de distintos países. El interés de esta relación es incuestionable; no obstante, los indicadores usados habitualmente no capturan el hecho de que, en el contexto actual de la globalización, la energía usada por un país (i.e. la energía consumida dentro de sus fronteras) no se corresponde ya con la energía necesaria para sostener su nivel de desarrollo. Así, se hace necesario calcular la energía consumida en todo el mundo para producir los bienes y servicios demandados por cada país, es decir, su huella energética. Se trata de un concepto similar a la huella de carbono pero aplicado a la energía.

En este estudio hemos comparado el Índice de Desarrollo humano (IDH) de 40 países con ambos indicadores de consumo de energía para el periodo comprendido entre los años 1995-2008. Los resultados muestran que una parte significativa (y creciente) de la energía usada por los países del Sur está siendo empleada para sostener el bienestar de los países industriales avanzados (HDI > 0.8) a través del comercio internacional. Así, la huella energética de éstos últimos (UE, Norteamérica, Australia, Japón, Korea) es de media un +13% respecto de su uso de energía a nivel territorial, y lo contrario ocurre en economías emergentes como los BRIIC (Brasil, Rusia, India, Indonesia y China), dónde su huella energética es de media un 16% menor que el consumo de energía en cada país. Además, también se encuentra que, de los países analizados, la mínima huella energética (primaria) per cápita para alcanzar un HDI  > 0.8 es un 33% mayor que el uso de energía primaria per capita.

La siguiente figura (Fig. 2 del artículo) muestra la relación entre la huella energética (eje x, GJ/año per capita) y el HDI (eje y, variable adimensional de 0 a 1 siendo 1 el máximo nivel de desarrollo) para los 40 países en el periodo 1995-2008 (un punto por año y país).

Relación entre HDI y huella energética para 40 países (1995-2008). Abajo a la derecha se puede ver en detalle la trayectoria para diversos países. Fuente: artículo.

Se observa la relación creciente entre energía y HDI para bajos niveles de energía, seguido de una saturación a partir de un cierto nivel: más allá de entorno a 100 GJ/año per capita, incrementos en el consumo de energía no se traducen en incrementos significativos del HDI. Además, el coeficiente de determinación (R2) de esta relación es de 0.89, mejor que para la curva considerando uso de energía a nivel territorial (ver Fig. 1 del artículo).

Es interesante explorar la trayectoria de algunos países por separado (aquí se puede descargar la comparación para los 40 países por separado).

Por ejemplo, para España se puede observar que la huella energética ha ido incrementándose a lo largo del periodo estudiado, alcanzo un valor +34% mayor que la demanda energética en 2008. También se puede observar el efecto de la crisis, que se trasladó en una reducción de la huella energética en el año 2008, la única en el periodo estudiado:

España

Dinamarca, paradigma de la sostenibilidad y la eficiencia, es un otro caso muy interesante, alcanzando una espectacular diferencia de casi el 70% en el año 2008. En este caso, se aprecia además que el indicador uso de energía del país (curva roja) ha ido decreciendo a lo largo del periodo, mientras que en términos de huella energética ésta ha aumentado. Así, el análisis habitual, considerando sólo la curva roja, identifica esta evolución como una prueba de la desmaterialización absoluta de la economía (reducción del uso de recursos en relación al PIB), lo que es desmentido por estos resultados (conclusiones similares se obtienen para otros países como Alemania o Reino Unido):

Dinamarca

Éste desfase entre consumo del país y huella energética es compensado en otros lugares del planeta por países como China, en los que la situación es la inversa (huella energética es un 20% menor que el consumo de energía). Se aprecia una menor separación entre las curvas: debido a la gran población del país asiático, una menor diferencia per cápita se traslada en enormes cantidades de energía totales:

China. Curva azul: huella energética; curva roja: uso de energía del país.

Estos resultados tienen diversas implicaciones. En primer lugar, a pesar de que hay numerosos estudios que relacionan desarrollo y emisiones de efecto invernadero, la variable crítica es la energía, especialmente en escenarios de transición hacia fuentes limpias de carbono. El análisis mediante huella energética revela que los requerimientos de energía de los países del Sur para alcanzar el nivel de desarrollo de sus países modelo (nosotros), es sustancialmente mayor que lo indicado por la variable habitual de consumo de energía. A la vista de estos resultados, en un contexto de probable futuro agotamiento de recursos fósiles, políticas activas de cambio climático y con un potencial renovable no tan abundante como se suele asumir, el bienestar para toda la población del mundo parece dificilmente alcanzable en el actual paradigma socioeconómico. Por último, y relacionado con lo anterior, la relación PIB-energía es aún más fuerte en términos de huella energética:

Relación entre GDP y huella energética / demanda energética.

Para aquellos interesados en la metodología y más detalles, el artículo original en inglés está disponible en acceso abierto aquí.

Iñigo Capellán Pérez

 

 

 

 

 


No habrá plan B para Europa si no hay plan B al petróleo

Este fin de semana movimientos sociales y políticos de la izquierda europea con figuras como Yanis Varoufakis, Ada Colau  o Marina Albiol a la cabeza se reúnen en Madrid para buscar la manera de  “construir un espacio de convergencia europeo contra la austeridad y para la construcción de una verdadera democracia en Europa”.

Es una iniciativa muy interesante, sobre todo por su carácter trasnacional y por esas alianzas entre movimientos sociales y partidos políticos de los países que más estamos sufriendo las políticas de la Troika, pero  me temo que pueda quedar en agua de borrajas si sus promotores no saben entender todo lo que hay detrás de esta crisis.

Hace años que el petróleo barato y fácil de extraer nos empezó a abandonar y su producción lleva diez años estancada: es muy difícil no ver en ese petróleo que interviene en absolutamente todos los procesos productivos y en todos los sectores de la economía una de las causas más importantes de esta larga y extraña crisis económica.

El hecho de que el precio del barril haya bajado abruptamente  no debe distraernos e impedir que veamos algo muy evidente. Los años de petróleo caro han pasado factura a todas las economías europeas (cuyo consumo ha caído un  14% desde 2006, sin incluir a Rusia),  y ahora están pasándosela a China y Brasil.  La economía española está pudiendo respirar este año, no sólo porque los salarios y el gasto social se han reducido, sino porque  la factura petrolífera, que entre 2010 y 2014 rondaba el 4% de nuestro PIB, en 2015 se ha reducido a prácticamente un 1%.

En este contexto de petróleo escaso y difícil de extraer es vital para los países asegurarse un cacho en el reparto de esa tarta que cada día se hace  más pequeña. No es de extrañar que Europa se aferre a su banca, intentando mantener este estatus privilegiado que nos permite, siendo países pobres en recursos naturales, mantener consumos energéticos elevados, industrias competitivas por su alta automatización  y estilos de vida derrochadores.

Es muy desalentador ver cómo las previsiones de personas como Pedro Prieto,  Antonio Turiel o Ramón Fernández Duran  se van cumpliendo año a año sin que, todavía, estos autores sean conocidos ampliamente. Los altibajos  en el precio del petróleo debidas a la interacción petróleo-economía, las guerras por el control de Oriente Medio, el fracaso del coche eléctrico, el poco éxito de las renovables a la hora de sustituir al petróleo, el desastre de los biocombustibles y la burbuja del fracking que ahora estamos viendo ya fueron predichas hace años. Sin embargo, el grado de conciencia de este problema, incluso entre quellos partidos políticos y movimientos sociales más abiertos a nuevas ideas, como los que organizan estas jornadas, sigue siendo muy pequeño.

Si queremos buscar una nueva Europa que no ponga los intereses de la banca por encima de los derechos de las personas, que no sacrifique a los más débiles y que no vea sus fronteras abarrotadas de refugiados que huyen de la guerra por los recursos,  debemos, primero, construir una Europa que no tenga que luchar por las últimas gotas fósiles. Sólo si sabemos cambiar hacia un modelo productivo mucho más austero en el uso de recursos naturales y basado en energías renovables seremos capaces de ofrecer una alternativa a este desesperado intento de aferrarse a al caduco modelo consumista que, paradójicamente, llaman “austeridad”.

Marga Mediavilla


Vídeos de la conferencia “Las transiciones energéticas ante el Cambio Climático”

Los días 3 y 4 de Diciembre se celebró la conferencia “Las transiciones energéticas ante el Cambio Climático” en Bilbao organizada por Ekologistak Martxan, Parte Hartuz, Ekopol, Gure Energia, Mugarik Gabeko Ingeniaritza, y la Fundación Hitz&Hitz. La conferencia  abordó preguntas clave como:

¿Cuánta energía consumimos hoy en día, de dónde viene y que impactos genera? ¿Hay alternativas? ¿Qué escenarios se abren ante el pico del petróleo? ¿Cuánta energía es suficiente para una vida digna? ¿Qué significa la soberanía energética? ¿Existen experiencias de transición en marcha? ¿Es posible un cambio energético sin cambio social?

Los vídeos de la conferencia se pueden ver en el siguiente link:

https://tradebu.wordpress.com/konferentzia-bideoak-videos-de-la-conferencia/

 

https://tradebu.wordpress.com/konferentzia-bideoak-videos-de-la-conferencia/


Tiempo de descomponedores

Es difícil no tener una sensación de desazón al contemplar la realidad política española y observar esta especie de estancamiento que se ha instalado en la vida colectiva.  Últimamente parece que camináramos como quien se mueve por un camino completamente enfangado, teniendo que vencer una enorme resistencia para apenas avanzar. Las iniciativas políticas que estaban surgiendo hace unos pocos años con tanta fuerza apenas se han formado cuando ya empiezan a descomponerse en una multitud de siglas y controversias diversas. Procesos que llegaban a despertar antiguos miedos porque parecían explosivos, como las movilizaciones posteriores al 15M, el auge de Podemos y de Ciudadanos o el Procés catalán, se van frenando en cuestión de apenas meses hasta terminar enfangados en divisiones, debates y conflictos.

Y si el estancamiento político es desazonador, mucho más lo es el estado de conciencia ciudadana acerca de las cuestiones estructurales. El conocimiento de la gravedad que tienen problemas como el cambio climático, el pico del petróleo, la crisis socioeconómica global y el brutal deterioro ecológico que vivimos, apenas avanzan de boca en boca, con una lentitud exasperante.

Muchos habíamos pensado que todo esto que llaman “crisis” y algunos creemos que es, simplemente, el encuentro  de la economía capitalista con los límites del planeta,  iba a ser algo parecido al choque de la proa del Titanic contra el iceberg. Pensábamos que los datos –ya evidentes– acerca del declive de las fuentes de energía, el deterioro ecológico y el paralelo deterioro de las condiciones de vida humanas, iban a hacer sonar todas las señales de alarma. Imaginábamos conmociones sociales y rápidos procesos de cambio más o menos organizados o caóticos.

Pero la crisis no está siendo ese choque abrupto contra el iceberg que nos conmociona y nos quita la venda de los ojos. Las señales de alarma no se difunden, la conciencia generalizada nunca llega, las revoluciones, al poco de encenderse, se humedecen, se enfangan y mueren. La sociedad española, igual que el resto de las sociedades humanas, se está acomodando a la pobreza, los recortes y las catástrofes climáticas. La pérdida de  bienestar, salario, estabilidad y derechos no se convierte en una chispa que enciende la espita de la acción, y la crisis recuerda, más que a un choque, a una lenta podredumbre, a la inevitable  caída de las hojas en otoño.

Quizá lo que nos pasa es que no hemos entendido el signo de estos tiempos y nuestra frustración viene que esperamos que los procesos sociales germinen como hicieron los de siglos pasados: épocas marcadas por la expansión y la energía creciente que podríamos comparar con la primavera y el verano. En esta década estamos empezando a vivir una época en la historia humana que se asemeja al otoño tardío y el principio del invierno: el momento en que las energías declinan y todo se descompone.

Aunque necesitamos urgentemente las revoluciones de la ética, la solidaridad y las energías renovables, los procesos revolucionarios requieren enormes inversiones de energía colectiva y en estos momentos la energía fósil está empezando a declinar y eso hace que todo, tanto en el plano tecnológico como en el económico y el político, todo resulte más costoso y difícil. El árbol del capitalismo global no es capaz de crecer con el vigor de antaño, pero las personas tampoco somos capaces de encontrar en  nuestras vidas ese excedente de tiempo y energía necesarios para implicarnos en procesos de cambio social que preparen una alternativa al sistema.

Vivimos tiempos de energías en declive, tiempos de descomponedores, de desintegración y podredumbre,  tiempos sin expansión, ni frutos, sin brotes todavía. Deberíamos intentar hacer lo que hace la naturaleza en esas épocas invernales: centrar toda la actividad en las raíces, reciclar los nutrientes, alimentar el suelo y esperar. ¿Cómo podemos  aplicar esta metáfora biológica a la vida política?  ¿Cuál sería el equivalente de “centrar la actividad en las raíces”, “reciclar los nutrientes” o “nutrir la tierra”?

Las “raíces” de la política están en la economía y son probablemente esas raíces las que tenemos que cambiar  antes de arriesgarnos a agotar las escasas energías colectivas en procesos de toma de poder. Es casi imposible establecer una alternativa política a la actual hegemonía neoliberal si prácticamente todo lo que consumimos, producimos y escuchamos se centra cada vez más en unas pocas grandes empresas multinacionales, que son quienes llevan décadas fomentando esta ideología. Tampoco vamos a poder frenar el cambio climático y el deterioro ecológico si no somos siquiera capaces de alimentarnos sin acudir a un sistema agroindustrial globalizado cuyos principios de funcionamiento son incompatibles con la biosfera.

El otoño es el momento de asumir lo inevitable de la pérdida y de intentar salvar, dentro de lo posible, lo que tiene valor bajo tierra. No sé si todavía la sociedad española ha asumido que la pérdida es  imprescindible y que es inevitable abandonar muchas cosas que hasta hace muy poco dábamos por seguras. No sé si los movimientos sociales han realizado esa reflexión sobre “qué elegimos”  ni son conscientes de que, además de defender los pilares básicos de la solidaridad, la educación y la sanidad, también debemos ser conscientes de que nos estamos enfrentando con los límites del planeta y es preciso decidir qué cosas no vamos a poder mantener y debemos dejar caer cuanto antes para que no nos lastren.

Es tiempo de cuidar el suelo social de las experiencias de economía y vida alternativa, de alimentar radicalidades y cuidar las bases de los partidos políticos repensando sus ideologías. Si sabemos cuidar ahora ese humus quizá, cuando vuelvan a llegar los momentos de energía excedentaria, tengamos suficiente fuerza para alimentar proyectos políticos realmente renovadores; pero, si ahora descuidamos el alimento de las raíces, no seremos capaces de nutrir y hacer crecer las alternativas y seguiremos cayendo la cuesta del lento e inconsciente declive global.

 Marga Mediavilla (también publicado en El Diario)