Energifilia, tecnofilia y otras filias moribundas

¿Qué tal releer un “best-seller” mundial de divulgación científica de hace medio siglo, traducido a más de una decena de idiomas?

¿Qué tal si es una traducción al castellano de la editorial Atlante (1967, Avda. del Generalísimo 16, Madrid) de un libro cuyos autores son soviéticos?

Y, ¿qué tal si se titula: “El mundo y el hombre en el siglo XXI” y se trata de una recopilación de entrevistas a los científicos e ingenieros más relevantes de la URSS de 1962?

Las entrevistas se basan en pedir a los científicos que expongan su visión de cómo será a principios del siglo XXI la tecnología y el mundo, focalizándose en la disciplina en que son expertos.

Promete porque estamos en un contexto histórico un tanto especial, es la URSS del vuelo del cosmonauta Gagarin, así que el entusiasmo tecno-optimista es de prever que sea paradigmático.

Pero el que se publicara y se vendiera bien en los países más industrializados de occidente, e incluso que pasara la censura franquista, significa que expone algo común que permea tanto al capitalismo de Europa, Japón y Norteamérica, como al comunismo soviético, como al minúsculo reducto del nacionalsocialismo de España.

No quiero quedarme solo en la crítica fácil, porque piedras similares se podrían lanzar contra el tejado de los pesimistas tecnológicos (estupideces se dicen en ambos extremos), pero sí quiero entrar en las causas raíz de porqué los mejores científicos de la época dijeron tamañas tonterías.

Comencemos extrayendo unas cuantas citas del libro, todas referidas a lo que según ellos seguro tendríamos ahora (cada cita de un autor):

  • Es indudable que la energía producida por la fisión nuclear… iluminará nuestras habitaciones en 1970, pondrá en movimiento los mecanismos de gigantescas excavadoras en 1980 y lanzará hasta los más lejanos planetas el cohete de los habitantes de la Tierra en el año 2000.
  • La fusión nuclear puede ser que antes de 1980, pero pudiera retrasarse hasta el año 2000.
  • Los mineros del carbón desaparecerán en nuestro siglo gracias a la gasificación del carbón in situ totalmente automatizada…, mirarán con asombro las cuencas carboníferas los pasajeros de los aerotrenes estratosféricos supersónicos del s. XXI.
  • La URSS producirá 12-15 billones de Kw·h/año de electricidad (produce aproximadamente 10 veces menos).
  • Produciremos 20 billones de Kw·h/año de electricidad, más de 8 serán de centrales nucleares (el equivalente a unas 1000 centrales nucleares solo en la URSS, el mundo anda por las 450).
  • No hay heliocentrales eléctricas porque… el fantasma del hambre energética amenaza a la humanidad para un futuro todavía muy lejano y nebuloso: para el s. XXII o puede ser que el s. XXIII
  • Dentro de 30 o 40 años un sol artificial, situado a una altura de 20 a 30 Km iluminará con sus rayos Moscú y su provincia.
  • Tendremos que construir líneas férreas de 3 a 5 metros de anchura con locomotoras atómicas (250-300 Km/h). Indudablemente el transporte urbano será en aceras rodantes y los taxis serán helicópteros. Los automóviles por turborreactores a 250-300 km/hora. Los aviones irán por la ionosfera a 5 o 6000 km/hora movidos por energía atómica.
  • Los automóviles se alimentarán con la corriente de alta frecuencia que creerán cables subterráneos. Esta corriente se emplea también en invierno para limpiar las calles de nieve y calentar la calzada y las aceras.
  • En este siglo XX haremos viajes de ida y vuelta a todos los planetas, incluido Plutón.
  • Los cohetes de pasajeros (en 10 o 15 años veremos los primeros) serán como hoy son los automóviles o el avión. Un viaje de Moscú a Australia o al Brasil se realizará en unos minutos. A finales del s. XX tendrán una potencia de más de 1000 millones de caballos.

 

Son solo unos pocos ejemplos de entre docenas de ellos (¡430 páginas!).

El tecno-optimismo no se queda solo en cuestiones energéticas o de tecnología industrial. No ven límites (lo dicen literalmente) a la población humana (la agricultura puede alimentar a más de 30000 millones) o a la longevidad humana (no habrá enfermedades)…

Tan solo una par de historias se han cumplido: la descripción de algo que nos recordaría a lo que hoy podemos hacer con nuestros móviles y el uso generalizado de materiales plásticos y artificiales (no se preocupen, esos mismos científicos ponen otros ejemplos exagerados). Es un fallo sistemático de exageración.

Pero no nos confundamos, no hablamos de literatura de ciencia ficción, son científicos que ejercen su argumento de autoridad:

Si la fantasía no se asienta sobre una base sólida, racional, puede pasar a convertirse en manía de lo fantástico. Lo dice quien iluminará Moscú con un sol artificial.

Lo dicen científicos e ingenieros en calidad de tales que aseguran que la ley de los rendimientos decrecientes es errónea.

Es más, como científicos saben que su método es conservador por naturaleza, así que:

 

Es posible que un científico del siglo XXI, al encontrar este libro en una biblioteca, exclame: “¡qué modestos eran en sus sueños mis colegas de aquel entonces!”.

 

El problema no es que fallen en sus previsiones, es que su tecnofilia y cientifismo extremos les hace olvidarse de hacer cuatro cuentas. Si las hubieran hecho, rápidamente ellos mismos se habrían dado cuento de algunas de las tonterías que estaban diciendo.

Pongo un ejemplo.

Esos cohetes de miles de millones de caballos que nos transportarían de España a Nueva Zelanda en unos minutos… irían tan acelerados que someteríamos a los pasajeros a varias veces su peso corporal… y 20 de ellos volando permanentemente (son cientos los aviones los que están en vuelo permanentemente) consumirían tanta energía como la que en 2014 consume toda la humanidad…

La abundancia energética (su falta), es la culpable de que tantos sueños no se hayan cumplido. Es la principal culpable de porqué la literatura y las películas de ciencia ficción fallan siempre. Aún hoy. Hasta la película de culto Matrix comete la estupidez de decirnos que las máquinas se alimentan de la energía de los cuerpos humanos.

Crecíamos en consumo energético a ritmos de más del 5% anual, y extrapolaron sin pensar.

Pero no es solo la abundancia energética lo que lleva al error. Es un exceso de confianza en la propia ciencia y tecnología.

 

¿Por qué el hombre ha de estar condenado a morir? No existe una ley objetiva de la Naturaleza que diga: ¡Sí, el organismo vivo debe morir! Y nunca se descubrirá esta ley, ya que en la Naturaleza no existe.

Convertimos el sueño en una realidad necesaria. El científico en cuestión es diputado del Soviet Supremo y botánico.  Experto en un tipo de células de la (meta)secuoya:

Yo no he podido descubrir en ella procesos de envejecimiento natural: no existen… Considero que el envejecimiento es un proceso patológico, anormal, enfermizo… se puede anular el mecanismo que obliga a envejecer a la célula y entonces… el organismo humano será inmortal.

Aquí vemos fácilmente el fallo lógico del diputado científico: resulta que lo que él no ha descubierto en una planta lo extrapola a todos los seres vivos. Es justo lo contrario del razonamiento que se hace desde la ciencia bien empleada.

¿Tamaños sesgos cognitivos tienen los grandes científicos? Como se descuiden sí. He leído que Lord Kelvin dijo que nunca podríamos volar con máquinas más pesadas que el aire… Me imagino que en ese momento su cerebro se olvidó de los gorriones y las palomas…

En el fondo de lo que hablamos es una vez más de los mitos culturales. Incluso nuestros amigos soviéticos eran conscientes de su sueño (no del mito). Citan a Francis Bacon en su obra de ciencia ficción New Atlantis:

“Conocer las causas y las fuerzas ocultas de todas las cosas y hacer mayor el poder del hombre sobre la naturaleza, hasta que todo le sea posible”. Para luego decir que ya tenemos cumplidos muchos de los sueños de Bacon y reconocer que ¿acaso nosotros no perseguimos el mismo sueño?

No es una identificación casual cuando recuerdan a Dante Alighieri en la Divina Comedia: “Que ni el Sol caliente ni ilumine en balde, ni el agua fluya ni las olas rompan contra la orilla sin provecho. Hay que extraer de ellos los dones de la naturaleza que se despilfarran y domeñarlos, sometiéndolos a nuestra voluntad”… hoy día puede servir de divisa a los energéticos.

El sueño que quizás inician los griegos se asienta en el renacimiento europeo para tener su apoteosis en la época de Gagarin:

  • ¿Un túnel por debajo del Océano Atlántico? ¿El calentamiento de la tundra y la fusión de la capa de hielo que cubre Groenlandia? ¡Se realizará! Basta con que se considere necesario. (¡qué paradoja que el hielo de Groenlandia se esté fundiendo de verdad!)
  • No sólo hemos de pescar peces, cazar ballenas y coger invertebrados comestibles del tipo de la langosta y de las ostras. Hay que utilizar en beneficio del hombre toda la población marina.
  • Vale la pena transformar en viveros todos los océanos de la Tierra.
  • Una vez que se hayan descubierto los secretos de la formación del tiempo (metereológico) habrán de inmiscuirse en su mecanismo y dirigir su acción en el sentido deseado.
  • Corregiremos los errores cometidos por la Naturaleza… Todos los grandes ríos que fluyen hacia el Sur han de convertirse en una cadena de lagos, de embalses… La transformación de la Naturaleza, su adaptación a las necesidades del hombre… será un combate, una lucha erizada de obstáculos.
  • El hombre –señor de la Naturaleza- tomará en sus manos, inevitablemente…, todas las riquezas de nuestro planeta, cualquiera que sea el lugar en que se encuentren.
  • Se puede cortar con un dique el Estrecho de Gibraltar, ganando así el Mar Mediterráneo enormes sectores de tierras fertilísimas, hoy bajo las aguas… Se pueden crear en las zonas desérticas del Sahara enormes mares de agua dulce, cuya influencia suavizará el clima de todo el continente.
  • Los desiertos ocupan casi un 15%, ello representa una pérdida que no se puede admitir… los glaciares cubren una superficie de 16,3 millones de kilómetros cuadrados… ¡monstruosa irregularidad!… tenemos que redistribuir de forma más uniforme el calor que la Tierra recibe… ¡y qué decir de las montañas, incómodas y, a veces, inhabitables!… No, ni el más obtuso ingeniero, al diseñar nuestro planeta con miras a su habitabilidad, hubiera situado en su superficie tan gran número de costillas rígidas, de cadenas montañosas (¡Vaya gol que metieron en la página 333 a los censores católicos!).

 

El sueño es en realidad un proyecto ateo de divinidad humana por vía de la ciencia y la tecnología:

Ese día (12 de abril de 1961, vuelo de Gagarin), el hombre, por 1ª vez en su historia, cara a cara y no a través del movedizo velo de la atmósfera, vio el Universo en que vive y del que le corresponde ser el dominador.

 

Supongo que el lector que sigue conmigo en estas líneas habrá pasado a estas alturas de la sonrisa escéptica o irónica a un cierto asco. ¿No?

Si es así, ¡qué tamaño cambio cultural hemos hecho en tan poco tiempo!

 

No sé si por instinto o por los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, pero cuando leí por primera vez ese libro (a principios de los 80), esa parte de cosificación y dominios absolutos de la vida no me gustaban, pero soñaba con la exploración espacial (un lustro después aposté con mis compañeros a que nuestros hijos tendrían la posibilidad de hacer como viaje fin de carrera un paseo espacial, aunque fuera tan caro como irse entonces a Australia).

Lo importante no es que nos hayamos hecho más realista-pesimistas. Eso es útil para analizar nuestros límites de crecimiento, pico del petróleo y colapso de civilización. Es más, el estar acabando con ese mito del progreso infinito tecnológico es un signo del colapso y transición de civilización.

Lo más importante es que a muchos el sueño soviético-capitalista-nazista de hace tan solo medio siglo ya nos parece una visión repugnante del presente y del futuro. Y eso es muy esperanzador.

 

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza



La tecnología y el tecno-optimismo ¿nos hace estúpidos?

Si tienen un rato de calma lean este artículo y luego sigan aquí.

www.elchepito.com/google-nos-esta-volviendo-estupidos-por-nicholas-carr/

Gran artículo que me he forzado a leer entero.

Me provoca cierta ambivalencia. Por un lado, siento, como muchos otros, que como investigador el acceso rápido a la información es un salto cualitativo impresionante: Hace 20 años un artículo científico me vino de Londres (sobre genética humana) y lo esperé dos meses, no me sirvió…

Déjenme aparcar a un lado mi falsa humildad:

Soy de los encantados con internet y su forma de “trabajo” porque mi cerebro siempre ha funcionado un poco como ella: no lineal y en red; conectando cosas que podían parecer diversas. Así, aprobé un examen de análisis matemático haciendo una analogía mecánica o utilicé un aparato propio de los paleontólogos para un proyecto de acústica del automóvil y otras cuantas anécdotas de mi curriculum no oficial, como desarrollar una teoría evolutiva (Gaia) que “conecta” biología, filosofía de la ciencia, termodinámica y límites al crecimiento. Sin el acceso a la información, una dosis de suerte y una buena memoria visual y para los números no lo habría podido hacer.

Pero siento el agobio que nos pasa a todos con el exceso de información.

La anécdota de mi “descubrimiento” de que la energía eólica está muy limitada tiene ingredientes de todo esto:

Paseaba por tierras gallegas en vacaciones. A la mañana era habitual una bruma que el viento despejaba poco a poco. Yo pensaba en Gaia, y en el daño que el mar de eucaliptos le podían estar haciendo, cuando la hilera de molinos de viento en lo alto captó una vez más mi atención: “son como alfileres en la piel de Gaia, atrapando un viento que necesita ella para la polinización de muchos árboles… No podemos llenar la Tierra de ellos sin que la afecten”. Entonces me fijé que todos los molinos menos uno estaban parados (soplaba pues algo de viento pero muy ligero) y que el que giraba perezosamente tenía detrás de él aún bruma (el resto no). Eso significaba que absorbía un viento que impedía que se disipara la bruma mientras que el resto parado no lo hacía. “Influyen localmente en Gaia, no podemos captar más que una pequeña fracción de los vientos sin que la influencia sea grande en un organismo tan complejo como Gaia”.

A la vuelta de vacaciones leí un artículo de Jacobson sobre que podíamos obtener unos 72TW eléctricos de los continentes y quizás otros 8 o 10 de zonas costeras. Eso suponía interactuar con unos 200 TW. Mi buena memoria para los números físicos acudió rauda: todos los vientos del mundo en toda la atmósfera disipan 1000TW. Imposible captar y transformar 100TW en electricidad con aparatitos de 100 metros de altura en una atmósfera de 10000m. Simple y directo.

Mi experiencia con Gaia como organismo me daba la intuición de que un 1% de un flujo Gaiano básico suele ser demasiado, un 10% o más sería mortal. (Como le gusta recordar a Pedro Prieto, hemos aumentado en 100 partes por millón un gas y ya hemos lanzado un caos en el clima).

Así que exageraba Jacobson.

Entonces aproveché internet y sus posibilidades: rastreo de artículos, citas de citas hasta las fuentes: Desde finales de los 70 que había estudios. Y como me había pasado otras veces: pocas citas originales y mucha cita de cita a menudo sin que se citaran correctamente o en profundidad (primera detección de ese exceso de información: pocos científicos leen de verdad las fuentes: ¿Qué catedrático de Universidad tiene menos de 50 o 100 publicaciones?).

Todos los estudios hacían algo parecido: parten de medidas de vientos, suponen que ponemos molinos en las mejores zonas y extrapolan al mundo.

Al principio el orden de magnitud de lo captable era unos 10 TW, básicamente porque los molinos eran más pequeñitos y menos eficientes, por lo que el científico extrapolaba esa tecnología. Poco a poco se iban publicando cada vez más hasta incluso pasar de los 100TW. Aquí tenemos la prueba de que la ciencia “evoluciona” añadiendo al promedio un pequeño salto casi gradual en una dirección determinada por los “expertos”.

Lo curioso es que nadie tenía en cuenta (y hablo de decenas de publicaciones y científicos) el efecto de sombra de los molinos: energía captada significa energía que el molino de detrás no puede captar. ¿Se estaban olvidando del primer principio de la física?

No, no podía ser. Algo en mi razonamiento debía estar mal.

Expongo el caso a mis compañeros del grupo de investigación. Leen mis pegas y hacemos el primer borrador de cálculos desde una perspectiva top-down (en vez de bottom-up), natural en alguien que conoce un poco a Gaia. Resultado: parece obvio que todos están equivocados menos nosotros pues el límite tecnológico aproximado sale de 1 TWe neto, ¡dos órdenes de magnitud por debajo!

No, no puede ser. ¿Y si consultamos a algún compañero de dinámica atmosférica?

En el mientras tanto sigo leyendo y me encuentro con un borrador de un artículo de Axel Kleidon, que encuentro porque ya le conocía (un sujeto que había publicado algunas ideas interesantes sobre Gaia y termodinámica, otro “top-down” del pensamiento): denunciaba que la metodología que estaban aplicando Jacobson y compañía podía violar el primer principio de la termondinámica y el principio de conservación de la cantidad de movimiento.

Se le echaron al cuello pues estaba denunciando que Gaia usa energía renovable y que podíamos entrar en competencia con ella –algo que también estaba diciendo yo tímidamente-;  y terminó publicando sus resultados más o menos al tiempo que nosotros los nuestros (el tiene prioridad, aunque aún se puede en este mundo interconectado llegar a lo mismo de forma independiente).

¿Reconoció la comunidad científica su burdo error?

Por supuesto que no.

Simplemente ahora hacen modelos más complejos, de los llamados de Circulación General (los que se emplean para el asunto del cambio climático). Y curiosamente, Jacobson dice, como si fuera idea suya, que la metodología botton-up no se debe emplear para encontrar potenciales de más de 100TW (por que no se conservaría la energía) pero sí para sus 72TW.

Hace un modelo con su nueva metodología (que tampoco era nueva, pues es la que proponía Kleidon y otros) y le sale… Sí, casualmente, aproximadamente 75 TW (así no tiene que rectificar).

Kleidon en cambio obtiene la tercera parte más o menos.

Jacobson además se empeña en decir que nuestros cálculos no son correctos.

¿y que ha pasado después?

Nada.

La gente no lee en profundidad ningún artículo (no hay tiempo en esa red infinita de Google), así que no pueden entender qué sigue fallando, prefieren creer en el tecno-optimismo de Jacobson.

Y yo no tengo tiempo/fuerzas para publicar mis nuevos cálculos más precisos (0,75-1,5TWe netos digo ahora que ya sé algo más del asunto), sencillamente porque para mí es un asunto menor después de darme cuenta de que se inflaron también (de nuevo en parte porque casi nadie lee o comprueba; eso que se supone es básico en ciencia) para la fotovoltaica y la concentración solar, para la geotérmica, para los biocombustibles y el mar (mareomotriz, olas y OTC, aquí también con violacion del primer principio): la crisis energética se une al mito: ¡Las renovables nos tienen que salvar como sea!

¿Pero que estaba pasando? ¿Como era posible que unos estudiantes publicaran que podíamos captar 3000 TW de las olas -que disipan en todos los mares solo 60TW- en una revista revisada por profesores? ¿Y lo más sagrado de la física que debería estar inscrito en nuestros genes, el primer principio?

Sencillamente: el mito cultural favorito de esta Civilización obnubila nuestra mente: el progreso tecno-optimista.

Y después de todo, el asunto de las renovables es un asunto menor en el meollo que nos ocupa a los que sabemos del colapso civilizatorio (que ya tengo en mi “hardware” tras sumergirme en el caos climático, pico del petróleo y biodiversidad, Gaia, desigualdad humana, concentración del poder, agua, suelos, ciclo del fósforo y nitrógeno, NPP, Huella Ecológica etc. y como todo se conecta en mi cabeza en relaciones causales, pues es tan obvio que me desespera que ya no lo vea claro todo el Planeta).

Demasiadas cosas. Cada vez, y digo, cada vez, que he investigado un tema de relevancia global, me he dado cuenta de que la ciencia se hace con una carga de sesgos cognitivos y mitos culturales que pesan como losas invalidantes: Pasa con el IPCC y sus escenarios económicos de crecimiento infinito y caos climático sistemáticamente minimizado. Pasa con indicadores como la Huella Ecológica, que todo el mundo usa y casi nadie comprende. Pasa, bien lo sabemos aquí, con el tema de las reservas de petróleo infinitas. Me da miedo meterme en el asunto de la permacultura y la agricultura ecológica porque rozando el tema “solo” veo a 1000 o 2000 millones de humanos, no a 7500 y menos a 9000.

Experto en “aguafiestas”.

Sesgos cognitivos, mitos culturales y una internet-google que terminan haciendo que nuestra ciencia sea tremendamente pobre e inútil para lo relevante en este momento histórico: el colapso de nuestra civilización.

¿Tiene razón Nicholas Carr, y Google nos está volviendo estúpidos? ¿O ya lo éramos en la época de Einstein cuando solo dudaba de la infinitud del universo pero no de la humana?

Quiero recuperar eso que el autor teme perder: la tranquilidad de leer y escribir, despacio, libros. Creo que la TV nos hizo estúpidos ya. Y la Revolución Industrial. La tecnología cambia nuestra biología corporal y mental y desde la Revolución Industrial al menos los cambios son demasiado rápidos para nuestra capacidad de adaptación.

La próxima civilización será más lenta, y por tanto, mejor.

En el próximo post vuelvo a esto desde la perspectiva de 1960.

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza


Huella Ecológica y colapso

 

La huella ecológica es un indicador conocido en las Naciones Unidas. Trata de estimar las superficie terrestre que necesitaría una población para mantenerla indefinidamente de acuerdo a su uso de recursos y absorción de residuos.

Los resultados a escala global son desesperanzadores:

En el gráfico vemos la huella ecológica (ecological footprint) según el tipo de desarrollo humano definido por los informes del PNUD: más desarrollo humano más huella ecológica. Llamativamente en general también más biocapacidad. La biocapacidad es definida como la capacidad de los ecosistemas para proporcionar los recursos y absorber los residuos. No es que los países de desarrollo humano bajo o medio tengan ecosistemas peores que los de desarrollo humano alto, es que la biocapacidad de los ecosistemas ganaderos y agrícolas, por ejemplo, se mide de acuerdo a la productividad efectiva que el país en cuestión saca de sus ecosistemas. Así, la productividad de los cultivos de maíz en Estados Unidos es mucho mayor que en cualquier país africano, básicamente por los enormes insumos energéticos (vía fertilizantes, tractores e irrigación) que los países más industrializados meten (en colapso energético esto puede implicar una disminución de la biocapacidad global medida así). Los países más “ecológicos” en su agricultura no son los de menor huella ecológica en relación a su “biocapacidad”.

Tal y como vemos en la figura, solo serían sostenibles los países más pobres. Así que uno puede temer que estamos abocados a la pobreza, pues si en el mundo hemos sobrepasado en un 50% su biocapacidad es a costa del stock de capital natural que se va deteriorando y que finalmente revertirá el proceso (es decir, volveremos a estar por debajo de la biocapacidad).

 

 

Pero la huella ecológica es un indicador políticamente correcto (lo usan las Naciones Unidas), y quizás por ello, conservador.

Por ejemplo, para la absorción de residuos tiene en cuenta solo las emisiones de CO2 equivalentes, supone luego que una parte son absorbidas gratis por los océanos y el resto supone que son absorbidas por los bosques (la tecnología hoy por hoy más eficiente), luego calcula las hectáreas necesarias.

¿Y el resto de residuos? Nada.

Los plásticos que flotan en los océanos, las zonas de exclusión de Fukushima o Chernóbil, la absorción de las emisiones de metales y de todos los compuestos que van a la atmósfera, suelos y aguas, no se tienen en cuenta. Es verdad que el mismo bosque puede absorber además de CO2, plomo y otros venenos. Pero obviamente no sirve la misma hectárea para absorber todos los residuos. ¿Cuánto multiplicaría la huella ecológica si tuviéramos en cuenta el resto de los residuos? No lo sabemos con precisión, quizás entre 2 y 5 veces.

A su vez, la huella ecológica no tiene en cuenta que no podemos usar el 100% de la biocapacidad de un territorio sin colapsarlo en sus funciones. Es decir, se necesitan bosques naturales, pastos naturales y cierta biodiversidad para que los ecosistemas (incluidos los agrícolas y ganaderos) no se vengan abajo. Necesitamos las funciones de los ecosistemas porque sencillamente no tenemos ni de lejos la tecnología para suplirlos. No es solamente el espacio que ocupan los parques naturales, es mucho más. ¿Cuánta superficie necesita Gaia para autosostenerse? No lo sabemos. ¿Un 25%, un 50%, un 80%? Pregúntese cuánta superficie de su piel puede ser quemada y a la vez sobrevivir sano.

¿Cuántas hectáreas van a ser destruidas por el caos climático? No olvidemos que aquí todo lo intentamos realimentar en nuestra cabeza.

Por tanto la biocapacidad sostenible es inferior a la calculada.

Multipliquemos por un factor 4 el cociente huella ecológica/biocapacidad.

Esto implica un colapso de la civilización. Esto también.

Si tenemos en cuenta que el cociente es según los cálculos oficiales de 1.5 y lo multiplicamos por 4, llegamos a que sobrepasamos la biocapacidad por 6.

Supongamos ahora que el colapso material de esta civilización retrae las “necesidades” energéticas y materiales a la mitad (en un mundo equitativo eso implica reducir en España en un 80% o más nuestros consumos, lo que sería efectivamente una “africanización” de la población). Aún tendríamos/se reduciría la población humana a un tercio del actual (2500 millones de personas).

Elija usted como jugar con los factores en cuestión.

Todo se realimenta.

Carlos de Castro Carranza


Crónica del curso sobre transporte. Tan importante, tan complicado.

Hace unas semanas pudimos  empaparnos de todos los datos y reflexiones que trajeron nuestros ponentes del curso “Transporte sostenible, perspectivas y retos”.  Este año nos lanzamos a organizarlo sin el apoyo del programa UVa en curso y hemos notado un bajón importante: apenas 11 alumnos matriculados (cuando otros años superamos los 80). A pesar de todo la buena asistencia de público  hizo que ningún día bajásemos de las 20-30 personas en la sala.

Todas las ponencias confirmaron el dato que ya conocíamos: el transporte es un sector clave, el eslabón más frágil de la crisis energética. Pero, además, este curso ha servido para enseñarnos otras facetas que no conocíamos del sector. El transporte es un sector tremendamente difícil, con actores muy diferentes, soluciones complejas, potentes intereses económicos en la sombra y, en algunos casos, una importante corrupción política.

El primer día empezamos una perspectiva global de la sostenibilidad en el transporte a cargo de Óscar Carpintero e Iñigo Capellán-Pérez. Óscar comenzó situando el transporte en el marco general de la insostenibilidad actual,  usando para ello la perspectiva de la economía ecológica.  Esta crisis tiene similitudes con episodios similares vividos durante el siglo XX (endeudamiento, burbuja, destrucción de empleo masivo) pero también posee elementos que la hacen diferente. Una crisis como la actual, desde el punto de vista de la economía ecológica,  se genera por una gran divergencia entre la economía financiera, la economía real (productiva)  y la economía real-real que está por debajo sosteniendo a ambas: es decir, el metabolismo de la especie humana y la capacidad del planeta de alimentarlo.

Iñigo Capellán-Pérez dio un repaso a los perfiles de agotamiento del los combustibles fósiles y también a los límites de las energías renovables.  A continuación presentó los resultados del modelo WoLiM, que ha desarrollado con la colaboración de nuestro grupo. El modelo estudia los recursos energéticos mundiales y las posibilidades de diferentes tecnologías para sustituir los combustibles fósiles. Los resultados muestran claramente que  el transporte es el sector más crítico, en el cual se esperan problemas de cobertura de la demanda antes de 2020. Por último, propuso un escenario de reducción del consumo energético realista (desde el punto de vista de las limitaciones energéticas), sostenible (desde el punto de vista de la reducción de los gases de efecto invernadero) y equitativo a nivel mundial. El resultado son unos 5oGJ per capita de consumo energético, casi la cuarta parte de los aproximadamente 200 GJ que consume actualmente un habitante de un país desarrollado.

El martes hablamos de infraestructuras y tecnologías de transporte y tuvimos a Francisco Segura en primer lugar y después a Pedro Linares. Quizá la charla de Francisco Segura fue, probablemente, la más impactante del curso porque las cifras que nos ofreció acerca de la burbuja de las infraestructuras españolas fueron escandalosas. A pesar de que todavía gran parte dela ciudadanía no es consciente de ello, este país ha vivido una burbuja en la construcción de infraestructuras de transporte que todavía no ha acabado de pinchar. Pocos ciudadanos son conscientes de que España es ya el país de Europa con más kilómetros de autopistas y autovías y el segundo del mundo con más kilómetros de vías de ferrocarril de alta velocidad (después de Japón), aunque sus tasas de utilización están muy por debajo de las  de otros países.  Por otra parte, es frecuente que estas infraestructuras se justifiquen diciendo que son creadoras netas de empleo, pero la realidad es que llevamos años siendo el país con más inversión en infraestructuras de transporte de Europa y también los primeros en índices de desempleo. Esto se agrava en tiempos de crisis y recortes sociales: en 2010 la inversión en infraestructuras fue de 19.000 millones de euros, mientras se estaba realizando un recorte a las pensiones, la educación y la sanidad de 15.000 millones. Al final de la charla, Francisco se preguntaba por las razones de esta desmesura y apuntaba a algo realmente preocupante y  escandaloso: los pagos realizados por las empresas constructoras a políticos y cargos públicos que están siendo investigadas en el Caso Bárcenas.

A continuación, Pedro Linares nos presentó los resultados del estudio que ha realizado en el marco del Observatorio de la Energía y Sostenibilidad en España. Este estudio tienen la virtud de haber hecho un análisis global de la situación energética “desde arriba”, por medio de la herramienta de los diagramas de Shankey. Estos diagramas muestran que el transporte es el sector que más energía consume y también el que más emisiones de CO2 y más euros requiere. Las medidas de ahorro energético en el transporte no son sencillas. Tienen el inconveniente de que los usuarios son millones y a los particulares no les suelen resultar rentables las inversiones en eficiencia. Frecuentemente no se opta por las tecnologías más ahorradoras o por modos de transporte más sostenibles por motivos muy diversos entre los que se encuentran políticas urbanísticas, costumbres, falta de tiempo, la dificultad de informarse sobre las soluciones, etc.

El miércoles contamos con la presencia de Alfonso San Alduán y Manel Ferri. Alfonso presentó  el estudio sobre las cuentas ecológicas de transporte que ha realizado junto con Pilar Vega en el marco de la Fundación Biodiversidad. En él se ponen números a los impactos del transporte a lo largo de todo su ciclo de vida: desde la extracción de los materiales necesarios, la ocupación de territorio y la energía consumida, hasta la accidentalidad o la gestión de residuos. Los datos que arroja el informe son, en muchos casos, sorprendentes. Así, por ejemplo, nos dice que cada habitante de España recorrió en 2007 una media de 49 Km al día para el transporte de pasajeros y 85 toneladas·Km. Podríamos visualizar esto imaginando que cada día tuviéramos que recorrer a pie casi 50 km y trasladar 85.000 kg de materiales 1000 metros. Desde luego, no podríamos hacerlo por nuestros propios pies y es muy difícil concebirlo sin una fuente energética como el petróleo.

Manel Ferri nos presentó el informe que ha realizado el instituto ISTAS acerca del empleo asociado a los modos de “ecomovilidad o modos más sostenibles  como el transporte público, las bicicletas o el automóvil compartido. Encontrar datos acerca de este tipo de empleo no es sencillo, ya que no se suelen considerar un sector específico y los datos se encuentran dispersos en diversos sectores económicos. Los resultados sorprenden por el volumen, ya que, a pesar de que este tipo de modos de transporte son minoritarios en nuestro país, el empleo asociado es de unos 260.000 empleos, un número ya relevante (el empleo en la fabricación de automóviles, por ejemplo,  se cifra en torno a los  300.000 empleos directos). Además, como apuntaba Manel Ferri, estos empleos son difícilmente deslocalizables y permiten un ahorro energético importante.

Por último, el jueves, nos preguntamos si es posible un transporte sostenible y hablamos de urbanismo y ordenación del territorio con Pilar Vega Pindado y con los participantes en la mesa redonda fina: Javier Gutierrez Hurtado, Esteban Pérez Blanco y Manuel Saravia Madrigal.

Pilar habló de los modelos urbanos que surgen a partir de la revolución industrial y que vienen a cambiar el modelo de ciudad tradicional, de calles abigarradas y donde todo era accesible a pie. La creación de fábricas en la periferia y la posibilidad de utilizar el automóvil modifica los trazados de las ciudades que, a lo largo del siglo XX, se van haciendo más y más extensas, más dependientes del automóvil y más consumidores de energía. De esta manera se hace complicado cambiar a modos de transporte más sostenibles ya que la vida queda condicionada por el diseño urbano.

Estéban Pérez Blanco coincidía en gran medida en los problemas apuntados por Pilar Vega y describía los efectos adversos que el modelo de movilidad basado en el automóvil ha creado. La gran flexibilidad y libertad de movimiento que proporciona el automóvil privado respecto al transporte público hace que sea complicado que se mute a otros modos de transporte, pero es posible que tengamos que cambiar este paradigma de “movernos cuándo y dónde queramos” para pasar a introducir criterios orientados al bien común.

Pilar Vega, en esta mesa redonda nos daba una visión no demasiado optimista acerca de las soluciones al transporte urbano. Se preguntaba si la movilidad es un derecho y era muy escéptica respecto a las soluciones tecnológicas. Comentaba cómo todas las ideas acerca de la construcción de ciudades sostenibles son muy antiguas, muchas de ellas ya fueron descritas en la Cumbre de Río de 1992. Sin embargo, después de décadas, siguen prácticamente sin aplicarse y probablemente ya no tenemos tiempo.

Javier Gutierrez Hurtado nos hablaba de que ya se conoce que las infraestructuras de transporte no aumentan la actividad económica en las zonas conectadas y frecuentemente lo que hacen es potenciar el extremo más fuerte. El reto que nos queda es paralizar la creación de nuevas infraestructuras, denunciar lo que se ha hecho hasta ahora y también presentar alternativas. Una de las herramientas posibles es la política impositiva, que haga recaer los costes del transporte realmente en quienes usan las infraestructuras, no en toda la población.

Manuel Saravia Madrigal nos decía que el lugar más crítico de la movilidad en las ciudades es la corona exterior: polígonos industriales, ciudades dormitorio, etc. mientras los barrios tradicionales y las zonas céntricas tienen soluciones más sencillas. A pesar de que prácticamente todo el mundo tiene claro el discurso de priorizar la movilidad peatonal y no motorizada, las inversiones en infraestructuras y la forma de ver la ciudad nos hablan de lo contrario. Manuel propone que se diseñe y se visualice la ciudad para el peatón, por ejemplo con vías peatonales largas y estructuradas (“autopistas de peatones”" bien pensadas que permitan estructurar toda la ciudad y su corona.

Todos los audios y documentos del curso se pueden encontrar aquí.

El colapso de la población humana

Este es quizás el tema más delicado cuando queremos hablar del colapso de una Civilización. Afirmar que a finales de siglo seremos menos habitantes que ahora, quizás menos de la mitad, lleva a muchos a echarse las manos a la cabeza, pero por coherencia con el discurso “colapsista” hay que enfrentarlo.

Primero diré que no pretendo eliminar a nadie de este planeta, ni siquiera a ese 5% de los más ricos, condenados hace 2000 años porque es imposible que un camello (o en realidad el cabo de una maroma) pueda pasar por el hueco de una aguja. No deseo eliminar nada más que su riqueza porque liberará espacio humano y el colapso poblacional sería menor.

Tampoco deseo que un ecofascismo limite de arriba abajo el número de hijos que la gente quiera tener.

Seguiré abogando por la frugalidad y simplicidad voluntaria a la que una racionalidad bien llevada (esa sabiduría de Epicuro) nos conduciría a elegir tener dos hijos a lo sumo, consciente de que si no se hace rápido y pronto nos veremos limitados no por elección sino por los ecofascismos que irán surgiendo o por hambrunas, guerras y epidemias (o ambos). Soy consciente también de las barreras y mitos culturales que enfrentaremos en este tema, en especial asociados a las religiones mayoritarias. Si éstas no se adaptan podrían ser parte del problema.

También soy consciente de algunas realimentaciones que pueden acontecer: en un mundo que colapsa materialmente pueden generarse más extremos religiosos y podemos localmente tomar la decisión racional de tener más hijos (mano de obra futura en esas “ecogranjas” autosuficientes). Los pobres de hoy a veces deciden (no solo no pueden evitar) tener muchos hijos como estrategia de supervivencia de la familia.

 

Dicho esto acerquémonos a lo cuantitativo desde un punto de vista nuevo: el gaiano-ecológico (al menos no tengo noticias de que se haya discutido la cuestión poblacional en estos términos).

La siguiente figura está sacada de una revista de impacto (PNAS, 2008, Barnosky.).

La gráfica representa un cálculo de la masa total de los animales con peso superior a los 45 kilos (se la llama megafauna) durante los últimos 100000 años (triángulos verdes).  Los círculos verdes representan el peso total de los humanos más los animales salvajes. Hace 100000 años el peso total de todos los animales grandes era de unos 0,2 billones de kilos, el peso de la Humanidad era despreciable. Durante la última desglaciación se produjo la extinción de muchas especies de estos animales (por ejemplo, el mamut) y la reducción de las poblaciones de muchas otras. Las causas fueron dos: el cambio climático y la caza por parte del Homo (nuestra singularidad hipertecnológica lleva impactando “negativamente” sobre la biosfera desde hace más de 20000 años, a ritmo acelerado).

Antes de que la masa humana fuera importante en la biosfera, los ecosistemas del mundo sostenían una megafauna total que pesaba menos de la mitad de lo que hoy pesamos los humanos. Podemos pues intuir un límite ecológico para la población humana escalofriante.

La población humana que quizás pudieran sostener los ecosistemas semi-naturales (sin dejar casi espacio para el resto de animales grandes) sería inferior a los 3000 millones de habitantes, en especial tras el deterioro que hemos causado y vamos a seguir haciendo. Si consideramos el ganado que nos acompaña y no prescindimos de una buena parte de él, este límite aún sería bastante inferior. Incluso antes de la Revolución Industrial nuestro ganado pesaba ya tanto como nosotros, y no nos proveía solo de carne, sino de cuero, lana, huesos… y, especialmente, de energía y potencia para la agricultura, el transporte y las guerras.

Pensar que la tecnología humana puede aumentar sosteniblemente este límite poblacional es de un tecno-optimismo injustificado por el deterioro de los ecosistemas y precisamente porque la tecnología de Gaia (biosfera) ha mostrado ser muy superior a la humana en cuanto a ajustarse a los límites planetarios; es decir, si en la biosfera no había más megafauna, como somos los humanos, es porque no se sostenía más. La megafauna depende de la productividad de las plantas y esta está limitada por la capacidad de reciclado de Gaia y ayudada por una enorme biodiversidad, que siendo tecnológicamente una maravilla, superior al 99% para algunos materiales como el carbono, fósforo y nitrógeno, está limitada a su vez por las leyes de la termodinámica.

 

Si temporalmente hemos sobrepasado este límite ha sido gracias a la Revolución Industrial y a que casi de forma literal hemos comido combustibles fósiles: hoy la mitad de los átomos de nitrógeno de tu cuerpo y casi todos los de fósforo se han producido en fábricas consumidoras de combustibles fósiles, la mayor parte de tus moléculas de agua han llegado a formar tu cuerpo gracias a la energía de los fósiles (a través del regadío y la mecanización de la agricultura); si los ecosistemas volvieran a ser naturales (tardarán siglos, no décadas) serían capaces de hacer en teoría lo mismo o más movidos de nuevo por la energía solar (permacultura). Pero los ecosistemas naturales son por definición diversos, también diversos en megafauna. Las plantas no pueden trabajar sólo para nosotros en ecosistemas naturales, tienen que compartir con hongos, insectos, roedores (¿plagas?) y también con elefantes, ciervos, pumas y lobos. La “productividad” para humanos será necesariamente inferior para cualquier tecnología de Gaia o humana. Si queremos sobrevivir gracias a la ayuda tecnológica de Gaia debemos dejar espacio para muchos acompañantes que hoy no deseamos cerca (como los lobos), y si queremos ser independientes, seremos aún menos, porque somos tecnológicamente muy inferiores a ella. Las pruebas de esto son abrumadoras, pero nuestra soberbia tecno-optimista nos ciega.

 

El miedo que tenemos que tener todos no es a una permacultura que no va a dar más que para unos cientos o quizás unos pocos miles de millones de personas, es que algunas élites traten de evitar estos problemas y que nos los presenten a modo de un ecofascismo como única “solución” (por ejemplo, tratando de controlar por mandato los índices de natalidad y de mortalidad). Un riesgo que deberemos tener en cuenta durante el colapso.

El límite en un escenario de colapso de civilización rápido tendería a disminuir aún más porque crecería la megafauna al reducirse la injerencia humana. Si la injerencia humana no permite la expansión futura de la megafauna (seguimos deforestando porque necesitamos biomasa como sustituto de las energías perdidas), tampoco permitirá más población humana a largo plazo por el deterioro ecológico que se seguiría generando.

 

Carlos de Castro Carranza

 

Nota aclaratoria: Si me preguntan por mi intuición de “experto” en Gaia, diría que no seremos más de 1000 millones a finales del próximo siglo (ya saben, todo se realimenta). Pero por otro lado la gráfica de Barnosky también recibiría mis críticas (estoy convencido de que la megafauna era mayor en el pasado que la que refleja, aunque esto no invalidaría los “resultados” del orden de magnitud: quizás seamos el doble de mil millones).


[Vídeo] Que no te estafen con la luz _ Por Un Nuevo Modelo Energético

Difundimos el sarcástico vídeo grabado por la gente que impulsa el proyecto de Cooperativa Eléctrica en Valladolid/CyL con motivo de la creación del nodo local de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético:

 

Este miércoles 26 de noviembre viene además cargado con 2 eventos sobre el tema, uno por la mañana y otro por la tarde:

 


Encrucijada energética y colapso de civilización

Veamos dos gráficos con la perspectiva que da la historia.

El primero de ellos seguro que el lector lo ha visto alguna vez. Fíjese en las elipses de color que he superpuesto en el gráfico:

En la historia de los dos últimos siglos no ha habido sustituciones energéticas (no se remplaza la antigua energía por la nueva) sino que la nueva fuente comienza a crecer, y llega a un porcentaje significativo (>5%), en décadas durante las cuales la energía total consumida de las “antiguas fuentes” aumenta. Las infraestructuras necesarias para añadir la nueva energía necesitan de “infraestructuras” energéticas de las anteriores.

Los pasos históricos que la humanidad ha seguido tienen cierta lógica. El carbón es un sólido manejable como la leña y las máquinas de vapor que iniciaron la revolución industrial viajaban sobre travesaños de madera.

Tardamos 60 años en completar las infraestructuras que requería el despegue del petróleo. Los oleoductos que trasportaban el petróleo no fueron muy diferentes a los gaseoductos (estos más complejos, por lo que era “natural” que el petróleo tomara la delantera al gas (pero se pueden considerar a los “fluidofósiles”: petróleo y gas, como mellizos).

60 años después, nuestras necesidades de electricidad parecen ya plenamente establecidas y la hidroelectricidad y las centrales nucleares apoyan al carbón y al gas para esta nueva revolución energética. Sin embargo, la electricidad no despega (no llega a la quinta parte de nuestro consumo energético hoy), en buena medida porque tocan techo la nuclear y la hidroelectricidad, y los combustibles fósiles generan muchos problemas ambientales locales (lluvia ácida, contaminación atmosférica…).

El crecimiento energético espectacular de 1945-1970 se ralentiza después: las tensiones en el sistema se hacen obvias con las crisis del petróleo de los 1970, pero con OPEP o sin ella, no se podía seguir creciendo al mismo ritmo porque las nuevas energías se estancaron y los sueños hipertecnológicos no se hacían realidad (la fisión nuclear por reactores rápidos y la fusión nuclear se toparían con barreras de todo tipo que no se saltaron, la energía eólica y la fotovoltaica tendrían que esperar a otro turno, el sueño de Fuller de montar una red eléctrica mundial también se esfumaría). No es lo mismo convertirse en el 5% de la energía cuando consumes 50 Exajulios al año que cuando estás consumiendo 300, el planeta es finito y los sueños de conquistar la Luna se disiparon pronto también.

Si entre 1970-1980 y el 2030-2040 hay 60 años, el comienzo de la cuarta revolución energética (carbón, fluidofósiles y nuclear son las tres anteriores) tomaría su impulso dentro de 15-25 años desde hoy. Pero debería tomar su impulso de una tercera revolución que no tuvo éxito (la nuclear, la hidroeléctrica nacía muy limitada por problemas de flujo renovable) y lo que es peor, dentro de 10 años será obvio el descenso de los fluidofósiles y si este descenso se da en medio de un colapso civilizatorio que ya ha comenzado (como he defendido repetidamente), afectará también al carbón y la nuclear.

Parece imposible, desde el análisis histórico, hacer la revolución de las nuevas renovables (el sueño de Greenpeace y muchos otros bien-pensantes) porque el impulso se haría sin suelo firme (sería como necesitar batir el record mundial de salto de altura sobre una ciénaga).

Se necesitaría una revolución histórica en la geopolítica y en la economía en un espacio de tiempo tan corto que de nuevo la historia en el futuro encumbraría el hecho a Gran Revolución que dejaría en ridículo la revolución agrícola y la industrial (requirieron mucho más tiempo). Para hacerla se necesitaría una coordinación mundial en una especie de “estado de guerra” que, si fuera posible hacerlo, compraría casi todas las papeletas para generar un “imperio eco-fascista global”. Por tanto, esa Gran Revolución geopolítica requeriría también una Gran Revolución ética y solidaria para no ser peor el remedio que la enfermedad.

Hace 15 años escribí un librito titulado la Revolución Solidaria, como única vía posible, sigue de actualidad.

La encrucijada energética es terrible y podemos visualizarla aún mejor, a partir de una gráfica de Hansen et al. en la que se muestran los porcentajes de uso de las distintas fuentes energéticas (excluyendo la biomasa no comercial) a lo largo de nuestra historia reciente:

Es una encrucijada con todas las salidas cortadas:

En la última década, el carbón está en aumento en vez de en disminución (ayudando en el desastre climático), por el contrario el petróleo barato está en disminución con el consiguiente desastre económico a la vuelta de la esquina. Un crecimiento de las nuevas renovables llega tarde porque parte de una contribución pequeñísima (el rincón verde claro de la esquina superior izquierda) a no ser que las hiciésemos crecer hiper-exponencialmente (¿economía de guerra, ecofascismo?), pero ese sueño tecno-ecológico se daría de bruces con los ecosistemas, los suelos, el agua, los minerales y probablemente incrementaría aún más la desigualdad humana (la tecnología fotovoltaica es más compleja que quemar carbón en una central por lo que, paradójicamente, las élites tienen más fácil su control).

 

La solución (camino inevitable) es el adelgazamiento brusco del consumo energético, y si queremos que éste sea equitativo, por sentido ético o para evitar el colapso por desigualdad, el descenso del que hablamos en Europa será de más del 80% en unas pocas décadas y el de Norteamérica de más del 90%. Pero sin Revolución Solidaria y cambio de mitos, los súbditos (población del Sur), los consumidores del Norte (élites) y sus élites (élites de las élites) no van a pensar en otra cosa que no sea el Crecimiento (esa necesidad de Crecer está fuertemente ligada, como hemos visto, al mito del Progreso y al de la Voluntad de Poder –de doblegar/controlar al otro: sea la biosfera, sea el pobre, sea la mujer, etc-).

 

No he hablado de la no intercambiabilidad de las energías (el carbón no sustituye fácilmente al petróleo en el transporte), ni de la Tasa de Retorno Energético (menor para la fotovoltaica que para la gasolina), ni de la complejidad energética para un mundo complejo, ni de las realimentaciones desde otras variables hacia la energía.

 

El colapso energético es inevitable: Habrá que pensar desde ello:

¿Qué pasará con las cientos de centrales nucleares que necesitan un flujo continuo de electricidad para no explotar al estilo de Fukushima o Chernobil? ¿Y si no hay capital o estados fuertes para paliar esos desastres? ¿Cómo excluiremos las centenas de millones de hectáreas que deberían quedar sin presencia humana? ¿o simplemente asumiremos el coste de las mutaciones por radiación?

¿Qué pasará con los parques renovables cuando los inversores y otras estructuras complejas fallen y no haya técnicos o capital que los pueda reparar?

¿Qué pasará con el petróleo y el gas en aguas profundas que hoy sacamos con elevadísismas y costosísimas tecnologías? ¿cómo realimentará el colapso energético fósil así mismo y al resto de fuentes de energía?

¿Qué pasará con los bosques y la biodiversidad  del mundo cuando la biomasa, el carbón y la hidroelectricidad sean otra vez las fuentes básicas y casi únicas de la humanidad? ¿Con qué sustituiremos los plásticos, con madera? ¿Y nuestras ropas derivadas del petróleo, con lino y lana, es decir, con más biosfera?

¿Qué pasará cuando las guerras por recursos energéticos hagan colapsar los sistemas eléctricos de países enteros?

Tenemos estudios de los impactos y necesidades de adaptación de las subidas del nivel del mar de 50cm (aunque este siglo subirá con más probabilidad alrededor de un metro). ¿Dónde están estos otros estudios?

También necesitamos con urgencia los IPCC de la Ciencia del Colapso.

Todo se realimenta

Carlos de Castro Carranza

 


La Encrucijada de la Desigualdad: o de por qué la Desigualdad nos lleva al colapso

Vivimos en un mundo dominado por una Civilización global que se cae en pedazos por motivos ambientales. Parece que los límites que nos impone Gaia son más poderosos que los límites que impondría cualquier “humanismo”, entendiendo por humanismo esa parte amable del ser humano a la que le perturba, profundamente, la enorme brecha abierta entre las élites y el resto de una humanidad diversa en el acceso a los bienes materiales.

Convivimos más de 7000 millones de personas en un ya estrecho planeta con la paradoja de que los extremistas religiosos que pretenden sembrar el terror en los centros de consumo de Occidente se comunican por internet y móvil y televisión como si esas tecnologías no fueran intrínsecas a la cultura que quieren desbancar (y que los “occidentaliza” también a ellos). ¿Cómo explicar al ”estado islámico” de Iraq el caos climático o la pérdida de biodiversidad? ¿Cómo explicar el pico del petróleo en los suburbios de Sao Paulo o en medio de las pandemias de ébola africanas? ¿Cómo explicar que no podemos ser más de 2000 millones de seres humanos en este Planeta sin caer en el ecofascismo o darse de bruces con las religiones mayoritarias?

Cuando hablamos de Colapso y Transición hemos de hacerlo en un mundo que es desigual en lo material y poco diverso en sus mitos profundos; con una buena parte de la población que ya está “colapsada” hace tiempo pero cuyo imaginario mayoritario es la sociedad de consumo. Una buena parte de la humanidad está así lastrada doblemente, por la parte privilegiada y por sueños imposibles.

Tememos además que las élites sean tan estúpidas de querer seguir adelante, dejando menos tarta de “recursos naturales” a repartir hasta que no les quede tampoco nada a ellos.

Esas élites restringen el acceso al mínimo bienestar material al 75 u 80% de la población mundial desde hace generaciones y van camino de hacerlo con el 90 o 95% de la población. Es una estrategia suicida. Una trampa social que tiene lógica cortoplacista.

Y es que las élites están sujetas a los mismos sesgos cognitivos que el resto de personas, pero a la vez padecen con más fuerza algunos de ellos, hasta el punto de que podríamos hablar de disfunciones psicológicas. El sesgo del Control es especialmente fuerte en ellos, así como el optimismo de clase. Pueden saber de la existencia del caos climático, pero siempre creerán que ellos irán si hace falta a la Antártida.

Sin embargo, necesitan a los súbditos por dos razones: porque alguien tiene que producir sus bienes materiales, y por su mayor disfunción psicológica: necesitan sentirse superiores, para ellos lo importante es que exista gente que consideran inferior, sin ellos, reconvertirían rápidamente a la parte inferior de la élite en súbditos.

¿Y si algunas élites se dieran cuenta de que su estrategia es suicida y decidieran ser más empáticos con la humanidad? Pues correrían el riesgo de convertirse rápidamente en súbditos de las élites que no quieran cambiar. Serían expulsados.

 

Durante el colapso se producirán revueltas, violencia y catástrofes, así que las élites tendrán miedo de los súbditos (aunque, como han hecho históricamente siempre, tratarán de que éstos luchen entre ellos por las migajas que dejen). Tanto miedo tendrán como el que nos producen los zombis de las películas. Así que tratarán de alejarse todo lo que puedan. Y eso será una oportunidad única para hacer una transición de civilización al margen de las élites y, quizás, para construir una cultura que impida el surgimiento de nuevas élites.

Esa nueva cultura deberá enlazar con la parte emocional y espiritual del ser humano a la vez que integra la parte más racional. Me explico: habrá que crear si es necesario nuevos tabúes -¿religiosos?- acerca de la concentración de poder. El líder, si existe, debe ser el que menos poder material tenga, el más pobre en nuestro sentido occidental de la palabra. El rico debe producirnos asco como tiende a hacerlo en nuestra cultura el pobre.

Si queremos construir una nueva Civilización con visos de sostenerse, no sólo será más frugal, más integrada con la naturaleza, más cooperativa en vez de competitiva, etc., sino que también será una cultura que impida la entrada de “tramposos” (el término que se emplea en biología), es decir, de las élites y su concentración de poder (en vez de “pobrecillos” exclamaremos despectivamente “miserables ricocillos”).

Y si alguien cree que eso del poder es intrínseco a la naturaleza humana (lo que creo que desmienten algunos matriarcados de la historia), entonces tendremos que evolucionar, si no, estaremos condenados, más bien pronto, a la desaparición como especie.

Carlos de Castro Carranza


¿Nos ha leído el WEO 2014?

La Agencia Internacional de la Energía ha publicado hoy mismo su Resumen Ejecutivo del informe “World Energy Outlook” de este año.

Cual ha sido mi sorpresa al ver que los primeros párrafos, relativos a su escenario de futuro “central” (considerado el más probable), parecían sacados directamente de nuestro último artículo:

 “El sistema energético mundial corre el peligro de no colmar las esperanzas y expectativas puestas en él.”

 “Los responsables del diseño de las políticas energéticas, la industria y otras partes interesadas, bien informados, deben actuar.”

 “En nuestro escenario central, el crecimiento de la demanda mundial disminuye notablemente, desde más de un 2% anual durante las dos últimas décadas [+2.6% exactamente entre 1965 y 2012], hasta un 1% anual después de 2025”.

 “En 2040, el suministro energético mundial se dividirá en cuatro partes, casi iguales: petróleo, gas, carbón y fuentes de bajas emisiones de CO2”.

 “El Panel Intergubernamental de Cambio Climático considera que, a fin de limitar este aumento de temperatura a 2 ºC […], el mundo  no podrá emitir más de unas 1000 gigatoneladas de CO2 de 2014 en adelante. En nuestro escenario central, la totalidad del presupuesto se agotará para 2040.”

 “El panorama a corto plazo de un mercado petrolífero bien suministrado no debe ocultar los desafíos relacionados con la creciente dependencia de un número de productores relativamente pequeño.[…] Será necesario invertir unos 900 000 millones USD anuales hasta la década de 2030 en el desarrollo de la exploración y producción de petróleo y gas para satisfacer la demanda prevista, pero subsisten muchas incertidumbres sobre si esa inversión llegará o no a tiempo. La complejidad y la fuerte inversión de capital que requiere [aquí enumeran las dificultades en la extracción del petróleo no convencional] y –por encima de todo [claro…]– los desafíos políticos y de seguridad en Irak podrían contribuir a una escasez de inversiones, inferiores al nivel requerido.”

“La demanda de gas natural aumentará más de la mitad, lo que constituye el ritmo decrecimiento más rápido entre los combustibles fósiles.”

“Aunque el carbón es abundante y su suministro seguro [interesante aclaración... ¿con quién lo estarán comparando?], su uso futuro estará limitado por las medidas para luchar contra la contaminación y reducir las emisiones de CO2”.

Seguidamente enumeran una serie de soluciones o políticas paliativas para este escenario central, que consisten en una combinación de crecimiento económico con grandes mejoras de eficiencia, transiciones a tecnologías alternativas y energías renovables muy rápidas, y un repunte de la nuclear, con un gran papel para la desmaterialización de la economía.

Llegados a este punto, la perplejidad es grande, pues tanto los números (+1%/año, proporciones, emisiones en 2040), como el contexto socioeconómico futuro considerado coincide a grandes líneas con nuestro modelado del escenario Global Sustainable Development (Escenario 2), integrante habitual del set empleado por los Estudios de Asesoramiento Ambiental.

Copiamos a continuación las gráficas relativas a este escenario del artículo:

 

Como se ve en las gráficas, a 2050, el sector eléctrico parecería el menos problemático con un impulso muy fuerte (pero no irrealista) de las renovables. El gran cuello de botella se encuentra en el Transporte, y el sector Industrial (no mostrado) también tendría dificultades importantes (sector petroquímico, etc.).

A pesar de estas similitudes en la estimación de la oferta energética futura, los diagnósticos divergen. Mientras que nosotros identificábamos una dinámica de escasez energética sistémica con grandes riesgos para la continuidad del actual sistema socioeconómico global, la AIE afronta esta situación expresando la convicción en “un cambio estructural de la economía mundial hacia los servicios y los sectores industriales más ligeros”. Desde luego habrá que esperar a conocer el contenido del informe completo, pero esperar que una parte significativa de la población mundial cuyo objetivo todavía es alcanzar niveles de desarrollo como los de Europa o USA, pasen sin solución de continuidad a una economía “madura”, parece una propuesta muy osada… Más aún cuando la transición a este tipo de economías más basadas en servicios necesita de grandes importaciones netas de energía y materiales de otras regiones del mundo (huellas ambientales). ¿Cómo puede ser esto extrapolable a todo el mundo?

Como razonábamos en el artículo, nuestros resultados son además optimistas puesto que ignoran una serie de cuestiones (la TRE que permitiría operar en términos de energía neta, retroalimentaciones dinámicas, etc.).

En todo caso, es asombroso estudiar la evolución de los diferentes informes de la IEA desde hace una década hasta hoy en día, aquellas épocas en que prácticamente no se cuestionaba la disponibilidad de oferta energética fósil barata para las próximas décadas y a las renovables apenas se les daba futuro (ver por ejemplo el WEO de 2005).

Iñigo Capellán Pérez


Esta semana hablamos de transporte

Esta semana estamos de curso de nuevo. Este año tratamos el tema del transporte y estamos contando con fantásticos ponentes. Los audios y diapositivas  de las cuatro primeras charlas ya se pueden descargar en nuestra página.

El lunes Óscar Carpintero nos hablaba de economía ecológica y crisis económica. Explicaba  hasta qué punto las escuelas convencionales de economía ignoran el papel de los recursos naturales y la energía en el proceso económico y de que, por el contrario, la economía ecológica ve en la falta de equilibrio entre nuestro consumo de recursos y los ritmos del planeta la causa de las crisis económicas y también de la actual.

Después Iñigo Capellán-Pérez explicaba en su ponencia el modelo WoLiM con el que ha realizado un estudio global de los recursos energéticos. Las conclusiones del estudio muestran que los escenarios de crecimiento económico que manejan agencias como las Naciones Unidas son incompatibles con los límites de recursos que se hayan en la literatura científica. Antes del fin de esta década la escasez de energía se va a hacer notar, especialmente para el sector más frágil y más dependiente del petróleo: el transporte.

Ayer martes Paco Segura nos dejaba en vilo durante casi dos horas con una demoledora charla sobre las infraestructuras de transporte en España. A pesar de que es menos conocida que la burbuja inmobiliaria, este país está sufriendo una enorme burbuja de construcción de infraestructuras, con toda su corrupción e insensatez asociada.  A pesar de ellos muchos ciudadanos todavía no saben que ya somos el país con más autopistas y kilómetros de ferrocarril de alta velocidad de Europa ( a la vez que con mayores niveles de desempleo) y que muchos países europeos han llegado a la conclusión de que invertir en nuevas infraestructuras de transporte no es rentable ni necesario.

Después Pedro Linares nos mostraba los estudios que han realizado en la Cátedra BP de Energías Renovables sobre el transporte en España desde el punto de vista de la energía, de las emisiones de CO2  y desde el punto de vista económico. Todos sus análisis muestran que el transporte es el sector que más impacto tiene y aquel en el que sería necesario tomar medidas más importantes. Sin embargo el transporte es un sector difícil, con muchos actores y usos muy diferentes y muchas veces ni las subvenciones ni los impuestos son las medidas más eficaces para enfrentarse con sus problemas.

Todavía nos quedan dos días. Hoy con Manel Gari que hablará de transporte público y Empleo y Alfonso Sanz con las cuentas ecológicas del transporte y mañana Pilar Vega hablando de ordenación del territorio y una mesa redonda para concluir. Iremos colgando en nuestra página todos los documentos: diapositivas, audios de las charlas, documentos que proporcionan los ponentes, y también el breve unas entrevistas en vídeo realizadas a los ponentes.  Esperamos que os gusten y agradecemos la difusión.

 

Marga Mediavilla